Cuando la movida madrileña invadió Vigo: 36 horas de sexo, drogas y rock and roll
Hace 40 años las ‘movidas’ de ambas ciudades se unieron durante un fin de semana en el que los madrileños llegaron en un tren con barra libre de alcohol y celebraron con los gallegos una comida que acabó con una herida, rubricando el fin de esa etapa de la música

Instalación del artista Xosé Guillermo en la Praza da Constitución de Vigo en 1986 / FDV
El sábado 20 de septiembre de 1986 a las 9.15 de la mañana Francisco Santomé, entonces primer teniente alcalde y concejal de Cultura de Vigo, esperaba en la estación de tren de la ciudad gallega la llegada del ferrocarril Rías Baixas donde habían viajado durante toda la noche desde Madrid el casi centenar de integrantes que componían la granada y selecta representación del movimiento cultural conocido como Movida madrileña, acompañados y liderados por dos políticos: el alcalde de Vigo, Manuel Soto y el presidente de la Comunidad de Madrid, Joaquín Leguina. Se celebraba un hermanamiento entre las movidas viguesa y madrileña –o encuentro entre vanguardias, como prefería decir Soto–, bajo el lema ‘Madrid se escribe con V de Vigo’ «Lo primero que me llamó la atención fue la estatura de Alaska (me la imaginaba más alta) y que todos iban bajando del tren con unas ojeras tremendas, risas y cánticos», recuerda Santomé 40 años después.
Mientras un grupo de gaiteiros capitaneado por Hipólito Cabezas ‘Polo’ les daba sonoramente la bienvenida, de ese tren iban bajando como zombis algunos de los artistas de la escena madrileña más conocidos del momento, como Alaska, Ana Curra, Fabio McNamara, Gabinete Caligari, Carlos Berlanga, el tudense Víctor Coyote o Los Nikis. «Esa noche en el tren hubo barra libre, fue una orgía de sexo, drogas y rock and roll que dejaría a las noches de Las Vegas a la altura de los zapatos», relata Jesús Ordovás, locutor de Radio 3 y uno de los pasajeros de ese tren en calidad de cronista oficioso de la Movida madrileña. «Los políticos no participaron en ese desenfreno, estaban ahí como diciendo ‘Vamos a dejar que estos chavales se diviertan’ porque les venía bien para reforzar su idea de que eran muy abiertos, que había que apoyar la cultura juvenil y que eso les reportaría cientos de miles de votos», expresa el locutor, gallego de Ferrol.

Los políticos madrileños y vigueses a la llegada del ‘tren de la Movida’ / Magar
La idea de celebrar ese encuentro, cuya segunda parte sería una visita de los vigueses a Madrid, surgió en los despachos de los políticos, concretamente en los de la Comunidad de Madrid, a donde acudió con la propuesta Pito, manager de grupos como Parálisis Permanente, Alaska y Los Pegamoides, Gabinete Caligari y, más tarde, Héroes del Silencio, un personaje en la trastienda que movía los hilos de lo que pasaba dentro y fuera de Madrid. «Se le ocurrió hacer ese encuentro en Vigo porque sonaba entonces como el Liverpool español, porque en Radio 3 la habíamos puesto en el candelero. Y a Leguina, que no sabía quiénes eran Siniestro Total, Golpes Bajos ni Aerolíneas Federales y ni siquiera sabía que el pulpo se podía comer, le pareció bien», comenta Ordovás.
«Ese encuentro fue un eslabón más de todo lo que veníamos haciendo desde la corporación municipal para canalizar y propagar un movimiento social de la ciudad de Vigo»
Para sacar adelante ese proyecto, el político madrileño contó con el apoyo total de un compañero de filas del PSOE, Manuel Soto, alcalde de Vigo. «Ese encuentro fue un eslabón más de todo lo que veníamos haciendo desde la corporación municipal para canalizar y propagar un movimiento social de la ciudad de Vigo, que no solo era lo que conocemos como Movida, sino que además de la música como faro que brillaba con luz propia gracias al esfuerzo de los grupos, tenía también su manifestación en la pintura, escultura y artes plásticas, con el movimiento Atlántica, la literatura, con el grupo Rompente, el teatro (en Vigo llegó a haber ocho grupos de los que salieron actores de la talla de Manquiña, Antón Reixa o Antonio Durán ‘Morris’) o el diseño de moda», manifiesta Santomé, quien antes de pasarse a la política frecuentaba, como pintor, los encuentros de intelectuales y artistas que tenían lugar en la taberna Eligio. «No fue el único hermanamiento, habíamos promovido otros con Lorient, Narsaq (Groenlandia) y Oporto», añade.
El «encuentro entre vanguardias» se prolongó durante 36 horas en la Ciudad Olívica y costó a las arcas municipales 18 millones de pesetas (unos 450.000 euros actuales, teniendo en cuenta la inflación). Incluyó varios actos: una exposición conjunta madrileño-viguesa de pintura, escultura, fotografía, orfebrería y moda que se celebró en el Centro Cultural Cidade de Vigo; un concierto conjunto de Los Nikis, Gabinete Caligari y Siniestro Total (al que se unieron en alguna canción Alaska y Carlos Berlanga) en un abarrotado pabellón deportivo municipal de As Travesas; la representación de la ópera ‘After Shave’ por parte de Antón Reixa y compañía en el auditorio del Concello; una comida en el Museo Municipal Quiñones de León y una visita fugaz a las Cíes.

