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Los rostros más virales del campo y el mar gallegos
Los influencers de la agricultura, ganadería y pesca en Galicia comparten la realidad diaria de sus trabajos con cientos de miles de seguidores en redes sociales. Dignificar el rural y concienciar sobre el valor esencial del sector primario y la naturaleza son algunos de sus propósitos

Ce Rodríguez, María Fontán, Lucía Casal, Laura Vallejo, Rogelio Santos y Ana Domínguez / Ana Rodríguez
Conduciendo un tractor, ordeñando una vaca, ayudando a nacer a un ternero, talando árboles, tratando una plaga en la huerta, cosechando tomates, extrayendo almejas de la playa o capturando pescado. Son algunas de las tareas que muestran en sus redes sociales los creadores de contenido digital del sector primario en Galicia, los llamados «agroinfluencers» y «marineroinfluencers», prescriptores presentes en todas las plataformas que suman millones de seguidores.
Mostrar su día a día en la granja, la huerta, el monte o el mar, dignificar la vida y el trabajo en el rural y concienciar sobre aspectos medioambientales, de bienestar animal y sostenibilidad son sus algunos de sus propósitos. Hablamos en este reportaje con seis de ellos: Cé Rodríguez, Lucía Casal, Nuska Chousa, Rogelio Santos Queiruga, María Fontán y Laura Vallejo.
En 20 metros de huerta
Si buscamos en Google «cómo plantar una lechuga», la primera entrada nos remite al agronfluencer vigués Cé Rodríguez y su marca en redes sociales ‘En20metros’, el tamaño de la huerta urbana y el jardín donde muestra el día a día de sus cultivos, un pequeño terreno en la parroquia de Bembrive que le dejó su madre en 2017 con unas tomateras y unos ajos. Ahí empezó de cero a hacer sus primeras siembras, aprendiendo de lo que mostraban en internet horticultores de lugares como Asturias, Valencia o Valencia y compartiendo sus avances con sus amigos en Instagram. Ahora supera el millón de seguidores en las distintas redes sociales (949.000 en YouTube, 134.000 en Instagram, 72.000 en TikTok y más de 48.000 en Facebook).

Cé Rodríguez (En20metros, en internet) muestra un cultivo de su huerta urbana de la parroquia de Bembrive, en Vigo. | // FARO / Cedida
Aunque confiesa que desde 2022 ya habría podido vivir exclusivamente de los ingresos que le genera su trabajo como creador de contenidos digitales, Cé Rodríguez mantiene su empleo de administrativo en la procuraduría familiar de su hermana porque «nunca sabemos cómo va a ir la monetización de las redes sociales». De momento, «son las marcas las que necesitan a los influencers para comunicarse con el público, y no al revés», si bien se puede permitir el lujo de seleccionar qué artículos recomienda a sus seguidores, apostando por el producto nacional y evitando que sus vídeos se conviertan en una teletienda, según manifiesta.
Mujer mayor de 50 años es el perfil de su seguidor mayoritario, aunque hay ciertos contenidos, como pueden ser los de podas, que suelen ser más vistos por hombres.
Cada miércoles sube a YouTube un vídeo nuevo, los domingos comparte una entrega de su calendario de siembra mensual y los martes recoge la sabiduría popular tirando de refranero. «Siempre estoy grabando vídeos en el jardín y en la minifinca que tiene mi madre con frutales, ya sea un detallito de un rosal que está brotando o una hortensia que podé, mostrando dónde le hice el corte. Así voy juntando contenido en el teléfono que voy sacando poco a poco como vídeos o fotos en redes», comenta. Sus piezas de Youtube, más largas y elaboradas, le sirven de material para sus contenidos más breves que exigen otras plataformas.
La naturalidad a la hora de comunicar, la formación, que ha hecho a base de ensayo-error, y la interacción con sus seguidores son fundamentales en su trabajo. «No hablo como un experto sino como alguien que te enseña las plagas que tuvo y como las eliminó, he publicado contenidos de tomateras completamente perdidas de hongos para analizar qué sucedió y cómo solucionarlo».
Integrante de la plataforma Bembrive en Pé y afectado por el trazado de la autovía A-52, Cé Rodríguez imparte charlas y talleres en colegios. «Me da pena que la gente no sepa cuánto cuesta realmente un tomate, cuántas horas de trabajo lleva, y me da rabia los que desaprovechen espacios de jardín, trocitos de tierra o terrazas para hacer cultivos, sobre todo muchos abuelos que están aburridos», manifiesta. Su objetivo ahora es escribir un libro.
Lucía Casal, Ganadera
Lucía Casal sufrió acoso en el colegio cuando empezó a subir en su primer perfil de Instagram fotos con los animales de su granja de Melide. Era víctima de los estereotipos de una sociedad urbanizada que mira por encima del hombro y desprecia al rural. En 2023 ganó el Premio Nacional de Juventud y ya superaba los 10.000 seguidores; ahora tiene 30.600 en Instagram y casi 30.000 en TikTok, aunque acaba de dejar esta plataforma «porque es muy tóxica: es muy fácil criticar a través de una pantalla sin dar la cara», comenta esa joven de Melide de 22 años, la única gallega finalista en la segunda edición de los Premios Agroinfluye, en la categoría de ‘Maquineros’ (conduce un tractor), cuyo resultado se dará a conocer este martes en una gala en Sevilla.
Dignificar la labor de los ganaderos y mostrar el día a la día en su granja son los objetivos por los que muestra vídeos en redes sociales. «No las tengo por negocio, quiero mostrar que en el rural hay futuro, que tenemos vida social, que los tiempos han cambiado y hay mucha tecnología que nos ayuda a realizar nuestro trabajo, que no vivimos rodeados de mierda, que puedo cogerme un mes de vacaciones o irme un fin de semana dejando la granja a cargo de una empresa que hace sustituciones, que alimentamos a miles de personas y que nos preocupamos del bienestar animal, porque a veces nos tachan de maltratadores por vídeos hechos con inteligencia artificial», asegura esta ganadera.

