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«El cortisol es el inmunosupresor más potente»

El inmunólogo y divulgador advierte sobre la hormona de respuesta al estrés y recalca que «el mejor suplemento para el sistema inmunitario es gratis: comer bien, dormir bien y hacer ejercicio»

Alfredo Corel es catedrático de Inmunología en la Universidad de Sevilla.

Alfredo Corel es catedrático de Inmunología en la Universidad de Sevilla. / G. P.

Rafa López

Rafa López

Alfredo Corell (Madrid, 1963) se convirtió en un rostro popular en televisión durante la pandemia de covid, cuando mostró, junto a un escudo del Capitán América, y valiéndose de pinzas de colgar ropa, figuras y muñecos, cómo los anticuerpos bloquean los virus que infectan nuestro organismo. Catedrático de Inmunología en la Universidad de Sevilla e inmunólogo en el hospital Virgen del Rocío de la capital andaluza, en 2018 fue nombrado mejor docente universitario de España en los II Premios Educa Abanca, y tres años después mereció el Premio CSIC 2021 a la Comunicación Científica. Ese mismo año, «Forbes» lo incluyó en su lista de los 100 españoles más creativos.

Recientemente presentó en Vigo su libro «Inmunidad en forma. Conoce y entrena tus defensas» (Planeta), un volumen que, sin dejar el rigor científico, está, dice, «aplicado a que el ciudadano pueda hacer cosas en el día a día» para potenciar su sistema inmunitario. La cuarta parte del libro está dedicada a los «inmunotimos», un desbroce científico muy laborioso y oportuno ante la cantidad de productos milagro y pseudoterapias que proliferan en las redes sociales.

–Hay prácticas de moda como las duchas frías o la exposición intencionada al frío, promocionadas por gente como el futbolista-influencer Marcos Llorente. ¿Existe alguna evidencia científica de que pasar frío o ducharse con agua fría fortalezca el sistema inmunitario, o es un mito?

–Hay mucho de postureo y poco de evidencia científica. Los baños fríos se han estudiado históricamente y puede haber algún beneficio en la capacidad física, pero respecto al sistema inmunitario no hay ninguna evidencia sólida de que lo potencien o lo mejoren.

–Si tuviéramos que recomendar actividad física para optimizar la respuesta inmunitaria, ¿qué ejercicio moderado podemos elegir?

–Lo ideal es hacer ejercicio a lo largo de la semana, en sesiones de al menos 10 minutos, hasta sumar unos 150 minutos semanales. Ese ejercicio debe combinar actividad cardiometabólica –correr, bici, remo– con al menos dos sesiones semanales de entrenamiento de fuerza. El entrenamiento muscular, antes muy denostado –se pensaba que era solo para culturistas–, libera unas sustancias que activan las defensas.

–Enfatiza la importancia del sueño. ¿Cómo se relaciona la falta de sueño con el estado inflamatorio crónico y qué efectos puede tener a largo plazo en nuestras defensas?

–Somos un país que dormimos mal, en cantidad y en calidad de sueño. Durante la noche pasamos por cuatro o cinco ciclos de sueño que van de fases superficiales a profundas. En los primeros ciclos profundos, el sistema inmunitario se «resetea» y se pone en un modo inflamatorio, algo necesario para resituar las células. Si no completamos esos ciclos y nos despertamos en modo inflamatorio, una noche no pasa nada, pero si ocurre de forma permanente, podemos acabar con problemas metabólicos que favorecen enfermedades como la obesidad o la diabetes.

–¿Ocurre algo parecido con las siestas?

–Sí. Si la siesta es muy larga entramos en un sueño profundo y se activa ese modo inflamatorio. Una siesta de dos horas ocasional no tiene importancia, pero si se convierte en hábito ocurre lo mismo que al dormir poco por la noche: se favorecen alteraciones metabólicas. Por eso también es importante inducir el sueño nocturno: bajar luces y ruidos, evitar pantallas, leer o escuchar algo relajante, como un pódcast o música clásica... Eso tampoco lo hacemos.

–Estamos casi en invierno, con pocas horas de luz. ¿Conviene aumentar la exposición al sol para obtener vitamina D?

