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Mujeres fuera de serie

Cristina Cantero, la mujer del tiro libre

Cristina Cantero entrena al Celta de Baloncesto Femenino desde 2015 y forma parte del cuerpo técnico de la selección española. Exjugadora del equipo, ha construido una sólida trayectoria marcada por el liderazgo, la formación constante y una manera muy personal de entender el juego y el grupo

Cristina Cantero entrena al Celta de Baloncesto Femenino desde 2015 y forma parte del cuerpo técnico de la selección española

Alba Villar

Amaia Mauleón

Amaia Mauleón

Cristina se encuentra en la cancha en su hábitat natural. Posa relajada para las fotos de esta entrevista mientras da las últimas indicaciones a las chicas del equipo. Sugiere que charlemos en el propio pabellón deportivo de Navia. A ella, el ruido de las pelotas botando y los silbatos no la perturban en absoluto. Son los sonidos de su territorio, un espacio en el que lleva inmersa desde niña.

Cristina Cantero es la entrenadora del Celta de Baloncesto Femenino desde 2015, equipo en el que ella misma jugó cinco temporadas, desde 2002. Además, es entrenadora ayudante de la selección nacional. El básquet es su vida casi desde que tiene uso de razón y, confiesa, la pasión es compartida con toda su familia así que el terreno de juego se amplía en el hogar.

Cristina nació en Cabra, Córdoba, en 1978. La cuarta de cinco hermanos –padre empresario y madre ama de casa– se crio en una casa en la que todos eran grandes aficionados al deporte: su madre y su abuela, a seguirlo en directo o desde la tele como grandes aficionadas, y el resto de la familia, además a practicarlo. «Mis hermanos mayores eran muy deportistas y yo jugaba todo el día con ellos al fútbol, al baloncesto o al ping pong, no importaba llevarme balonazos, la verdad es que se me daban todos bien y disfrutaba mucho», recuerda. Muy jovencita –tras un intento fallido de hacer solfeo –«que no se me daba muy bien», ríe– pedí a mis padres que me apuntaran a las escuelas de baloncesto y me pasaba horas en el pabellón», cuenta.

Y pronto su talento destacó. «A los 12 años me llamaron para la selección andaluza y tras ir al campeonato de España me ficharon para un equipo en Granada en la categoría infantil. Me propusieron ir a vivir allí, pero yo misma dije a mis padres que no era el momento, que no quería separarme tan pronto de ellos, y solo me desplazaba los fines de semana a jugar los partidos», explica.

Cristina maduró muy rápido. Era muy buena estudiante, responsable y exigente consigo misma. Y cada fin de semana ella sola cogía el autobús para ir a Granada. Al cumplir los 14 se decidió a dar el paso de mudarse a Granada. «Me acogió la familia de una de las compañeras del equipo y ya tenía muy claro que quería jugar y estudiar INEF, y la facultad estaba en Granada, así que la decisión estaba clara».

Tras un par de años, Cristina consiguió una beca y residencia y entró en el equipo de la Universidad de Granada, que jugaba en la segunda categoría nacional. «El año de categoría Junior coincidió con el curso del COU, así que fue complicado porque llegué a faltar un mes a clase por los campeonatos, pero conseguí la nota necesaria para estudiar INEF, así que estaba muy contenta».

Un par de años después la fichó un equipo de Linares de División de honor, donde debutó e hizo muy buena temporada. «Nunca me he considerado una jugadora top, pero soy capaz de destacar como ‘clase media trabajadora’, que le llamo yo», afirma.

Tras un año en la ciudad jienense, Cantero llegó a Galicia, al equipo de Vilagarcía de Arousa. «El último curso de carrera lo tuve que hacer en dos años, a distancia», relata.

En Vilagarcía Cristina no solo consolidó su carrera deportiva, también conoció a su entonces entrenador, el leonés Carlos Colinas, con quien se casaría a los 26 años.

Y tras disputar una temporada en Zaragoza, con un equipo que estaba en lo más alto de la liga, Cristina fichó por el Celta en 2002, cuando tenía 24 años, y así llegó a Vigo, que se convertiría en su nuevo hogar. La deportista recuerda con mucho cariño aquellos años. «Me encontré genial con Miguel Méndez, que sacó lo mejor de mí y lo disfruté mucho».

Cristina Cantero, durante un partido en As Travesas, entre el Celta Banco Simeón y el Extrugasa (2002).

Cristina Cantero, durante un partido en As Travesas, entre el Celta Banco Simeón y el Extrugasa (2002). / Ricardo Grobas

Al cumplir los 30, decidió que había llegado el momento de retirarse. «Se juntó por una parte que los dos últimos años el equipo había bajado un poco de nivel y yo era la capitana y me supuso mucho desgaste y, por otra, que me estaba planteando la maternidad», justifica.

Aquel cambio, sin embargo, no fue improvisado. El último año, Cristina ya entrenaba a las niñas pequeñas del Celta y era preparadora física del Club AMFIV de baloncesto en silla de ruedas. Además, realizó un master de gestión deportiva y los cursos superiores de entrenadora. «Me empecé a crear una vida paralela; siempre me gustó enseñar y tenía claro mi camino de vida», afirma.

