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Gallegos a la vanguardia

Ángel López, el investigador gallego en Arabia Saudí que predice el futuro a partir de datos

El cedeirés Ángel López Oriona es investigador en la King Abdullah University of Science and Technology, en Arabia Saudí

Ángel López, en el campus de KAUST, en Arabia Saudí.

Ángel López, en el campus de KAUST, en Arabia Saudí. / FDV

Sandra Penelas

Sandra Penelas

De la escarpada costa Ártabra a las tranquilas y cristalinas playas del Mar Rojo. Ángel López Oriona (Cedeira, 1994) es investigador postdoctoral en la King Abdullah University of Science and Technology (KAUST), donde trabajan expertos de más de un centenar de nacionalidades. El campus de Thuwal constituye una pequeña ciudad en la que no solo disponen de todas las facilidades para enfocarse en el avance de la ciencia y el conocimiento, sino también para disfrutar del clima y los paisajes.

«Estoy muy contento aquí. Es una universidad centrada solamente en investigación y estás rodeado de los mejores expertos a nivel internacional. Y aún me sorprende que el campus tenga sus propias playas y puedas alquilar barcos para hacer buceo. Aquí se bromea con que la KAUST es como el Manchester City fichando a la gente con las mejores condiciones», revela entre risas.

Ángel estaba acabando su tesis en el Citic de la UDC cuando conoció a varios investigadores de la universidad árabe durante un congreso en Londres: «Me animaron a contactar con mi actual jefa, Ying Sun. Y, como me quedaban unos meses de contrato y las condiciones en España no son muy buenas, decidí escribirle una semanas después». La entrevista fue un éxito y, tras un periodo de reflexión, decidió aceptar el puesto al que se incorporó en septiembre de 2023.

Thuwal está cerca de Jeda, la segunda ciudad más poblada después de la capital, Riad. «Aquí la parte profesional y personal van de la mano porque vives en el campus, que es como una ciudad europea con un clima muy bueno todo el año. Te ofrecen un paquete que incluye vivienda y aquí tienes restaurantes, tiendas, de todo. La diversidad de fauna marina en el Mar Rojo es brutal y los paisajes son preciosos», reconoce.

Ángel pertenece al grupo de Estadística Medioambiental, que está a punto de desaparecer porque su responsable se jubila y Ángel será reubicado en alguno de los otros equipos del departamento con los que ya colabora habitualmente.

«La estadística es más necesaria que nunca por el auge del Big Data y la Inteligencia Artificial. Cada vez tenemos acceso a una mayor cantidad de datos que hay que analizar de forma rigurosa para poder obtener información fiable y de interés. El ChatGPT, por ejemplo, debe analizar millones de datos antes de dar una respuesta exacta a la pregunta que le hace un usuario. Y la base de eso es estadística. Los que nos dedicamos a este ámbito somos afortunados porque hace 20 o 30 años no existía esta necesidad ni tampoco disponíamos de la tecnología para recoger tantos datos ni de las herramientas computacionales para procesarlos», destaca.

Ángel trabaja con series temporales para tratar de predecir qué ocurrirá en el futuro y ayudar a la toma de decisiones en diferentes ámbitos: «Son datos muy sencillos, referentes a cualquier magnitud que mides de manera secuencial durante un intervalo de tiempo, desde el precio de un producto a la temperatura».

Una de las aplicaciones de su trabajo está relacionada con un proyecto financiado por el Gobierno saudí para predecir la dirección del viento en el Mar Rojo. «A partir de la serie histórica con las mediciones realizadas por sensores en distintos puntos obtuvimos unos patrones y desarrollamos un algoritmo de predicción. Esto es interesante a la hora de instalar y orientar los generadores de energía eólica de la manera más óptima», explica.

Otro de sus proyectos actuales analiza la contaminación del aire a partir de la presencia de partículas milimétricas. «Es un indicador que se utiliza mucho en ciencia medioambiental. El Gobierno instaló sensores para hacer mediciones cada minuto y con la estadística extraemos patrones que permitan tomar medidas, desde evitar una zona en la que sabemos que va a aumentar la contaminación a utilizar tecnología que ayude a reducirla», plantea.

Ángel también colabora con el grupo de Bioestadística en un estudio con señales de electroencefalogramas: «Comparan datos de personas sanas con pacientes que sufren patologías relacionadas con el cerebro como alzhéimer o epilepsia. Y la idea es entrenar un método con toda esta información para que pueda distinguir las señales de unos y otros y así ayudar a los médicos a tomar decisiones».

