La democracia en EE UU, en peligro
Cuatro periodistas gallegos con experiencia como corresponsales y articulistas en Estados Unidos ofrecen su visión sobre la situación política actual con la presidencia de Donald Trump y su posible evolución

Protesta contra Trump en Mineápolis con un cabezudo del mandatario. / C. Brehman / AP
«Hemos logrado tanto que, si lo piensas bien, no deberíamos siquiera tener unas elecciones», manifestaba Donald Trump hace unos días para hablar de los comicios legislativos a los que se debe enfrentar en noviembre, en el llamado midterm (mitad de mandato), donde se renueva toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado y los demócratas, según las encuestas, tienen serias opciones de recuperar el control al menos de la Cámara Baja. ¿Está la democracia en peligro en Estados Unidos o esa frase es solo una amenaza más del autocrático presidente que, por otro lado, durante el último mes ha desplegado miles de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) por varios estados para detener inmigrantes ilegales, con el resultado de dos ciudadanos estadounidenses asesinados en Minneapolis por disparos de los agentes migratorios: Renne Good, una mujer de 37 años que venía de dejar a su hijo en el colegio («una izquierdista trastornada» dispuesta a realizar «un acto de terrorismo doméstico», según la administr’ación Trump) yAlex Pretti, un enfermero del hospital de veteranos, también de 37 años, que grababa con su móvil los altercados en la calle, «un pistolero insurrecto, aspirante a asesino». Se lo preguntamos a cuatro periodistas gallegos que ejercen o han ejercido su profesión en Estados Unidos: Agemino Barro, Juan Martínez Fierro, Alfonso Armada y Xabier Fole.
¿Democracia?
«Estados Unidos ahora ya no puede considerarse una democracia; tampoco una autocracia, porque Donald Trump no ha completado el proceso que inició cuando volvió a la presidencia con el objetivo de efectuar un cambio de régimen de cara al exterior (revaluando el papel de Estados Unidos en el mundo, cuestionando el multilateralismo, alienando aliados tradicionales, adoptando una postura más unilateral y agresiva e invadiendo siete países en un año) y al interior: en este año hemos visto ataques a todos los contrapesos democráticos, el congreso se ha quedado siendo un órgano casi irrelevante, el más improductivo en 25 años, por el que no ha pasado ni una ley importante; Trump ha atacado agencias de gobierno independientes, como la Reserva Federal, ha disuelto agencias y departamentos que solo el Congreso tiene potestad para disolver, ha acabado con instrumentos como el poder blando, ha coaccionado a universidades utilizando dinero federal, también a despachos de abogados y a medios de comunicación. Todo ello para acumular poder en manos de una presidencia imperial y autocrática. Y lo que hemos visto estos días en Minneapolis simplemente es otra pata de su proyecto», manifiesta Argemino Barro, gallego nacido en Mugardos y corresponsal free lance en Nueva York de medios como El Confidencial, TVG y La Sexta. «El término técnico para definir el sistema actual en Estados Unidos sería anocracia, un régimen híbrido que aún tiene elementos democráticos, como hasta cierto punto la libertad de expresión o el multipartidismo, y elementos autoritarios, como el uso impune de la fuerza», concluye.
Para Juan Martínez Fierro, periodista vigués que fue corresponsal de la COPE en Estados Unidos durante 27 años, desde la presidencia de Clinton a la de Biden, responder a la pregunta de si peligra la democracia en Estados Unidos requiere tener en cuenta un factor: lo impredecible que es Donald Trump. «La respuesta hace un mes, cuando no había pasado lo de Venezuela o lo de Groenlandia, sería distinta, como también lo será probablemente dentro de un mes porque habrán pasado otras miles de cosas. El gran riesgo de Estados Unidos es que Trump se convierta en más autócrata de lo que es. Puede seguir socavando algunas instituciones de la sociedad civil con las que ya ha chocado. Sin duda, esperará a que baje la tormenta de Minneapolis para seguir en otro estado o en el mismo Minnesota. Él tiene una estrategia para conseguir sus objetivos pero la cambia en función de cómo le va; cambia el camino, pero no el objetivo».

