Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Miguel Lago Cómico, presentador y escritor

«Soy un currito y un pringao, pero lo llevo con alegría»

«La televisión es una trituradora. Yo quería comentar la actualidad, pero la cadena quiere ‘cero política’ en los programas de entretenimiento»

Miguel Lago en una imagen promocional

Miguel Lago en una imagen promocional / FDV

Rafa López

Rafa López

Hay muchos «lagos» en Miguel Lago: el cómico, el tertuliano, el actor, el presentador, el escritor… Y en todos ellos habita todavía aquel joven nacido en Vigo en 1981 que hace un cuarto de siglo se abrió paso desde el anonimato haciendo stand up comedy, algo desconocido en España, influido por su admirada «santísima trinidad» de la comedia: Louis CK, Ricky Gervais y Jerry Seinfeld. El Lago que inundará este lunes 9 de febrero (20.00 horas) el Club FARO es el novelista, aunque seguro que los demás también tendrán mucho que aportar.

–«Bécquer en París» es la segunda novela de una trilogía que ya anunció con la primera, «Persiguiendo a Bécquer». ¿Tenía claros los argumentos de las tres novelas cuando escribió la primera?

–No. Quien primero me hizo pensar en una trilogía fue la editorial, pero sobre todo fueron los propios personajes. De repente construyes a Bécquer y a Elena Izaguirre y te das cuenta de que tienen mucho que contar. En la primera novela ya aparece el dolor enorme de Elena: no creerse la versión oficial de la muerte de su padre en un supuesto atraco. Ese germen, ese background, pedía ser desarrollado. Así nació «Bécquer en París», que arranca justo en ese callejón donde descubrimos qué le ocurrió realmente al padre de Elena. Y a partir de ahí se despliega toda la trama.

–¿Ve estas novelas como una futura serie de televisión?

–Espero y deseo que se adapten, porque están escritas con un estilo muy cinematográfico, muy de serie. Quiero que el lector vea las escenas en su cabeza. Creo que es muy adaptable y que funcionaría fenomenal. Bécquer es un personaje que merece una adaptación audiovisual.

–¿Cuáles son sus referentes literarios más importantes?

–Mi gran momento de lectura fue la carrera. Me licencié en Filología Hispánica en Vigo y ahí leí todo lo obligatorio. Si le sumas COU y tercero de BUP por letras puras, fue una formación brutal. Después he leído por placer, aunque reconozco que leo menos de lo que debería. Ahora mismo leo mucho a amigos y compañeros: soy muy fan de Juan Gómez-Jurado, de Carmen Chaparro y de Luis García-Rey, un periodista deportivo de Vigo que ha escrito una novela policíaca muy chula ambientada allí.

–Una pregunta que también le hicieron a Juan del Val: ¿se ve ganando el Premio Planeta algún día?

–Me veo escribiendo. Mi profesión me ha regalado entender de verdad que el premio grande es el público: la gente que viene a verme, que me quiere, que compra los libros. Todo lo demás llegará o no, pero mi premio real son los lectores. El tiempo dirá lo demás.

Miguel Lago en una imagen promocional

Miguel Lago en una imagen promocional / FDV

–Cumple un año en «La noche golfa» de Telemadrid, programa que estrenó llamando a su abuela en Vigo. ¿Qué balance hace? ¿La televisión quema tanto como dicen?

–La televisión es una trituradora, pero estoy feliz. Hemos hecho dos temporadas –aún quedan programas por emitir– y eso ya es un éxito objetivo. Ha sido mi primera vez liderando, diseñando y dirigiendo un programa entero. Formé un equipazo y hemos hecho un producto de mucha calidad. Telemadrid no había tenido un programa de una factura tan buena en muchísimos años. La crítica también lo ha valorado muy bien.

–¿No ha tenido presiones políticas en la «tele de Ayuso»?

–Lamentablemente, no.

–¿Lamentablemente?

–Sí, porque la cadena, en el área de entretenimiento, donde yo estoy, ha querido «cero política». Yo hubiera querido poder comentar algo de actualidad, pero la dirección no lo permite. Y es curioso contarlo, porque mucha gente piensa que desde Sol te dicen «aquí ataca, aquí no, este chiste sí, este no...». Pues es justo lo contrario: no quieren política en el entretenimiento. Yo sigo siendo un mandado y, sobre todo, respondo por las 60 personas de mi equipo. Siempre voy a anteponer su bienestar a mis batallas personales.

–Debutó en 2000, ya ha cumplido 25 años de carrera. ¿Lo celebró de forma especial?

–Sí. Dediqué toda la temporada teatral a eso: la primera parte del monólogo era un repaso a esos 25 años. Y en el Teatro Alcázar hice una función muy especial de aniversario rodeado de amigos. Fue una noche muy bonita.

–¿Recuerda alguna actuación en sus inicios, en los pubs, que fuera tan aciaga que le hiciera replantearse su futuro en la comedia?

