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Los viejos oficios: Zeltia Rodríguez Sedes, artesana textil

Bordados de identidad

Zeltia Rodríguez teje un puente entre el pasado y el presente. En el taller coruñés que lleva su nombre reinventa la técnica ancestral del bordado al aire para convertirla en joyas y accesorios que conquistan corazones y pasarelas

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Hija de artesanos de larga y reputada carrera —sus padres son Xabier Rodríguez y Fina Sedes, creadores de Tapices Galicia—, Zeltia lleva el amor por lo hecho a mano en la sangre. Creció rodeada de hilos de colores y, tras estudiar diseño gráfico y vivir fuera un tiempo, regresó para encontrarse con una afición que le atrapó para siempre, convirtiéndose en pasión y profesión. Zeltia hace bordado al aire, una antiquísima técnica presente en la pasamanería del traje regional gallego, que ella reinventa en joyas y complementos que no conocen fronteras. Sus elaboraciones lucen en galas de premios, en arte y decoración, en desfiles y, por supuesto, en el día a día de todas las personas interesadas en sus creaciones.

Zeltia se enamoró de las pasamanerías que adornaban los trajes en una romería. Las telas con pequeños cristales se movían y brillaban bajo el sol. «Era algo hipnótico. Entonces decidí que quería saber todo sobre su historia y su técnica». No le resultó fácil pero tuvo la suerte de dar con Telly Misser, una maestra de estos adornos que hacía arte en cada puntada.

La creadora de Zeltia ao Aire vio que esta antigua labor tenía potencial y empezó a experimentar, «desgranando cada patrón» hasta que fueron surgiendo pulseras, pendientes, collares y un sinfín de piezas que ayudan a mantener viva una parte de la identidad gallega, que brilla allá donde va. Recientemente Lucía Veiga, nominada a Mejor Actriz Revelación en los Premios Goya 2025, se puso en contacto con Zeltia para llevar a la gala unos pendientes de su colección Alalá.

«Con cada obra me propongo retar los límites de su uso tradicional y transformar la pasamanería en joyas para disfrutar el día a día», explica Zeltia. Los materiales son clave en el proceso: patrón o plantilla del diseño de la pieza, almohadilla donde colocarla, alfileres sin cabeza, finos y cortos, agujas curvadas —así se manejan mejor los cristales checos, que se ensartan uno a uno— y colores simbólicos, especialmente negro tornasolado y claro de luna (gris metalizado), un tributo a la paleta gallega, aunque esta artesana incluye cualquier gama de colores si el cliente así lo desea.

Después se procede a colocar el soutache —la trenza decorativa plana y estrecha, un tipo de galón— y a coser y rellenar con el cristal checo —piezas hexagonales de apenas 2,5 milímetros— en el que es un largo proceso que supone también un diálogo con la historia.

Zeltia no solo crea, enseña. Imparte talleres semanales en A Coruña y, cuando surgen, en toda Galicia y en otras partes de España. También colabora con otros artesanos para integrar el bordado en plata, cuero, fieltro o cerámica, demostrando que la labor puede dialogar con otras disciplinas. «Enseñar la técnica es vital para que no se pierda», afirma Zeltia, que ha traído el bordado al aire a un presente y futuro brillantes. Su trabajo puede verse en zeltiaaoaire.com

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