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Mujeres fuera de serie

Antía Lamas, una exploradora en la era cuántica

Desde su fascinación por “ver la física en acción” hasta liderar el Centro de Redes Cuánticas de Amazon Web Services, la física santiaguesa Antía Lamas ha recorrido un camino brillante entre Oxford, California, Singapur y Seattle. Experta en óptica cuántica, impulsa desde la investigación aplicada una tecnología llamada a transformar la comunicación del futuro

Antía Lamas, en su casa en Bainbridge Island, donde trabaja con múltiples equipos de Amazon distribuidos por todo el mundo

Antía Lamas, en su casa en Bainbridge Island, donde trabaja con múltiples equipos de Amazon distribuidos por todo el mundo / FDV

Amaia Mauleón

Amaia Mauleón

Cuando Antía Lamas (Santiago, 1976) descubrió durante la carrera que existía algo llamado «óptica cuántica» que le permitía, literalmente, «ver la física en acción», no dudó que había encontrado la senda para adentrarse en fenómenos fascinantes que no se quería perder. Siguiendo este camino, la física gallega lleva años trabajando por todo el mundo en los más prestigiosos equipos que investigan esta tecnología que promete liderar la próxima revolución tecnológica y acceder a dimensiones hasta ahora desconocidas. Actualmente, es la responsable del Centro de Redes Cuánticas de Amazon Web Services (AWS), un centro pionero y protagonista en estos cambios.

La curiosidad de Antía por la tecnología la lleva inscrita en los genes. Sus padres, ambos economistas y de Vigo, fueron los primeros en inocularle esa atracción, primero a través de libros de ciencia ficción y matemáticas recreativas y, también, enseñándole a entender y utilizar una cámara réflex. «Siempre me gustó la ciencia, aunque al principio soñaba con ser veterinaria. Poco a poco ese interés se fue orientando a las matemáticas y, tras leer A Short History of Time de Stephen Hawking, a la física», explica.

Estudió Física en Santiago, contando siempre con el apoyo de su familia. «Por desgracia, mi padre se puso enfermo teniendo yo 11 años y falleció tres después, así que nunca llegó a ver a lo que me dediqué y la influencia que él tuvo en esa decisión», lamenta.

La carrera era mayoría masculina, pero no por mucha diferencia: «Creo que éramos un 40% mujeres y no sentimos diferencias de trato respecto a nuestros compañeros», asegura. Confiesa que los estudios en aquel momento eran muy difíciles. «Muchísima gente lo dejaba y, personalmente, fue la primera vez que tuve dificultades, una experiencia nueva después de siempre haber tenido muy buenas notas, pero era una experiencia compartida», dice.

A pesar de todo, el estudio no le decepcionó. «Pronto me intrigó mucho la óptica. Me encantaba que, literalmente, puedes ver la física en acción y está llena de fenómenos fascinantes. Cuando descubrí la óptica cuántica me pareció algo increíble y ahí empezó mi orientación a lo que hago ahora», resume.

También la pasión por descubrir otros mundos le viene a la gallega de familia, ya que cuando tenía 4 años sus padres consiguieron ambos una beca Fullbright y la familia entera se mudó a Estados Unidos durante dos años. «Allí aprendí inglés y, para desesperación de mis padres, me olvidé del español. Cuando volvimos a Galicia, me llevó algo de tiempo recordar el idioma y, para compensar, me olvidé del inglés y no lo recuperé hasta muchos años después», cuenta riendo.

Ella también supo desde muy pronto que no quería estar siempre en el mismo sitio. «Quizá influida por la experiencia de mis padres, quería saber cómo se hacían las cosas, cómo se investigaba, en otros países», justifica.

Una beca Erasmus en Sheffield, Inglaterra, fue su primer destino. «Tras pasar un año allí, mi objetivo era seguir en Inglaterra e hice un máster en óptica aplicada en el Imperial College de Londres. Cuando llegó el momento de realizar el proyecto de máster, me dieron la opción de hacerlo con un grupo nuevo trabajando en óptica cuántica en Oxford y no lo dudé. Después de un par de meses en el proyecto, el jefe de grupo me ofreció hacer un doctorado financiado por ellos y así acabe en Oxford».

El trato igualitario cambió durante el doctorado: «Cuando llegó el momento de mandar mi primer artículo a una revista, mi supervisor me pidió que lo firmase solo con la inicial de mi nombre para que el ser mujer no influyese la posibilidad de que lo publicaran. Fue mi primer contacto claro con el trato distinto por ser mujer», afirma.

La experta advierte que la Física ha sido y sigue siendo muy masculina, «más en el extranjero que en España y sobre todo en física experimental, donde somos poquísimas mujeres. Curiosamente es en el sur de Europa, en España, Italia, Grecia y Portugal donde hay más mujeres implicadas», cuenta.

Tras Inglaterra, el periplo de la experta gallega ha sido largo y variado: desde Santa Bárbara (California) a Singapur, pasando por Boulder (Colorado), Austin (Texas) y, en estos momentos, reside en Seattle (Washington). «Singapur me marcó especialmente y todavía tengo muchos contactos allí. Intento ir al menos una vez al año para conectar con amigos y colegas profesionales», afirma.

