Unidad Canina, drones y UIP: los efectivos que blindan la seguridad en los partidos del Celta
Unidades especializadas como la UIP y la Unidad de Drones de la Policía Nacional se encargan de la seguridad en el estadio, revisando zonas y controlando el espacio aéreo para prevenir incidentes

Pedro Fernández
Los partidos de riesgo en el fútbol comienzan a jugarse días antes en el ámbito de la seguridad y se prolongan hasta horas después de que el árbitro pite el final del encuentro. Acompañamos a varios equipos de la Policía Nacional en su trabajo durante el dispositivo que se organizó en Vigo para el último partido entre el Celta y el Real Madrid disputado en Balaídos. El despliegue contó con la intervención de unos 350 agentes, entre miembros de fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, integrantes de la seguridad privada de los dos clubes de fútbol, personal de emergencias y voluntarios de la asociación Vodea, una escisión de Protección Civil. Son los guardianes de las gradas, los que han velado por la seguridad de los veintidós mil aficionados que se dieron cita ese día en el estadio celeste.
Todo comienza dos días antes del partido en la Comisaría de Vigo, donde los coordinadores de seguridad, en este caso los inspectores Raquel y Lito, dirigen la reunión en la que participan responsables de los efectivos que intervienen en el operativo: un representante de la Policía Local, encargada del dispositivo de tráfico y movilidad en los aledaños del estadio, el jefe de seguridad del Real Club Celta, acompañado del responsable de la seguridad privada contratada por el club, y encargados de diferentes equipos y unidades de la Policía Nacional, en este caso de la Brigada Ciudadana, de la Unidad de Protección Policial (UIP, conocida popularmente como los Antidisturbios), de la UPR (Unidad de Prevención y Reacción), del Grupo de Información, de la Unidad de Drones y de Operadores UCO (Unidad de Control Organizativo, la sala en Balaídos donde se coordina el operativo), que se encargarán dos días después de controlar las cámaras en el estadio.

Dispositivo de la Policía Nacional en un partido de riesgo en Balaídos, el que enfrentó al Celta y al Real Madrid / Pablo Hernández Gamarra
«En esa reunión intercambiamos información sobre aforo que se prevé para el partido, posibles aficionados violentos que podrían venir, venta de entradas, protocolos de emergencias, separación de las aficiones, medidas de seguridad en pancartas que se van a exhibir, tanto en cuanto a contenido del mensaje como a otros requisitos (en ese caso se iba a desplegar una del 8M, del Día de la Mujer) y supervisión y prevención en el espectáculo musical previo (el que realizó SonDeSeu en homenaje a Madonna) donde se va a emplear fuego frío», explica Lito Rial, coordinador de seguridad junto a la inspectora Raquel. La Comisión Antiviolencia no dictaminó que el partido fuera de alto riesgo (sí lo hizo para el Celta-Olympique de Lyon del pasado jueves), pero los encuentros contra el Real Madrid suelen generar operativos de alto dimensionado.
Tres horas antes
Tres horas antes de que comience el partido ya están en Balaídos varios efectivos realizando su trabajo. Dentro del estadio dos agentes de la Unidad Canina con dos pastores alemanes, Yango y Jana, revisan las gradas, los baños, los pasillos y zonas ocultas en busca de posibles artefactos. Los perros están entrenados para detectar seis sustancias explosivas diferentes. No han encontrado nada sospechoso, en caso contrario lo marcarían sentándose y los agentes avisarían al coordinador de seguridad para que intervengan los especialistas en desactivación de artefactos TEDAX -NRBQ.