–Hay que equilibrar la exposición para sintetizar vitamina D para no aumentar el riesgo de cáncer de piel. En otoño o primavera, cuando el sol no es tan fuerte, con 15-20 minutos de sol en cara y antebrazos, en horas sin alta intensidad solar, sería suficiente. Pero a veces no es suficiente, y en verano el protector solar reduce parte de la síntesis. Lácteos, aceite y pescado también aportan vitamina D, pero a veces la ingesta es insuficiente, especialmente en situaciones como la obesidad. En esos casos no veo mal suplementar bajo supervisión médica. La vitamina D se acumula en la grasa y puede ser tóxica; de hecho, ha habido casos recientes de toxicidad en Baleares. Por eso nunca debe tomarse de modo autónomo.

«Recomiendo incluir un probiótico diario como una norma más, igual que beber agua o usar aceite de oliva»

–Aconseja tomar un yogur al día. ¿Qué diferencia hay entre el yogur, las leches fermentadas con probióticos, como el Actimel, y el kéfir?

–Mi propuesta es un probiótico al día, del tipo que sea. Vale un yogur perfectamente. El kéfir tiene una composición de microorganismos más rica que el yogur: los comerciales pueden tener hasta 16 microorganismos, y los caseros entre 40 y 60, aunque requieren máxima higiene para evitar contaminaciones de bacterias patógenas. Las leches batidas como el Actimel tienen las dos bacterias del yogur y añaden un Lactobacillus extra. Todos –yogur, kéfir o estas leches batidas– son recomendables, al menos uno al día, para mantener una microbiota sana, especialmente si se acompañan de fibra procedente de frutas, verduras, cáscara de cereales o legumbres. Los probióticos tienen efectos beneficiosos sobre las defensas. El Actimel está muy estudiado en diarreas y ayuda a cortarlas, por ejemplo, en niños. Y el yogur tradicional, con bacterias vivas y sin azúcares añadidos, mejora lo que yo llamo «la inmunidad de élite», la de las células más fuertes. Recomiendo incluir un probiótico diario como una norma más, igual que beber agua o usar aceite de oliva.

–Dice que la fiebre no es nuestra enemiga, aunque ahora enseguida tomamos fármacos para bajarla. ¿Cuándo debemos recurrir a antipiréticos y cuándo debemos dejar que la fiebre actúe?

–La fiebre es un mecanismo fisiológico que ayuda a las defensas. Consigue dos efectos: aumentar la temperatura disminuye el crecimiento de algunos microorganismos y que las células inmunitarias trabajen más fuerte. Si abusamos de antipiréticos desde el primer momento impedimos esas dos funciones. En niños, si están conscientes, activos y orientados pese a unas décimas, no hace falta darlos. El límite varía según pediatras, pero el estado del niño es una buena guía. Si está activo y jugando, yo diría que no hay que usarlos. En adultos, si mi temperatura basal es 36,5 grados y sube a 37,5º o 38º, esa temperatura puede ayudarme a resolver la infección. Pero si se dispara a 38,5º o 39º de modo sostenido, conviene tomar un antipirético. Depende de la intensidad y de cómo uno se encuentre: si está consciente con la febrícula, puede esperar; si le tumba, que se tome el antipirético.

–Habla de la relación entre la exposición constante al ruido –por ejemplo, vivir en una calle con tráfico intenso– y la modulación del sistema inmunitario.

–He dedicado un capítulo al abuso tecnológico, algo que nadie había hecho, y eso incluye el ruido. Hay estudios en los que células del sistema inmunitario se han cultivado con distintas exposiciones: silencio, música clásica, ruido... y el ruido las perjudica: crecen y se activan peor. Y, además, el abuso tecnológico hace que comas peor, hagas menos ejercicio, duermas peor y que estés más estresado, todo lo cual afecta indirectamente al sistema inmunitario.

Alfredo Corel es catedrático de Inmunología en la Universidad de Sevilla.

Alfredo Corel es catedrático de Inmunología en la Universidad de Sevilla. / G. P.

–El mercado está lleno de productos milagro que prometen aumentar nuestras defensas, difundidos por ‘influencers’ sin formación. En su libro analiza muchos de ellos. ¿Cómo podemos identificar estos «inmunotimos» y evitar caer en publicidad engañosa?

