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Entrevista | Fran Araújo Guionista y productor

«El éxito llega cuando no piensas en él»

El guionista vigués y productor ejecutivo de Movistar+, Fran Araújo.

El guionista vigués y productor ejecutivo de Movistar+, Fran Araújo.

Escribe a cuatro manos guiones de series y películas que se cuentan como grandes éxitos en los últimos años. ‘Anatomía de un instante’, la adaptación de la novela de Javier Cercas sobre el golpe del 23 F, creada junto a Rafa Cobos, ha sido su último triunfo en Movistar+, donde trabaja también como productor ejecutivo. Antes de eso firmó con Pepe Coira títulos como ‘Hierro’, las dos temporadas de ‘Rapa’ o ‘La canción’, con Rafa Cobos hizo ‘La peste’; coordinó a un equipo de talentos en ‘Apagón’ y ganó con Isaki Lacuesta e Isa Campos el Goya a Mejor Guion Adaptado en 2023 con ‘Un año, una noche’ y la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 2018 con ‘Entre dos aguas’. El vigués Fran Araújo está también detrás de numerosas producciones aclamadas por la crítica y el público, como ‘Poquita fe’, ‘La Mesías’, ‘El otro lado’ o ‘El hijo zurdo’.

–¿Qué tal acogida está teniendo la serie ‘Anatomía de un instante’?

–Muy bien, es el mejor estreno de Movistar Plus de los últimos tres años. Estamos muy contentos y orgullosos de la serie, confiábamos en que iba a funcionar, pero ha sido una sorpresa que funcionase tan bien un tema histórico y complejo por los personajes.

–¿Adaptar una obra literaria de Javier Cercas fue un regalo o un reto?

–Ambas cosas son compatibles: fue un reto y un regalo. Es un material increíble, de hecho leí la novela en cuanto salió y es para mí una de las mejores del siglo XXI español; en ese sentido, cuando me llamó Rafa Cobos para hacer con él la serie me pareció un regalo. Luego, cuando me la volví a leer para hacer el guion ya me dije: «Qué difícil es adaptar esto», porque es una historia de no ficción, son muchísimos datos, muchísimos hechos, muchísima información y conseguir adaptarlo a personajes y a algo que dramáticamente fuera interesante fue bastante complicado.

–Una de las dificultades la salvó utilizando la voz en off para narrar algunos hechos, ¿cómo resolvió otras complicaciones?

–El primer reto fue encontrarle la forma a la serie, y ahí es cuando decidimos que fueran cuatro capítulos y que cada uno se estructurase con tres personajes, que son los tres que al desarrollarlos de cerca se llaman los tres traidores, porque de alguna manera tuvieron que traicionar a los suyos para que el país pudiese avanzar. Luego había que contar dentro de cada capítulo cuál era la historia que conseguía condensar al máximo a cada uno de ellos y los conflictos que tenían. Para empezar teníamos que contar a Adolfo Suárez, que es un personaje bastante complejo del que tenemos que contar cómo acaba siendo presidente y cómo este hombre consigue dar los primeros pasos de la democracia. Luego el segundo, que es la legalización del Partido Comunista, es un capítulo cuya trama permitía una forma más sencilla porque el de Carrillo era un viaje más claro de seguir. El tercero, que es Gutiérrez Mellado, fue más difícil porque es un personaje más complicado, menos famoso y con una historia más difícil de relatar. Por último, contar el golpe es complicado porque es una cosa que se ha contado más veces, que todo el mundo conoce, y cuando encontramos este concepto de contarlo desde el juicio hallamos la manera más estimulante de darle voz a los golpistas, de comprender la psicología de los militares, que era otro de los retos para nosotros. Tuvimos que leer mucho y hablar mucho con gente para ser capaces de imaginar por qué lo hacían, qué tenía esta gente en la cabeza. Es muy interesante si tú lees las crónicas periodísticas de todos los días del juicio ver cómo hablan, cómo se justifican, cómo se explican esos personajes.

–¿Cómo se hace para no caer en clichés o en la caricatura de personajes tan conocidos?

–Cuando te enfrentas a personajes reales siempre hay esa dificultad de cómo conseguir reflejar la verdad y que no sea una caricatura. También hay una complicación añadida: no trabajábamos con personajes reales anónimos , sino con alguien tan sobradamente conocido como Suárez o Carrillo, que hay horas y horas y horas de material de ellos, es gente que en la televisión ha salido mucho.

–De su trabajo como guionista destaca que siempre busca el lado humano y dice que una buena ficción consiste en poner al espectador en el lugar del personaje y comprender sus razones. ¿Le costó empatizar o comprender a algunos de los personajes, sobre todo a los golpistas?

– Entender al personaje de manera completa nos costó con todos, porque por ejemplo, tienes a Suárez, al que se le considera un héroe de la Transición pero en el fondo había una parte en la que todo lo hacía por ambición también. O sea, todo lo que tenga que ver con la complejidad, con las motivaciones de alguien, requiere un esfuerzo de comprensión. Y luego los personajes militares en general, no solo los golpistas, también tienen su complejidad. Gutiérrez Mellado es un personaje apasionante, un militar que estuvo en el golpe de Franco, luchó en la Guerra Civil en el bando franquista y fue un cargo militar importante durante todo el franquismo; que esa persona tan rápido haya abrazado el cambio democrático y que Suárez lo haya convencido para hacerlo conlleva un interesante esfuerzo de comprensión para entender cómo hizo ese viaje. Y para eso lees muchas entrevistas de él o libros sobre él. Para mí la otra clave de esto, que es una dificultad también, es que toda la serie gira en torno a ese gesto que hacen los tres, cuando entra Tejero en el Congreso y empieza a pegar tiros son los únicos que se quedan sentados y no se tiran al suelo; en el caso de Gutiérrez Mellado no solamente se queda sentado sino que se enfrenta a los golpistas e intenta quitarles el arma, se enfrenta con ellos físicamente. Cuando a él le preguntaban por qué hizo eso, contestaba: «Fue lo que me enseñaron en la academia militar». Él estudió en la Academia Militar de Zaragoza, cuyo director era Franco. O sea, que utilizó lo que le había enseñado Franco para defender a la democracia. Nos interesaba mucho trabajar sobre esa paradoja y cuesta entender a una persona que está tan alejada de nosotros y del presente.

Fran Araújo, junto a Isaki Lacuesta e Isa Campos, tras recibir el Goya a Mejor Guion Adaptado en 2023 con ‘Un año, una noche’.

Fran Araújo, junto a Isaki Lacuesta e Isa Campos, tras recibir el Goya a Mejor Guion Adaptado en 2023 con ‘Un año, una noche’. / Europa Press

–Escribió el guion con Rafael Cobos, algo que no es nuevo para usted, pues ya lo ha hecho en varias ocasiones con Pepe Coira. ¿Qué aporta escribir a cuatro manos?

–Siempre lo hago, siempre intento coescribir con alguien. Con Rafa ya había hecho ‘La Peste’ y desde entonces no habíamos vuelto a coescribir, pero porque no sabía la circunstancia, somos muy amigos y me encanta trabajar con él. En la televisión y el cine yo siempre he trabajado en colaboración, de hecho me parece que es la mejor manera también porque creo que si trabajas con gente muy buena y gente que te es complementaria a ti, al final el resultado es mucho mejor y tú mismo te vas dando cuenta de ello a medida que pasan las secuencias por los ojos y por la visión de otra persona, si hay respeto y hay admiración, como es el caso, ya que al final estás sumando dos exigencias, no solo una.

–Las series que ha guionizado se cuentan entre las más exitosas de los últimos tiempos –‘Rapa’, ‘Hierro’, ‘La peste’, ‘Apagón’, ‘La canción’– ¿cómo se olfatea que está ante una buena historia?

–Es muy subjetivo. Al final siempre pienso en mí mismo como primer espectador. Me gustan muchos tipos de cine y de televisión, entonces soy un espectador muy fácil; creo que cuando tú lees algo, si lees mucho, te das cuenta de cuando algo es especial, te golpea, es único o tiene una fuerza particular. Generalmente el éxito realmente llega no pensando en él, creo que tú tienes que ser honesto con algo que te parezca que es interesante y que va a ser interesante para la gente, apostar por ello y arriesgarte. Porque yo creo que la gente al final está también buscando cosas que le sorprendan.