Antón Reixa en la obra ‘After Shave’, inspirada en ‘El barbero de Sevilla’ / Magar
Marionetas de figuras humanas colgadas en diversos espacios al aire libre de la ciudad, como el scalextric o la Plaza de la Constitución, daban algún pista a los vigueses que no se habían enterado de que algo se estaba cociendo ese fin de semana en Vigo. Era una instalación del escultor y pintor Xosé Guillermo y su colectivo Acción Arte que mostraba las consecuencias de la reconversión naval en forma de trabajadores colgados, vestidos con fundas o ropas humildes, como amas de casa y como ejecutivos .
Los madrileños iban siendo paseados de un lugar a otro dejándose llevar. «Estábamos en una especie de éxtasis diciendo ‘que nos lleven donde quieran, que nos vamos a divertir más de lo que nos hemos divertido en el tren’; íbamos con el espíritu de beber, comer, follar y drogarnos todo lo que pudiéramos. Y que lo pague todo el presidente de la Comunidad de Madrid y estos gallegos», dice Ordovás.
«No hubo ningún hermanamiento, fue una cosa que metieron a 40 cafres en un tren con barra libre toda la noche»
A su llegada a Vigo, alguno de ellos se preguntaba «¿Dónde están los nativos?», tal y como recogen las crónicas. Del secretismo con que se realizaron los preparativos y del poco entusiasmo que generó ese evento entre los líderes de la Movida viguesa, excepto en Bibiano Morón, propietario de la sala de conciertos Kremlin «convertido en animador cultural municipal», dio cuenta el fallecido periodista Emilio Alonso en su libro ‘Vigo a 80 revolucións por minuto’. Lo corrobora en el presente Miguel Costas, de Siniestro Total: «No hubo ningún hermanamiento, fue una cosa que metieron a 40 cafres en un tren con barra libre toda la noche. A nosotros no nos invitaron a esa comida en Castrelos, vino alguien del Ayuntamiento y nos llevó a comer al Mosquito; después fuimos a la sobremesa, cuando pasó lo que pasó con McNamara».
Quien sí estuvo en esa comida, un cocido servido por un restaurante madrileño y una mariscada, fue Nicolás Pastoriza, integrante de grupos como Bromea o qué?, La Marabunta y Ectoplasma: «No me invitaron porque yo en ese momento aún no había empezado a tocar de una manera medianamente profesional (soy un trasnochado de La Movida, llegué tarde, a finales de los 80), pero me colé con unos amigos en esa comida porque vimos que era la oportunidad de disfrutar de un banquete por todo lo alto de forma gratuita entre lo más florido y colorido del panorama madrileño y vigués», comenta.