Donad Trump, en un acto de su partido esta semana. / AP
El vigués Alfonso Armada, corresponsal en Nueva York para ABC entre 1999 y 2005, considera arriesgado realizar vaticinios desde el periodismo por los errores que se pueden cometer al hacer de «gurú del porvenir», pero considera evidente el deterioro de la democracia en Estados Unidos por la sensación que queda en este segundo mandato de Trump de que la división de poderes ha saltado por los aires. «Trump tiene un poder legitimado por la propia Constitución, pero creo que está vulnerando los límites que los propios padres fundadores de la democracia plantearon para evitar caer en prácticas hegemónicas antidemocráticas, quizás por desconfianza hacia la propia condición humana y su inherente tentación de abusar del poder. El control que tiene ahora Trump sobre el Tribunal Supremo, sobre el Congreso y sobre su propio partido, prácticamente fagocitado por el presidente (aunque ahora empieza a haber algunos atisbos), es total».
El ferrolano Xabier Fole, que ejerció durante 18 años de periodista, primero, y de profesor universitario, más tarde, en Estados Unidos, hasta que en verano de 2025 regresó a Galicia, propone acudir a la historia para comprobar si el momento presente es único o especial: «Ha habido otros momentos en que la república se ha puesto a prueba y este es uno de ellos, con un presidente que presiona a las instituciones, no solo a través de la retórica tóxica que erosiona la convivencia, sino también a través de sus propias acciones, retos y desafíos a las decisiones judiciales, enfrentamientos con los militares, etc. Otros momentos históricos en que la república estuvo a prueba fueron a principios de su fundación, en épocas de reconstrucción o en los años 60, cuando también se hablaba de represión policial y se pegaba la gente en televisión. Tengo un amigo que lleva mucho tiempo trabajando en el Congreso, que estuvo en las administraciones de Bush y de Obama, que dice que la democracia lo soportará, que resistirá a Trump».
¿Oposición demócrata?
Sostiene Xabier Fole que estamos ante un cambio de paradigma iniciado en 2015, cuando Trump entró en campaña «diciendo barbaridades y no pasaba nada», que siguió presente durante el mandato de Biden, cuando Trump seguía omnipresente en los medios trastocando la cultura democrática. «Uno de los riesgos ahora es que representantes del propio Partido Demócrata asuman ese lenguaje de Trump porque les acusan de ser demasiado blandos y pueden caer en la tentación de escuchar y hacerse entender por la América profunda. Y eso sería una victoria de Trump», considera Fole.
«Los demócratas están desarticulados y desanimados, aunque es cierto que hay algunos alcaldes y gobernadores que están intentando atajar esa especie de empacho y aplicaciones del poder que está aplicando Trump», considera Alfonso Armada. Coincide con él Juan M. Fierro: «Llama la atención que no haya salido todavía un líder que pueda aglutinar a los demócratas y dar cierta sensación de que hay una posibilidad de derrotar a Trump en unas próximas presidenciales. Aún están discutiendo lo que pasó en las últimas elecciones y ni siquiera han hecho público el análisis que solían hacer reconociendo sus errores».
Los que le rodean
Durante el primer mandato de Trump, los republicanos que le rodeaban, políticos, gestores y tecnócratas experimentados, pudieron poner límites a los delirios imperialistas, autocráticos y autodestructivos del presidente. No ocurre lo mismo en la actualidad. «En esta segunda presidencia muchos de esos sensatos se han quedado en casa y no quieren saber nada, y otros se han convertido al trumpismo porque es la única vía que ven para seguir en un puesto importante en la administración, o simplemente porque creen lo mismo que su presidente», indica Juan M. Fierro. «Se ha rodeado de una especie de sicofantes, de gente que no solo le ríe las gracias sino que está entregada a la causa de una forma ciega. Y los estragos para la democracia norteamericana, para Naciones Unidas, para las relaciones internacionales y a largo plazo para la economía de Estados Unidos pueden ser devastadores», considera Armada.
Haciendo un paralelismo con el fundamentalismo religioso, Fole califica de «conversos» y «renacidos» a aquellos republicanos antes muy críticos con Trump que ahora llenan su administración e incluso son «grandes estrellas» de ella. «Su número dos, Vance, dijo que era el Hitler americano, y a Marco Rubio le recordaba a los caudillos del tercer mundo, de donde procedía su familia», expone Fole.
