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Mujeres fuera de serie

La doctora que ayuda a engendrar vida

Isabel Quiroga, viguesa afincada en Oxford desde hace 30 años, lideró el primer trasplante de útero de donante vivo en Reino Unido, que ha marcado un hito en el país. Apuesta por la divulgación y tiende su mano a países como India y Turquía para fortalecer sus programas de donación de órganos.

Isabel Quiroga, en el quirófano en el Hospital Universitario de Oxford.

Isabel Quiroga, en el quirófano en el Hospital Universitario de Oxford. / FDV

Amaia Mauleón

Amaia Mauleón

Es sábado e Isabel está en una de sus guardias de 24 horas en Hospital Universitario de Oxford. Acaba de hacer un trasplante de riñón y ha tenido que cancelar otro al no estar el órgano en las condiciones adecuadas. Por la noche volverá al quirófano, esta vez para un trasplante de páncreas y riñón. Ahora tiene algo de tiempo libre y aparece con su batita verde y una radiante sonrisa en la pantalla del Zoom. Ni rastro de cansancio. Ni una queja sobre un sábado con tal intensidad de trabajo.

Isabel Quiroga nació en Sabarís hace 56 años –“¡no en Vigo, en Sabarís!, advierte riendo- y lleva treinta años viviendo en Reino Unido. La jefa del Programa de Trasplante de Útero y del Servicio de Extracciones del Oxford University Hospitals NHS Trust habla con pasión de su trabajo, de su vida, de su familia. Contagia sus buenas vibraciones. Saltó a los medios cuando, hace un año, lideró con éxito el primer trasplante de útero de donante viva en Reino Unido y uno de los primeros del mundo. Un terrero en el que siguen trabajando, pero no el único.

Isabel es la mayor de tres hermanos. Su padre, marino de guerra, nació en Ortigueira pero vivió mucho tiempo en Vigo, donde conoció a su madre. La familia, por el trabajo del padre, residió en muchas partes de España: Pontevedra, Marín, Ferrol, Puerto de Santa María, Palma de Mallorca ó Madrid. “Nos acostumbramos a esta vida nómada, a hacer amigos en todas partes… A veces envidiaba a las niñas que tenían sus amigas de toda la vida, pero nosotros disfrutamos del privilegio de conocer diferentes lugares y desarrollamos una gran capacidad de adaptación. Y siempre conservamos nuestro centro en Sabarís, donde cada verano nos reuníamos con toda la familia, y eso es algo que mantuvimos incluso cuando murieron los abuelos”, cuenta. Recuerda con cariño su niñez y sobre todo alaba a sus padres, “su entereza, su integridad, su generosidad, su compromiso… Soy consciente de tener una familia excepcional y unos padres que nos dieron siempre un apoyo infinito”, agradece.

El fallecimiento de su hermano, piloto, en un accidente aéreo cuando tenía 27 años, marcó la vida de toda la familia e Isabel aún se emociona al hablar de él.

La viguesa no tenía muy clara su vocación. No contaba con referentes médicos cercanos, a excepción de un tío. “Mi abuela, que no había podido estudiar, insistía en que yo estudiara Medicina, mientras mi padre quería que fuera marino, algo que en aquellos momentos aún no era posible para las mujeres”, cuenta. Tras un año sabático en Estados Unidos para aprender inglés, Isabel cedió finalmente a los deseos de su abuela y se matriculó en Medicina en Madrid.

La joven había heredado el espíritu comprometido de sus padres y todos los veranos de la carrera los pasó colaborando con una ONG en la India, donde aprendió y disfrutó mucho. “El país y sus gentes me fascinaron y me veía al terminar instalándome allí para siempre, pero un profesor me habló de la formación en cirugía que había en Reino Unido y decidí trasladarme aquí… y lo que iban a ser 5 años ya son más de 30”, resume.

La doctora asegura que el país le ha brindado muchas oportunidades, una formación muy completa y “compañeros excepcionales”. “Aquí la formación es muy larga. Vas rotando por muchos hospitales, lo cual es muy enriquecedor, y, en un determinado momento, me topé con los trasplantes y me fascinaron”, afirma, al tiempo que destaca el merecido prestigio que se han ganado en España, “que es referente mundial”.

Quiroga recuerda las escasísimas mujeres que había en cirugía cuando ella llegó, pero asegura que en ningún momento sintió un trato diferente o barreras significativas por ser mujer. “Tampoco quise nunca unirme a grupos de mujeres profesionales o asociaciones ni optar a una posible discriminación positiva; solo quería que me eligieran por mi valía, en igualdad de condiciones”, advierte. “Sin embargo, con el tiempo me he dado cuenta de que muchos de estos grupos son muy válidos para ayudar a otras mujeres o para visibilizar referentes, ya que todas tenemos los mismos problemas de conciliación, por ejemplo”, añade.