Su contrato finaliza en septiembre y, aunque puede renovar por otro año, está valorando posibles destinos junto a su mujer, Natalia, una arquitecta argentina de bisabuelo vigués a la que conoció durante una estancia en Australia y que actualmente trabaja en una empresa vinculada al megaproyecto de Neom, la ciudad futurista que Arabia Saudí construye en pleno desierto.

Ángel y su mujer Natalia, en el desierto, cerca de la capital saudí.

Ángel y su mujer Natalia, en el desierto, cerca de la capital saudí. / FDV

«En KAUST es muy difícil saltar desde mi puesto a uno permanente por su política de fichar a profesores que vengan de fuera. Así que estamos pensando en Emiratos Árabes o en otro país cercano porque también invierten mucho en ciencia y en el campo de la IA y los datos temporales», indica.

EE UU y repetir en Australia son otras opciones, pero la menos probable es regresar a España por las condiciones que ofrece: «Es una pena, la verdad. Yo estaba encantado en el Citic y les estoy muy agradecido por todo. Sus investigadores son de alto nivel y tienen proyectos muy buenos. Lo que tiene mucho mérito teniendo en cuenta los pocos recursos que hay en todo el país en general».

Ángel, que durante su tesis hizo cuatro estancias internacionales financiadas por el Citic e Inditex –Alemania, Italia y Reino Unido, además de Australia– no ve diferencias en la calidad de los investigadores. «No es que en otros países sean más listos, sino que tienen otra mentalidad y valoran más la ciencia. Hace poco vi una oferta de un puesto permanente en una de las mejores universidades de Madrid para el que pedían experiencia internacional y publicaciones en las revistas más top, entre otros requisitos, con un salario de 1.500 euros. Cualquier alcalde gana más. No puede ser que el sueldo de investigadores que se esfuerzan tanto en España y que son infinitamente mejores que yo dependa de políticos que cobran el doble o el triple y que no tienen ningún requerimiento para acceder a su puesto», critica.

Otro de los problemas en España, añade, es la falta de incentivos: «No digo que países como EE UU o Australia no tengan sus defectos, pero valoran los méritos. Y tener una buen sistema público de educación, que a muchos nos ha permitido estudiar, no es excusa para no ofrecer también buenas condiciones a los investigadores. Tampoco es cuestión de recursos. Es cierto que en Arabia Saudí tienen la economía del petróleo, pero es más una cuestión de mentalidad. Hay países sin recursos naturales que están mejor que España».

En KAUST se ha liberado de la burocracia, un gran lastre para los científicos: «Estaba en un congreso en Japón y firmé la renovación de mi contrato por email mientras daba un paseo por Tokio, algo impensable en España».

Por eso, aunque sea desde la distancia, Ángel siempre trata de apoyar las reivindicaciones de los investigadores de nuestro país. «La universidad pública es buena, pero ha dejado de funcionar como un ascensor social y, aunque te esfuerces, hay profesiones en las que el mercado español no te recompensa. Y lo peor es que en los países mediterráneos se ha normalizado que el investigador esté mal pagado», reflexiona.

El cedeirense estudió Matemáticas en Santiago, donde también cursó un máster en Técnicas Estadísticas antes de realizar otro sobre Big Data en la Universidad Europea de Madrid y doctorarse después en Estadística en la UDC con una tesis cum laude y premio extraordinario.

Una trayectoria en la que ha tenido mucho que ver su afición por el póker online, al que llegó a dedicarse de forma profesional. «Tiene mucha relación con la estadística. De hecho, me matriculé en Matemáticas por eso. Juegas partidas simultáneas y acumulas muchos datos sobre tus rivales, sus movimientos o cuáles son las jugadas óptimas en ciertos momentos. Y puedes extraer patrones que te son muy útiles. El patrón de pensamiento es más o menos el mismo que cuando diseño algoritmos estadísticos», compara.

Alternó la carrera con los torneos hasta que el exministro Montoro impuso tributaciones a las ganancias y decidió centrarse más en sus estudios. Así fue cómo el póker perdió a un habilidoso jugador, pero la ciencia ganó a un investigador totalmente motivado: «Me encanta lo que hago. El trabajo es mi hobby y siempre me levanto contento, aunque tenga que dedicarle 12 horas».

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