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El regreso a la zona de guerra de Miguel de la Fuente

Haití, Sarajevo, Afganistán, Ucrania... Miguel de la Fuente (Ourense, 1961) se llama @MDFzonacaliente en X por algo: ha sido cámara de TVE en las zonas más calientes del planeta. Ahora, ya retirado, da clases en las universidades Complutense y de Alcalá, colabora en RNE y sigue actualizado viajando a Ucrania. Ya ha estado cerca de una decena de veces, y del último viaje volvió hace unas semanas. Cuenta que nadie se mueve en las líneas de combate por temor a los enjambres de drones guiados por IA. El foco informativo se ha desplazado a Gaza, y los pocos periodistas que hay corren el riesgo de que los mate un dron ruso, como el francés Antoni Lallican. El pueblo, con sus jóvenes al frente, resiste en una guerra que saben que es existencial para Ucrania.

Miguel de la Fuente nos enseña la situación en la que se encuentra Ucrania

Emilio C. Colero

Texto: Miguel de la Fuente | Fotos: Emilio C. Colero

A 4 horas en vuelo desde Barcelona se encuentra Moldavia, una exrepública soviética que, tras el desmembramiento de la URSS, declaró su independencia en 1991 y comenzó su periodo de consolidación democrática. Hoy tiene un gobierno proeuropeísta liderado por Maia Sandu, es el mismo gobierno que al dia siguiente de mi llegada a Chisinau (camino de Ucrania), se pone a prueba con unas nuevas elecciones parlamentarias que no solo deciden el futuro de Moldavia, también el de Ucrania, puesto que, de ganar el parlamento la coalición prorrusa en Moldavia, Ucrania tendría un nuevo frente.

En el interior de Moldavia sigue existiendo una región prorrusa, Transnistria, con un gobierno separatista de facto y que mantiene en torno a 1.500 efectivos de fuerzas rusas.

Por suerte para Ucrania, Moldavia seguirá manteniendo por ahora la línea proeuropeísta al revalidar la mayoría en su parlamento el PAS, Partido de acción y Solidaridad.

En medio de este movimiento político en el oeste de Ucrania, llegamos a Odesa. Salimos del aeropuerto de Chisinau, cruzando la frontera por Palanca en un microbús, para evitar largas colas en la aduana. El primer control, y registro de maletas del lado ucraniano, lo hizo una joven, que ni siquiera llegaría a los 20 años, vestida con traje de camuflaje con la gorra militar y el parche del tridente como símbolo nacional. Ella y su juventud fue el primer indicativo de cómo están las fuerzas militares ucranianas.

Minutos de silencio

Activistas en un minuto de silencio a las 9.00 en Kharkiv y por la liberación de los prisionereso de Azovstal

Emilio C. Colero

Desde el año 2022, en que se produce la invasión a gran escala, todos los días, y por decreto, a las 9 de la mañana en toda Ucrania, se celebra un minuto de silencio, es fácil darse cuenta si estás a esa hora en un lugar emblemático, como por ejemplo, en la plaza de Maidan en el centro de Kiev, en donde suena en ese momento el himno nacional por los altavoces. Pero en sitios más pequeños, como en cruces de calles de los barrios de las ciudades del país, después de 4 años de guerra se nota el hastío, y por eso acompañamos a un grupo de activistas que por un momento dejan sus trabajos y se juntan en algún punto de la ciudad, con el fin de desplegar las banderas ucranianas y parar el tráfico, como símbolo de recuerdo y de unidad durante esos 60 segundos. Uno de los activistas, Konstantin, de 23 años, que hace un año perdió a su hermano de 21 en Lugansk y nos dice que «a todos nos hace bien juntarnos para recordar nuestras pérdidas».

Y de recordar también se trataba una carrera popular organizada en la entrada del estadio de fútbol de Odesa, protagonizada por familiares de militares y veteranos heridos de guerra, más de mil personas con el nombre pegado al pecho de cada una de las poblaciones tomadas por Rusia, desde el comienzo de la invasión. Corrían un sábado recordando a los caídos en el frente, y acompañando a aquellos que participaban en silla de ruedas, con algún miembro amputado por esta guerra.

Carrera popular de veteranos celebrada en Odessa

Emilio C. Colero

Pero hay una parte de la población que intenta normalizar la vida, y al día siguiente nos esperaba la ópera de Odesa. Se presentaba la web digital: a partir de ahora la ópera y sus funciones (continúa con sus representaciones) podrían ser consultadas en todo el mundo y el Teatro Nacional Académico de Opera y Ballet de Odesa, ser visitado digitalmente. Una joya arquitectónica del Mar Negro, barroco vienés, neorrenacimiento y rococó, con una fachada increíble en la que figuran bustos de Beethoven, Pushkin, Glinka y Griboyédov, restaurado en varias ocasiones, incluso después de la invasión por ataques cercanos.

Hoy los ataques eran de agua, había comenzado a llover en Odesa como si no hubiera un mañana. Las calles se convirtieron en ríos que inundaron la parte baja de la ciudad y al final del día llegaron a 9 las muertes causadas por la tormenta. Era el primer día de octubre, y aunque las lluvias en esta época son normales, la intensidad con la que caía me recordaba la dana que asoló la Comunidad Valenciana en España. Una tristeza más, en este país donde todo suena y resuena a catástrofe desde hace años y, por mucho que su población quiera escapar de esa idea, la idea persiste y es machacona, cada día, cada hora…

Viajero al tren

En un tren litera, como aquellos que, en otra época, daban servicio en España, salimos de Odesa en dirección a Járkiv, 12 horas de viaje para cubrir una distancia de 700 km. La UZ (empresa estatal de ferrocarriles) ha reorganizado una y otra vez su red manteniendo los servicios bajo los bombardeos rusos. El ferrocarril ha sido el cordón umbilical para el éxodo de los refugiados y para la evacuación, sobre todo de poblaciones del este y sur del país. Su papel ha sido enorme, sin precedentes en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. En la estación de Járkiv nos estaba esperando Iván, un joven de 19 años, de casi dos metros de altura, perteneciente al servicio de comunicación del ejército, que también acababa de llegar, en otro tren procedente de Hostomel, una población a las afueras de Kiev, la capital de Ucrania. El trabajo de Iván era acompañarnos al frente de Járkiv como PIO (Press Information Officer) y en una furgoneta de transporte llegamos a Izium, una población fuertemente castigada por estar en mitad del camino entre el Donbás y Járkiv. Al mes del comienzo de la invasión fue tomada por los rusos y 6 meses después de nuevo recuperada por Ucrania. Hoy más del 80 por ciento de sus edificios están destruidos, y el 50 por ciento de su población, desplazada. La primera línea de frente está a unos 30 kilómetros. Nosotros pretendíamos llegar lo más cerca posible y cubrir sus operaciones, y así nos acercaron a 10 km del frente, a una de las múltiples casas de campo diseminadas por la región, sin agua y sin electricidad, pero que dan cobijo para el descanso de los soldados cuando no están inmersos en operaciones. Allí pasamos la noche con una unidad especializada en drones que a la mañana siguiente veríamos en acción. «Ya no es posible acercarse mucho más, tenemos que movernos solo con drones. Los blindados hace mucho que no se mueven por el frente. Están, pero ocupan posiciones escondidas y se mueven lo mínimo», nos diría el jefe de la unidad.

Miguel de la Fuente sigue contandonos su periplo en un tren de literas

Emilio C. Colero

La casa, aunque carecía de los servicios mínimos, tenía una red Starlink estupenda. En estas zonas no se pueden utilizar los teléfonos, su señal GPS es fácilmente detectable, por lo que hay que ponerlos en modo avión y conectarlos vía wifi y con una clave a la pantalla Starlink, y a partir de ahí navegar a gran velocidad.

A las 6 de la mañana comenzaron a entrar mensajes y no había buenas noticias. Los rusos, con un dron FPV habían atacado en el Donbás a un coche con periodistas, provocando la muerte al fotoperiodista francés Antoni Lallican, y heridas de gravedad al fotógrafo ucraniano Heorhii Ivanchenko. Las órdenes del mando, a esa hora, ya eran muy claras: se suspendían, de forma inmediata, todas las actividades relacionadas con periodistas. Las órdenes estaban dadas y nos tuvimos que volver a Izium, en donde pudimos entrevistar a Olexander, subcomandante de apoyo psicológico de los militares de la tercera brigada, es decir, el responsable de la motivación, de su conciencia ideológica y de sus valores. «Mi labor es –nos decía– explicarles qué hacer cuando se sienten cansados de esta guerra; explicarles por qué debemos luchar a través de la fuerza. Tienen que interiorizar que hay compañeros que resultan heridos, que otros mueren, y aun así, ellos tienen que dar el máximo de sí mismos. Nuestra lucha es continua, es una guerra existencial. Las vidas de los ucranianos están ahí, en Kramatorsk, en los estuarios de Borovaya o en Donetsk. Esos territorios son por los que lucharon nuestros antepasados, son históricos, son tierras ucranianas bajo el derecho internacional de Ucrania. Por lo tanto, todo tiene sentido».

Y con unos cuantos reportajes y estas palabras, comenzamos el camino de regreso y de nuevo en Járkov, ya en el hotel, retiramos las mosquiteras de las ventanas con el fin de que no nos impidiesen ver cualquier escena que esa noche se produjese en la lejanía. E hicimos bien: los bombardeos comenzaron sobre las 9 de la noche y durante una hora, cada cuatro o cinco minutos, el horizonte resplandecía, marcándonos el contraluz del campanario de la catedral de la Asunción, y un ruido atronador, después del retardo correspondiente. Esperábamos ver el desastre por la mañana, ya que a partir de las 12 de la noche había toque de queda hasta las 5 de la mañana y en la mayoría de las calles era imposible moverse por falta de luz. A primera hora de la mañana quisimos localizar el lugar que había sido bombardeado y no había información. Ni en Telegram siquiera se veía nada de información sobre los bombardeos de Járkov la noche anterior. Estaba claro que los drones y misiles habían tenido que caer en algún lugar estratégico, y así fue: se supo más tarde que la ciudad se había quedado al 40 por ciento de su capacidad eléctrica. Tardaron dos días en confirmar que centrales eléctricas habían sido dañadas.

El reportero de TVE Miguel de la Fuente cuenta con un mural en la ciudad de Odessa

Emilio C. Colero

Mis conclusiones

En todo el frente con Rusia, los movimientos militares están parados por el trabajo que están haciendo los drones. Ni siquiera ahora, en esta estación del año, con un terreno seco y duro, los blindados se mueven. La excepción es el corredor Konstantinovka, Dufkivka y Kramatorsk, donde se mantienen duros combates, con la intención rusa de terminar de conquistar el resto que le queda del Donbás para sentarse en una mesa de negociación y reclamarlo como territorio ruso, pero Ucrania no en absoluto está dispuesta a ceder esa parte de terreno.

Y mientras, uno y otro bando se envían misiles de largo alcance, Ucrania destruyendo plantas gasísticas y de combustible que abastecen a las tropas rusas, y Rusia destruyendo las principales centrales eléctricas, intentando congelar a la población ucraniana, antes del invierno, para hacer insoportable la vida de los civiles.

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