Nicolás Pastoriza, músico vigués, en su estudio de grabación en su casa / Alba Villar
El incidente que muchos consideran el fin de la Movida o el inicio de su decadencia lo protagonizó Fabio McNamara al lanzar una pieza de vajilla que hirió en la cara a una funcionaria de la Comunidad de Madrid, Teresa Lozano Díez, quien tuvo que recibir puntos de sutura en su mejilla, si bien la versión de los asistentes difiere entre si lanzó un vaso, una botella o una taza al grito de «¡Quiero más coca!», como dice Ordovás o «¿Tú, qué miras, imbécil?», como sostiene Nicolás Pastoriza. Tampoco se ponen de acuerdo sobre si la intención del músico madrileño era tirar el objeto a Leguina, al aire o a la que finalmente fue su víctima, quien supuestamente se estaba mofando de él, según cuentan algunos presentes. En lo que sí coinciden es en el estado en que se encontraba el agresor, quien al igual que muchos de los comensales venía de pasar una larga noche post-concierto recorriendo los locales nocturnos de Vigo, con queimada incluida en el pub Ruralex (donde a los asistentes se les hizo entrega de los ocho números de Pharo the Bego, el suplemento de FARO DE VIGO sobre la Movida) y fin de fiesta en el Kamaleón. «Cogí a McNamara, lo llevé abajo, nos sentamos en un banco e intenté calmarlo porque estaba temblando, muy nervioso; creo que incluso tuvimos que llevarlo al hospital para que lo atendieran», recuerda Santomé.
«Fue como la caída del Imperio Romano en cutre; no me imagino mejor fin para La Movida que ése»
«Aquello fue como una boda de esas que salen ahora en redes sociales, que acaban a hostias. Fue una especie de carneirada, de bodorrio que acabó con el pseudorromance que tenían los poderes municipales con el pop, porque hasta ahí podíamos llegar», considera Nicolás Pastoriza, quien opina que ese hecho fue la estocada final a La Movida. «Que en una comida oficial llena de políticos y con toda la cultura viguesa presente, una comida auspiciada por el Concello, acabarán teniendo que llamar a la policía para disolverla fue surrealista. Fue como la caída del Imperio Romano en cutre; no me imagino mejor fin para La Movida que ése», continúa.
La visita que los madrileños habían hecho a Vigo iba a ser devuelta en febrero por los vigueses a la capital, pero ese segundo encuentro nunca se produjo. «Supongo que alguien con sentido común decidió, razonablemente, que era una burrada gastarse esa cantidad de dinero de los contribuyentes para una fiesta como la que se vivió en Vigo», sostiene Ordovás. Para Francisco Santomé esa no fue la razón: «No sé exactamente el motivo por el que no fuimos a Madrid, creo que fue más que nada por algo político entre Leguina y Manolo (Soto), que si a los madrileños no les venía bien... Se fue posponiendo y al final se decidió no ir, pero no tuvo que ver lo de McNamara, de hecho ya teníamos previsto llevar un barco para poner en el estanque de El Retiro con el nombre de Vigo (creo que es el barco de Alfageme que ahora está en la rotonda delante del Alcampo) y hasta habíamos contratado transporte para llevarlo a Madrid».

Jesús Ordovás, en el centro, con Siniestro Total a finales de los 80 o principios de los 90. / FDV
Para comprender lo sucedido en ese fin de semana, en concreto, y con la Movida, en general, hay que retraerse a los años ochenta, al inicio de la democracia posterior a la dictadura y a los movimientos culturales de vanguardia en auge en la época. «La ciudad estaba muy viva, la gente salía de una dictadura y tenía ganas de hablar, de participar, de manifestarse. El movimiento social y cultural era increíble y desde la corporación municipal queríamos darle fuerza, poniéndolos en la palestra y ofreciéndoles espacios para desarrollarse», indica Francisco Santomé, quien menciona que durante esos años se crearon ocho centros culturales en el municipio, la Universidad Popular, donde se establecieron las aulas de lutería y de música electroacústica, la Bienal de Fotografía, que se convirtió en una de las tres más importantes de España, los grandes conciertos de verano en Castrelos (hasta entonces solo ocupado por los «festivales nacionales») y, más tarde, las esculturas que se convirtieron en referentes de la ciudad.
«Vigo fue el Liverpool español de los años 80 y Siniestro Total sus Beatles»
En ese caldo de cultivo surge la llamada Movida. «Vigo fue el Liverpool español de los años 80 y Siniestro Total sus Beatles», asegura Jesús Ordovás. El locutor de Radio 3 comenzó a poner en la emisora las maquetas de los tres grupos vigueses que despuntaban: Siniestro, Golpes Bajos y Aerolíneas Federales, aunque le costase jugarse su puesto de trabajo. «A los de arriba no les gustaba que pusiera ‘Hoy voy a asesinarte’ o ‘Matar hippies en las Cíes’ y ese tipo de canciones, un jefe de programas me advirtió que querían despedirme y me ayudó a ir a juicio antes de que me echaran. Gané, me hicieron fijo y seguí poniendo lo que quería», explica. Para este experto musical, la Movida viguesa, sobre todo Siniestro Total, supuso ir un paso más allá de lo que proponían los grupos madrileños respecto a lo que se podía contar y lo que se podía hacer en el rock. «A mí me interesaba saber hasta qué punto se podía ser subversivo y hasta dónde se podía apoyar esa revolución desde un medio de comunicación. Hay que tener en cuenta que a todos los grandes revolucionarios de la historia les prohibieron salir en televisión, por ejemplo a Bob Dylan o a los Rolling Stones».
Los supuestos líderes de esa movida viguesa niegan la mayor. Pablo Novoa, ex Golpes Bajos, quien no estaba en Vigo los días de ese hermanamiento de hace 40 años, lo explica así: «No tengo en mente que fuéramos un colectivo como tal, de hecho cada grupo queríamos singularizarnos y definirnos como diferente al otro. Y eso pasó en Madrid, donde Nacha Pop y Alaska, por ejemplo, iban cada uno a su rollo, y también sucedió en Vigo, donde los dos grupos teóricamente más llamativos (Golpes Bajos y Siniestro Total) estábamos teóricamente enfrentados, éramos como el Betis y el Sevilla, aunque luego éramos amigos y yo fui el único ‘golpe’ que llegó a tocar con Siniestro (estando con Los Enemigos haciendo una versión), aparte de Germán Coppini en su primera etapa».

