Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Yo he venido aquí a publicar mi libro

El editor gallego Constantino Bértolo revela las causas de que las editoriales desestimen publicar la mayoría de los manuscritos que reciben

El editor gallego Constantino Bértolo.

El editor gallego Constantino Bértolo. / JOSÉ M. VIDAL/EFE

Hoy en día publicar un libro es muy difícil. Pero al mismo tiempo, publicar un libro es muy fácil. Trataré de explicar esta aparente contradicción. A un escritor novel o al que, aun habiendo publicado algunos libros, no haya tenido éxitos de ventas, a quien no disponga de los servicios de una agencia de prestigio, no conozca a alguien con influencia que lo recomiende, o no sea un personaje mediático, le cuesta mucho encontrar una editorial que publique sus manuscritos decentemente, sin faltas de ortografía ni erratas de bulto, que distribuya luego esos libros con eficacia, que los promocione en los medios de comunicación con los que mantiene relaciones, que organice presentaciones, que facilite que los escritores participen en ferias del libro y eventos similares… y que pague con puntualidad, o que simplemente pague, los derechos de autor que le corresponden. Es muy difícil. Pero al mismo tiempo, si lo que busca es sólo publicar ese manuscrito en el que ha estado ocupado durante meses o incluso años, y colmar así el deseo de verlo en forma de libro y al mismo tiempo satisfacer su ego y demostrar a su entorno que es un escritor, entonces lo tiene muy fácil. Por una módica cantidad, decenas de editoriales se ofrecen a poner en sus manos unos cuantos cientos de ejemplares, con su ISBN, su diseño, su portada, su pódcast en la web de la editorial, incluso sus marcapáginas. Claro que no debe aspirar a casi nada más: ni distribución ni promoción ni ningún otro tipo de facilidades, al menos con cierta eficacia. El fenómeno se llama autoedición.

El mundo editorial es muy complejo, y con la aparición de tecnologías como la Inteligencia Artificial lo será cada vez más. En general las editoriales, que son empresas privadas, se mueven sobre todo por la rentabilidad que puedan obtener de las ventas de los libros que publican y suelen evitar los riesgos de que las opciones por las que se decantan terminen en fracasos comerciales, aunque muchas veces estén convencidas de la calidad de las ofertas que rechazan. A veces se trata de que el texto no se adapta a eso tan inasible que se llama «línea editorial». El rechazo, uno de los componentes de la cadena, es el tema que ocupa la mayor parte del libro que el editor jubilado Constantino Bértolo (Navia de Suarna, Lugo, 1946) trata en «El arte de rechazar manuscritos» (Penguin Random House, serie En Debate), una lectura gratificante (y obligatoria) para quienes ven (hemos visto) tantas veces rechazados trabajos que soñamos con publicar. El aspirante a escritor publicado contempla cómo sus manuscritos son rechazados una y otra vez a pesar de que piensa que el texto en el que ha estado trabajando es una joya literaria que para triunfar sólo necesita darse a conocer. Constantino Bértolo condensa aquí su amplia experiencia como editor para explicar algunas de las causas que provocan los rechazos de los manuscritos y también las decisiones de publicarlos.

La «dictadura del editoriado»

Destaca que uno de los problemas a los que tienen que enfrentarse las editoriales es la gran cantidad de originales que reciben (más de 300.000 cada año), que hace imposible una atención mínimamente necesaria para cada uno de ellos. Calcula Bértolo que en España hay en estos momentos más de un millón de escritores. Como media, una editorial suele publicar de uno a cinco libros de cada cien que recibe. Mantener una sección de lectores dedicados exclusivamente a atender los manuscritos supone ya un gasto considerable para cualquier editorial y muy pocas se lo pueden permitir, y menos tener varios niveles de criba para valorar los mismos textos. Finalmente, el editor se transforma en el juez que decide cuáles son los que merecen ser publicados, a veces atendiendo a sus gustos personales, al mercado o a las tendencias de cada momento (Bértolo lo llama «dictadura del editoriado»), calibrando el peso cultural y literario de la obra y enfrentándolo al peso económico y a sus consecuencias. Claro que a veces los editores también se equivocan. Aquí Bértolo cita como ejemplos el caso de John Kennedy Toole, cuyo manuscrito de «La conjura de los necios» fue rechazado muchas veces, un rechazo que se llegó a relacionar incluso con la causa de su suicidio y que, después de su muerte, gracias al empeño de su madre, la obra se convirtió en un gran éxito literario internacional. Y el de la Premio Nobel Doris Lessing, que envió un manuscrito firmado con seudónimo a varias editoriales y ninguna lo publicó, ni siquiera la suya (se publicó cuando se supo la identidad de la autora). Casos que sirven de consuelo a los escritores que ven rechazados sus manuscritos, aunque Bértolo matiza algunas consideraciones a tener en cuenta en ambos casos.

El autor ofrece aquí un listado de sugerencias (Págs. 104 y siguientes) para evitar en lo posible el temido rechazo. Y añade consejos para que los manuscritos puedan ser aceptados. Se trata, pues, de un libro muy interesante, muy aleccionador también, que explica el funcionamiento de los criterios con los que se mueve una editorial. Sólo añadiría un matiz. Da la sensación de que aquí el autor parece hablar en nombre o en representación de la totalidad de los editores españoles. Por lo que yo sé y por las referencias que tengo, Bértolo ha sido uno de los editores más exigentes, más serios, más rigurosos y más honestos. Y no todos lo son.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents