Gallegas a la vanguardia
«Pensaba que ser investigadora era algo inalcanzable»
La viguesa Lydia Lorenzo Cisneros desarrolla en la Universidad de Edimburgo un doctorado en Medicina regenerativa dentro del único laboratorio de Reino Unido que tiene una colonia de ajolotes

La investigadora viguesa Lydia Lorenzo, con el castillo de Edimburgo al fondo.
La asombrosa capacidad de regeneración de los ajolotes les permite recuperar estructuras vitales como la médula espinal, el corazón o incluso partes del cerebro. Por eso investigadores de todo el mundo tratan de conocer su biología y extraer conclusiones para la salud humana. La investigadora valenciana Aida Rodrigo dirige en Edimburgo el único grupo de Reino Unido que tiene una colonia de estos singulares anfibios endémicos de México, donde se encuentran en peligro crítico de extinción. Y la viguesa Lydia Lorenzo Cisneros desarrolla bajo su supervisión un doctorado en Medicina regenerativa enfocado en la médula espinal.
«Lo que diferencia a nuestro grupo es que trabajamos con diferentes especies para tratar de establecer comparaciones entre los ajolotes, que son capaces de regenerar su médula espinal, y los ratones, que no pueden y son más parecidos al ser humano. Esto es clave de cara a potenciales terapias que tengan en cuenta esas diferencias. Es una pregunta muy grande y se necesitarán muchos años para responderla, pero todos vamos poniendo semillitas para poder lograrlo», destaca Lydia.
Su investigación se ha centrado más en los ratones porque cuando empezó su doctorado hace tres años los ajolotes todavía no habían llegado al laboratorio, pero el grupo realiza un esfuerzo conjunto. «Si conseguimos entender sus mecanismos y después somos capaces de desbloquearlos en humanos las aplicaciones terapéuticas serían inmensas, no solo para la médula espinal, sino también en demencias o enfermedades degenerativas, infartos o ictus. Pasará un tiempo hasta que la ciencia pueda desenredar el hilo de todo ese ovillo tan diferente al nuestro, pero en algún momento tendremos una terapia para regenerar tejidos», asegura convencida.
Un reto para el que serán imprescindibles las más avanzadas plataformas de secuenciación de ADN y ARN: «En lugar de comparar el ajolote y el ratón gen a gen podemos secuenciarlos todos y así centrarnos en los candidatos que pueden ser más diferentes. Las hipótesis que se pueden generar así crecen exponencialmente. Va a ser muy positivo porque la regeneración es un proceso muy complejo en el que pueden influir muchos factores como el sistema inmune, las células madre o la interacción con el entorno».
Mientras los científicos tratan de descifrar sus secretos, los ajolotes parecen sonreír de forma perenne. Sin embargo, estos curiosos anfibios no son precisamente amigables. «Son animales muy solitarios y necesitan su propio espacio, así que en cuanto crecen un poco cada uno está en su propio tanque. Son muy lindos, pero no muy activos y les gusta estar separados», revela entre risas.
Lydia lleva siete años en Reino Unido porque ya estudió la carrera de Neurociencia en la Universidad de Manchester, donde se graduó como la número uno de su promoción tras pasar también un año en Cambridge. Y desde 2022 realiza su doctorado con una beca Martin Lee en el Instituto para Regeneración y Reparo de la Universidad de Edimburgo, cuyos grupos trabajan en tres líneas principales, la medicina regenerativa, la inflamación y la salud reproductiva.
«Es un centro muy interesante porque cada laboratorio se focaliza en diferentes tejidos con la idea de poner después todo el conocimiento en común. A todo el mundo le encanta lo que hace y todos están dispuestos a colaborar. He aprendido mucho y estoy supercontenta de haber venido», celebra.
De niña, Lydia pedía microscopios como regalo de Navidad y disfrutaba haciendo experimentos «con las manos manchadas». Además la presencia de casos muy cercanos de demencia y alzheimer en su familia la marcó profundamente. «Me parecía muy injusto ver cómo sus recuerdos y memorias, que es lo que nos define como personas, se iban apagando y ya no me reconocían. Además es un proceso durísimo porque son muchos años de duelo constante para el entorno y ellos también sufren», lamenta.
Todo esto acabó fructificando de alguna manera en su decisión de estudiar Neurociencia. Se fue a Reino Unido porque en aquel momento no existía el grado en España y acabó iniciando una carrera investigadora con la que no contaba y en la que ha tenido varios referentes que la han inspirado y animado a continuar.
El primero de ellos fue el neurocientífico vigués Carlos Spuch, que visitó su instituto. «Vino a dar una charla, me despertó mucha admiración y ahí empecé a materializar la idea de que podía ser posible. De hecho, cuando volví de Manchester en vacaciones hice un proyecto de verano en su laboratorio», relata.
Y años después su mentora en Cambridge, Carolina Machado, le animó a hacer un doctorado. «Nunca había pensado en ello, mi aspiración era volver a España y ser profesora de colegio. Por supuesto, no tiene nada de malo pero pensaba que ser investigadora era algo inalcanzable. Es verdad que hay que poner mucho esfuerzo y trabajo, pero no hace falta ser Einstein para hacer un doctorado. Si es lo que realmente te gusta, hay que ir a por ello», sostiene.

Lydia Lorenzo, en el laboratorio. / FDV
Su actual supervisora, que se formó con la científica Elly Tanaka, un referente internacional en el estudio de los ajolotes, también es un ejemplo para ella. «Es española, es joven, es mujer y está luchando cada día por el grupo. Yo soy su primera estudiante de doctorado y me inspira muchísimo. He tenido una suerte increíble, porque tener una supervisora muy presente como ella es más una excepción que la regla», agradece.
Por eso a ella le gusta animar a los escolares a no renunciar al mundo de la investigación si realmente les atrae. «Hay muchos caminos para llegar. La motivación es lo que marca la diferencia. Lo único que te ayuda a seguir en los días difíciles es que te guste lo que haces. En España nos infravaloramos muchas veces, pero hay universidades muy buenas y hay muchísimos españoles trabajando en otros países, por ejemplo, en nuestro instituto», destaca.
Lydia también agradece el apoyo de sus padres, que siempre la han animado a perseguir sus sueños desde que salió de Vigo para estudiar la carrera en Manchester. Es «muy familiar» y le gustaría regresar en algún momento a España, pero, a sus 25 años, cree que todavía le queda por delante alguna experiencia más en el extranjero.
«Ahora mismo tengo todas las opciones abiertas», reconoce, «me quedaré unos meses en el laboratorio después de defender la tesis en 2026, y después quizá sería el momento de intentar ir a otro país para ganar el máximo conocimiento en laboratorios diferentes antes de volver a España. Y me gustaría continuar con la regeneración del sistema nervioso y moverme un poco más hacia el cerebro».
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