Mujeres fuera de serie
La exploradora en la onda
Julia Otero es una de las grandes comunicadoras de nuestro país. La periodista gallega, con casi 50 años de trayectoria, fue pionera con exitosos programas de radio y televisión como “La luna”, “Julia en la onda” o el concurso “3x4”. Con su Monforte natal siempre presente y tras recuperarse de un cáncer de colon, asegura seguir disfrutando en cada una de sus citas con los oyentes, ahora los fines de semana

La periodista gallega Julia Otero. / José Irún
Cuando Julia tenía 10 años, su padre le enseñó a abrir una botella de vino. Un detalle sin importancia para algunos pero, en realidad, todo un símbolo de la educación que deseaban brindarle: “Querían que fuera una mujer libre, autónoma y autosuficiente, que no necesitara a nadie, ni siquiera para abrir una botella”, resume la protagonista.
Julia Otero (A Penela, Monforte de Lemos, 65 años), una de las voces imprescindibles de nuestra radio o, mejor dicho, de la Comunicación, en mayúsculas, fraguó esa personalidad y capacidad de trabajo que la hace única en su hogar, pero los que la rodeaban pronto se dieron cuenta de que había nacido con un don: el de la conversación, la escucha, la empatía y la insaciable curiosidad.
Cumple casi 50 años de profesión tras haber superado un cáncer y desde el pasado mes de septiembre con un nuevo programa de fin de semana en Onda Cero, cambio desde las tardes que ella misma pidió -tras 17 años en esa franja- para poder disfrutar más de su tiempo. Distinto horario, mismas convicciones e idéntica ilusión. Una buena onda que transmite con su inconfundible voz sin ni siquiera pretenderlo.
La periodista asegura que su sangre gallega la marcó siempre. Para bien. Sus padres, ambos de A Penela, parroquia de Monforte de Lemos (Lugo), se mudaron a Barcelona cuando ella tenía casi tres años, en el 62. Su padre, Julio, era trompetista – “el alma de la orquesta La Monfortina”- y conquistó a su madre, Elia, tocando bajo su ventana. De él heredó Julia la “galleguidad” y sólo le reprocha no haberla animado a estudiar música. “Mi madre tenía menos apego a su tierra, aunque todas las vacaciones las pasábamos en Galicia, pero en sus últimos años lo recobró y al final -falleció hace unos meses- me pidió que llevara sus cenizas allí”, cuenta.

Julia Otero con sus padres, Elia y Julio. / FDV
Cuando las discotecas se pusieron de moda y su padre ya no podía ganarse la vida en la orquesta, la familia decidió, como tantas otras, emigrar. “En aquellos años aún era necesario demostrar en el “tren-patera” de los emigrantes que teníamos una dirección a la que ir y mis padres dieron la de una tía de mi madre y luego nos instalamos en Pobla Sec”, relata la periodista. Allí, el patriarca trabajó en una empresa de electricidad y vivieron bastante solitarios. “Éramos una familia de tres a todos los efectos”. Sus padres, totalmente entregados a su hija única, la hicieron sentir una gran responsabilidad para cumplir con sus expectativas, “pero también una enorme confianza y muchísimo cariño”. Y Julia no les decepcionó.
Desde muy pequeña destacó como una niña locuaz y muy charlatana. “Aprendí a hablar antes que a andar, para lo que fui bastante lenta”. Julia se entretenía jugando con sus fantasías y podía pasarse horas hablando con la gente. Y la radio, como un telón de fondo siempre en su casa, iba calando también en ella.
Estudió con las monjas franciscanas hasta los 16 años y también de ellas, asegura, aprendió mucho sobre autonomía. “Tengo el recuerdo de unas monjas peleonas, comprometidas y que nos educaban para que fuéramos unas mujeres completas, no esperando a ser completadas por nadie, y lograron toda una generación de estudiantes entre las que hubo muy poco fracaso escolar y salieron grandes abogadas, ingenieras, médicas…”, agradece la comunicadora.
Su formación feminista la completarían, más adelante, sus amplias lecturas y, sobre todo, la revista Vindicación Feminista.
Le encantaba escribir y estudió Filología Hispánica con la idea de dedicarse al periodismo. “Mi tutora en COU, que fue un referente para mí, una mentora, me animó a estudiar Filología porque no consideraba Periodismo una verdadera carrera”, recuerda.
Pero la radio se cruzó con solo 17 años en su camino. “Mi novio de entonces participaba en un programa de cine en Radio Sabadell y yo a veces le ayudaba. Cuando él se fue a la mili, el director de la emisora me dijo que continuara yo. No presumo de vocación precoz, casi todo lo importante en la vida pasa por casualidad”, apunta Otero.
En aquellos momentos, Julia se encontró con un medio eminentemente masculino donde las mujeres sólo tenían horarios de segunda categoría o eran locutoras consorte con temas menores como la publicidad o el tiempo. Ella comenzó en la unidad móvil, con reportajes a pie de calle, hasta que un día la mandaron cubrir un acto en el que estaba Mario Vargas Llosa. “Mi cometido era hacerle una primera pregunta y luego pasarle la palabra al presentador en el estudio, pero como yo tenía formación en letras y conocía su obra, le gustó lo que le pregunté y él mismo pidió que siguiera yo, para cabreo del locutor de estudio, y ese día el director me ofreció un programa”, cuenta riendo.
Era el año 82. Solo seis años después el éxito de Julia Otero alcanzaría cotas que ella ni siquiera había imaginado, especialmente por su salto a la televisión y programas como el concurso “3x4” y “La Luna”. “Fue terrible perder la libertad que me daba el anonimato; lloré mucho cuando empezaban a perseguirme los paparazzis… Afortunadamente no había redes sociales, pero aún así el cambio fue muy duro”, recuerda.

