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Mujeres fuera de serie

La mujer que no para de sumar

La catedrática Elena Vázquez Cendón, ex decana de la facultad de Matemáticas de la USC, premio Wonenburger y académica, es una referente que aúna ciencia y cultura y que está plenamente comprometida con la divulgación y la promoción del talento matemático desde la infancia.

Elena Vázquez Cendón, en la facultad de Matemáticas de Santiago.

Elena Vázquez Cendón, en la facultad de Matemáticas de Santiago. / Xoán Álvarez

Amaia Mauleón

Amaia Mauleón

Afirma Elena que las matemáticas siempre le han aportado seguridad. Una seguridad que le hace sentir bien. Pero Elena Vázquez Cendón es mucho (muchísimo) más que números, reglas y problemas. La doctora en Ciencias Matemáticas, ex decana de la Facultad de Matemáticas de la USC, premio María Josefa Wonenburger, secretaria del Consello da Cultura Galega y numeraria de la Real Academia de Ciencias de España es una mujer curiosa y creativa a la que le apasionan la cultura, las plantas y, sobre todo, las personas.

Fue su padre, sastre, el primero que enseñó a la ourensana el valor de los números, además de a utilizar la aguja. «A sastrería ocupaba dúas habitacións da nosa propia casa, así que crieme entre medidas, optimización das teas, probas e o respecto ao traballo e ao tempo», describe. «Ademais, inculcáronme a necesidade de desenvolver a paciencia, de escoitar e validar, tan importantes tamén nas ciencias e, en concreto, no desenvolvemento dos modelos matemáticos».

Su madre también trabajó unos años en la sastrería y, después, vendiendo productos de limpieza a domicilio. «Ela sempre me dicía: ‘As cousas ben feitas levan menos tempo’ e ensinounos aos meus irmáns e a min a responsabilizarnos dos nosos erros e a crecer coas frustracións, que é algo moi valioso», agradece. Cuando Elena solo tenía 21 años, su madre falleció. «Non puido ver a miña evolución na facultade, pero sei que se sentiu orgullosa», afirma la matemática.

Su hermano mayor y el menor –«aos que, igual ca min, tamén ensinaron a coser»– siguieron como Elena la senda de las ciencias: Carlos, también como matemático y Manolo, como ingeniero de Telecomunicaciones.

Con este rico caldo de cultivo, Elena creció feliz y trabajadora. Sacaba muy buenas notas tanto en el colegio como en el instituto y, como a sus hermanos, «déronme total liberdade á hora de decidir o que desexaba estudar. Para eles, a formación era a mellor herdanza que nos podían deixar», destaca. Aunque dudó con la Física, la joven finalmente se decidió por las Matemáticas e hizo las maletas para instalarse en Santiago.

«Teño moi bos recordos da miña etapa de estudante. Vivía nunha pensión con outras estudantes e tiñamos unha patroa fantástica e xenerosa que se converteu nunha segunda familia, xa que pasei con ela os cinco anos de carreira máis os dous da tese», cuenta.

En aquel momento, en la facultad las chicas representaban un 60% del alumnado. «Os profesores eran na súa maioría homes, aínda que tiven tamén a tres referentes femininas e todos eran moi accesibles», asegura. La relación con sus compañeros, destaca, fue estupenda. «Había unha sensación de conexión, de compartir… Axudabámonos porque queriamos que nos fose ben a todos».

Cientos de buenos recuerdos le asaltan en tantos rincones de la facultad en la que Elena continuó toda su trayectoria profesional. «Aínda hai espazos, como a biblioteca, que seguen igual, e neles viaxo no tempo e dáme unha enorme morriña».

Elena Vázquez Cendón, de niña en la Playa de la Lanzada.

Elena Vázquez Cendón, de niña en la Playa de la Lanzada. / FDV

Cuando cursaba el último curso, en 1989, Elena pidió una bolsa de colaboración y empezó a investigar con Alfredo Bermúdez de Castro, «unha mente brillante que foi capaz de espertar a miña curiosidade na investigación» afirma. Al mismo tiempo, aprovechando que en aquellos momentos había muchas plazas de profesorado, Elena optó a ellas y tuvo en Lugo su primer destino, que compaginó con el desarrollo de su tesis. «Doutra maneira, non mo podería permitir», advierte.