Cristina logró la deseada maternidad. «El cambio fue total, se transforma tu perspectiva totalmente», advierte la que es madre de un chico de 16 años y una niña de 11.

La deportista siguió creciendo como entrenadora, primero con la coordinación de baloncesto en el colegio Maristas y después llevando a sus niñas del Celta hasta el campeonato de España. «Pero hasta que no cogí al primer equipo, en 2015, no fui realmente consciente de que este era mi camino laboral», apunta la entrenadora.

Cristina admite que ha habido momentos difíciles desde que tiene esta responsabilidad. Agradece que su marido –con 30 años de experiencia en el baloncesto de elite, que fue entrenador del Celta y ahora es el director deportivo del equipo– «comprende perfectamente todo lo que me pasa, sabe aportarme calma y me ayuda mucho».

Cantero, en 2016, ya siendo entrenadora del Celta Zorka y del Colegio Maristas.

Cantero, en 2016, ya siendo entrenadora del Celta Zorka y del Colegio Maristas. / Marta G. Brea

La entrenadora asegura que para ella «lo importante es el día a día, el grupo humano que se forma, más que los resultados». Agradece que ahora hay muchos más medios que cuando ella comenzó: «Por ejemplo, contamos con el psicólogo, que me ha ayudado mucho a mejorar la comunicación y gestionar el grupo. Tengo una responsabilidad grande con las chicas, pero no tengo miedo a equivocarme y admitirlo delante de ellas», reflexiona.

Trabajar con jugadoras que van desde los 17 a los 34 años, algunas extranjeras, a veces puede resultar complicado. «Mi objetivo es sacar lo mejor de cada una; lograr que se comprometan a fondo. La jugadora es egoísta por naturaleza, piensa en ella y luego en el grupo. A todas nos ha pasado, pero hay que tratar de ser empática y con cada una hay que utilizar una técnica diferente», describe la entrenadora.

El año pasado, tras el descenso del Celta de la Liga Femenina a la Liga Challenge, dos años después del ascenso, la entrenadora confiesa que acabó «fundida». «Me pensé seriamente no renovar, pero estoy contenta de haber seguido porque ahora hay otra energía en el equipo y tiene mucha alma y eso es muy gratificante. No sé si conseguiremos el ascenso porque en este deporte a veces es cara o cruz, pero el día a día es bueno», considera.

El otro rol profesional de Cristina es el de ayudante en la selección femenina de baloncesto. «Es diferente y chulo; tienes que entender cuál es tu momento y respetar los tiempos del primer entrenador. Pero con Miguel Méndez, el seleccionador absoluto, el ambiente es muy bueno», destaca.

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Pedro Fernández

Con dos padres entrenadores era natural que los hijos de Cristina hicieran sus pinitos en esta disciplina. «El mayor prefirió jugar al fútbol, pero pronto se aburrió y él mismo quiso venir al baloncesto. Y la niña ya desde muy pequeña optó por la cancha, lo que me facilita la conciliación», apunta la madre. «Cuando voy a un partido de mis hijos o juego con ellos, trato de dejar de lado mi rol de entrenadora y ser solo madre», añade.

Cristina a veces sueña con seguir creciendo profesionalmente fuera de España. «Muchos piensan que ese es mi siguiente reto, pero sería complejo porque tengo claro que tendría que ser junto a toda mi familia, y lo cierto es que en Vigo me siento querida y respetada y tenemos una gran calidad de vida», argumenta. También plantea las «casi nulas» posibilidades que una mujer tiene de llegar a entrenar a equipos masculinos. «Me he formado en un club femenino y he acabado entrenando a mujeres y ese camino lo he hecho sin trabas, pero es cierto que no me llega ninguna oferta de baloncesto masculino. Hablamos de baloncesto, no debería de diferenciarse entre femenino y masculino, sino apostar por el entrenador por sus conocimientos, sea mujer u hombre», reivindica.

Las pioneras: Encarna Hernández, la primera mujer entrenadora en España

Encarna Hernández.

Encarna Hernández. / FDV

Encarna Hernández fue una de las grandes pioneras del baloncesto en España, conocida como «la niña del gancho» por su habilidad bajo el aro. Nacida en Lorca (Murcia) en 1917, empezó a jugar en los años 30, cuando el deporte femenino apenas existía y hacerlo implicaba desafiar normas sociales muy rígidas. No solo destacó como jugadora: también fue entrenadora –la primera mujer en ejercer como tal en España– y árbitra, abriendo camino en todos los frentes posibles. A lo largo de su carrera jugó en ocho equipos y se retiró en el Barça, donde militó desde 1944 hasta 1952, cuando tenía 36 años y tuvo a su hijo. En 2020 recibió la Medalla de Oro al Mérito Deportivo, un reconocimiento tardío pero simbólico a toda una vida dedicada al baloncesto. Falleció a los 105 años.

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