Isabel comenzó a trabajar en trasplantes en un hospital pequeño y cuenta que la implicación con los pacientes era muy grande. “Los acabas conociendo a todos, veías cómo cambiaba su vida tras el trasplante, los volvías a encontrar años después y te agradecían tu trabajo… La verdad es que es muy satisfactorio. También lo pasas mal ya que no siempre sale todo bien. Ahora, en una unidad grande como la que estoy es muy diferente porque no conoces a la mayor parte de los pacientes, pero sigo sintiendo que es apasionante”, afirma.

La gallega realiza sobre todo trasplantes de riñón y de páncreas pero hace 10 años comenzó a fraguarse la aventura del trasplante de útero dirigido a mujeres que sufren una alteración congénita del aparato reproductor femenino, el síndrome de Rokitansky, que afecta a una de cada 5.000 mujeres en el mundo, o a mujeres a las que se les extirpa el útero por cáncer o complicaciones en el parto. “Como jefa del equipo de extracciones, comencé a colaborar con el ginecólogo Richard Smith, que llevaba años investigando sobre los trasplantes de útero, en principio de donante fallecido. Al principio solo iba a asesorarles, pero tras el éxito de los suecos con donante vivo, me pidieron ayuda y, aunque al principio me pareció una locura, en cuanto conocí a la mujer receptora, que padecía una enfermedad por la que nace sin útero, y tenía un deseo tan grande de ser madre, me di cuenta de que aquello merecía muchísimo la pena y pasé a formar parte del equipo”, cuenta.

En agosto hizo un año que anunciaron su primer éxito, todo un hito en la historia de la Medicina del país. “Ha habido opiniones encontradas con este tipo de trasplante, sobre todo en España, pero yo considero que la maternidad es un sentimiento muy intenso y a esas mujeres que nacen sin útero y desean ser madres, tenemos que ayudarlas”, considera. En estos momentos, el equipo sigue con mucha investigación en marcha y perfeccionando técnicas para que esta compleja cirugía alcance un mayor porcentaje de éxito y se reduzcan los peligros. “Estamos trabajando en nuevos casos, tanto con donantes vivos como fallecidos, pero hay que ser claros con las limitaciones que tenemos y seguir avanzando”, admite.

La propia Isabel sintió ese deseo de ser madre hace años. Y hace 11 –junto a su marido Chris, también médico– tuvieron a Jaime, que es su gran tesoro. “Esperé demasiado y no pude tener más hijos, pero estamos felices”, explica. “Es cierto que la maternidad siendo los dos médicos y sin familia cerca es compleja; te vas organizando, pero se me hace muy difícil dejarle cuando tengo que ir a congresos o a otras cosas y también a él, pero sé que también está orgulloso de mí”, asegura.

El pequeño Jaime habla perfectamente español gracias al empeño que su madre puso desde su nacimiento –“siempre le hablo en español, estemos donde estemos”– e incluso fomenta su interés por la cultura gallega. “Y es del Celta a tope; somos de una peña y vamos a ver muchos partidos”, dice Isabel. Y, por supuesto, los veranos en Galicia son irrenunciables. “Estoy feliz al ver que mi hijo se integra con todos los primos y que disfruta con mi familia tanto como yo”.

La labor de esta viguesa ha sido premiada por la Royal College of Obstetricians and Gynaecologists, que le concedió recientemente una medalla por los servicios prestados a la salud de la mujer. También la revista Muy Interesante la premió la pasada semana como Mujer Científica del Año. Además, siempre que puede colabora con colegas de India, China y Turquía para ayudarles en el desarrollo de cursos sobre donación de órganos en sus países.

Viajar, leer, la música… Isabel es una mujer activa e inquieta. Sólo lamenta no practicar ningún deporte, “es uno de mis muchos fallos», confiesa riendo. 

Las pioneras: Trotula de Salerno, la primera ginecóloga de la historia

Trótula de Salerno.

Trótula de Salerno. / FDV

No existen prácticamente datos sobre la vida privada de Trotula de Ruggiero, nacida posiblemente en 1110. Su nombre aparece siempre relacionado con la Escuela de Medicina de Salerno en la que estudió. Algunos investigadores afirman que fue la esposa de uno de los fundadores de dicho centro, Johannes Platearius, a quien posteriomente se le atribuiría la obra de Trotula.

El arte de la medicina estaba reservado a los hombres y las mujeres sólo podían ejercer como comadronas. Pero en el siglo XI se fundaba en Salerno la primera escuela médica laica, a la que tenían acceso las mujeres. Trotula se convirtió en una médica capaz de tratar enfermedades como el cáncer, dolencias oculares o problemas en la piel. Pero sus ideas más revolucionarias estuvieron relacionadas con la ginecología y la obstetricia.

En su obra “Las Dolencias de las Mujeres” expuso temas tan avanzados como intentar eliminar la creencia de que todos los males de la mujer le venían de la menstruación. También afirmaba que los impedimentos para la concepción podían ser debidos tanto a las mujeres como a los hombres. Trotula defendió el uso de hierbas para mitigar los dolores del parto, algo prohibido en su tiempo.

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