Midterms e impeachment
Estados Unidos tiene pendientes dos grandes acontecimientos internacionales que podrían dar un giro a la política que está siguiendo su presidente, de cara a dar una imagen más amable en el exterior, pero antes de eso hay una cita mucho más importante: la que tienen los electores en noviembre en los comicios de mitad de mandato (midterm). «Tendremos que esperar a agosto, cuando se conozcan las encuestas más serias y más próximas a las elecciones, y tendremos que ver cómo se desarrollan y cómo reacciona Trump a un posible resultado negativo, después de no haber querido aceptar los resultados de 2020 (en Estados Unidos nunca ha habido problema de fraude electoral, las últimas cifras hablaban de un porcentaje de un 0,0008 porque se detectó en algún sitio que alguien había votado dos veces). Si el Congreso y el Senado diera una vuelta, veríamos a un Trump mucho más impredecible», expresa Fierro.
Argemino Barro se muestra más pesimista respecto a las elecciones de noviembre: «Estamos mirando a Trump desde la lente equivocada, con los instrumentos democráticos a los que estamos acostumbrados, y erramos el tiro. Él gobierna como si las encuestas o la oposición no tuviesen importancia. Y dado que el Congreso ha perdido su autoridad en el último año, de cara a las midterms lo más probable es que los demócratas solo tengan el control de la Cámara de Representantes y no del Senado, con lo cual no hay ninguna posibilidad de que salga adelante un impeachment (moción de censura) para destituir a Donald Trump. No digo que sea imposible, pero es altamente improbable».
Si bien puntualiza que en las elecciones de medio mandato los votantes eligen al representante de su circunscripción en listas abiertas, Xabier Fole considera que el resultado de esos comicios podría tener una lectura a nivel nacional en caso de producirse una «gran ola azul» (blue wave) de voto demócrata. «En política se reinicia todo cada día, la memoria es frágil y corta, así que hay que ver si esto que ha pasado en Minneapolis se queda ahí o se intensifica. O si surgen nuevas cosas», aprecia.
Añade el periodista ferrolano (demostrando más optimismo que sus colegas consultados en este reportaje) otro elemento que podría frenar a Trump: el control que se ejerce a través de los checks and balances, la separación de poderes. «El Tribunal Supremo es muy conservador, pero no necesariamente tiene que ser partidista y trumpista a muerte. Si hay realmente una independencia judicial y una resistencia puede que se paren muchas cosas», manifiesta.
Ley de Insurrección
Algunos analistas políticos señalan que Donald Trump está provocando un estado de agitación para tener una excusa para invocar la Ley de Insurrección (Insurrection Act) y desplegar fuerzas militares dentro de los Estados Unidos. Así se lo sugieren algunas voces dentro del movimiento MAGA (Make America Great Again), quienes además «ponen como ejemplo cuando el gobierno federal tuvo que intervenir en los años 60 porque algunos estados del sur se negaban a aplicar los derechos civiles», apunta Fole, quien añade que «por razones estratégicas, otros le dicen que eso sería dar argumentos a los demócratas que critican sus excesos de poder».

Una mujer en una manifestación de enfermeros en memoria de Alex Petti, en Oakland (California). / John G. Mabanglo
En lo que sí coinciden en señalar los cuatro periodistas gallegos es en lo impredecible del comportamiento del presidente, que «aún sigue diciendo que el asalto al Capitolio fue una visita turística y los ha indultado a todos», señala Fierro. «Trump es una especie de músico de jazz que va soltando globos sondas, dice una cosa y se contradice, pero sobre todo hace siempre lo que le conviene a él», asegura Fole. «Es una figura que utiliza a su servicio todo su aparato mediático y todo el poder fascinador de las redes sociales, de la televisión y de internet para que haya una especie de electroshock permanente de noticias, pseudonoticias y declaraciones desconcertantes que la propia prensa es incapaz de digerir, como sucedió en los primeros compases del mandato, cuando entregó a Elon Musk la gestión de parte del aparato administrativo», considera Armada.