–¿Replanteármelo? No, porque siempre me ha ido bien, pero sí he tenido noches duras. Al principio no te conoce nadie, actúas para muy poca gente y, a principios de los 2000, el público era a veces maleducado porque no sabía de qué iba esto. Pertenezco a una generación que creó una profesión que no existía. Al principio, la gente no entendía qué estaba viendo en un bar, pero logramos educar al espectador. Eso es increíble, porque esto se lo inventó El Club de la Comedia.

–Antes había genios del chiste como Eugenio, Arévalo o Chiquito de la Calzada, pero la ‘stand-up comedy’ no existía como tal.

–Hay una diferencia fundamental. Cuando salía alguien como Marianico el Corto o el Señor Barragán se entendía que todo era broma y que no iban vestidos así por la calle. Pero cuando en el año 2000 aparecemos chavales sin disfraz, con nuestro propio nombre y hablando normal, muchos no entendían que lo que decíamos no eran declaraciones reales, sino un guion cómico. Fue duro. Ahora el espectador ha aprendido lo que es la voz cómica. Saben que, aunque firme con mi nombre, sobre el escenario desarrollo un personaje. El Miguel tertuliano de la tele no tiene nada que ver con el «Lago» del escenario. Está viniendo gente que me veía entonces y ahora viene a verme con sus hijos adolescentes.

–Fue actor de teatro aficionado y apareció en alguna serie, como «Las chicas del cable». ¿Ha dejado atrás la interpretación o sigue teniendo interés en actuar?

–Sigo teniendo interés, pero necesito que me ofrezcan algo compatible con mi agenda. Todos los sábados estoy en el Teatro Alcázar, los viernes de gira, tengo contrato en televisión… Parar dos meses para rodar una película es difícil de encajar. Estoy buscando aligerar un poco la agenda, porque el cuerpo me pide probar cosas nuevas. Ya he hecho «Tu cara me suena», donde me han conocido como «cantante»; tertuliano, novelista… Ahora me apetece hacer un personaje de ficción, una obra de teatro, una serie o una película. Tengo ganas.

«Pertenezco al estrato laboral más jodido: el autónomo, que sostiene la economía a base de sablazos. Y encima soy cómico, que dentro del artisteo es el estrato más bajo»

–Es padre de familia numerosa –cuatro hijos, uno adoptado– y autónomo desde hace 25 años. ¿Se siente un poco «héroe sin capa»?

–Como autónomo, sí, totalmente. Pertenezco al estrato laboral más jodido: el autónomo, que sostiene la economía a base de sablazos. Y encima soy cómico, que dentro del artisteo es el estrato más bajo, sin el glamour de un actor dramático. Y por si fuera poco, padre de cuatro. En resumen: soy un currito y un pringao, pero lo llevo con mucha alegría.

–¿Cómo organizan la vida familiar con un ritmo tan intenso? ¿Reserva algún momento exclusivo para Lucía, Diego, Ana y Robinson?

–Con naturalidad y normalidad. Tengo la suerte de poder llevarlos al cole a las nueve, desayunamos juntos, los llevo… De lunes a jueves salgo de «La Noche Golfa» y a las siete estoy en casa con ellos. Los sábados trabajo en Madrid, pero los fines de semana estoy siempre en casa. Hay tiempo para todo. Comparado con un marinero que se embarca seis meses a pescar langostinos, somos unos afortunados y lo sabemos.

–Hablando de gente menos afortunada, ¿cómo va la Fundación Miguel Lago?

–Está registrada con CIF provisional, esperando que el Ministerio termine los papeles. Mientras, la escuela en República Dominicana sigue funcionando. Hoy mismo [por el martes] he subido un vídeo con donativos y acciones del Palladium Hotel Group allí. Sostenemos la escuela con fondos privados de la familia y ayudamos a treinta niños a alfabetizarse. El objetivo es que sea sostenible por sí sola para poder abrir otros proyectos. Es una forma discreta y tranquila de echar una mano.

–En un cuestionario de FARO en 2003 afirmó que su cantante favorito era Miguel Bosé. Sorprende que no dijera Elton John.

–En 2003 todavía no había entrado Elton John en mi vida con la fuerza con la que entró después. Siempre estuvo presente –el primer disco suyo que llegó a casa fue el recopilatorio «The Very Best of» en el 91–, pero a partir de 2019 me acerqué mucho más a su obra y a su persona. Para mí es el no va más. La diferencia es que Elton John me inspira personalmente, cosa que no me pasa con otros artistas que admiro muchísimo como creadores. Con Miguel Bosé flipé en Castrelos en el 2000 y desde entonces lo adoro. Me gusta reivindicarlo porque en este país enseguida tiramos a los ídolos al suelo, y yo no solo no lo hago, sino que reivindico su figura.

–Supongo que estará disfrutando como nunca con el Celta. ¿Va al estadio?

–Sigo yendo. El domingo contra el Getafe no pude porque era el cumpleaños de mi hijo Diego, pero estuve en el Bernabéu. Es el único fútbol que consumo; me he alejado del resto, incluso de la Champions, pero conservo la vinculación sentimental con mi equipo. Estoy contentísimo: la afición unida, el estadio lleno, juegan bonito, con muchos chavales de la casa, están arriba en la clasificación... Diez de diez.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents