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Mujeres fuera de serie

Jenny Stegemann, la guardia civil porriñesa con ELA que protege a mujeres víctimas de violencia machista

Se hizo agente de la Benemérita para cumplir su propósito de ayudar a la población. Desde el equipo VigoGén, su compromiso contra la violencia machista se mantiene intacto incluso frente a la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que sufre

Jenny Stegemann, en la entrada del cuartel de la Guardia Civil de Tui.

Jenny Stegemann, en la entrada del cuartel de la Guardia Civil de Tui. / Alba Villar

Amaia Mauleón

Amaia Mauleón

Jenny se hizo Guardia Civil con el claro deseo de ayudar a la gente. Además, ella misma solicitó hace siete años formar parte de uno de los equipos VigoGén, que protegen a mujeres víctimas de violencia machista y a sus hijos, para estar incluso más cerca de la población. Primero en Madrid y luego en Tui, esta porriñesa de 40 años ha desarrollado su trabajo con una entrega absoluta. Ha ayudado a cientos de mujeres y realizado una encomiable labor de concienciación.

Su filosofía de vida está marcada por la lucha: «Hay que luchar en la vida. Siempre». Y así lo ha cumplido en su vida profesional y en la personal. En estos momentos, diagnosticada recientemente de ELA, se ha visto obligada a centrar esa batalla en cuidarse a sí misma para frenar los efectos de esta cruel enfermedad. Pero, aun así, Jenny no quiere quitarse del todo el uniforme y sigue dispuesta a colaborar siempre que puede para acabar con la lacra de la violencia machista.

Jenny Stegemann –«el padrastro de mi padre era alemán», advierte ante la sorpresa que siempre despierta cuando pronuncia su apellido– nos recibe en el cuartel de la Guardia Civil de Tui, donde ha desarrollado su labor en los últimos tres años. Tiene algunas dificultades para caminar y para hablar, especialmente cuando ha pasado mala noche, como nos cuenta que sucedió la noche anterior. Pero su sonrisa de bienvenida y su disposición para explicar su labor ya anuncian la fortaleza de esta mujer.

Jenny asegura que ni sus padres ni ningún otro familiar estuvieron vinculados a la Guardia Civil. «Son gente humilde y trabajadora; mi madre, en el mundo de la hostelería y, mi padre, en el de la construcción». Ella desempeñó trabajos en diversos sectores, pero sentía que no la llenaban hasta que, a los 24 años, se preguntó qué quería hacer realmente y encontró la respuesta en la Benemérita. «Yo deseaba dedicarme a algo en donde pudiera ayudar a los demás. Mi hermano es militar y yo tuve dudas entre la Policía y la Guardia Civil, pero finalmente opté por la segunda porque siempre me ha parecido un cuerpo mucho más cercano a la gente y a sus necesidades», justifica. Sus padres, confiesa, se sorprendieron un poco ya que ella nunca había hecho mucho deporte, «pero apoyaron totalmente mi decisión».

«Ella ya nos advirtió que las mujeres tendríamos que demostrar nuestra valía mucho más que nuestros compañeros, que nos iban a mirar con lupa»

Preparó las oposiciones durante un año en Vigo y, tras aprobarlas, entró en la Academia de la Guardia Civil de Baeza, donde se formó durante nueve meses. A pesar de introducirse en un ambiente esencialmente masculino –de los 2.400 alumnos solo había unas 300 mujeres– Jenny tuvo como primera teniente precisamente a una mujer. «Ella ya nos advirtió que las mujeres tendríamos que demostrar nuestra valía mucho más que nuestros compañeros, que nos iban a mirar con lupa». Y así fue. Pero eso no intimidó a la pontevedresa, que fue capaz de adaptarse a la disciplina y aprender desde cero las normas de una institución en la que se ganó el respeto de todos por su implicación desde el primer momento.

Para realizar las prácticas la destinaron a la Sierra de Madrid y fue allí donde, además de aprender mucho, Jenny encontró inesperadamente el amor. Ismael, guardia civil ponteareano, y Jenny estuvieron destinados durante trece años en Madrid y allí nació su hijo Izan, que ahora tiene 11. Pero su sueño era volver a Galicia, lo que consiguieron en 2022.

Jenny junto a su marido, Ismael

Jenny junto a su marido, Ismael / Cedida

Tras su paso por Seguridad Ciudadana, Jenny solicitó unirse al grupo de Violencia de Género y es ahí donde desarrolló su actividad los últimos dos años que estuvo en Madrid y hasta el momento actual en Tui. «Me siento muy sensibilizada hacia las víctimas de la violencia de género y la gran cantidad de muertes que hay. Ahora se denuncia más que hace unos años, pero aún queda mucho trabajo que hacer para conseguir que se visibilice esta lacra y que las mujeres dejen de sentir culpa y vergüenza por denunciar, que aún es algo habitual. La violencia psicológica todavía muchos agresores y también víctimas no la asumen como tal. Y, que nadie se olvide de que esta violencia no entiende de estatus social», resume la experta.

