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Las esculturas de Juan Muñoz entran en el Museo del Prado

Las obras, instaladas en las salas de la pinacoteca, parecen interrogar al visitante y convertirlo en actor, testigo y protagonista de las escenas que componen

Es excepcional que un artista contemporáneo exponga su obra en el Museo del Prado, si bien últimamente la pinacoteca madrileña viene montando exposiciones en las que enfrenta la obra de un artista del siglo XX con los clásicos que cuelgan en sus paredes, en un enriquecedor diálogo entre pasado y futuro. Estos días los visitantes a este museo se encontrarán en parte de su recorrido con algunas esculturas de Juan Muñoz que parecen interactuar con los Velázquez, Goya, Rubens y otros artistas que tienen su morada en estas salas, tratando de borrar las líneas que separan pasado y presente o de reflejar uno en el otro. Ya en el exterior del museo, en la explanada de la Puerta de Goya, el visitante se encuentra con una obra de Juan Muñoz. Esta exposición sería una especie de homenaje al creador que se inspiraba durante los frecuentes recorridos que hacía a lo largo de los pasillos del museo admirando las obras de los grandes maestros.

Con esta iniciativa apreciamos mejor la relación de la obra de Juan Muñoz con el arte del Renacimiento y el Barroco y con la manera que tiene el artista de abordar la puesta en escena. Aquí se han reunido esculturas, instalaciones, dibujos, grabados y libros personales. Destacan obras emblemáticas de Muñoz, como «The Prompter», «Conversation Piece», «The Nature of Visual Illusion» o «Five Seated Figures», que parecen interrogar al visitante y convertirlo en actor, testigo y protagonista de las escenas que componen las esculturas. En un lugar de paso, el visitante se encuentra de pronto con dos figuras circenses que cuelgan del techo. En la sala de las Meninas, el montaje «Sarah with Billiard Table» integra al espectador como un testigo más de la escena que interpretan las figuras. De este modo Juan Muñoz resuelve la manera de cómo situar al espectador en relación con la obra, un espectador al que tensiona y sitúa en un lugar ficticio y al que convierte en actor y testigo de sus espacios teatrales.

Juan Muñoz sitúa sus esculturas en grupos de figuras humanas, enigmáticas, a escala real, congeladas en el tiempo y en el espacio. Recuerdan a las esculturas clásicas de Grecia y Roma pero también a las nuevas propuestas del arte contemporáneo. Además, Muñoz tiene en cuenta el espacio arquitectónico en el que sitúa los escenarios, como los balcones en los que coloca a sus figuras en una operación de observación recíproca, como en el caso de «Trece que ríen».

Con algunas obras construye escenas de intensa carga psicológica a través de los rostros y los gestos, idénticos, que obligan al espectador a entrar en la escena para tratar de interpretarla. Todos ellos tienen la misma cara, pero los ademanes de sus cuerpos hacen que los veamos como diferentes. Velázquez y Goya se hacen presentes en «Five Seated Figures», que evoca tanto a «Las Meninas» como a los Caprichos y los Desastres.

«Five Seated Figures»

«Five Seated Figures» / Museo del Prado

Un escultor rupturista

Juan Muñoz nació en Madrid en 1953. En 2001 murió inesperadamente en Ibiza, poco después de inaugurar con éxito la exposición «Double Bind» en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres, que lo llevó a ser considerado como uno de los grandes artistas contemporáneos. Aquella exposición había sido organizada por Vicente Todolí, director entonces de la Tate y comisario de esta muestra que se expone en el Prado. A pesar de su profundo compromiso con la historia del arte, Muñoz fue un innovador que trascendió la estética de su tiempo. Creador de esculturas, instalaciones, dibujos, escritos y obras sonoras, se consideraba un narrador cuyas historias nos piden suspender nuestra incredulidad y adentrarnos en su ilusionismo barroco.

En 1984 Juan Muñoz inauguró su primera exposición, comprometido con la recuperación de la figuración en la escultura a través de la multiplicación del número de figuras y de los recursos espaciales, haciendo que los visitantes se sintieran como los personajes protagonistas de las obras. Hasta el final de su vida profundizó en estos mismos presupuestos.

Contra las corrientes imperantes en los años 90, Juan Muñoz se arriesgó a recuperar la figura humana como elemento central, tratando de transmitir a través de ella un efecto transformador sobre la realidad, que para Juan Muñoz no era más que una forma de la representación. Por eso en sus obras juega con la ficción, para él una característica fundamental del arte contemporáneo.

«Juan Muñoz. Historias de arte»

  • Lugar: Museo del prado. Madrid
  • Fecha: Hasta el 8 de marzo

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