Entrevista | Soraya Romero Periodista y escritora
«Toda conquista es susceptible de ser arrebatada»

La periodista y escritora Soraya Romero estará en el Club Faro / M. J. Pichaco Gallardo
La periodista y escritora madrileña afincada en Suiza Soraya Romero vuelve a explorar en su historia familiar en su segunda novela, ‘Demasiado ayer’, donde teje un relato de cuatro generaciones marcadas por una carga emocional iniciada en tiempos de la guerra civil en Huelva, que se prolonga hasta la España contemporánea y visita el México del «milagro económico» de los años 40 a los 70. La autora estará el miércoles 25 de febrero en Club FARO, en un acto que arranca a las 20 horas en el salón de conferencias del Museo MARCO.
– En ‘Semillas del silencio’ rescató la historia de su bisabuela materna, abandonada al nacer en una inclusa, mientras que ‘Demasiado ayer’ se inspira en su bisabuelo paterno, fusilado por el régimen franquista. ¿Ya tenía previsto ambas novelas basadas en sus familiares?
– Ninguna de las dos novelas estaban previstas. Ambas surgieron por mi interés por la genealogía, por saber de dónde vengo, y esto se lo debo al propio proceso de migración: no sé si yo me hubiera realizado estas mismas preguntas si no hubiera cambiado de país, del lugar en el que he nacido y crecido. Cuando terminé ‘Semillas’, que indagaba en la vía materna, me propuse investigar qué sucedía con la paterna; yo era consciente de que tenía un bisabuelo asesinado por el régimen franquista, desgraciadamente como muchísimas familias, su memoria estaba completamente condenada al olvido porque ni siquiera sabíamos dónde estaba ni cuándo lo habían asesinado, así que cuando se presenta la oportunidad a través del portal Archivaweb de la Junta de Andalucía de empezar a recabar datos para empezar a reconstruir parte de ese silencio vinculado a la figura de Nicomedes Romero lo primero que encuentro es una sentencia por un delito de lesiones cometido por él mismo hacia otra persona. Fue algo que no me esperaba, todos pensamos que somos buenas personas que venimos de familias íntegras, y ese documento produce en mí un clic. Luego, el segundo documento que encuentro es el certificado de defunción a posteriori, registrado años después de su muerte porque el régimen negaba sistemáticamente que hubiera matado a esas personas. Se despertó en mí la furia de ver cómo el franquismo utilizaba ese lenguaje tan torticero y a la vez tan lírico para enriquecer la barbarie cuando leo que a mi bisabuelo se le aplica el bando de guerra por desafección al régimen. Con esos dos ingredientes, rabia y sorpresa, descubrí que tenía una buena base para construir una historia.
– Entonces es cuando imagina para él una historia que no termina en el foso, sino que le da en la novela una segunda vida que él no tuvo, pero no lo convierte ni mucho menos en un héroe.
– Es un antihéroe, sería muy deshonesto haber jugado la carta con mi anterior novela de defender a capa y espada el valor de los documentos históricos y pasar ahora a presentarle al público algo dulcificado. Yo debía hacer el ejercicio de mirar a la herida de frente, decirme que él cometiera un delito no me hace a mí delincuente y en todo caso aceptar esa carga emocional que se va traspasando a través de las generaciones. Le doy la oportunidad de salvarse de esa muerte segura por el hecho de pensar diferente y contra la dictadura, pero esa persona trae su propia carga emocional, derivada de un contexto, que es el de pobreza y la aniquilación, porque lo que sucedió en Huelva, según la tesis del historiador Francisco Espinosa, fue una represión bestial, no tuvieron en ningún momento posibilidad de defenderse. Y en ese punto a mí me interesa penetrar en la psicología de alguien que viene tocado de una muerte simbólica, de la violencia estructural, del miedo y de la desconfianza en un contexto de pobreza. No me interesaba regalarle una vida bonita y no creo que eso desde un punto de vista de trabajar con las palabras, contar historias, aportara nada nuevo a un puzzle que creo que es colectivo, que es el de las historias vinculadas a la guerra civil.
«Todos somos héroes y villanos, solo hay que accionar el botón que nos ponga al límite»
– Sin embargo esta no es una novela sobre la guerra civil, sino que parte de ese episodio histórico como hecho que marca y atraviesa a cuatro generaciones. ¿Considera que el dolor y el trauma se hereda aunque los miembros de una misma familia no tengan ningún tipo de conexión entre ellos?
– La herencia emocional no es una cuestión mística de creencias ni de nada intangible, es ciencia, a través de la epigenética me pude aproximar a este concepto de cómo el contexto puede alterar la expresión de nuestros genes y dejar marcas químicas en el ADN que nos predisponen a tener ciertas enfermedades autoinmunes o psiquiátricas. Esto me fascinó tantísimo que me decidí por el matiz de antihéroe en el que también nos podemos reflejar todos, que somos héroes y villanos, solo se tiene que accionar el botón que nos ponga el límite en la vida para que salga esa parte menos amable.

La periodista y escritora Soraya Romero estará en el Club Faro / Javi Aparicio
– En esa sucesión de personajes rotos, con traumas y heridas sin cerrar, que conforma su novela va realizando un recorrido por la historia de España hasta 2016, deteniéndose en determinados momentos y hechos, entre ellos los internados de los años 70 y 80, donde pasa una temporada Pepe, otro de los personajes. ¿Por qué escogió reflejar esa realidad?