De la investigación puramente académica, Antía dio el salto a una faceta más práctica. «Me encanta la investigación, pero llegó un momento en que me generó frustraciones. El tipo de cosas que quería hacer, como perfeccionar el diseño de un aparato de comunicaciones cuánticas, no son las que se valoran en ese mundo porque no son suficientemente ‘científicas’ y se consideran ingeniería. Empecé trabajando en el National Institute of Standards and Technology, un laboratorio nacional en EEUU. Me encantó la experiencia y supe que iba por buen camino», explica.

La maternidad y la investigación en estos niveles no son dos conceptos fácilmente compatibles. La gallega se casó con un coruñés, también físico, y tuvieron dos hijos, ahora de 11 y 13 años. Al nacer el primero, Antía decidió tomarse dos años para centrarse en su crianza. «Mi marido trabaja en temas de Inteligencia Artificial y supercomputadores y ha sido complicado compaginar las dos carreras, sobre todo estando lejos de nuestras familias, pero no es imposible. Para nosotros la clave ha sido la flexibilidad y el compromiso», indica. «Los dos viajamos bastante y tenemos muchos compromisos así que en distintos momentos cada uno ha renunciado a aspectos profesionales para mantener un equilibrio compatible con nuestra familia», añade.

La vuelta al mercado laboral no fue sencilla. «Empecé trabajando en un centro de supercomputación y al cabo de unos años me uní a una startup que habían iniciado mis ex estudiantes de Singapur. Fue un proyecto increíble y que todavía está en marcha: se trataba lanzar un satélite comercial orientado a la comunicación cuántica», describe.

Experimento de comunicación cuántica en el Gran Cañon del Colorado junto a Christian Kurtsiefer.

Experimento de comunicación cuántica en el Gran Cañon del Colorado junto a Christian Kurtsiefer. / FDV

Con la llegada de la pandemia la colaboración a distancia se complicó y fue en ese momento en el que la llamaron de Amazon Web Services (AWS) para proponerle iniciar el proyecto de redes cuánticas. «Estamos intentando ver cómo las tecnologías de comunicación cuánticas que ya están a nivel comercial se pueden integrar técnicamente en la infraestructura en la nube. En paralelo, trabajamos con los clientes de AWS para entender qué necesitan en su proceso de integración de tecnologías cuánticas», describe.

Como líder de equipos, la gallega asegura que siempre busca gente que sea capaz de colaborar entre ellos. «El talento personal es importante, pero si la persona no puede contribuir a un ambiente constructivo, es una ventaja a muy corto plazo. La experiencia me dice que la mejor forma de conseguir esto es crear equipos diversos con profesionales de distintos orígenes. Funcionamos mejor cuando no todo el mundo esta cortado por el mismo patrón», afirma.

Con su grupo de investigación en el Vigo Quantum Communications Center (de izq. a dcha., Davide Rusca, Alvaro Magdalena, Lukas Tiefenhaler, Hannah Thiel).

Con su grupo de investigación en el Vigo Quantum Communications Center (de izq. a dcha., Davide Rusca, Alvaro Magdalena, Lukas Tiefenhaler, Hannah Thiel). / FDV

Aunque su vida ya está hecha al otro lado del Atlántico, Antía está muy atenta al trabajo que se hace en España y, sobre todo, en su Galicia natal. «Soy investigadora invitada en el Vigo Quantum Communications Center (VQCC), de la Universidad de Vigo, donde se está haciendo investigación puntera en comunicaciones cuánticas. Galicia está muy bien posicionada en tecnologías cuánticas y ya tenemos una buena masa crítica de investigadores. Además, el Centro de Supercomputación de Galicia (CESGA), en Santiago, tiene uno de los pocos computadores cuánticos disponibles para investigadores en Europa. La Universidad de Santiago tiene un máster en tecnologías cuánticas que está educando a toda una generación de estudiantes y todo esto crea un ecosistema que se autorrefuerza y hace que la investigación y el desarrollo se aceleren aprovechando al máximo las inversiones», considera la experta.

En su escaso tiempo libre, Antía confiesa que le encanta «jugar» con la tecnología: «Mis hijos se ríen de mí porque últimamente me divierto con impresoras 3D. A veces las compro rotas para desmontarlas y, con suerte, arreglarlas», ríe. Pero también disfruta de la naturaleza, del comer bien, probando cocinas de todo el mundo, de la lectura y de los deportes acuáticos de aventura «¡Lo que me falta es tiempo!», concluye.

Las pioneras Lise Meitner, la física que partió el átomo

Lise Meitner.

Lise Meitner. / FDV

En una época en la que las mujeres apenas podían acceder a los laboratorios, Lise Meitner (1878–1968) se abrió paso a base de talento y tenacidad. Austriaca de nacimiento y apasionada por la ciencia desde niña, fue la primera mujer catedrática de Física en Alemania y una de las mentes más brillantes del siglo XX. Junto a Otto Hahn descubrió la fisión nuclear, el proceso que permitiría liberar la energía del átomo. Pero mientras Hahn recibió el Nobel, Meitner fue injustamente olvidada, aunque fue ella quien dio la explicación teórica desde el exilio, aplicando los principios de la física cuántica.

Judía, pacifista y pionera, Meitner huyó del nazismo para continuar investigando en Suecia. Siempre fiel a su ética: se negó a participar en el desarrollo de la bomba atómica. Einstein la llamó «la Marie Curie alemana», y hoy su nombre brilla en la tabla periódica: el Meitnerio (Mt).

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