–Muchos de estos éxitos han sido con productoras gallegas como Bambú, Portocabo o ahora JLO (José Luis Lorenzo). ¿ Diría que hay un lobby gallego en el audiovisual?

–No, yo no diría eso, yo lo que creo es que siempre miramos a los nuestros y seguramente haya más o el mismo número de productores catalanes o vascos. Culturalmente los gallegos somos gente acostumbrada a trabajar muchísimo y el único secreto de poder hacer cosas buenas y diferentes es trabajar un montón. Sí que ha habido un tejido muy importante en Galicia en la parte de ficción, durante muchos años hubo una apuesta muy clara en TVG por hacer series, entonces hay un grupo profesional muy bueno porque había una escuela muy buena. Hubo muchas series de televisión donde se formaron a muchísimos técnicos o muchísimos creadores, el propio Ramón Campos sale de ahí. Eso creó un tejido industrial fuerte que genera individuos que hacen muy bien su trabajo, y en ese sentido hay mucha gente que proviene de Galicia que es muy buena.

–En su caso ha hecho toda su carrera profesional en Madrid, no en Galicia.

–Sí, y casualmente he acabado trabajando con muchos gallegos, pero tiene algo también de accidente. Trabajo mucho con Pepe Coira, que casualmente es de Lugo. Entre los dos hubo una conexión personal muy grande. Curiosamente la primera vez que coincidimos fue en una serie grabada en El Hierro, luego ya fuimos a Galicia a hacer ‘Rapa’.

–Y ahora vuelve con Pepe Coira a Galicia, con la serie ‘Ardora’, que comenzará a rodarse en A Coruña este mes.

Sí, ‘Ardora’ es mi segunda incursión en Galicia. Es una serie con un principio y un final, concebida para una temporada pero podría tener más. Es una especie de drama criminal ambientado en el mundo judicial y protagonizado por una abogada y un policía, que son Carolina Yuste, que es una actriz fuera de serie, y Javier Gutiérrez, uno de los mejores actores de este país.

–Ha dirigido una película (‘El rayo’), es guionista y también productor. ¿Con cuál de estas facetas se encuentra más cómodo?

–He dirigido una película casi por accidente, pero no me considero director. He empezado a ser productor a partir de un momento de mi vida, pero siempre he sido guionista y nunca he dejado de serlo. Si me dijeses «solo puedes hacer una cosa», te diría que soy guionista. Me gusta contar historias y mi trabajo de productor lo veo desde ese sitio también: el de la oportunidad de conseguir que las historias de otros que merecen la pena ser contadas sucedan.

–¿Cómo es su trabajo de productor ejecutivo de Movistar+ y por qué historias apuesta?

–La producción ejecutiva, cuando eres cadena como es mi caso, te da la responsabilidad de intervenir en todo el proceso de las series y películas; mi trabajo es supervisar que todos los guiones estén en un estándar de calidad, atender a las razones por las que pones en marcha un proyecto y velar para que el resultado esté bien. Eso se traduce en que aprobamos los montajes, los revisamos y los supervisamos, estamos en todo el proceso operativo, pero siempre son los creadores los que hacen las cosas. Yo lo que hago es aportar perspectiva desde fuera, intentar ayudar a que esté lo mejor posible y a que la visión de otro, no la mía, tenga el mejor resultado. Para mí sí que hay una parte importante de mantener una relación muy cercana, de confianza. La clave de qué series o películas tiene sentido hacer para mí tiene que ver con, por una parte, retratar la realidad española, no hacer productos que podrían estar haciendo en EE UU o en plataformas internacionales, y llegar al público con cosas de mucha calidad y que tengan un punto de vista muy fuerte. Todos valoramos, cuando vemos algo audiovisual, la cercanía de reconocer personas, lugares y conflictos.

–¿Cuándo se dio cuenta de que lo suyo era contar historias: durante su infancia y adolescencia en Vigo, cuando estudiaba Periodismo en Salamanca o más tarde?

