Entrevista | Silvia Bardelás Filósofa, novelista y editora
Silvia Bardelás, filósofa y escritora: «No somos víctimas del sistema, podemos pasar a la acción»
En su ensayo Una conciencia nueva, la autora viguesa propone recobrar la vitalidad que le ha robado al ser humano la sociedad individualista y tecnológica. «No está todo creado, el mundo está en construcción», dice

La autora gallega afincada en Madrid, Silvia Bardelás. / Irene Medina
Doctora en Filosofía, escritora, traductora, profesora de Creación Literaria en la UNED y editora en De Conatus, Silvia Bardelás (Vigo, 1967), adopta una filosofía ingenua, que no ignorante, para retomar la vitalidad perdida por el ser humano del siglo XXI, al que considera agotado e invadido por la desafección en una socieda tecnológica y profundamente individualista que nos impide relacionarnos en comunidad y contectar con la intimidad de los otros. Propone despertar y pasar a la acción en un mundo que está en construción para crear Una conciencia nueva, título del ensayo que ha publicado con la editorial Acantilado y que presentará enl próximo 27 de marzo en la librería Libraida de Gondomar.
– Las primeras líneas de Una conciencia nueva arrancan con la crisis del 2008, repasando otras posteriores hasta la pandemia y retratando un mundo en crisis permanente que diagnostica como agotado, ¿cuáles son los síntomas de ese agotamiento?
– En realidad todo viene desde hace siglos cuando en la Ilustración creyeron que podían conocer el mundo en su totalidad desde la razón, separada de la sensibilidad. Eso nos ha llevado a desarrollar mucho la razón, pero olvidándonos de nuestra parte humana, que tiene que ver con otras capacidades como la inteligencia estética o la inteligencia emocional, con lo cual estamos agotados porque hemos perdido la vitalidad que nos dan las experiencias humanas, el sentirnos: hemos perdido el deseo, el amor, la belleza; en vez de tener una vida hacia la aventura, tenemos una vida muy aburrida, estamos aburridamente cómodos. Ese agotamiento ha llegado ahora a un momento culmen, donde ya no se sostiene. Ni siquiera podemos salir desde ahí con crítica, porque hay mucha gente criticando este mundo, pero es que en la crítica una razón va contra otra razón y acabamos teniendo un círculo vicioso. Yo propongo salir de ese círculo y pensarnos desde otro lugar, desde la sensibilidad.
– Propone retomar palabras que están en manos de secuestradores, ¿cuáles son esas palabras?
– Esta idea de repensar las palabras fue de Virginia Woolf cuando estaba muy impresionada con la posible guerra mundial, palabras como belleza, amor o felicidad no tienen sentido, no sabemos qué significan ya, intentamos no usarlas e incluso las repelemos de alguna forma, y de hecho las hemos cambiado por palabras mucho más ligeras y más racionales, como toxicidad, negatividad, apego. Incluso llegamos a hablar con palabras extranjeras, como poner love en las tazas, porque no significan emocionalmente nada para nosotros.
– ¿Por qué no nos sentimos vinculados a nada?
– Porque esta sociedad que hemos montado se sustenta en la idea de que somos individuos, separados unos de los otros, y luego crean leyes para que esas individualidades no se aniquilen entre ellas. El paso a dar es, en lugar de sentirme individuo, sentirme un ser singular que vive entre otros y en relación con otros, porque sin esa relación no somos nada.
«Nos han cambiado la felicidad por la ilusión, que significa querer ser otro diferente al que somos»
– Asegura que nuestro problema no está en la infelicidad, sino en la falta de energía para permitir que algo nuevo suceda.
– Nos han cambiado la felicidad por la ilusión. Y la ilusión significa querer ser otro, diferente al que somos. En realidad, la felicidad sería conectar con nosotros mismos, sentirnos, que es lo que no podemos hacer ahora, pero para sentirnos solo podemos hacer relacionándonos con otros.
– De hecho, el subtítulo de su libro, ‘La urgente pregunta de quiénes somos’, ahonda en qué significa ser humano hoy en día
– Nos hemos convertido en una idea, somos un DNI, una cuenta bancaria, un grupo de interés. Esa identificación que hacemos con un papel dentro de la sociedad no nos hace humanos, sino ciudadanos, miembros que sostienen un sistema. Lo humano es aquello que compartimos como seres que están existiendo en un mundo que no conocemos en realidad y que solo podemos conocer creando experiencias nuevas. Nos han dicho que no hay nada nuevo por hacer, ni por pensar, ni por crear y sin embargo es totalmente falso, está todo por hacer. Por eso le pongo el adjetivo nueva a la conciencia.