Jenny se ha volcado estos años con las mujeres que acudieron a pedir ayuda a su departamento, sin mirar ni el horario ni los días libres. «Se trata de casos en los que es imposible no implicarse más allá de lo estrictamente profesional. Acudes a la llamada a la hora que sea y creas un vínculo especial con esas mujeres que confían en ti. Es sacrificado, pero la satisfacción de haber ayudado a muchas mujeres y el agradecimiento puro que muestran es para mí todo un regalo», asegura.

Jenny Stegemann con el equipo VioGén que atiende a mujeres de toda la zona del sur de Pontevedra

Jenny Stegemann con el equipo VioGén que atiende a mujeres de toda la zona del sur de Pontevedra / Cedida

En esta labor de protección de las víctimas, Jenny destaca la importancia del trabajo y coordinación de todo el equipo. «Estar mano a mano con los servicios sociales, con la investigación judicial, conocer muy bien los recursos de los que disponemos y tener una sensibilidad especial cuando llegan a ti es lo primordial y esto podemos hacerlo igual de bien los hombres y las mujeres, no es cuestión de sexo», puntualiza. El equipo en el que trabaja Jenny ha sido pionero en Galicia en la forma de hacer el seguimiento desde el primer contacto con la víctima y hasta el final del proceso, una labor por la que han recibido diversos reconocimientos. «Somos un equipo muy involucrado y esa es la clave», afirma la guardia civil.

La implicación de Jenny ha sido total incluso cuando hace cinco años comenzaron los primeros síntomas de una enfermedad a la que los médicos no lograban poner nombre. «Lo primero que sentí fue que se me paralizaban las piernas. Comenzamos a recorrer multitud de consultas, pero no conseguíamos una respuesta», relata. No fue hasta febrero de este año cuando le dieron el diagnóstico de ELA –en concreto, una variante llamada Esclerosis Lateral Primaria– y en abril decidió que había llegado el momento de coger la baja. «Me resistía a dejar el trabajo, pero considero que para hacerlo bien hay que estar al 120 por ciento y ahora no podía porque se me cansa mucho la voz y no tengo la fuerza y agilidad necesarias para desplazarme rápidamente cuando nos llaman», explica. Y es que este equipo atiende a mujeres de toda la zona del sur de Pontevedra, desde Tui, a Tomiño, Mondariz, A Cañiza, Arbo, O Rosal y hasta A Guarda.

«Ojalá en algún momento pudiera reincorporarme porque a mí este trabajo me llena muchísimo»

Jenny está en estos momentos centrada en las sesiones de rehabilitación que necesita para frenar la enfermedad y en su familia. «Ojalá en algún momento pudiera reincorporarme porque a mí este trabajo me llena muchísimo», dice con tristeza. «Pero intento ser positiva, vivir el día a día y disfrutar de todas las cosas que aún puedo hacer, aunque sea más despacio», añade.

Jennifer Stegemann leyendo el manifiesto institucional del 25N del Concello de Tui

Jennifer Stegemann leyendo el manifiesto institucional del 25N del Concello de Tui / Cedida

A pesar de haberse quitado el uniforme, Jenny asegura que ella sigue siendo Guardia Civil, y no duda en colaborar con sus compañeros cuando la llaman para consultar algún caso o para participar en actos para la visibilización de esta lucha, como recientemente, cuando leyó el manifiesto del 25N en Tui. Ella siempre está dispuesta. Con esa sonrisa que desarma a cualquiera.

Las pioneras: Angela Davis y el feminismo antirracista

BARCELONA, 09/10/2017.- La histórica filósofa y activista afroamericana Angela Davis, posa para la prensa gráfica antes de la rueda de prensa que ha ofrecido hoy en Barcelona, en la que ha dicho sentirse "muy privilegiada" por estar hoy en Cataluña, y ha considerado que "la gente debería tener el derecho a la autodeterminación en todo el mundo y poder tomar las decisiones que guíen su propio destino". EFE/Quique García. Angela Davis. Filósofos, activistas

La histórica filósofa y activista afroamericana Angela Davis / QUIQUE GARCÍA / EFE

Angela Davis (1944) es una de las intelectuales y activistas más influyentes del siglo XX y XXI. Creció en Birmingham, Alabama, en plena segregación racial, lo que marcó su conciencia política desde niña. En los 60 se unió al movimiento por los derechos civiles, a los Panteras Negras y al Partido Comunista, convirtiéndose en una figura incómoda para las instituciones. Su detención en 1970 y el juicio –del que salió absuelta– la transformaron en símbolo de resistencia.

Como pensadora feminista, fue pionera en denunciar que la violencia de género no puede analizarse aislada de la raza y la clase social. Señaló que las mujeres negras sufrían una doble opresión: la violencia machista en el hogar y la violencia estructural del sistema penal, que a menudo ignoraba sus denuncias. Sus obras “Mujeres, raza y clase” y “Democracia de la abolición: prisiones, racismo y violencia”.anticiparon debates actuales sobre interseccionalidad.

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