Lucía Casal, junto a su tractor en su granja ganadera de Melide. | // FARO / Cedida
Jóvenes interesados en dedicarse a la ganadería, a los que «sus padres les dicen que estudien otra cosa», ganaderos entre 30 y 50 años y personas de mayor edad que se han dedicado al campo o tienen interés en él conforman su universo de seguidores. Integrante de la tercera generación de una granja familiar, Lucía es ahora socia de su padre en una explotación de 30 vacas, si bien su objetivo es llegar a las 70 reses. Al estudiar un ciclo profesional de ganadería se fue de Erasmus a Irlanda, a una granja. «Ahí descubrí lo que era la morriña y que quería para mi futuro poder desayunar todos los días con mis padres en la misma mesa», relata esta joven, que defiende el rural como lugar para vivir no solo de la ganadería, sino también del turismo o de cualquier empleo que permite teletrabajar.
Los vídeos en que muestra su trabajo diario a cámara rápida se encuentran entre sus contenidos más vistos, al igual que los partos de las vacas y hasta el de una cesárea. «Los nombres de los terneros se los han puesto mis seguidores», dice. Últimamente comparte mucho contenido de innovación, como los robots que ayudan al ordeño o el detector de partos.
Edita los vídeos al acabar la jornada, después de cenar y si el cansancio no hace mella. Le gusta interactuar con sus seguidores y recibir recomendaciones de ellos.
Con la motosierra

La operaria forestal y ganadera Laura Vallejo, en Meira (Lugo). / Cedida
Laura Vallejo es un fenómeno en TikTok (más de 176.000 seguidores) e Instagram (152.000) manejando maquinaria forestal pesada y visibilizando el trabajo de la mujer en el sector. Esta operaria forestal y ganadera de Meira (Lugo), también presente en Facebook (con 160.000 seguidores) y empezando en YouTube, desconocía que mostrar imágenes de su día a día fuese a ser relevante para casi el medio millón de personas que conforman su comunidad virtual, un 93% de ellos hombres, la mayoría relacionados con su trabajo en todo el mundo. Su propósito es «crear conciencia de la importancia de la gestión forestal, mostrar que el trabajo de una mujer en el monte es tan válido como el de mis compañeros y dar valor al sector ganadero», explica. Para ella las redes sociales son una gran fuente de ingresos en la actualidad, «pero creo que con el tiempo todo se termina, son etapas en la vida que debes apoyar con un trabajo sólido y estable que sabes que te acompañará siempre, así que si tengo que prescindir de uno de los tres trabajos sería de las redes sociales», afirma.
Mariscadora 2.0
Aficionada a la fotografía, María Fontán comenzó a compartir fotos relacionadas con su trabajo de marisqueo en sus perfiles privados y al ver que suscitaba mucho interés creó la firma Mariscadora 2.0, que cuenta con más de veinte mil seguidores entre Instagram, Facebook y TikTok. Sus vídeos muestran diversos detalles de su trabajo extrayendo almeja en la cofradía de O Grove, así como los de otras cofradías, cuando ella tiene que parar su actividad. Los preferidos de los seguidores suelen ser lo que muestran la dureza del trabajo en el mar, sobre todo los días de temporal que hemos registrado a lo largo de los últimos meses. Uno de sus últimos virales es el de un jabalí que cruza a nado el mar desde un islote de la playa hacia el monte.

