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El morbo de los uniformes

La sexóloga Emma Placer habla sobre la atracción que las figuras uniformadas infligen sobre algunas personas

El morbo de los uniformes.

El morbo de los uniformes. / @A2C_ILUSTRACIONS

Emma Placer

Emma Placer

El otro día, en consulta, le pregunté a una chica cuáles eran sus estímulos eróticos más habituales, las cosas que le excitaban. Me dijo: “Los uniformes”. Me llamó la atención. Pensaba que era una fantasía más de otra época, pero no. Sigue muy presente. Y no distingue edades ni géneros, así que me puse a investigar un poco porque en el mundo de la fantasía erótica la diversidad es brutal, pero los clásicos parece que siguen ahí.

Cuando hablamos de uniformes, no hablamos solo de ropa. Hablamos de símbolos. Un uniforme marca un papel: sanitario, militar, policía, bombero, piloto, chef, personal de cabina. Lo que despierta interés no es la tela, sino lo que representa.

La psicología social lleva tiempo estudiando cómo la forma de vestir influye en cómo vemos a los demás. No reaccionamos igual ante una persona con uniforme que ante alguien vestido de forma informal. En un experimento bastante conocido, se vio que el mismo hombre resultaba más atractivo cuando llevaba uniforme de bombero que cuando iba con ropa corriente. No se medía el deseo como tal, pero sí cómo cambia nuestra disposición ante ciertos símbolos. Piénsalo... ¿te pasa?

El uniforme elimina dudas, reduce la incertidumbre, que es una de las cosas que más ansiedad genera en el día a día. En un entorno donde casi todo es ambiguo, esa claridad tiene fuerza. Para algunas personas, la autoridad resulta magnética. Para otras, lo que seduce es la idea de protección. O el riesgo. O la disciplina. O el cuidado. O la competencia. Y la lista podría seguir.

El poder del uniforme va más allá de lo erótico. También construye estatus. La bata blanca es un buen ejemplo: culturalmente, la asociamos a conocimiento, rigor y cuidado. No es casualidad que, a veces, personas sin formación sanitaria la utilicen para reforzar su imagen profesional. No es la prenda la que convierte a alguien en referente, pero el símbolo transmite autoridad antes de que la persona haya demostrado nada. Fíjate hasta qué punto el uniforme influye en cómo confiamos, admiramos o nos dejamos impresionar.

El uniforme nos echa una mano con las fantasías eróticas porque permite centrarse en el papel más que en la persona concreta. A veces no es tanto «me gusta esta persona» como «me gusta lo que representa ahora mismo». El uniforme activa escenas en la cabeza: alguien que manda, alguien que cuida, alguien que tiene el control... Eso puede traducirse en más excitación, más juego de poder, más entrega o más deseo de dejarse llevar.

También cuenta mucho cómo hemos vivido las cosas en nuestra propia experiencia. Si alguien ha asociado ciertas figuras a seguridad, admiración o protección, es más fácil que ese rol despierte deseo. Pero si la autoridad se ha vivido como presión o miedo, puede ocurrir justo lo contrario. El deseo no sale de la nada: conecta con lo que cada persona ha sentido antes. Por eso, el mismo uniforme puede resultar tremendamente sugerente para una persona y completamente indiferente o incómodo para otras.

Otro detalle interesante: el uniforme ordena. Marca límites, funciones, reglas. Y el deseo, a veces, necesita un contexto para activarse convenientemente: el juego de roles, que utilizaban en la serie «La que se avecina» el pescadero y su mujer, ¿te acuerdas?

La próxima vez que veas un uniforme y sientas ese pequeño cosquilleo… no es casualidad. Está estudiado. Tu cerebro morboso reacciona bien a los símbolos.

Placeres, nos uniformamos hasta la próxima en www.saludplacer.com.

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