– Indica que el poder ha dejado de ser humano y sintiente, ¿alguna vez lo fue?
– En realidad el poder no es sintiente porque para tener poder necesitas pensar en los otros no como seres humanos sino como una idea de algo, por ejemplo, es muy fácil matar a un palestino si piensas en él como un palestino, pero no lo matarías si pensaras en él como ser humano.
– También hurga en la figura de héroe clásico, ¿cuál sería la definición de héroe actualmente y por qué triunfan figuras como Trump o Milei?
– No existe ahora mismo un héroe, porque el héroe siempre era alguien que intentaba algo bueno o bello, ahora sería el antihéroe. Estamos tan hartos de la falta de autenticidad que cuando aparecen estos megalómanos, que solo piensan en sí mismos pero actúan al margen de lo políticamente correcto, la gente siente cierta vitalidad, se produce una cierta nostalgia por sentirnos vivos. Eso sería ideal en gente que no fuera megalómana, que tuviera la misma vitalidad, pero que tendiera a hacer algo hacia el bien. Ahora mismo el mal tiene mucha energía, mientras nosotros no tenemos ninguna.
– ¿La conciencia de urgencia climática o la conexión con la naturaleza será lo que finalmente nos una como comunidad?
– Tenemos que tener claro que el ser humano es una forma de la naturaleza expresándose. Si cambiamos nuestra relación entre nosotros, va a cambiar también nuestra relación con la naturaleza porque también cambiarán nuestras necesidades a nivel económico, político y social.
– ¿Qué papel han de cumplir el arte y la literatura en la construcción de nuestra identidad que no estén desempeñando actualmente?
– El arte también está de alguna manera secuestrado por la razón autónoma, el arte nos tiene que emocionar, tenemos que sentir con él porque justo nace de nuestra sensibilidad, de nuestra necesidad de sentirnos. Cuando no cumple ese papel, deja de ser arte, es otra cosa. Con respecto a la literatura, se ha convertido en textos que nos cuentan lo que ya sabemos, cuando tiene que ser lo contrario, textos que nos activen, que nos coloquen en otro lugar, que nos hagan cambiar de perspectiva. Todo eso en realidad sí que existió en su momento, pero se ha perdido precisamente por esa pérdida de sensibilidad.
– ¿Considera que se están sacrificando obras literarias de calidad por la búsqueda de superventas por parte de editoriales ?
– Esta semana estuve en un acto donde estaba Darío Villanueva y decía que estábamos en la postliteratura, en el sentido en que ya los textos no tenían literatura. A base de querer dar al lector textos que entienda fácilmente se pierde toda la literatura, la cual no se entiende, se siente.
– De hecho, uno de los halagos que se dice de una novela es «me la he leído de un tirón».
– Exactamente, y eso es lo contrario a la literatura. En este mundo de prisas, de falta de vivencia del tiempo, justamente es el momento de poder leer tranquilamente para poder conectar con nosotros mismos, que es lo que nos falta. Las enfermedades que llamamos mentales, como la depresión, la falta de energía o la ansiedad vienen por una desconexión. Y ese tiempo que nos podemos tomar en pensar, en sentir, es salvación.
– A lo largo de su ensayo hace muchas referencias al cine, a la literatura, a filósofos, pero también a la sabiduría popular, ¿a quién hay que acudir como referentes por su vigencia en estos momentos?
– El saber popular en este mundo racional también ha sido secuestrado, antes cualquier persona tenía su propia cultura, en el sentido de ser capaz de crear relaciones, sus canciones, sus fiestas, su manera de sentir y su empatía, pero este afán de hiperracionalizarlo todo separó el conocimiento académico del popular. También he querido escribir este libro después de haber estudiado filosofía y darme cuenta de que la academia se había separado del mundo, yo quería unirlo. Con respecto a referentes, puedo dar muchos nombres porque todos me han servido, tanto con los que puedes estar de acuerdo como con los que no; todos te abren un mundo. Por decir algunos que han tratado el tema de la comunidad, del nosotros, están Hannah Arendt, Jean-Luc Nancéi y de más atrás Espinosa y Kant, que me parece maravilloso y hay que superarlo. La filosofía es como una cadena de pensamientos, son como descubrimientos estupendos que siempre hay que superar. No hay una verdad para siempre, estamos en un mundo en construcción. Me interesa que entendamos que no somos víctimas de un sistema, sino que vivimos en un mundo que cada uno de nosotros lo estamos construyendo. Estamos atrapados en un sistema que nos da comodidad y nos roba la vitalidad, y además nos hace olvidar nuestro sentido de la existencia. En este último año, por ejemplo, vamos a una velocidad de destrucción tan enorme que yo creo que necesitamos despertar, que es lo que intento en el libro: pasar a la acción sin tener que hacer ninguna revolución sangrienta, sino con el poder de la inteligencia, con cambios y gestos de cada uno de nosotros, sintiéndonos miembros de una comunidad.
