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50 años de la muerte de Franco

Carmen Polo, «La Señora» del régimen

Carmen Polo, esposa de Franco, acumuló un gran poder y una gran riqueza.

Carmen Polo, esposa de Franco, acumuló un gran poder y una gran riqueza. / FDV

Marta López

Carmen Polo (Oviedo 1900- Madrid 1988) fue más que la esposa de Francisco Franco. Fue La Señora, y así se la llamaba en los círculos próximos al régimen, donde era común la frase «más vale tener contenta a La Señora», lo que traducía el gran poder que ostentaba y el temor que infundía por su fuerte carácter, dentro y fuera del Palacio del Pardo, pese a no tener papel insitucional alguno. Tanto mandaba y tan grande era la influencia que ejercía sobre su marido que los historiadores le atribuyen el nombramiento de Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno tras el asesinato de Luis Carrero Blanco.

Pero La Señora también era conocida a nivel popular como La Collares, por su apego al lujo y a las joyas llamativas, especialmente los collares de perlas de varias vueltas, con los que solía aparecer siempre en público, aun en los años de miseria y hambre que siguieron a la Guerra Civil. Junto con las joyas, que raramente pagaba –cuentan que los joyeros la temían–, las obras de arte, las antigüedades y los perfumes caros eran sus otras pasiones, propias de una mujer nacida en el seno de una familia asturiana de rancio abolengo a la que no gustaba su noviazgo con un oficial que se fogueaba en la guerra de Marruecos. Le llamaban El Comandantín, aunque realizaba una carrera militar fulgurante.

Se casaron en 1923 y en 1926 nació la única hija del matrimonio, Nenuca o Carmencita. Madre e hija se trasladaron a Francia durante la Guerra Civil y volvieron, con Franco ya convertido en Caudillo, para residir en el Palacio Real de El Pardo. Católica ferviente, asistía a misa diaria en la capilla privada y convirtió a la Iglesia en uno de los pilares del régimen. Beata como ninguna, era el modelo de mujer que promovía el franquismo: devota, sumisa al marido y entregada al cuidado del hogar y la familia.

Carmen Polo participaba en actos oficiales y religiosos, mientras se implicaba en actividades benéficas ligadas al catolicismo y velaba por la familia: una hija y siete nietos que se comportaban como si de una familia real se tratase. Participó en los planes para casar a su nieta mayor, la nietísima, Carmen Martínez-Bordiú, con Alfonso de Borbón, quizá con la esperanza de convertirla en reina de España ya que este –bisnieto de Alfonso XIII– era heredero legítimo también de la Corona. Sabido es que le costó aceptar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor del dictador y que solo lo hizo por lealtad a su marido.

Fue Juan Carlos quien al morir Franco y ya coronado como rey concedió a su viuda el título nobiliario de Señora de Meirás, una forma de reconocerla como viuda del jefe del Estado con título vinculado al Pazo de Meirás, que fue la residencia veraniega de la familia. Bajo su nueva condición de Grande de España, abandonó el Palacio de El Pardo (el Monarca lo quiso recuperar para Patrimonio Nacional) a las pocas semanas de morir el dictador, no sin antes expoliar parte del mobiliario y objetos de valor y llevarlos a sus residencias privadas. Se mudó a un amplio y lujoso piso en el barrio madrileño de Argüelles, donde vivió hasta su fallecimiento a los 87 años de su extenso patrimonio y de una pensión vitalicia equivalente al sueldo de un ministro, aprobada por decreto por el Consejo de Ministros «en atención a los servicios prestados». La ley de memoria histórica despojó a sus herederos de todos los títulos nobiliarios y de algunas de las propiedades adquiridas irregularmente.

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