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Los clanes de las rondallas

Parentelas que van desde los 10 hasta los 30 miembros, que encarnan sus terceras y cuartas generaciones -algunas incluso descendientes de fundadores-, desfilan esta Navidad en el área de Vigo. FARO retrata a siete «familias numerosas» para las que esta tradición cultural popular, única del sur de la provincia de Pontevedra, es más que un entretenimiento: es parte de sus vidas.

Los clanes de las rondallas: FARO retrata a siete estirpes que viven y mantienen viva la tradición

Pedro Fernández / Jose Lores / Marta G. Brea / Alba Villar

Es la primera vez que se reúnen para una foto de familia. La Asociación Recreativa Cultural de Guizán, en Mos, vibra como en los momentos previos al inicio de un ensayo: gente que va y viene, saludos, risas, corrillos, instrumentos sonando… Hasta que todos forman ante la cámara. Silencio y clic. FARO inmortaliza el primer retrato colectivo de los Lelos, la gran estirpe rondalleira, la más numerosa, con 32 miembros en activo y que encarna su cuarta generación. «A nosa familia non se concibe sen a rondalla», proclama con brillo en los ojos y amplia sonrisa Loli Ferreira Campo. 

Esta frase condensa un sentir compartido por otros clanes rondalleiros, «familias numerosas» de más de 10 miembros que desfilan en alguna de las 18 formaciones aglutinadas este año en la Federación de Rondallas del Área Metropolitana de Vigo.

«A nosa orixe está nos barrios e nas parroquias. A xente que alí vivía, familiares e veciños, collían os instrumentos que tiñan na casa e saían tocar», explica Serafín Rodríguez, presidente de la entidad, sobre esta tradición centenaria cuyos primeros y muy escasos registros documentales datan de comienzos del siglo XX. Estas agrupaciones musicales de raíz popular que cada Navidad animan las calles con sus actuaciones, desfiles y coloridas vestimentas constituyen una expresión cultural singular y única del sur de la provincia de Pontevedra. Aunque en las dos últimas décadas se han «profesionalizado», conservan en buena medida su arraigo al territorio y su carácter familiar, aunque en núcleos más pequeños: «Antes iban familias enteiras: avós, pais, fillos…», recuerda Serafín. 

Entre las más de 1.400 personas que este año forman la amplia y diversa comunidad rondalleira, lo más habitual es encontrarse grupos de tres hasta cinco parientes vistiendo la misma capa. Pero también hay casos de parientes, incluso de primer grado, que tocan en distintas agrupaciones o que simultanean dos rondallas, según el calendario lo permita. Y es que la temporada es corta pero apretada: los ensayos suelen empezar en septiembre y las actuaciones finalizan a mediados de enero.   

Frente a estas familias más reducidas, encontramos auténticos clanes rondalleiros: parentelas que van desde los 10 hasta los 30 miembros y que encarnan sus terceras y cuartas generaciones; algunas incluso son descendientes de fundadores. Pero también hallamos linajes de nueva creación: casas que empezaron desde cero; amores que surgieron entre desfiles y que hoy en día suman progenie; músicos que «arrastraron» a sus familias políticas...  

FARO halla y retrata, por primera vez, a siete estirpes rondalleiras en activo: los Lelos de Guizán (Mos); los Grandal de Torroso (Mos); los descendientes de los Alonso «da Cacheira» (Valadares, Vigo); los Carrera de Herville (Mos); los Álvarez-Costas de Parada (Nigrán); los Escopetas de Vincios (Gondomar); y los Lago de Santa Eulalia (Mos). 

«¿Hay un gen rondalleiro?», les preguntamos. Sus respuestas podrían resumirse en esta expresión popular que adaptamos: «El rondalleiro y la rondalleira nacen y también se hacen».


Los Lelos (32 miembros)
Rondallas de Guizán (Mos) y Ventosela (Redondela)

«Somos unha familia rondalleira por tradición, pero sobre todo por corazón. Desde pequeniños vivímolo, sentímolo»

Los clanes de las rondallas: los Lelos, de Guizán y Ventosela

Pedro Fernández / Jose Lores

«¿Podedes tocar algo?» Aún no había acabado la pregunta cuando los Lelos, perfectamente coordinados, se lanzan con una pieza. No les hace falta más. Ellos, los 32, forman en sí mismos una rondalla. 

Sus orígenes se remontan a los años 40 del pasado siglo, cuando el patriarca Ángel Campo Casales ya dirigía este tipo de agrupaciones. Fue el fundador de la Rondalla de Guizán, por la que ha desfilado toda su descendencia. Popularmente llamado «Lelo» -diminutivo que dio origen al apodo familiar-, tuvo nueve hijos, que a su vez aumentaron la familia con 20 nietos y 18 bisnietos. «Y lo que vendrá», augura Loli Ferreira Campo sobre el futuro de un clan que va por la cuarta generación.

«En Nadal, nos metiamos na casa da miña avoa unhas trinta ou corenta e pico persoas a cear, a tomar as uvas... Logo colliamos os instrumentos e marchabamos a casa dos veciños a tocar e cantar», recuerda Manuel Ferreira Campo sobre cómo vivían las fiestas.

Es, con diferencia, el clan más prolífico de la gran comunidad rondalleira: con ellos nacieron Guizán y Ventosela, a las que hicieron resurgir tras varios años de parón; ayudaron a montar nuevas agrupaciones en barrios y parroquias; tocaron en las de Vilar de Infesta, Saxamonde, Torroso, Becerreira-Cabral… y presumen de un linaje de cinco destacados directores desde «Lelo», al que siguieron sus hijos Manuel, ‘Pepe’ y Javier, y ahora su nieto Manuel. También de abanderados, con Carlos Campo Villar como miembro más recordado por su personalísima forma de desfilar.  

En 2016, Manuel Ferreira y ‘Pepe’ Campo recuperaron Guizán, disuelta unos años antes: «Antes de morrer, o meu avó sempre me dicía ‘tes que volver montar a rondalla e tes que ir de director’. Iso quedoume aí. Despois, meu tío e máis eu animámonos, e veña, adiante!», cuenta el primero. 

Y los Lelos regresaron en tropel, marcando el paso y con el sentido del ritmo que el patriarca les inculcó: «Onde imos, imos todos xuntos. Isto é todo unha festa. Nós sós, a familia, xa montamos a rondalla», destaca.

No es este el último resurgir promovido por este clan: el año pasado ‘Pepe’ Campo retomó la rondalla de Ventosela.

Así que los Lelos, esta temporada, se reparten entre los 27 componentes de Guizán, que contabiliza un total de 82 rondalleiros, y los siete de Ventosela, de un conjunto de 90, aproximadamente.  

«Somos unha familia rondalleira por tradición, pero sobre todo por corazón. Nós nacimos con esa esencia. Desde pequeniños vivímolo, sentímolo», proclama Loli. 

Tras décadas tocando juntos, y aunque parezca increíble, los Lelos posan ante la cámara de FARO para su primera foto colectiva. «Es un homenaje a la familia», resume Manuel Ferreira Campo.  


Familia Grandal (18 miembros)
Rondalla de Torroso (Mos)

«A rondalla recuperouse a raíz da nosa voda, por un neno ao que lle gustou moitísimo e que insistiu en volver montala»

Los clanes de las rondallas: la familia Grandal, de Torroso (Mos)

Alba Villar / Pedro Fernández

No sabían absolutamente nada. Una rondalla creada especialmente para la ocasión irrumpió en la boda de Alejandro y María, en 2017: «Corenta e pico persoas entraron tocando no banquete. Con bandeiras e todo», rememora él. La pareja, que procedía de familias rondalleiras de Bembrive y Torroso, coincidió por azares de la vida en la misma formación, y de los ensayos y las actuaciones desfilaron juntos hacia el altar.

La parroquia mosense había perdido su rondalla en 2007, tras casi cuatro décadas de actividad. «E recuperouse a raíz da nosa voda», explica Alejandro Pérez. Semanas antes del enlace, familiares, amigos y vecinos empezaron a ensayar. «Entre eles había un neno, Roi, que entón tería uns dez anos, ao que lle gustou moitísimo. Non sabía o que era unha rondalla, nunca estivera en ningunha e desde a voda non deixaba de insistir en volver montala. Así que puxeron carteis e apuntáronse case 100 persoas», relata. 

Entre ellas, estaba la familia Grandal - su parentela política- prácticamente al completo, un clan de tres generaciones y con 18 miembros en activo esta temporada. «Nós estamos desde sempre. O primeiro foi Camilo, que fundou o centro cultural, e o resto fómonos incorporando cos anos. Somos xustamente unha formación cun carácter moi familiar», explica Iván Rey.  

Torroso cuenta en la actualidad con 146 integrantes, con un rango de edades que va desde los 70 años del más mayor a los tres del menor.

Aquel pequeño impulsor del renacer de Torroso es, a día de hoy, abanderado y músico profesional. 

En la imagen, de izquierda a derecha, empezando por atrás: Emilio Rey Barreiro / Iván Rey Grandal / Noa Rey Alonso / Alejandro Pérez Davila / María Rey Grandal / Camilo Grandal Pérez / Pablo Pereira González / Elisa Grandal Leirós / Estefanía Grandal Leirós / Tania Alonso López / Fila de adiante: Izan Rey Alonso / Pedro Pérez Rey / Beatriz Alonso Sío / Inés Leirós Domínguez / Sofía Pérez Rey / Inés Pampillón Grandal.


Descendientes de los Alonso «da Cacheira» (15 miembros)
Rondallas Peña de Freixo, Valadares (Vigo) y Airiños da Lagoa (Baiona)

«Seguimos a tradición que nos inculcaron de pequenos»

Los clanes de las rondallas: los descendientes de los Alonso «da Cacheira» (Valadares, Vigo)

Pedro Fernández / Jose Lores

Mary Flor hace «repenicar» sus castañuelas. Tienen más de 50 años, pero ella se inició como rondalleira hace algo más de 35. Las heredó de su tío Alfonso, quien la llevó por primera vez a la rondalla de Valadares, cofundada por su tío abuelo Auxilio Alonso en los años 40 del pasado siglo. «Seguimos a tradición que nos inculcaron de pequenos», subraya.  

Los descendientes de los Alonso «da Cacheira», barrio de Valadares, son la estirpe más rondalleira de Vigo; por tamaño, trayectoria y pervivencia. En su linaje se halla otro cofundador: Rafael Davila Alonso - sobrino de Auxilio y de la rama de los Piruletes- que promovió la -ya desaparecida- Rondalla de Beirán a finales de los 80. 

Esta saga atraviesa ya la cuarta generación con 15 miembros repartidos en tres agrupaciones: la mayoría en la Peña de Freixo, otro grupo en Airiños da Lagoa de Baiona y un par de representantes en Valadares.

«De min tirou meu tío e eu empecei tirando duns e doutros… E este ano conseguín tirar de un que tiña aí medio atrancado», relata en alusión a su hermano Diego, al que ha logrado recuperar como rondalleiro tras años de inactividad.

Entre unos y otros, y pese a los altibajos según la temporada, mantienen vivo el clan: «Empezamos a ir eu e miña irmá, e como estabamos as dúas, viñéronse meu pai e miña nai. Engancháronse porque son moi festeiros e se pasa moi ben», explica María Fernández.

En la familia hay gaitas, panderetas, cristos…y hasta un serrucho que Manuel empezó a raspar hace unos nueve años: «Un día pregunteille a miña avoa se mo deixaba para tocar, porque estaba colgado nunha parede da casa, sen usar, e na rondalla de Freixo había un par deles. Tiven que cortalo porque cando empecei, con 14 ou 15 anos, érame moi grande», relata el joven.

Pero si hay un sonido que identifica a la estirpe de los Cachoeiros-Piruletes es el de las castañuelas, instrumento que toca buena parte de la familia. «Empecei con elas como homenaxe a meu tío. Estaban na casa da miña nai e cando as vía pensaba ‘teño que darlle’. E ata hoxe», resume Mary Flor. 

Ascendientes de este clan las empuñaron durante décadas y enseñaron su particular escuela a decenas de rondalleiros: con tres pares en cada mano y haciéndolas «repenicar» con vistosos movimientos

En la imagen, de izquierda a derecha: María Fernández Martínez / Alba Iglesias González / Manuel Baqueiro Iglesias / Mary Flor Iglesias Alonso / Diego Iglesias Alonso.


Familia Carrera (15 miembros)
Rondalla de Herville (Mos)

«Casei en Coia e pouco a pouco fun levando a familia política á rondalla, pero pouca cousa fixo falta para arrastralo»

Los clanes de las rondallas: la familia Carrera, en Herville (Mos)

Pedro Fernández / Marta G. Brea

Suena el «Pasodobre do Carballal». Se arrancan a tocar en plena calle, en la viguesa Martín Echegaray, con la casa familiar de los Carrera al fondo y la abuela mirando desde la galería. No es la única espectadora; vecinos de los edificios del entorno se asoman a las ventanas e incluso piden un «bis». 