Efectivos de la UIP de la Policía Nacional runidos con todos los equipos de seguridad en la Comisaría días antes del partido en Balaídos. / Marta G. Brea
En el perímetro exterior del estadio dos agentes de Subsuelo levantan las chapas de superficie (alcantarillas, colectores, alumbrado, telecomunicaciones) valiéndose de un imán. Ojean con una linterna la posible presencia de algún objeto sospechoso o algún sabotaje en el cableado.
Del peligro que puede venir por el aire se encarga la Unidad Aérea de la Policía Nacional, cuyo trabajo ese día tiene una doble misión: vigilar que en la zona no sobrevuele ningún dron no autorizado y controlar con imágenes aéreas que no haya incidentes entre la masa de personas que acceden al estadio. Para lo primero disponen de un sistema que les permite detectar cualquier aeronave no tripulada, saber dónde se encuentra el piloto que la controla y, en caso necesario, inhibir el vuelo, es decir, cortarle la señal de comunicación para evitar que avance. «En el anterior partido detectamos un dron que estaba haciendo volar desde un parque un particular», comenta Jesús, inspector de la Unidad de Drones. «Me gustaría hacer ver a la gente que es importante la coordinación, que un dron no es un juguete, que hay que estar capacitado para hacerlo volar, que comuniques cuando vayas a usarlo y compruebes si estás en una zona restringida o no autorizada, porque sería muy triste que tires abajo un helicóptero que está haciendo una labor de rescate, por ejemplo, además de las sanciones que ello conlleva, desde 60 a 225.000 euros dependiendo de la gravedad», expresa el inspector Jesús.
Para velar por la seguridad de las personas que se dirigen al estadio disponen de varios drones de diferentes tamaños y prestaciones que emplean según las circunstancias meteorológicas. Ese día hacen volar el ejemplar más grande, uno de 9 kilos, que ofrece imágenes aéreas de los aledaños al estadio. La calidad es tal que accionando el zoom se puede identificar hasta el más mínimo detalle en un sujeto sospechoso.
En la zona neutra de seguridad del estadio, marcada con un vallado que impide el acceso a personas no autorizadas, ya se encuentran algunos de los 50 agentes de la UIP que intervienen en este evento, con sus siete furgones. El jefe de esta unidad en Galicia, Félix Pérez, se da desplazado desde A Coruña para este operativo. Suele hacerlo en los partidos de especial trascendencia o de alto riesgo. «Nuestro trabajo empieza sobre cuatro o tres horas antes del partido, primero controlando los aledaños del estadio, los bares donde se reúnen las aficiones, luego estamos presentes en los accesos para apoyar los registros y cacheos que hacen los agentes de seguridad privada del club, y también nos encargamos del acompañamiento de equipos y árbitros, los escoltamos hasta el estadio y, cuando acaba el partido, hasta el aeropuerto o el hotel de concentración», explica. Durante el partido, algunos agentes se disponen en el terreno de juego, a pie de campo, otros en las gradas y dos en el túnel de vestuarios, prestando protección a los árbitros.
Llegada de jugadores
Faltan unas dos horas para que comience el partido y ya hay una multitud esperando la llegada de los jugadores. Primero aparece el autobús que trae al equipo del Real Madrid, escoltado por la UIP y acompañado de vehículos de su seguridad privada. Luego acceden los árbitros y por último el equipo local, ambos también protegidos por la Policía.
En el acceso al estadio está José Ramón Álvarez, oficial de seguridad de La Liga, que lleva toda la semana en contacto con la Policía, el Celta y el Real Madrid, para supervisar y coordinar el dispositivo de seguridad. «Soy el invisible, yo no intervengo en ningún caso, estoy aquí por el conocimiento que tengo desde hace años de todos los grupos ultras; si veo algo extraño, alguien conocido que no tiene autorizado el acceso a un campo de fútbol, lo comunico al coordinador de seguridad», relata.