–Algunos ya los analizo en el libro: hice una encuesta en Instagram para saber qué productos usaban mis seguidores para las defensas. Ha sido el capítulo que más me ha costado hacer. Lleva por detrás muchísima investigación. Hay registros de ensayos clínicos, metaanálisis, una base de datos americana de la que tuve que hacerme socio para poder verla... En resumen, el mejor suplemento para alguien sano es gratis: comer bien, dormir bien y hacer ejercicio. Pero hay productos con evidencia en situaciones concretas: ya mencioné el Actimel en las diarreas. Otro que me ha sorprendido mucho es la combinación de tres hongos usada en personas con cáncer sometidas a quimioterapia, porque ayuda a mejorar sus defensas. La equinácea, tan popular para los catarros, tiene muy poca evidencia y, si sirve de algo, es para prevenir, no para tratar. Igual pasa con la vitamina C: es falso que tomarla a chorro cure los catarros, y solo ha demostrado prevenirlos en deportistas de alta intensidad. Es antioxidante y viene muy bien, pero tomarla cuando ya estás resfriado solo sirve para producir orina muy cara. En definitiva, los milagros no existen. Si existieran, los tomaríamos todos. Hay que desconfiar del «a mí me funciona» y consultar siempre con profesionales sanitarios.

–Las alergias están cada vez más presentes. ¿La teoría de la higiene [que sugiere que la falta de exposición a microbios en la infancia puede aumentar el riesgo de alergias] está desprestigiada o sigue vigente? ¿La incidencia creciente de alergias se debe a mejores diagnósticos o hay algo más?

–La alergia es multifactorial. La OMS pronostica que en 2050 el 50% de la población será alérgica, una cifra escalofriante. Ahora ya somos más del 20%. Parte del aumento se debe a mejores diagnósticos, pero también a factores genéticos: si en una familia hay alérgicos es fácil que haya más. Y hay un componente ambiental, la hipótesis de la higiene: los sistemas inmunitarios infantiles se entrenan enfrentándose a microorganismos. Si los niños viven en un entorno demasiado estéril, el entrenamiento es peor. Está aceptado por la comunidad científica que esto no solo es fuente de alergias, sino también de enfermedades autoinmunitarias. De hecho, una de las lombrices que infestaban el intestino de los niños en el pasado se está usando en ensayos clínicos: se administran sus huevos en zumo de naranja a pacientes con enfermedades reumáticas y se observan resultados muy positivos. Además del componente genético y del de higiene, influyen infecciones, tóxicos –respiramos aire cada vez más contaminado– y la dieta llena de ultraprocesados, que también se asocia a alergias. Es un mix de factores.

–Se habla mucho del estrés crónico. Pero un bajón emocional puntual –un duelo, una ruptura de pareja…–, ¿puede también hacer caer el sistema inmunitario?

–Sí. Hay una conexión directa entre el sistema nervioso y el sistema inmunitario. Y es bidireccional. En mis estudiantes lo veo cada año en época de exámenes: les salen pupas en la boca, les da diarrea, tienen conjuntivitis, catarros… La ansiedad hace que se sintetice una sustancia en nuestros riñones, el cortisol, que es el inmunosupresor más potente que hay, y que también se libera en situaciones de depresión. Y esto está muy relacionado con el tamaño de la red social –referido a personas físicas, no a Instagram ni a otras redes sociales digitales–: familia, amigos, compañeros de trabajo, o grupos de los que formes parte, como organizaciones políticas, religiosas, ONG, equipos deportivos... Ese contacto social beneficia al sistema inmunitario.

–¿De qué manera?

–Esos contactos generan sustancias que contrarrestan el cortisol del estrés. Por ejemplo, los abrazos producen de modo bastante rápido oxitocina, que mejora las defensas. Las endorfinas también contrarrestan el cortisol: se producen con el cansancio, cuando sales a correr, o tienes sexo y terminas con una sensación de satisfacción. Muchas veces no podemos evitar lo que nos estresa, como la muerte de un familiar o nuestro trabajo, pero sí podemos buscar dosis de esos compuestos que compensen los efectos del cortisol. Esa es la propuesta que hago a quienes lean mi libro.

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