A Román González lo introdujo en la Rondalla de Herville su padre Delfín, segundo director de la agrupación, creada en 1986. Esta se deshizo en 1997 y tras un breve regreso volvió a formarse en 2012. Román repetiría los pasos de su progenitor desde 2013 hasta el pasado año, tiempo en el que captó a 14 nuevos miembros, su familia política: «Casei en Coia e pouco a pouco funos levando para Herville». «Gústanos a festa así que non puxemos moita resistencia! Xa nos gustaba moito ir miralas. Era o día máis especial do ano. O primeiro domingo despois de Reis sabíamos que había rondalla», recuerda María Sío. «Pouca cousa fixo falta para arrastralos!», añade Román. 

Este nuevo clan cuenta con un veterano, Jaime Sío, de 83 años, que ya formó parte de la desaparecida formación del barrio de A Igrexa San Andrés de Comesaña, en los años 60 del pasado siglo. «Botábao de menos, botámoslle o guante e aquí está», celebra Román sobre el rondalleiro de mayor edad que desfila con Herville esta temporada, de un total de 83 componentes

Los Carrera son el mejor ejemplo de que además de nacer, el rondalleiro también se hace: «As dúas cousas. Nácese e se o vives de pequeñino sempre che queda. E se non o viviches antes pero o vives de maior e che gusta a música e pasalo ben, ao final tira, e faste rondalleiro», concluye Román. 

De izquierda a derecha, empezando por atrás: Jaime Sío Rodríguez / Román González Serodio / Luis Carrera Jorge / Pablo Otero Cabral / Nuria Otero Carrera / Manuel Carrera / Martín Sío Carrera / María Sío Carrera / Marta Carrera Fernández / Bibiana Alonso Laredo /  Gloria Carrera Fernández / Alba Otero Carrera / Valeria González Carrera / Greta González Carrera.


Familia Álvarez-Costas (12 miembros)
Rondalla de Parada (Nigrán)

«Mi hijo Thiago, con tres años, estaba loco con la rondalla. En casa siempre jugaba a ser abanderado o a tocar la pandereta»

Los clanes de las rondallas: la familia Álvarez-Costas de la rondalla de Parada (Nigrán)

Pedro Fernández / Alba Villar

La familia Álvarez-Costas aglutina a 12 de los 74 componentes que este año tiene Santiago de Parada (Nigrán). El más veterano es Alfonso Vázquez, de 80 años, miembro fundador de la rondalla en 1993. Con él, comparten antigüedad Fernando Costas y Leonilde Álvarez, quienes proclaman con orgullo que «levan toda a vida». La más pequeña, Leyre, de 7 años, «se enganchó el día en que su padre, que estaba haciendo roncos, hizo uno pequeñito para ella. Desde esa, ya no salió», explica su madre, Andrea Iglesias. 

La formación se disolvió y tuvo algún breve renacer hasta que en 2012 retomó su actividad de forma continuada. A partir de ahí «fómonos sumando todos» hasta formar el actual clan. «Mi hijo Thiago, con tres años, miraba la rondalla y estaba loco con ella. En casa siempre jugaba a ser abanderado o a tocar la pandereta», recuerda.

Los más jóvenes, Thiago y Leyre, que se estrenaron entre los tres y los cuatro años, suponen la cuarta generación de esta familia: «Al final es algo un poco heredado. Yo recuerdo ir con mi madre a ver a mi abuelo en la primera etapa. Al final si tienes ahí a tus padres le vas cogiendo el gustillo». 

«É un punto de encontro. Chega un momento no que enlazas o Nadal coa rondalla e está superben», describe Ana Rocha Álvarez sobre qué es lo que engancha a una persona joven a pasarse las fiestas de un lado para otro con un calendario lleno de actuaciones y sin despegarse de la familia. 

En la imagen, de izquierda a derecha, empezando por atrás: Fernando Costas / Thiago Costas Iglesias / David Costas Nande / Andrea Iglesias / Julia Álvarez / Carmen Álvarez / Leyre Costas Iglesias / Ana Rocha Álvarez / Leonilde Álvarez.


