Un puente entre Vigo y Teherán amenazado por la guerra
La viguesa Laura Suárez, productora del cortometraje iraní «Orosi», ha perdido el contacto con su director, Mohammad Hormozi, que vive en la capital iraní. La película, filmada clandestinamente en un hospital, reivindica la expresión artística ante la represión del régimen de los ayatolás

Laura Suárez y Mohammad Hormozi. / FDV
En la voz de Laura Suárez se palpa la preocupación. «El último correo que recibí fue hace una semana exacta: tres líneas escritas en persa —tuve que usar el traductor de Google—en las que decía que estaba bien, sufriendo la terrible guerra y pidiéndome que atendiera un festival para el que nos acaban de seleccionar. Eso fue lo último que supe de él», contaba el pasado martes. Una serie de coincidencias llevó a esta viguesa, sin experiencia previa en el sector audiovisual, a conocer al cineasta iraní Mohammad Hormozi en 2020 y a producir su cortometraje «Orosi» («Sash window»). El filme nació de la necesidad de contar lo que ocurrió tras las protestas en Irán, en 2022, tras la muerte de la joven Mahsa Amini a manos de la policía moral del régimen tras quitarse el hiyab.
El cortometraje, que ganó en noviembre pasado el Premio a Mejor Director en el Planos Film Fest de Tomar (centro de Portugal), fue rodado a lo largo de cuatro noches en un hospital de Irán, porque «está en la delgada línea de la legalidad-ilegalidad, al ser una crítica a las políticas del gobierno», comenta la productora. La película, añade, trata de reflejar de una manera elegante y sutil la realidad de la represión que sufre la gente y en especial las mujeres en Irán. Una compositora musical de éxito internacional –interpretada por la actriz iraní Arezoo Tajnia– es retenida cuando intenta regresar a Irán. En ese cautiverio, ella decide crear una pieza musical como un acto íntimo de rebelión.
Laura Suárez, licenciada en Derecho y profesional del sector financiero que trabaja en Vigo, es una gran viajera. «Conocí a Mohammad Hormozi en 2020 por una amiga común del colegio que se dedicaba a la televisión y me lo presentó en Estambul. Entablamos una amistad muy chula y me llamó mucho la atención sus costumbres y lo terrible de su vida allí. Él tiene una hermana separada, que en Irán es lo más repudiado del mundo».
Mohammad Hormozi había dirigido varios cortometrajes anteriormente. El anterior a este, «Inner Self» (2020), también trataba sobre el arte y la creación en cualquier circunstancia. Estudió en la escuela de Asghar Farhadi –director iraní que ganó sendos Óscar por «Nader y Simin, una separación» y «El viajante»– y todos sus trabajos tienen mensaje. «Llegué a producir su último corto un poco por amistad y también por la temática, que es fantástica –explica Laura Suárez--. No solo por los derechos de las mujeres, que es algo que se ve mucho, sino por los derechos de una mujer triunfadora: una artista que fuera de su país logra un éxito tremendo, pero al volver es recluida y no puede ni ir descubierta».
El corto está nominado para otros tres festivales en Italia, Alemania e Irlanda, que no se pueden revelar hasta la nominación oficial. El cine iraní goza de un enorme prestigio desde hace décadas. El director iraní Jafar Panahi fue nominado a los premios Goya de 2026 en la categoría de Mejor Película Europea por su filme «Un simple accidente», una película filmada también a escondidas bajo prohibición del régimen iraní que ha ganado la Palma de Oro en Cannes y aspira a dos Óscars, a Mejor Película Internacional y Mejor Guion Original. En 2010, Panahi, que asistió a la reciente ceremonia de los Goya en Barcelona, fue condenado a seis años de prisión y a 20 años de prohibición de realizar actividades cinematográficas, por cargos de «propaganda contra la República Islámica».
«Otros países salen más en las noticias, pero Irán es el gran desconocido. Parece que aquí no ha pasado nada tras 20.000 o 40.000 muertos protestando, ya estamos acostumbrados», lamenta Laura Suárez, que alude a la cruenta represión de las manifestaciones ciudadanas en las semanas anteriores a la guerra.
La productora viguesa recuerda que los iraníes poseen «el peor pasaporte del mundo»: lo tienen muy complicado para viajar a otros países». Uno de los que los acogía era Turquía, y por eso solía reunirse con el director en Estambul. «La última vez que Mohammad pudo salir de Irán fue en octubre; hubo un festival en Alemania y le dieron un visado de cuatro días para acudir», explica. Ella nunca pudo entrar en Irán: lo intentó en la pandemia del covid y le denegaron el visado. Además, haber estado en Irán plantea un problema para viajar después: a quien haya viajado a la nación persa o a Afganistán puede que se le deniegue el ingreso en Estados Unidos y otros países.
Lo que busca Laura Suárez va mucho más allá de la promoción cinematográfica: dar a conocer el cortometraje «Orosi» («Sash window») supone defender un proyecto en el que lleva luchando desde 2024 y proteger a su equipo técnico y artístico, formado por actores reconocidos en Irán. «El silencio es lo que más ayuda a los que quieren acabar con los artistas. Que aparezcan en la prensa extranjera es una forma de respetarlos y darles seguridad», sostiene.
La viguesa solía hablar cada dos o tres días con Mohammad Hormozi, videollamadas muy largas para trabajar en proyectos y festivales, pero desde que estalló la guerra no sabe nada de él. «A veces estoy preocupada lo justo porque las comunicaciones en Irán son terribles: el Gobierno corta internet y tienen que usar mil VPN para conectarse. Hemos estado otras veces tiempo sin hablar, pero ahora, en plena guerra y viviendo él en Teherán, siempre hay un poco más de preocupación», comenta.
De pronto, la guerra ha hecho que el mensaje del cortometraje se haga realidad en la persona de su director: «Pueden retenerte, capturarte o silenciarte, pero tu arte puede emanar en cualquier situación, incluso en las más terribles –resume Laura Suárez–. Es lo que Mohammad Hormozi defiende: el arte siempre está por encima de todo y en cualquier lugar».
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