– Escogí una de esas instituciones gracias a un documental fabuloso, ‘Los internados del miedo’, de Montse Armengou, a la que admiro muchísimo y creo que hace un trabajo excepcional de memoria histórica, sobre todo vinculado al tema de los niños robados. Cuando vi en ese reportaje a personas de 70 y 80 años rotas, que te contaban que les hacían comer lentejas con gusanos, y al ver exactamente dónde acababan los niños de las familias desfavorecidas, de las republicanas, o de aquellas que pensaban que estaban enviando sus hijos a sitios decentes, me dije “esto tiene que aparecer. Era una manera también de dotar de verosimilitud al relato, algo que para mí es importantísimo quizás por ser periodista; en esta etapa tan oscura que estamos viviendo, de no poder confiar en la información que recibimos, en lo que vemos, en lo que oímos, para mí darle al lector la posibilidad de contrastar la información y ver que efectivamente el contexto de ficción está basado en hechos reales es imperativo.
– Nicomedes, uno de sus protagonistas, dice que la verdad no importa, que puede inventarse. Esto es lo que estamos viviendo hoy en día en el mundo de los de los bulos y de la desinformación.
– Exactamente, pero esa frase la pronunció realmente Lola Flores respondiendo a una pregunta que le hizo Lauren Postigo sobre las mentiras. Ella miró a cámara y dijo: «Yo nunca miento porque todo lo que miento se convierte en verdad”. Esa frase me pareció tan potente, refleja tanto lo que estamos viviendo, creo que en el fondo Lola Flores en muchas cosas era una visionaria. Eso lo dijo en los años 80 o 90, y en 2016 la palabra del año fue posverdad.
«Me asusta el discurso fácil de retorcer y vilipendiar palabras como democracia o libertad»
– Trata de combatir ese olvido desde la literatura, pero las últimas encuestas reflejan la preferencia de los jóvenes por la ultraderecha y su percepción de que en la dictadura se vivía mejor ¿Estamos condenados a repetir los errores del pasado?
– Aquí tenemos un problema que empieza en casa, debemos sentarnos con nuestros hijos y más que darles un discurso, estar abierto a que nos hagan preguntas para despertar en ellos la curiosidad. Entiendo que a los 17 y los 18 años tu cabeza está en comerte la vida a bocados y no te haces preguntas sobre de dónde venimos, pero la resistencia a caer en errores del pasado deberían ser esos padres para desenmascarar esas enormes mentiras que les están vendiendo a los chavales a través sobre todo de las de las redes sociales. Me asusta muchísimo ese discurso fácil de tomar las palabras y retorcerlas (igual que hacía el franquismo), que palabras que han llegado hasta nosotros por consenso colectivo como libertad, democracia o genocidio se manoseen, se resignifiquen y se vilipendien. En realidad a esos chicos se les está vendiendo el individualismo, a los varones se les confiere cierta superioridad y se maneja ese concepto que llaman mujeres de alto valor, que son las que vuelven a quedarse en casa.
– De hecho, en sus personajes femeninos va reflejando la evolución de los derechos de la mujer en cuatro generaciones. ¿Hay que estar alerta ante un retroceso?
– Considero importante enseñarles no solo a los varones sino también a las propias mujeres que toda conquista es frágil y susceptible de que nos la vuelvan a arrebatar.
– Introduce al abordar la época de la Movida madrileña a un personaje que claramente nos remite a Almudena Grandes, ¿ha querido hacer un guiño a una de sus autoras referentes?
– Para mí Almudena ha sido, es y será una de las grandes novelistas de la historia de España, y de alguna manera ya sabiendo que yo quería pasar por esa etapa de la Movida madrileña y explorar esa herida que dejó el abuso de sustancias en los años 80, quise introducirla en ese Madrid donde la libertad se la engullía, como decía ella, en ese momento en que a la libertad no se le podía poner límites porque veníamos de la represión absoluta. Almudena decía que la historia de las naciones se podía narrar a través de la historia de las familias, estoy completamente de acuerdo.
– ¿Y el capítulo que transcurre en México es un tributo a Laura Esquivel?.
– Laura Esquivel me gusta mucho, pero en realidad quise hacer un guiño a ese país al que quiero muchísimo. Al investigar sobre todas esas personas que pudieron escapar de la guerra civil, entre ellas muchísimos escritores y escritoras, descubrí la enorme deuda que España tendrá para siempre con México gracias a la ayuda del presidente Lázaro Cárdenas, que mandó esos barcos de la esperanza a rescatar a toda esta diáspora española que huía de la barbarie. Tuve la suerte de que cuando iba a afrontar la escritura de ese capítulo pude viajar a México y conocí de primera mano las minas que menciono en la novela, la historia de cómo funcionaban y las muertes que sucedieron allí.
Suscríbete para seguir leyendo
- El caso de los asesinatos de cuatro hermanas gallegas
- Luca, el “terremoto” de los circuitos gallegos
- Los famosos gallegos de la lucecita
- Tesoros forestales para (no) perderse en otoño
- «Ramsay llega tarde, la carne gallega lleva tiempo siendo la mejor del mundo»
- Cuando la movida madrileña invadió Vigo: 36 horas de sexo, drogas y rock and roll
- De un vestido de lentejuelas de su abuela a millones de reproducciones: así se labra el éxito en redes esta influencer viguesa
- Los Quesada Legido, una saga de artistas