Entrevista | Vicente Vallés Periodista y escritor
«Estamos entre la guerra fría y la Tercera guerra mundial»
«Por suerte es un tipo de guerra menor que la nuclear o la II Guerra Mundial». «A Putin ya lo conocemos y lo tenemos controlado; a Trump no lo podemos considerar un aliado firme»

Vicente Vallés, periodista y autor de novelas de espías. / Espasa
Lleva tres décadas siendo uno de los rostros de referencia de los informativos de televisión, ahora en Antena 3 y con anterioridad en TVE, Telecinco y Telemadrid. Periodista, analista político y autor de los ensayos «Trump y la caída del imperio Clinton» y «El rastro de los rusos muertos», hace tres años se estrenó en la ficción con la novela de espías «Operación Kazán» y ahora continúa en el género con «La caza del ejecutor» (Espasa).
– ¿Qué le ofrece escribir novelas que no le dé analizar la geopolítica o estar enganchado al mundo de la actualidad como periodista?
– Me ofrece una vía alternativa de contar las cosas, porque en realidad tanto «Operación Kazán» como «La caza del ejecutor», siendo novelas de ficción, no dejan de tener mucha base de acontecimientos reales. De manera que ahí hago una mezcla entre lo que es el trabajo puramente periodístico con lo que es el trabajo puramente de ficción. Por decirlo de alguna manera, son la realidad de las noticias novelada.
– En «La caza del ejecutor» sitúa la amenaza de una posible invasión rusa en un punto caliente, el corredor Suwalki. ¿Se ve presentando una noticia semejante de una acción militar rusa en ese escenario?
– De hecho hace como un mes y medio –ya la novela estaba publicándose– hubo un ensayo militar ruso justo en esa zona, lo cual me sorprendió un poco por lo sensible que es ese territorio fronterizo tanto para Occidente como para Rusia, que lo que quiso hacer ahí es otra más de las muchas provocaciones que está realizando con los lanzamiento de drones y sobrevuelos de los cazas por territorio europeo. Si la novela no hubiera estado terminada ya, hubiera incluido ese ejercicio militar en ella porque me hubiera venido perfecto para la ficción que estaba narrando.
– Demuestra muchos conocimientos sobre escenarios que describe, métodos de trabajo, armas, artefactos. ¿Cómo se ha documentado para dar verosimilitud a un mundo secreto, como es el de los servicios de inteligencia?
– Cuando empecé a escribir era muy difícil tener contactos con los servicios de inteligencia, empezando por el CNI, que estaba mucho más cerrado. Pero ya ha habido una cierta apertura y los contactos que he ido estableciendo a lo largo de diez años escribiendo sobre este tipo de temas me han permitidotener un acceso más fluido a determinadas personas que podían ofrecer una parte de mi información.
– Los que sí guardan similitud con los personajes reales son sus presidentes ruso, Karlov, y americano, Banks, con Putin y Trump. ¿Diría que ambos personajes reales parecen sacados de una novela de espías?
– Sí, sin duda, son el reflejo de la realidad que vivimos estos días, la realidad de dos presidentes con sus características tan particulares ambos y su influencia, lógicamente, en las cosas que pasan en el mundo, aunque ya no son los únicos, ahora, y así lo reflejo en la novela, se incluye el elemento chino, y es que ya no se puede hablar de lo que pasa en el mundo sin tener en cuenta la posición de China.

Vicente Vallés, periodista y autor de novelas de espías. / Espasa
– ¿A quién debemos temer más: a Trump o a Putin? ¿O tal vez a China?
– Es complicado tomar una decisión sobre eso. Creo que al menos Putin (Rusia) siempre ha sido así y lo tenemos controlado. Por el contrario, Trump nos tiene que preocupar mucho porque se supone que es nuestro aliado y en este momento es un aliado muy peculiar, tan peculiar que no siempre podemos considerar que sea un aliado o no al menos un aliado firme. Ya se ha cumplido un año de las elecciones, ya conocemos bastante sobre su forma de actuar y los líderes occidentales van aprendiendo cómo tratar ese asunto.
– ¿Considera que el trumpismo, que otros mandatarios imitan, ha llegado para quedarse como modelo de gobernar?