– Plantea una filosofía ingenua para abordar esa nueva conciencia, ¿ingenua no quiere decir ignorante?
– Esa es otra palabra que ha perdido el significado. Ingenuus, del latín, significa nacido libre, puro, y luego también viene de gignere, que significa generar. Solo creamos desde nuestro ser singular que se relaciona con otro para llegar a su singularidad. Para entender la recuperación de esa mirada ingenua tenemos que ver a los niños, que actúan desde lo que quieren, desde sí mismos. Y nosotros les dejamos; es más, si son muy pequeños intentamos que sean lo más ingenuos posibles porque sabemos que es algo bueno. Lo que pasa que a partir de una edad en todas las culturas se les obliga a abandonar la ingenuidad y a ser completamente racionales para tener un futuro. Eso es un error, la educación es fundamental para que los niños aprendan a pensar y aprendan a sentir.
– Se muestra critica con los libros infantiles porque inculcan valores y no conocimientos. ¿Está en contra de lo que llamamos educación en valores?
– Hablar de valores con respecto al ser humano me parece un error porque es algo de compra y venta; el niño tiene que pensar y sentir, y ahí es cuando empieza a descubrir el mundo. La maldad nunca viene de pensar, siempre viene de razonar, de hecho decimos «está maquinando» cuando alguien está haciendo el mal, y maquinar tiene que ver con razonar, no con pensar. En lugar de valores, yo creo que hay que desarrollar en los niños el pensamiento y la creatividad. Y desde ahí va a ser mucho más fácil que ellos accedan al bien, a la belleza y a la bondad.
– Como profesora de creación literaria en la UNED, ¿considera que se está enseñando mal la literatura en los colegios?
– Creo que aparte de lo que se hace, se necesita dar clase de creación literaria; igual que enseñas a un niño a tocar la flauta, a bailar o a pintar, también hay que enseñarle la escritura creativa porque la literatura es un arte. Yo he dado clases de Literatura a niños de bachillerato y la escritura les ayuda muchísimo a sentir, a conocerse a sí mismos y a conocer a los demás; no se sienten solos, aprenden a expresarse y sobre todo aprenden a leer. Lo digo así de claro: la única forma de fomento de la lectura es impartir creación literaria en las aulas.
– ¿Y respeto a la filosofía, que ahora se imparte en los dos cursos de bachillerato como materia obligatoria?
– Tengo clarísimo que la filosofía se debe enseñar para desarrollar el pensamiento, no para saber filosofía. Hay muchos niños que en el colegio que no entienden lo que están aprendiendo, por eso mi idea es que un profesor de filosofía debería entrar en cada clase, en todas, las de ciencias y las de letras, y durante 5 minutos antes de la clase hacerles preguntas a los niños para que empiecen a pensar en lo que el profesor les va a contar a continuación, incluso en matemáticas. El niño tiene que empezar la clase con la pregunta en la cabeza.
– Hablando de adolescentes, siempre sale el tema de la sociedad digital, de internet, de las redes sociales y de la inteligencia artificial, ¿ve ésta última como una amenaza?
– No, todo lo que cuento en el libro tiene como objetivo que seamos responsables con nosotros mismos, nadie tiene que venir a salvarme, pensamos que las leyes vienen para salvarnos. Tenemos que ser responsables con nuestra relación con la mal llamada inteligencia artificial, no le voy a poner yo el nombre. Y personalmente en las redes sociales creo que se puede educar al algoritmo.
– La editorial De Conatus, que tiene con su socia Beatriz González, ha sido la editora en castellano de la obra del noruego John Fosse antes de que ganase el Nobel y de algunos autores como Percival Everett, premio Pulitzer, ¿cómo seleccionan las obras ?
– Tienen que tener autenticidad, algo que solo ocurre si no piensas en el resultado, en la opinión de otros. Seleccionamos textos escritos desde la necesidad de expresión auténtica que tiene el creador; no pensamos nunca en que sea comercial ni que toque un tema de moda, sino más bien enlo que nos aporta, en que nos conmueva como lectoras, en que nos ofrezca una nueva mirada sobre el mundo y en que esté escrito de una forma singular: cuando alguien quiere expresarse de verdad desde una necesidad encuentra un estilo nuevo porque ninguno de los que existe le vale.
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