Pablo Novoa, ex Golpes Bajos, en un concierto reciente / Marta G. Brea
«No sé ni cuando empezó ni cuando acabó la Movida, ni si hubo decadencia. Lo que pasó es que en Vigo coincidimos seis grupos en aquella época que íbamos a tocar por ahí y la gente nos preguntaba dónde estaba Vigo. En Murcia, por ejemplo, no había ningún grupo y en Granada a lo mejor había uno», dice Miguel Costas, ex Siniestro Total, que precisamente el pasado viernes coincidió sobre el escenario de la sala Mon de Madrid con integrantes Los Nikis (con quienes actuó en Vigo hace 40 años), en el concierto de presentación del disco en tributo a David Summers organizado por Vinyloroute.
«¿Por qué Vigo despuntó? No sabemos la razón, pero sí es cierto que durante cuatro o cinco años había más grupos vigueses conocidos y a lo mejor más exitosos que en Barcelona»
«¿Por qué Vigo despuntó? No sabemos la razón, pero sí es cierto que durante cuatro o cinco años había más grupos vigueses conocidos y a lo mejor más exitosos que en Barcelona», apunta Pablo Novoa, quien después de dejar Golpes Bajos inició un breve proyecto con Teo Cardalda, probó con su propio grupo de rhythm and blues, tocó con Aerolíneas y luego recaló en Madrid, donde se unió a Los Ronaldos. «A partir de ahí tuve más relaciones con Madrid que con Galicia, porque por desgracia los grupos gallegos no estuvieron al nivel de giras fuertes que habíamos estado nosotros», expresa Novoa, quien actualmente lleva diez años con Iván Ferreiro, toca con Mastretta, dirige la ópera ‘Los trescentauros’ con Coque Malla y es director musical de Uxía, además de producir discos y desarrollar proyectos musicales como productor. «Tal vez influyó el hecho de que Vigo fuera un puerto y que aquí veíamos al gran volumen que había de músicos de orquestas, con los que aprendíamos», dice Pablo Novoa.
Más allá de la percepción de sus protagonistas, lo que 40 años después conocemos como Movida viguesa tuvo su especie de acta de fundación en torno al concierto de presentación que dio Siniestro Total en Salesianos en 1980 y se considera que finalizó en ese hermanamiento celebrado en Vigo en 1986.«Todo empezó siendo yo un crío con los conciertos en directo en el Satchmo, porque antes lo único que había eran cantautores y jazz», relata Nicolás Pastoriza.
España estaba en plena Transición y los jóvenes músicos que estrenaban la apertura se empapaban de los aires del punk y la nueva ola que les llegaban desde Inglaterra, fundamentalmente, y de Nueva York. «Aún no había peluqueros ni moda gallega, solo dos locales nocturnos, comprábamos la ropa en ‘Las Tres B’ porque era terriblemente retro y nos hacíamos nuestras propias camisetas, que ponían ‘Los Clash’. Luego empezó la cosa del diseño ochentero, la hombrera, los tupés en crecimiento, los colores locos y lo que fue la Movida consagrada. Todos se unieron a la fiesta y los últimos en unirse fueron los de la clase política, que cuando quisieron dejar más huella acabaron llamando a la policía porque a ellos la cosa le quedaba demasiado grande», expone Nicolás Pastoriza. «De la Movida me quedo con el principio y con el final. Y con algunas canciones de algunas bandas», concluye.

La música siempre viajó en tren
El fracasado hermanamiento entre las movidas viguesa y madrileña ocupa su propio espacio en la historia que entrelaza la música y el ferrocarril, tal y como recoge el periodista y escritor Miguel López en su libro ‘La música viaja en tren’ (Silex ediciones, 2025). El autor se hace eco de lo narrado por Jesús Ordovás de aquel fin de semana de 1986 en Vigo. «Tampoco fue afortunada una tentativa de trasladar la Movida Madrileña a Vigo en tren», escribe en un pasaje de su libro López.
A lo largo de casi 500 páginas, el autor va narrando la herencia del caballo de hierro en la vida y obra de gigantes como Bessie Smith, Jimmie Rodgers, Johnny Cash, Bob Dylan, Rolling Stones, Tom Waits o Van Morrison, entre otros. Describe la coincidencia de la época dorada del tren con los años en que el blues, el jazz, el góspel o el soul forjan su identidad en Estados Unidos o en Europa.
Aborda también los hitos musicales del tren español, desde su origen en Cuba hasta hoy. Incluye otras referencias a Galicia, como la importancia de la campañas de FARO DE VIGO para conseguir la llegada del ferrocarril a Vigo, la afición de Camilo José Cela por el mundo ferroviario o el accidente de Angrois.
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