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Opinión

Anders Zorn: Suecia, entre la tradición y el cosmopolitismo

Desconocido en España, viajó muchas veces a nuestro país y fue amigo de Sorolla y Ramón Casas

Durante los años de tránsito entre los siglos XIX al XX el sueco Anders Zorn era el pintor más importante de su país. Procedía de una familia rural muy humilde, no llegó a conocer a su padre y fue criado por sus abuelos. A los 15 años ingresó en la Academia de Bellas Artes de Estocolmo y se destacó muy pronto como retratista, reclamado por reyes, aristócratas, empresarios y personajes de la alta sociedad internacional desde que con la acuarela «De luto» llamó la atención de la crítica. En el retrato introdujo innovaciones, como la de situar a los personajes en el entorno en el que se desarrollaba su vida, lo que hizo que fuera reclamado por importantes personajes de la vida política y económica de Europa y los Estados Unidos, a donde viajaba con frecuencia para retratar a presidentes y magnates .

Su generación está muy vinculada al romanticismo nacionalista que reivindicaba la identidad a través de la cultura tradicional, las costumbres populares, los oficios artesanales, las fiestas y los trajes de la región. El apego a sus orígenes hizo que se preocupase también por mantener en su obra las tradiciones de su región, Decarlia, y a interesarse por la promoción y conservación de sus costumbres frente a la amenaza de la industrialización. Este mundo no se quedó sólo en su pintura sino que organizaba cursos de música y danza populares y creó el museo al aire libre de Gammelgard destinado a la conservación de elementos de la sociedad y la arquitectura rural.

Es esta la primera exposición retrospectiva de Zorn en España y, en un recorrido cronológico y temático de más de 130 obras, se pueden ver en ella desde los primeros a los últimos años, marcados siempre por las tensiones entre el cosmopolitismo y los valores locales de su tierra de origen.

Siendo muy joven estuvo en España, Constantinopla y Argelia, cuyos paisajes influyeron en el tratamiento de la luz que descubrió en estas geografías. En España, a donde viajó nueve veces entre 1881 y 1914, fue fundamental la influencia de Velázquez. Aquí retrató a personajes de la vida social madrileña e hizo amistad con pintores como Ramón Casas y Sorolla, a quienes también retrató. Pero su espíritu inquieto lo llevó también a Londres, París, Alemania, Rusia, Estados Unidos y Latinoamérica, recogiendo en sus pinturas la sofisticación de los mundos que iba descubriendo. En 1882 se instaló en Londres, donde trabajó sobre todo como retratista. Se casó en 1885 con Emma Lamm, de una acomodada familia judía de Estocolmo, y entre 1888 y 1896 se establecieron en París, que acogió con entusiasmo su obra y donde también hizo numerosos retratos de artistas e intelectuales, muy bien pagados, y donde protagonizó varias exposiciones individuales con cuadros en los que ya introduce elementos de la vida moderna, como en «Ómnibus». En París lo nombraron Caballero de la Legión de Honor.

Zorn evolucionó desde la acuarela al óleo, el grabado y también la escultura, que cultivó de manera simultánea. Y de los retratos pasó a los paisajes, sobre todo en los que había agua (ríos, costas y atmósferas cargadas) y donde también situaba sus escenas mitológicas como «La ninfa del amor» y de entornos cotidianos («Placer de verano»). Con el óleo su pintura se hizo más naturalista.

Fueron muy apreciados sus cuadros con desnudos femeninos cuyas modelos situaba al aire libre, en actitudes naturales, espontáneas y en armonía con la naturaleza, sobre todo en las proximidades de ríos y mares, liberadas de la tradición académica de los estudios. Los hacía durante los veranos en Dalarö, unas islas al sur de Estocolmo donde pasaba sus vacaciones. Algunos de estos desnudos sufrieron prohibiciones de la censura. Cuando los trasladó a interiores perdieron su frescura.

Sus grabados y aguafuertes están considerados como de los más importantes de la historia del arte, junto a los de Rembrandt, al que consideraba su modelo. Aunque sus primeras obras eran reproducciones de sus acuarelas y pinturas, a partir de 1888 desarrolló un estilo personal que evolucionó hacia la inmediatez y la espontaneidad, con temas similares a los de sus lienzos, donde los personajes son figuras humanas protagonizando actividades de la vida cotidiana de su región.

En 1896 regresó definitivamente a Mora, en Suecia, donde había nacido y donde murió en 1920 a los sesenta años. Su esposa continuó protegiendo y transmitiendo su legado.

  • Título: «Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra»
  • Lugar: Fundación Mapfre. Madrid
  • Fecha: Hasta el 17 de mayo

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