–No tuve un momento de epifanía en ese sentido. Estudié Periodismo pero podría haber estudiado Historia, que era lo que realmente me apasionaba, de hecho me gusta hacer series históricas. Tardé muchísimo en interesarme por el cine, siempre me interesó mucho más la lectura, entré en las historias por la literatura y la novela. Y al cine llegué casi por accidente, me apetecía mucho contar historias y acabó siendo en el medio audiovisual. Empecé Periodismo, luego me pasé a comunicación audiovisual y un día, estando aún en la carrera, hicieron una prueba en la facultad para trabajar de guionista en la serie ‘Periodistas’, me seleccionaron y dije «aquí me quedo». En ese momento escribía narrativa, cuentos.

– ¿De qué autores e historias bebió a nivel literario y audiovisual?

– He sido siempre muy ecléctico. En la infancia y adolescencia leía mucho, desde relato policial y cosas tontas como Sherlock Holmes o Edgar Allan Poe hasta, ya más tarde, obras de literatura latinoamericana. Me marcó mucho Cortázar, los americanos... He sido bastante compulsivo leyendo y no ha habido un autor o un género que haya dicho «este es el mío». En cultura audiovisual me pasó un poco lo mismo. Nací en 1980, con lo cual en mi infancia bebí del cine de los 90, pero ya en una época más tardía, durante mi formación, me marcó mucho desde el cine norteamericano, Billy Wilder o John Ford, al realismo italiano y al cine documental, que me ha influido muchísimo en mi visión del cine: autores como Fred Wiseman, los hermanos Maysles y Chris Marker, quien me cambió por completo la manera de hacer cine. Y en España tuve la suerte de acabar trabajando con Isaki Lacuesta, a quien seguía desde su primera película, que me volvió loco, y siempre me pareció uno de los autores más interesantes por el grado de verdad y realismo, tanto de sus personajes como de sus historias.

–Hemos hablado de proyectos de éxito, pero supongo que también ha tenido fracasos, ¿cómo ha gestionado estos últimos?

–Habría que definir qué es un fracaso y para quién es un fracaso. Las veces que yo he sentido como un fracaso ha sido porque no ha salido lo que he querido intentar o por estar haciendo algo que considero que no es bueno, lo cual a veces ha sido por mi culpa o por las circunstancias, porque hay que ganar dinero y sobre todo cuando empiezas te ves haciendo cosas que no te gustan. He escrito películas que no han funcionado en taquilla pero a mí me flipan y me parecen buenísimas, con lo cual no las considero un fracaso. En las plataformas, por ejemplo, puede que alguna serie no tenga una gran cifra de visualizaciones, pero hay otras variables, como los premios, las críticas, el prestigio o los clientes que genera.

–Llevamos años hablando del auge de las plataformas audiovisuales, ¿considera que ese bum tiene los días contados?

–Las plataformas están en un en un momento de salud muy bueno, en España mucha gente está pagando por tener una, dos o tres. El consumo es muy alto, de hecho las salas de cine están vacías porque la gente se ha acostumbrado a ver las películas en casa. Lo que se va a modificar es la cantidad de contenido que se produzca, en algún momento bajará porque se ha estado produciendo mucho. Al final las plataformas competimos por ocupar el tiempo de la gente, que es algo muy limitado: quien ve 20 series al año no va a empezar a ver 50 porque tú hagas mil.

–Si echa la vista atrás, ¿por qué película y serie de las que ha hecho como guionista se siente más orgulloso y le gustaría ser recordado?

–Una película muy importante para mí ha sido ‘Entre dos aguas’ porque, aunque ya había trabajado antes con Isaki Lacuesta en ‘Una ciudad, una noche’, para mí una de las mejores películas del cine español es ‘La leyenda del tiempo’, que es la primera parte de ésta. Si me muero mañana, podré decir «he hecho esta maravilla de película». En cuanto a series, estoy muy orgulloso de ‘Anatomía de un instante’ y de ‘Rapa’, que me ha dado la oportunidad por primera vez en mi vida de trabajar durante tanto tiempo a unos personajes, que además estaban interpretados por una pareja de actores tan descomunal como Javier Cámara y Mónica López.

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