De memoria
Republicanos vigueses, mártires de la guerra y la dictadura
La ciudad olívica, la primera de España en proclamar la Segunda República y alzar la bandera tricolor en 1931, sufrió una feroz y enconada represión que se prolongó hasta los últimos días del franquismo
José Ramón Cabanelas
Con la conmemoración este año 2025 del cincuenta aniversario del fin de la dictadura militar española, es grato recordar que a partir del año 1975 comienza en España el período de la Transición hacia la democracia, que culminará con la aprobación de la Constitución española en 1978. Un período en el que las elecciones generales de junio del año 1977 le devolvieron al pueblo la potestad para elegir libremente a los dirigentes políticos que constituirán las Cortes Generales, tal y como había sucedido por última vez en febrero de 1936.
Una anhelada recuperación de libertades y derechos fundamentales que, tras el golpe de Estado del mes de julio del año 1936 y la posterior guerra civil con más de 500.000 muertos, había sumido a España en una dictadura larga, violenta y represiva. Esta subversión militar dejaría a partir del año 1939, con la guerra ya finalizada y a través de juicios sumarios, un reguero sangriento de más de 50.000 fusilados siendo Galicia uno de los territorios más damnificados al encontrarse en zona “nacional” y no republicana.
Vigo, que ostentaba el privilegio de ser la primera ciudad de España que en 1931 había proclamado la República Española, sufriría esta agresión a la democracia de una forma más enconada ya que tan pronto estalló la guerra tanto su alcalde, Emilio Martínez Garrido, junto al de Lavadores, José Antela Conde, además de otros compañeros socialistas y sindicalistas vigueses como Ignacio Seoane, Enrique Heraclio Botana (fundador de la UGT), los hermanos Antonio y Demetrio Bilbatúa, Benito Cameselle, el maestro Apolinar Torres (presidente de la Casa do Pobo), Ramón González, Alfredo Costas, el médico Ubaldo Gil, José Mª Diéguez, Jesús Rodríguez y José Fernández Rey, serían fusilados en sucesivos días del mes de agosto de 1936 frente a las tapias del cementerio de Pereiró.
Tal y como dijo valientemente Enrique Heraclio Botana con las manos atadas a la espalda frente al pelotón de fusilamiento: “algún día el mundo conocerá el crimen que con nosotros se comete”, la sociedad actual con efemérides como esta tenemos la obligación de evocarlos y rendirles homenaje, pues fueron los héroes que, como tantos otros a nivel nacional, defendieron la democracia en España hasta las últimas consecuencias. Una democracia que al celebrar este año el cincuenta aniversario del fin de la dictadura, también debe conmemorar a los más de dos mil quinientos vigueses, con nombre y apellidos, que fueron fusilados por un totalitarismo militar violento y represivo en diferentes puntos de la ciudad como O Castro, Bouzas y Lavadores.
Los verdugos de la democracia tenían una estrategia nacional perfectamente trazada ya que realizaron una represión de clase selectiva, centrándose en perseguir y fusilar a los dirigentes de clase media socialista, a la clase obrera sindicalista, los de ideología comunista y a los anarquistas y republicanos. En los llamados “paseíllos”, llevados a cabo principalmente en los primeros meses de la guerra, se ejecutaba a los ciudadanos a través de consejos de guerra sumarísimos sin garantías procesales, e incluso extrajudicialmente. Los cadáveres eran encontrados al amanecer en descampados o junto a las tapias de los cementerios, y en el mejor de los casos desaparecían y sus familiares no volvían a saber nada más de ellos.
Familias enteras como los Moreda, una de las más masacradas de Vigo fundadores del Partido Comunista, perderían a diez de sus miembros, entre ellos dos adolescentes de quince años. El terror sembrado entre la población llegó a tal punto que los señalados como enemigos del Estado permanecían escondidos en los montes gallegos, o si podían se exiliaban huyendo de la represión para salvar su vida. No obstante, en esa huida no estaban exentos de caer en las manos de los temidos fascistas que en esos momentos dominaban buena parte del territorio europeo, calculándose que 5.000 españoles murieron en Mauthausen, uno de los campos de exterminio nazi.
Una vez finalizada la guerra las represalias fueron aún mayores ya que a través de la Ley de Responsabilidades Políticas, que entraría en vigor en 1939, se perseguía a los enemigos potenciales del nuevo régimen, además de declarar a los partidos políticos y sindicatos ilegales y todos sus bienes expropiados. El boicot político internacional contra la dictadura militar que había vencido a la democracia, se hizo patente nada más terminar la guerra, y en el año 1946 la ONU, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y el fascismo italiano y alemán habían sido derrotados, se reafirma en contra de la dictadura española impidiéndole formar parte de este organismo y exigiéndole que convoque elecciones libres.
Las leyes que por decreto aprobaba el Gobierno, como la llamada ley de Principios del Movimiento Nacional adoctrinada por el régimen en 1958, seguía cerrando por completo el paso al sufragio universal de todos los españoles y al nacimiento y proliferación de los partidos políticos y sindicatos obreros. Los referendos o comicios municipales que se celebraban en el país eran controlados por la Falange Española (FET-JONS) el partido del régimen, el único permitido en España. Por si eso fuera poco solo podía votar el cabeza de familia quedando exento el voto femenino, logro que se había conseguido con la Constitución de 1931 cuando en España se había instaurado la democracia.
Un acontecimiento histórico se producirá en el año 1972 cuando la clase obrera viguesa, cansada de un sistema represivo y desgastado, desafía a la autocracia gubernamental y más de 27.000 trabajadores se ponen en huelga durante dos semanas. La crisis del sector naval que había provocado que en la comarca se perdieran más de 4.000 puestos de trabajo alcanzará su punto más álgido en septiembre, comenzando de esta forma desde Vigo la lucha por los derechos de los trabajadores en España.
Tras la restauración de la democracia en 1975 un soplo de aire fresco llegó a la ciudadanía, pues llegaron también las anheladas elecciones generales y municipales que se celebraron en el año 1979. En el caso de Vigo deparó un consistorio de 27 ediles y al socialista Manoel Soto como el primer alcalde demócrata elegido por el pueblo vigués después de más de cuarenta años de elecciones municipales adulteradas, y de las últimas con garantías constitucionales en 1933. Ilustres políticos como Carlos Núñez (PCG), Teresa Conde (BNG) o Alfonso Álvarez Gándara (UG) le dieron al bloque de las izquierdas la mayoría por delante de los conservadores de AP y de la UCD con el candidato Víctor Moro al frente, que fue la lista más votada. El nuevo alcalde del PSOE con un gesto de generosidad y sorprendiendo a todos, le ofreció varias concejalías a la UCD que no las aceptó, pero sí lo hizo Alianza Popular que tuvo a Eugenio Pernas, Eduardo Portanet y Alberto Durán al frente de las delegaciones de comercio, turismo e industria.
Este año 2025 también se recuerda en Vigo el aniversario de la ejecución de los últimos fusilados por la dictadura española en 1975, los vigueses José Humberto Baena (25 años) y José Luis Sánchez (21 años) y, curiosamente, tal día como hoy, hace 44 años, se perpetraba una de las las últimas agresiones a la democracia con el intento de golpe de Estado dirigido por altos mandos militares de Valencia y Madrid. El teniente coronel Antonio Tejero secuestró durante un día el Congreso de los diputados y puso en vilo a toda España sembrando el miedo en la sociedad que aún tenía muy presente la dictadura militar de la que salía.
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