Gallegas a la vanguardia
Beatriz Casares, la ingeniera aeroespacial viguesa que rompe estereotipos en Homeward Bound
La viguesa Beatriz Casares Fernández, integrante de la red mundial de liderazgo femenino Homeward Bound, rompe estereotipos en su día a día como ingeniera aeroespacial en la Universidad de Strathclyde (Escocia) y como árbitra de rugby

Beatriz Casares, en la montaña escocesa. / FDV
«Un sueño hecho realidad». Formar parte de la última edición de la iniciativa global de liderazgo femenino Homeward Bound no solo le permitió a Beatriz Casares Fernández (Vigo, 1992) conocer Tanzania a finales del año pasado, sino también compartir la experiencia con 56 «talentosas e inspiradoras» mujeres de casi veinte nacionalidades, incluidas otras tres españolas. «Desde que leí a Kapuściński con 17 años quería ir allí, y hacerlo con ellas fue un privilegio. Una experiencia espectacular e inesperada», celebra.
Tras nueve ediciones viajando a la Antártida, el proyecto, impulsado por Acciona, se trasladó en esta ocasión a África. Bea es la tercera gallega seleccionada tras Alba Fernández, que participó en el octavo programa, y Alba Aguión, que no llegó a viajar al continente helado por la pandemia. El objetivo de Homeward Bound es dar visibilidad a líderes femeninas en diferentes ámbitos y llegar a crear una red de 10.000 mujeres en 2036.
«El décimo programa continúa hasta mayo de este año y la idea es que todas formemos parte de esa red para que puedan surgir sinergias entre nosotras y proyectos de colaboración entre universidades o con la industria. Pero también con una perspectiva de conocer otras visiones y de compartir el conocimiento», explica.
Se trata de que las mujeres también lideren la respuesta a los grandes retos del planeta. «No solo cuesta llegar a los puestos de responsabilidad, sino también que se nos dé credibilidad. Muchas veces se nos critica por cosas que nunca se le reprocharían a un hombre. Son estereotipos que hay que romper porque somos el 50% de la población y tenemos ideas que aportar frente a los problemas globales como el cambio climático desde el conocimiento técnico, el científico y social. En todos los ámbitos», reivindica.

Foto de familia de las participantes en el I Foro Global de Liderazgo Femenino en Tanzania. / FDV
Bea está acostumbrada a moverse en ámbitos masculinizados desde que empezó sus estudios de Ingeniería Aeroespacial en la Politécnica de Madrid. «Lo veía allí, también cuando hice el máster en Strathclyde y ahora dando clase. Hay más hombres, hablan más y es más difícil tener voz en el grupo o que te den la misma credibilidad. A veces es muy frustrante, por eso es importante tener referentes y programas como Homeward Bound. Para las mujeres jóvenes como yo que estamos en la adolescencia de nuestra carrera profesional es muy valioso», sostiene.
Aunque también le gustaban la Física y la Filosofía, ella tenía clara la carrera desde los seis años: «Me fascinaban los aviones y mi padre, que es ingeniero industrial y trabajó mucho tiempo en los astilleros de Vigo, me pasó el interés por esta rama. Me parezco bastante a él en muchas cosas».
Llegó a Madrid en 2010, cursó el último año como Erasmus en Turquía y después se tomó un descanso marchándose como voluntaria a Bulgaria durante nueve meses. «Los estudios fueron muy duros y necesitaba desconectar de la universidad. Algún profesor me dijo que tiraba mi carrera a la basura, pero ahora miro hacia atrás y sé que lo que aprendí tiene mucho valor, tanto como el desarrollo académico. Al final, es una experiencia en otro país, con gente de otra cultura y que te ayuda a vivir de otra manera, a lidiar con la incertidumbre y la presión. Y aprendes también la importancia de las relaciones de confianza y la conexión emocional con el proyecto y las personas con las que trabajas, algo de lo que también hablamos mucho en Homeward Bound», relata.
Tras esa enriquecedora etapa, Bea llegó a Glasgow en 2018 para cursar un máster en energías renovables y, a continuación, inició su doctorado en el grupo de Compuestos Avanzados de Strathclyde. Su tesis, 100% experimental, se vio interrumpida por la pandemia. Se le acabó la beca y estuvo trabajando en un proyecto de colaboración universidad-empresa sobre polímeros plásticos y soluciones sostenibles. «Pero ya he mandado el primer borrador, así que empiezo a ver la luz al final del túnel», bromea.
Su trabajo se centra en la caracterización de fibras naturales para material compuesto, en concreto, del fique, con gran presencia en Colombia y cuya Universidad Nacional está interesada en utilizarlo para reforzar una matriz polimérica y fabricar las palas de pequeños aerogeneradores en zonas rurales.
«El material compuesto está integrado por dos o más materiales que trabajan en conjunto para ofrecer unas propiedades mecánicas que ninguno tiene por separado. Y son muy interesantes en aplicaciones como la aviación porque son muy fuertes pero a la vez muy ligeros. El problema es que su uso se ha extendido y no son reciclables porque no hay posibilidad de separar las fibras de la matriz», explica.
«Una de las razones por las que surge el interés por las fibras naturales es porque las palas de los aerogeneradores de los primeros parques están llegando al final de su vida útil. Mi proyecto busca determinar hasta qué punto podemos decir cuáles son las propiedades del fique para poder utilizarlo. Es motivador tener una idea como la de Colombia, pero la caracterización también ayuda a buscar más aplicaciones. Por ejemplo, en los embellecedores de los coches, que no son piezas con una función estructural y no necesitan unas propiedades mecánicas muy altas», detalla.

Beatriz, a la derecha, con otras compañeras de Homeward Bound en Tanzania. / FDV
Vivir en Escocia le ha hecho «reconectar» con sus raíces –«Sí que hay esa conexión celta», asegura– y también convertirse en árbitra de rugby, una disciplina que comenzó a practicar como jugadora durante su etapa en Madrid. «Se me ocurrió probar porque echaba de menos este deporte, en el que he hecho a mis mejores amigas, y se ha convertido en el hobby que me mantiene en una condición mental sana y positiva y me ayuda con la tesis y los momentos de falta de confianza», reconoce.
Además también le ha fortalecido con unas habilidades que cree que le ayudaron a ser seleccionada por Homeward Bound: «Es un rol que requiere liderazgo, lidiar con situaciones de conflicto y mantener la calma bajo presión».
Y, como hace en la ingeniería, su presencia se convierte en un referente para otras mujeres y rompe estereotipos: «Una de las preguntas que más me hacen es si pito a las chicas. Pero, sobre todo, arbitro en el masculino. Es el mismo deporte, pero me sorprende que haya una población bastante grande dentro del rugby que nunca ha tenido una árbitra y es importante estar ahí».
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