Haciendo amigos
Ellos dicen Mazón, nosotros amén

Carlos Mazón, presidente de la Generalitat valenciana. / FDV
En el fondo es como si todo diera por completo igual. No pasa nada, no pasa absolutamente nada. Y al final acabamos preguntándonos. «¿Y qué es lo que tiene que pasar para que alguna vez pase algo?». Más de doscientos fallecidos, sin ir más lejos, y no sucede nada. El máximo responsable de semejante tragedia sigue ahí. De hecho, no contento con haber demostrado hasta la extenuación su infinita incompetencia, su inabarcable ineptitud para el desempeño de cualquier ejercicio público, su más repugnante falta de capacidad para las exigencias de su cargo antes y durante los momentos más urgentes y acuciantes del crisis, en los días siguientes él y (lo que es más preocupante) todos aquellos que se empeñan en mantenerlo en el puesto se aseguraron de seguir enviando un mensaje claro e inequívoco a la ciudadanía: en caso de tener que tomar una decisión, siempre optarán por la más equivocada, la más incompetente. La más estúpida. Como, sin ir más lejos, las que tuvieron que ver con los nombramientos posteriores en la remodelación del gobierno autonómico.
La consejera de Interior salió por la ventana. Sí, había quedado más que demostrado que se trataba de una incompetente que, encima, probó ser una completa ignorante, en el sentido más amplio de la palabra: ignoraba cuál era el protocolo, las obligaciones de su departamento, los recursos de los que disponía, el procedimiento a seguir… Todo. Y sí, al final le cortaron la cabeza. Pero el verdugo también era el principal responsable del desastre, el mismo que, en lugar de asumir la más pequeña culpa, optó por sacar de su retiro a un militar para nombrarlo vicepresidente. ¡Vicepresidente! Desde luego, tampoco es que sea la mejor opción, porque, díganme, ¿qué mensaje estamos enviando ahí? «Sí, antes no estábamos preparados. Pero no pasa nada, porque los militares ya están aquí». Vaya por delante que no tengo nada en contra de los militares. Pero, ¿de verdad no había ninguna otra opción? ¿Cuánto creen ustedes que los amigos del populismo barato tardarán en sacar tajada de la maniobra? «Para las cosas serias de verdad, nada como un buen general en el gobierno». Perdónenme que lo exprese desde la tristeza y la frustración, pero es que hay que ser muy imbécil para no verlo. Hay que ser de una indigencia mental supina para no ser capaz de ver más allá de su propia anorexia intelectual. Vamos, que hay que ser burros. Y sí, en plural.
Porque si algo ha quedado claro a estas alturas es que el presidente no es más que un pelele, un pollo sin cabeza a todo punto incapaz. Un pánfilo. Pero ¿en manos de quién? Desde luego, no sería yo quien llorase los fracasos del otro Feijoo. Pero, sinceramente, no logro entender su obstinación. El error, la incompetencia de Mazón estaba más allá de cualquier duda, y su negligencia fue tan grave que se llevó por delante la vida de más de doscientas personas. Su destitución estaba más que justificada. De hecho, no solo era lo correcto, sino que además (y hablando de las únicas cuestiones que de verdad le importa a toda esta ralea), le habría servido para anotarse una de esas muescas que ahora tanto le faltan en el casillero del gran político de estado. Y, sin embargo…
Es verdad que a veces lo mejor para medrar en política es no hacer nada. Y si en vez de nada es nada de nada, mejor que mejor. Que se lo pregunten si no a Rajoy. Pero a veces también hay que hacer algo. A poder ser lo correcto. Y no, atacar a todos los que no fueran ellos, científicos incluidos, no fue la mejor estrategia. De hecho, demuestra ser muy estúpido, muy ignorante y muy incapaz el que en España dedique un solo segundo a desprestigiar el trabajo de un científico. Como si ellos no tuvieran bastante ya con lo que tienen.
Y, al final, volvemos a estar en el principio. Es como en aquella canción de La Polla Records. ¿Cuánto horror habrá que ver? ¿Cuántos golpes tendremos que recibir? ¿Cuánta gente más tendrá que morir para que pase algo? Algo, alguna vez…
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