María Fontán, Mariscadora 2.0, en redes, en una playa de la ría de Arousa. | // FARO / Cedida
«Non me sigue tanta xente nova, é unha pena, normalmente os que me siguen son mariscadores ou persoas do interior aos que lles gusta o mar», dice. «Moitos comentan que agora non lles parece tan caro un kilo de ameixa ao ver como a extraemos», expresa.
Mariñeiro e influencer
Marinero de profesión, vocación y formación, Rogelio Santos Queiruga es probablemente el pescador más popular en redes sociales, con más de 250.000 seguidores (en Facebook 157.000, en Instagram 77.300, en Twitter 21.700, en Titok 65.200, en YouTube: 3.000 y en Threads 9.000). Desde Porto do Son (A Coruña), comparte con el público diversos detalles de su faena diaria a bordo del Milena, la embarcación de pesca de bajura de la que es segundo patrón y tripulante junto a su hermano.
Su curiosidad innata por aprender y su afán por divulgar le llevaron a embarcarse en las redes de internet, con la intención, también de modificar la imagen de esquilmadores que a menudo transmitían los medios al hacerse eco de noticias sobre incautaciones de artes de pesca ilegales, de especies en veda o de furtivismo. «Quero dignificar a profesión de mariñeiro, na que levo máis de trinta anos, dar a coñecer a realidade do noso traballo e intentar concienciar aos demáis sobre a necesidade do coidado do mar e a sostenibilidade», expone.

Rogelio Santos, el «mariñeiro influencer» de Porto do Son. / Cedida
Con un lenguaje coloquial y de manera entretenida, Santos enseña en sus vídeos las diferentes especies que se va encontrando, identificando los distintos huevos de peces, caracolas, crustáceos y dando detalles de bilología marina como que un bogavante de un kilo tiene alrededor de diez años o el tiempo que tarda en crecer una raya, por ejemplo. «Gústame ser moi riguroso, en temas de ciencia suma moitísimo o que aprendín na educación pública e en libros de divulgación, e tamén a axuda que me dan moitas veces científicos galegos de Instituto de Investigacións Mariñas de Vigo ou de IEO de Vigo e A Coruña».
Entre su público, el bloque más numeroso son marineros y pescadores deportivos, si bien tiene un gran número de seguidores en el ámbito de la educación, profesores y alumnos desde primaria hasta la universidad, gente del mundo de la ciencia y personas con conciencia medioambiental alta. «Teño unha comunidade grande en Canarias, Cádiz, Madrid, Barcelona, Estados Unidos e países de Latinoamérica onde hai moita presenza de galegos ou xente con raíces galegas», manifiesta Santos, que emplea en sus vídeos el ghalego mariñeiro, con gheada y seseo, aunque algún ‘hater’ le critique por hablar «un idioma de paletos». «Teño moitísima máis xente que me escribe comentarios positivos dicíndome que están aprendendo cousas do mar e galego conmigo ou que os seus fillos pequenos pídenlles un dos meus vídeos antes de ir durmir ou comen pescado por min», relata Santos, quien se siente satisfecho por haber dado charlas a escolares en más de cien centros de Galicia, además de asistir a simposios.
Aunque su principal actividad y fuente de ingresos sigue siendo la de marinero, Santos Queiruga también cotiza por su trabajo de creador de contenido digital y defiende esa última ocupación. «Non é coma eso que pensan os rapaces cando din que queren ser influencers de maiores, coma si fora non traballar; para facer isto tes que ter unhas cualidades, unha preparación e tes que dedicarlle moitas horas. Eu cando imos en ruta e estou facendo traballos máis físicos, como limpar as redes o quitar peixes, a miña cabeza non para e xa estou preparando argumentos do que vou falar: Despois aproveito moitas veces cando veño para terra para compartir vídeos desde o mar».
Nuska Chousa

Ana Domínguez (@nuskachousa), en su huerta en Ribeira. / Cedida
Analógica y alógena. Así se define Ana Domínguez, Nuska Chousa en redes sociales, ya que vivió en un mundo no digital y se siente forastera aun estando rodeada de iguales. Esta mujer de Ribeira suma unos 300.000 seguidores en las plataformas digitales, donde comparte cosas de la huerta y recetas tradicionales. Con formación como animadora de eventos y experiencia en artes escénicas, esta agroinfluencer siempre tuvo interés por conocer y divulgar aspectos relacionados con la vida en el rural, como las costumbres y el aprovechamiento de los recursos naturales. Fue su hijo el que le aconsejó abrir un canal en YouTube, algo que ella «non sabía o que era, e cando mo explicou non entendín moi ben o concepto de que houbera xente interesada en ver os meus vídeos», confiesa.
Pese a las críticas de los haters por hablar gallego con gheada y seseo, mantiene la manera de hablar que heredó de sus abuelos y se niega a asistir a eventos o programas de radio y televisión donde le exijan usar el gallego normativo. Reconoce que usando esa variante o el castellano tendría más seguidores, pero su intención no es buscar virales (vídeos con miles de visualizaciones), sino «falar da miña experiencia e animar a outra xente que está empezando». Y lo hace sin muchos preparativos, con naturalidad, cogiendo la cámara que lleva a la huerta cuando siente que hay algo que merece la pena contar y añadiendo algún chiste que se le pase por la cabeza. «Sempre fun moi faranduleira», confiesa. Fuera de las redes, también participa como docente en clases y talleres de permacultura que imparte en localidades como Boiro y Santiago a gente joven.
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