– No creo que haya llegado para quedarse eternamente, sino para estar una temporada larga que pudiera acabar en las próximas elecciones americanas. Esa temporada se inició en las elecciones del año 2016 –el trumpismo no se terminó con la llegada de Joe Biden al poder durante cuatro años, siguió vivo–, con lo cual ya tiene un margen de duración de prácticamente diez años. Va a durar por lo menos tres años más, pero la política en los países democráticos suele ser muy pendular y tenemos aquí el ejemplo en España: hace diez años el péndulo del extremismo hizo que las personas muy enfadadas votaran a una formación como Podemos y ahora los españoles muy enfadados están votando a Vox. De manera que no sería descabellado que en Estados Unidos ocurriera algo parecido, durante diez años ha habido una fuerte propensión a votar a alguien como Donald Trump y de repente puede haber un golpe de péndulo que produzca un crecimiento de posiciones contrarias. El ejemplo del nuevo alcalde de Nueva York es muy claro: es un personaje que está en las antípodas de Trump.
– Una de sus protagonistas es una espía del CNI que actúa de enlace con la CIA, ¿considera que España juega un papel protagonista en la política mundial o es una licencia literaria?
– Pues todo a la vez, en realidad, porque muchas veces tendemos a minusvalorar nuestras propias capacidades y España tiene unos buenos servicios de inteligencia. Puedo asegurar que el servicio de extranjería español es muy tenido en cuenta en determinados ámbitos porque consigue informaciones que, por ejemplo, ni la CIA puede conseguir ni tampoco los servicios británicos, y esa información se intercambia entre los servicios aliados. Pongamos por caso la información de inteligencia sobre el terrorismo yihadista, que es un problema no solo de España, sino de todos los países occidentales. En la guerra de Irak y en Afganistán ya ha habido colaboración sobre el terreno y España, por ejemplo, ha dado información a la CIA sobre un posible ataque contra el cuartel general de la CIA en Bagdad.
– ¿Considera que ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, a las puertas o en una etapa más parecida a la Guerra Fría?
– Estamos en una mezcla entre guerra fría, que ciertamente la hay, y lo que podríamos considerar una guerra de otro tipo, lo que los expertos suelen calificar como guerras híbridas. En un capítulo de «La caza del ejecutor» pongo en boca de uno de los personaje una explicación sobre esto. Él dice: «Es posible que estemos en la Tercera Guerra Mundial y no nos hayamos dado cuenta». Porque la Tercera Guerra mundial es muy posible que no sea ni una guerra nuclear ni tampoco una guerra al estilo de la Segunda Guerra Mundial, sino una guerra de sabotajes, de ciberataques, de amenazas, como se están produciendo en estos días, de drones rusos sobrevolando aeropuertos e instalaciones militares en Occidente, de aviones de combate rusos que sobrevuelan una isla de Noruega, de injerencia política como se produjo en las elecciones americanas del año 2016 en favor de Trump. Entonces, eso podría ser si queremos calificarlo así, una Tercera Guerra Mundial de otro tipo, por suerte de un tipo menor comparado con lo que podría ser una guerra nuclear y por supuesto con lo que fue la Segunda Guerra Mundial. Si lo analizamos con un cierto optimismo, es, dentro de la mala noticia, una buena noticia que sea así.
– ¿De dónde viene su pasión por la novela de espionaje y en qué momento considera que se encuentra el género?
– Está en un momento un poquito extraño, seguramente no en su mayor auge, que fue sin duda la Guerra Fría, los años 50, 60, 70, 80 y 90, esa época en la que la novela de espías vivió su máximo esplendor con autores tan importantes como John le Carré o Frederick Forsyth, a los que yo me aficioné mucho precisamente en mi adolescencia cuando empecé a leerlos. En buena medida mis novelas de ahora son casi un homenaje a estos grandes autores que me lo hicieron pasar tan bien y de los que aprendí tanto, porque ellos también hacían la mezcla de ficción y de realidad en sus novelas. La novela de espías tuvo un decaimiento con la caída de los regímenes comunistas del Este de Europa y de la Unión Soviética, parecía que ya no iba a haber más Guerra Fría ni más tensión entre Occidente y Rusia, pero eso se ha revitalizado en los últimos diez años, aproximadamente, y ciertamente ahora vuelve a haber mucha materia prima para poder elaborar tanto realidad como ficción.
– ¿Tiene algún escritor español como referente?