Prensa y libertad de expresión
Otro de los frentes de batalla del presidente estadounidense se libra contra los medios de comunicación, un elemento fundamental para actuar de contrapoder, de hecho el pasado viernes la Casa Blanca informaba en su cuenta de X de la detención del periodista Don Lemon, hasta hace poco en la CNN, en relación con una protesta contra el ICE en una celebración religiosa en Minnesota . «Cuando alguna empresa periodística se atreve a contradecir o dejar en entredicho sus medidas, el uso de instrumentos legales coercitivos es tan avasallador que desconcierta por completo al adversario», comenta Armada. «En las ruedas de prensa, cuando alguien le hace una pregunta crítica le acusa de no ser periodista. Los verdaderos periodistas para la administración Trump son gente amiga, que está a su favor. Y el resto están sufriendo consecuencias. No diría que no hay libertad de expresión, pero les está siendo más difícil trabajar y hay medios que lo están pasando muy mal, como el Washington Post, donde hay una amenaza de trescientos despidos», indica Fierro.
«Aparte del desprestigio de la prensa, en el que nosotros tenemos que ver, los medios de comunicación han dejado de ser también un elemento corrector de los delirios y las falsedades. Ahora gran parte del público ha decidido que todo es opinable y que no hay verdades incontrovertibles, hasta el punto de que en Estados Unidos hay un movimiento que asegura con toda vehemencia que la Tierra es plana, y si alguien les dice que desde el punto de vista científico eso no es así, responden: ‘Esa es tu opinión’. Cuando da lo mismo una opinión que un hecho es imposible que haya un mínimo debate democrático coherente», argumenta Armada.
Barro, que lleva doce años trabajando en Nueva York y no suele ir a las ruedas de prensa de Trump en Washington, considera que lo más complicado, como corresponsal en el extranjero, es «hacer entender a un español o a un gallego, que ha crecido viendo películas y escuchando música estadounidense, que este país se está convirtiendo en un régimen autocrático. No se lo creen y ponen de ejemplo a Pedro Sánchez, cuando lo que está pasando aquí no tiene nada que ver».
«La libertad de expresión sí se ha visto mermada en las universidades, sobre todo en las pequeñas, que dependen de financiación federal», afirma Xabier Fole, quien ha sido profesor un Georgetown, un breve periodo de tiempo, y últimamente en Rockford, Illinois. «He visto en primera persona decisiones que se tomaron porque no había otra manera de sobrevivir. No es que hayan claudicado al trumpismo, pero sí se ponen de perfil, intentando no significarse para no hacer demasiado ruido», explica.
Percepción ciudadana
No hay que olvidar que Trump ha llegado a la presidencia gracias a 77 millones de votos, algo que a Xabier Fole le resultaba difícil de entender cuando era profesor en Georgetown y tuvo que suspender una clase porque los alumnos estaban llorando ante la primera victoria de Trump. Lo comprendió cuando se mudó a una zona más rural, a Rockford, en Illinois, y conoció la América profunda. «Uno de mis alumnos, de origen mexicano y con familia con problemas de inmigración, dijo que iba a votar a Trump», relata. «Los fanáticos, los de la bandera en casa, son minoría; la mayoría de los que votan a Trump lo hacen o por odio a los demócratas o por otras razones, como la economía o los impuestos. Con lo de Minneapolis mucha gente dice ‘eso solo les pasa a los criminales’, no viven el problema en sus carnes ni le ha pasado a nadie que conozcan».
En Washington D. C., ciudad con un 90% de voto demócrata, la situación es completamente diferente, según relata Fierro, que en unos días va a viajar allí. «Está funcionando la estrategia del terror, porque si no habría más manifestaciones. Un amigo me dijo que le llevara de España democracia, otro va con mangas largas para tapar sus tatuajes y que no le detengan por parecer de una banda. Antes de venirme para España, una persona que había trabajado para la administración demócrata en el Departamento de Estado me decía que la vida de los americanos iba a cambiar más de lo que cambió después de los ataques del 11 de septiembre. Y se está cumpliendo esa previsión, sobre todo si eres cristiano, asiático, hispano o africano, aunque tengas los papeles en regla. Tu vida ha cambiado porque ahora le añades una dosis de miedo», comenta Fierro.
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