Tras año y medio en Lugo, se inauguró la Escuela de Óptica y Elena pidió el traslado para regresar a Santiago, donde ha desarrollado su carrera como docente e investigadora. Destacan sus contribuciones al estudio de las leyes de balance hiperbólicas, que se aplica al análisis del movimiento de agua en ríos, del flujo del gas, de la sangre y del diseño industrial. Como docente, actualmente imparte clases en Ingeniería Informática y en el máster de Matemática Industrial, que coordina.

Detectar y promover el talento matemático entre los niños (y especialmente entre las niñas) ha sido una de las labores en las que Elena también ha dejado una profunda huella. La matemática se hizo cargo hace once años del proyecto Estalmat-Galicia, que puso en marcha en 2007 un equipo de docentes liderado por el entonces decano Juan Viaño. «É un proxecto do que estamos moi orgullosos. Os nenos son entrañables e as súas familias tamén e dá gusto ver o moito que gozan resolvendo os problemas e actividades que lles expomos, que van desde a astronomía aos malabares ou a papiroflexia. Se este talento non se estimulase poderíase perder. Durante todos estes anos pasaron nenos que hoxe destacan non só no ámbito das matemáticas, senón tamén das Belas Artes, o Dereito ou a Política e hai máis de 60 profesores implicados», describe la responsable, que valora la pasión de los buenos docentes, capaces de inspirar a los alumnos.

La gestión ha sido otra de las patas de esta mujer que, durante ocho años –hasta el pasado mes de abril– fue decana de la Facultad de Matemáticas de la Universidade de Santiago. «Puideno compaxinar coas clases e a investigación grazas aos grandes equipos que me acompañaron e nos que confiei plenamente. É moito traballo burocrático, pero cando collo a agulla, coso», destaca.

Y entre puntada y puntada, Elena no dudó en aceptar otro reto cuando le propusieron entrar en el Consello da Cultura Galega, primero en la Comisión de Ciencia y, desde hace un año, como secretaria de la institución. «É moi construtivo e permitiume achegarme a outras dimensións da ciencia máis transversais. Conleva responsabilidade e traballo, pero síntome unha privilexiada por poder estar aí», afirma.

Elena Vázquez, con Aaron Ciechanover, Premio Nobel de Química en 2004.

Elena Vázquez, con Aaron Ciechanover, Premio Nobel de Química en 2004. / Lavandeira JR. / EFE

Además, el año pasado la matemática logró cumplir otro de sus grandes deseos al convertirse en catedrática tras muchos años de duro trabajo. «O máis gratificante foi o moito que se alegraron todos ao meu arredor, mesmo compañeiros de instituto», agradece.

Y el último lío en el que se ha metido esta imparable mujer es la Real Academia de Ciencias de España, donde acaba de ser elegida como académica de número y ocupará la medalla número 29, que perteneció al profesor Amable Liñán, al que asegura que «admira y adora». «Aínda non tomei posesión, pero estou moi contenta. É todo un agasallo que outros académicos pensasen en min e irei achegando todo o que poida», adelanta.

El escaso tiempo libre que tiene la matemática está repleto de actividad. Y es que su cabeza no para. «Gústame facer manualidades e sudokus, quebracabezas, construír cousas, coser, coidar das miñas plantas, que me dan serenidade, e dos canarios do meu pai, que viviu o seu último ano de vida aquí comigo», concluye. Una fuera de serie que no para de sumar.

Las pioneras: Sophie Germain, la matemática autodidacta

Sophie Germain.

Sophie Germain. / FDV

Sophie Germain (1776–1831) nació en París en una familia acomodada. Se interesó por las matemáticas de forma autodidacta durante la Revolución Francesa, estudiando obras de Euler y Newton a pesar de la oposición de su familia.

Como las mujeres no podían acceder a la École Polytechnique, Germain estudió los apuntes de los alumnos y envió sus trabajos bajo el seudónimo masculino Monsieur LeBlanc. Mantuvo correspondencia con varios matemáticos destacados, entre ellos Carl Friedrich Gauss, quien valoró la originalidad y rigor de sus investigaciones al conocer su identidad.

Realizó aportaciones relevantes a la teoría de números, especialmente al estudio del último teorema de Fermat, y dio nombre a los llamados números primos de Sophie Germain. También fue una figura clave en el desarrollo de la teoría matemática de la elasticidad, por la que recibió en 1816 el premio de la Academia de Ciencias de París.

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