Agentes de la Policía Nacional, a pie de campo. / Pablo H. Gamarra
Neutralizar a los violentos es fundamental para evitar incidentes, si bien la seguridad al cien por cien no existe. «Siempre hay una minoría que va a hacer algún gesto racista, por ejemplo, y eso no quiere decir que haya fallado el dispositivo policial ni las medidas de seguridad, ni que el campo sea racista», comenta este oficial de La Liga.
El reglamento de venta de entradas permite a los clubes identificar a los aficionados que acceden al estadio. En el caso del Real Madrid, desplaza a las ciudades donde juega su equipo a personal de seguridad que entrega en un hotel las entradas que ha vendido el club a las personas que presenten el DNI con el que las han adquirido. Además, les ponen una pulsera de seguridad que coincide con la entrada y, si está deteriorada se le deniega el acceso al estadio.
Grupos violentos
«Los grupos ultra siguen una curva que sube y baja, la antigua guardia se está jubilando, pero vienen detrás juventud aleccionada por los mayores. Ese es uno de los factores que determina si un partido es de alto riesgo o no, como también el odio que se tengan entre las aficiones, los antecedentes y en un 90 por ciento de los casos, temas de ideología política», indica.
Junto al oficial de seguridad de La Liga se encuentra David, el delegado de campo del Celta, preparado para recibir a los árbitros, ya que la protección de los colegiados en el estadio recae sobre el club anfitrión.
Una vez dentro los protagonistas sobre el terreno de juego, se abren los accesos al estadio para el público, que ha de pasar por la supervisión de la seguridad privada y por un torno que cuenta el aforo. Las puertas 14, donde está la grada de animación, y la 20, por donde accede la afición visitante, son las más vigiladas.
El Gran Hermano
Entramos a la sala UCO, entre las gradas de Marcador y Río Alto. Ahí permanecen durante todo el partido los dos policías coordinadores de seguridad, figura legislada en la Ley del Deporte y el real decreto que la desarrolla. Son los inspectores Lito Rial y Raquel, la única mujer que ejerce esta función en Galicia en fútbol de Primera División y una de las dos en España junto a una compañera en el Rayo Vallecano. Ambos son los directores de orquesta de las más de trescientas personas que conforman el equipo de seguridad. En la sala UCO también está personal de seguridad del Celta, dos policías operadores de cámara asistidos por un técnico de la Liga, un policía técnico de drones y dos coordinadores de la asociación de voluntarios Vodea.

Pantallas en la sala UCO. / Pablo H. Gamarra
Un circuito cerrado de más de cien cámaras funciona como un Gran Hermano que permite a los agentes vigilar todo lo que sucede dentro del estadio y en el perímetro exterior, 86 de ellas con un sistema establecido por La Liga que graba todo lo que sucede. «Cuando ocurre algo como un incidente, pelea, auxilio humanitario o lanzamiento de objetos peligros, uno de los dos operadores que estamos tiene que ir a lo grabado para recuperar imágenes, saber qué ha pasado y en caso de que haya una sanción o intervención, poder justificar con imágenes lo sucedido», explica Marcos, uno de los policías encargados de esta función. Desde esa sala controlan también el micrófono de la grada de animación desde el que normalmente dos aficionados seleccionados por el Celta animan el partido, contagiando con su cánticos al resto de la afición. En caso de que el animador diga algo no permitido, como un comentario racista o ideológico, se le corta el micrófono.
Tony, el policía operador de drones, se pasa todo el partido vigilando en una pantalla si aparece en el espacio aéreo una aeronave no tripulada distinta a la que tiene ese día autorizada la plataforma de televisión que emite el encuentro. A su lado, Lusqui y otra integrante de Vodea son los encargados de coordinar la labor que realizan los voluntarios en temas de primeros auxilios y acomodación del público en sus asientos. A ellos corresponde el safety ( palabra que en inglés implica seguridad y mantenerse a salvo), disponen de personal con formación sanitaria en cada grada y tres ambulancias, una de ellas medicalizada.
El partido transcurre sin más incidentes que una discusión sin trascendencia entre aficionados, al parecer porque uno celebró el gol del Madrid; dos balones hinchables que se arrojaron al campo (siendo identificados los que los lanzaron) y la detección de restos de vidrio en el exterior, junto a una de las puertas, los cuales se retiraron para evitar que se pudieran convertir en armas en caso de un altercado a la salida.
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