– En el ámbito de la novela de espionaje no, porque no es un género que aquí se haya desarrollado mucho. Sí he leído muchos thrillers que no son directamente de espionaje y novelas de suspense. Mi referente, el que me ha hecho disfrutar mucho leyendo y con el que aprendí cuando era muy jovencito es Eduardo Mendoza. Recuerdo con pasión cuando leí «La verdad sobre el caso Savolta», aquel libro me abrió las puertas de la literatura.
– Una de las cosas que muestra Trump es su deprecio por el periodismo, su gusto por comunicarse con el mundo a través de las redes sociales y su afición a fomentar la desinformación. ¿Qué papel nos queda jugar a los periodistas en un escenario con tanto ruido?
– La tarea periodística no ha variado desde que se inventó, lo que ha variado es la tecnología aplicada a nuestra labor. Lógicamente no trabajamos los periodistas ahora igual que se trabajaba hace dos siglos, pero la idea siempre es la misma, es enterarnos de las cosas que pasan y contárselas a la gente para que pueda tomar sus propias decisiones. El trabajo periodístico contra la desinformación es precisamente seguir informando porque los medios tradicionales de información, la radio, la prensa y la televisión siguen haciendo muy buen trabajo; lo que se lee, ve o escucha en los medios de comunicación siempre está realizado por periodistas profesionales y ese trabajo va a seguir siendo fundamental en el futuro.
– A los periodistas nos acusan en ocasiones de aplicar a las noticias el sesgo que imponen las empresas para las que trabajamos, y de autocensurarnos. ¿Se ha autocensurado alguna vez o justifica la autocensura en alguna ocasión?
– Esto del sesgo ideológico me llama mucho la atención, porque lo que diferencia las democracias de las autocracias es precisamente que en las democracias se puede tener diferentes opiniones. Hay ocasiones en las queescucho la crítica de que cada medio cuenta las noticias de manera diferente, yo entiendo que eso no puede ser una crítica, sino que es una alabanza de nuestro trabajo, porque los países en los que todos los medios de comunicación cuentan las noticias de la misma manera son dictaduras. Respecto a la autocensura, depende de lo que entendamos por ese concepto: si es «no voy a contar esto porque puede acarrearme consecuencias» es una mala autocensura, pero si tú llegas libremente a laconclusión de que determinado dato puede ser innecesario porque podría perjudicar a alguna persona en concreto sin relevancia pública yo no lo entendería como autocensura, sino simplemente es proteger a personas que no tienen por qué salir perjudicadas.
– ¿Cómo le transforma a uno ser periodista mediático, expuesto al público más que otros colegas?
– Es parte del trabajo, no necesariamente la más cómoda siempre, igualmente yo estoy muy agradecido a la amabilidad de mucha gente que me para en la calle para felicitar por el trabajo que hacemos en la televisión, de la misma manera que a veces me gustaría pasar desapercibido, pasear tranquilamente por la calle y que nadie te conociera.
–¿Cómo llevan en casa la guerra de audiencias al estar su mujer, Ángeles Blanco, en un canal de la competencia?
– En casa hablamos de las cosas de casa, de nosotros, de nuestro hijo y no nos paramos a hablar del trabajo.
– Usted es seguidor acérrimo del Atlético de Madrid. ¿Considera que Simeone tendría un buen futuro en la política?
– Simeone es un personaje para la gente del Atlético muy popular y seguramente más allá de lo que es el fútbol pudiera provocar que mucha gente decidiera votar a alguien de ese estilo, el de ser una persona muy directa, hablar con mucha claridad, ser muy pasional en las cosas que hace, las cuales son características que suelen ser atractivas para el electorado. Lo veo, pero me extraña que lo vaya a hacer porque yo creo que está muy a gusto donde está y los atléticos estamos muy a gusto con que él esté ahí.
«Ya puedo desmentir que vaya a ganar el Premio Planeta el año que viene porque tendría que escribir una novela de aquí a octubre y no me da tiempo»
– Tras haber ganado el Planeta rostros populares del grupo mediático para el que trabaja, como Sonsoles Ónega y Juan del Val, hay quien le sitúa a usted en las quinielas para recoger el próximo premio. ¿Se ve recogiéndolo?
– Ya puedo desmentir que vaya a recoger el premio Planeta el año que viene, porque para eso hay que escribir una novela de aquí a octubre del año que viene y no estoy a tiempo. Lo veo imposible.
– ¿Y en próximas ediciones?
– No, yo no me pido ese papel, la verdad. Se me hace muy cuesta arriba pensarlo. Ganar el Planeta es complicadísimo y ni me he parado a pensar en ello.
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