Los Escopetas (10 miembros)
Rondalla de Vincios

««'Papá vas ao ensaio? Eu vou contigo a mirar'. E un día o meu tío Casimiro díxome 'colle eses pratos e toca'»

El clan de las rondallas: los Escopetas de la Rondalla de Vincios (Gondomar)

Pedro Fernández / Marta G. Brea

Ricardo Vila tiene 62 años y se inició con 15 en la rondalla de Vincios, la primera y más antigua de Gondomar, fundada en 1942 y que salvo un parón de unos años por falta de directiva ha mantenido su actividad casi de forma ininterrumpida. «’Papá vas ao ensaio? Eu vou contigo a mirar’. E un día o meu padriño e tío Casimiro díxome ‘colle eses pratos e toca’»

La familia de los Escopetas suma 10 rondalleiros en activo y cuatro generaciones desde los tiempos en que José Vila empezó a tocar el bombo y los platillos, instrumentos que hoy, 47 años después, sigue haciendo vibrar con maestría Ricardo, marcando el ritmo a los 72 músicos que este año tocan en Vincios. 

Este veterano lleva la música en su ADN: su tío y padrino Casimiro Rodríguez Carrera y su padre fundaron el grupo de gaiteiros Os Terribles de Vincios. Y él transmitió esa pasión a sus descendientes: «Saíu deles. Foron entrando todos pouco a pouco e sen empurrar». 

«Eu viñen porque meu pai sempre me meteu a afición. E a miña filla Xiana segue os nosos pasos. Ela xa desde moi pequeniña quixo vir, pero parecíame moi pronto. E este ano, xa con seis, ela mesma dixo que ‘si ou si’, e aquí está», cuenta Verónica Vila. 

«Por unha parte, isto hérdase. E moito. Lévase no sangue. E por outra, hai compañeiros e amigos que van vendo aos demais e van meténdose», opina Ricardo. 

Los Escopetas solo faltaron a su cita con la rondalla por el fallecimiento del patriarca, Pepe Vila, y de la matriarca. «E despois enganchas outra vez porque a vida segue».

En la imagen, de izquierda a derecha, empezando por atrás: Lorena Gómez, Antía Figueroa, Yolanda Vila, Verónica Vila, Bibiana Vila, Ricardo Vila, Cynthia Gayoso, Neizan Vila y Xiana Montes.


Familia Lago (10 miembros)
Rondalla de Santa Eulalia de Mos

«Empezaron miña nai e meus tres tíos, que seguen a día de hoxe de forma ininterrompida: levan 27 anos»

Los clanes de las rondallas

Pedro Fernández / Jose Lores

Veintisiete años llevan los hermanos Lago en la rondalla de Santa Eulalia de Mos. Empezaron los cuatro juntos y a la vez, cuando la rondalla retomó su actividad en la temporada 1997/98. Al año siguiente captaron a su padre. 

La agrupación, que esta temporada contabiliza 108 miembros, surgió a principios de los años cuarenta del pasado siglo, con especial actividad a partir de los años 70, pero se disolvió en 1990.

«Entón non había moita oferta cultural na parroquia. Nós eramos rapaces e empezamos a meternos en actividades do Círculo Cultural, e entre elas estaba a rondalla», detalla Rosana Lago. Aunque ella y su marido ya habían tocado a finales de los años 80 en la desaparecida formación de Pereiras. 

Desde entonces, la familia ha crecido hasta los 10 miembros de la actualidad, con tres generaciones. Los más jóvenes empezaron con cuatro o cinco años: «Ao principio, como eran moi pequenos ían no coche co noso pai, anunciando os pasarrúas pola parroquia, pero en canto puideron camiñar e tocar xa desfilaron con nós», añade.

La familia nunca se ha saltado una temporada, solo algún miembro puntualmente por algún embarazo o por alguna circunstancia familiar complicada. «Vés porque che gusta, porque che aporta moito e só che quita tempo pero é sacrificado: os ensaios, todo o Nadal tocando, con actuacións polas mañás e polas tardes…», cuenta Rosana. 

«O que engancha é o nivel de familiaridade e amizade que hai», cuenta su hijo Lucas, que concluye: «Nácese pero tamén podes facerte rondalleiro»

De izquierda a derecha, empezando por atrás: Mauro Debén Lago / María Fernández / Beatriz Lago Rodríguez / Rubén Lago Rodríguez / Rosana Lago Rodríguez / Lucas Debén Lago / Diego Debén Rodríguez / Marcos Rodríguez Lago / Gumersindo Lago Fernández / Aldara Rodríguez Lago.

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