Julia Otero junto a Luis del Olmo. / Magar
Durante todos aquellos años, Julia se siente orgullosa de haber sabido decir “no” a muchas propuestas. “Creo que he sabido elegir bien y eso ha definido toda mi trayectoria; dije que no a programas que sabía que serían un éxito como ‘Gran Hermano’ y por el que me ofrecían mucho dinero, pero no me arrepiento en absoluto”, asegura.
En los años 90 volvió a la radio y presentó “La radio de Julia”, primero en horario nocturno y después de tarde, aunque siguió haciendo algunas incursiones en la televisión. La periodista asegura que a pesar de toda su experiencia nunca se permitió acomodarse. De hecho, lo primero que dijo en antena cuando hace unos meses estrenó su programa de fin de semana fue: “Lo mejor y lo peor de este oficio es que nada está conquistado para siempre”. “Cuantos más años cumples, más consciente eres de las cosas que ignoras y más desazón te produce esa sensación”, afirma.
Julia ha conseguido su objetivo de hacer programas intergeneracionales, que atraen a personas de 60 años y a sus hijos de 30. Amplias audiencias de casi medio millón de personas corroboran su empatía. “Para conseguirlo, siempre he llevado a gente joven conmigo y he procurado estar abierta a nuevos mundos”, apunta.
Con 36 años, la periodista entró en una nueva onda, la de la maternidad. Junto a su pareja, el médico Josep Martínez, tuvo a Candela, de la que habla con pasión. “Estoy orgullosísima del ser humano que ha crecido a mi lado, trabajadora, cariñosa, con un código ético excepcional y ya casi cirujana vascular; es lo que más me enorgullece de toda mi vida”.
Confiesa que, aunque los primeros años adaptó su horario laboral, se perdió algunos momentos de la crianza. “Pero estuve en los esenciales y he aprendido a no culpabilizarme”, advierte. Además, destaca que nunca ha sido una adicta al trabajo. “A pesar de las muchas horas que le he dedicado, nunca fui adicta: he disfrutado y me han pagado por ello, pero siempre consciente de que solo es un trabajo”, recalca.

Julia Otero con su hija Candela. / EFE
Su hija y su pareja han sido su fuerza cuando en 2021 el médico pronunció el temido diagnóstico: cáncer. De colon. “Desde el principio tuve mucha curiosidad científica por conocer todo lo referente a mi enfermedad: quise conocer al detalle mi situación, los riesgos… Porque saber me ayudaría a soportarlo mejor. Josep y mi hija lloraron mucho también, pero les evité tener que lidiar con el disimulo y les pedí que ni me mintieran ni me desmintieran”. Julia mantiene ese realismo ahora que está recuperada. “Cada tres meses tengo revisiones y hay riesgos hasta que cumpla 3 años, así que, de momento, solo pienso a corto plazo”, explica.
La enfermedad, que la mantuvo alejada de la radio un año, fue otra de las razones para solicitar el cambio de horario a los fines de semana. “Ahora por fin puedo hacer algo más que radio; mis fines de semana son los lunes, martes y miércoles, cuando paseo por la montaña, cocino, leo, veo series… Y cuando puedo me escapo a la casa de mi abuelo que rehabilitamos en Monforte (municipio que en 2009 la nombró Hija Predilecta). Los otros días, trabajo, pero estoy feliz porque todo mi equipo está contento y eso se percibe en antena”, considera.
Julia no se cierra a nada en su vida profesional, pero advierte que tampoco tiene “una pizarra vital” de las cosas que desearía hacer. “Cada día es un día en blanco, vuelve a salir el sol y eso es un gran privilegio”, concluye.
Las pioneras: María Cinta Balagué, primera locutora de la radio española

María Cinta Balagué. / FDV
María Cinta Balagué (Barcelona, 1898-1985) está considerada la primera mujer locutora de la radio española. Estudió Magisterio y se presentó a las oposiciones de la Diputación. Quedó segunda y le ofrecieron trabajo en el ayuntamiento, en el Negociado de Cultura que se estaba creando. Fue la primera mujer que se incorporaba a la función pública.
Comenzó su andadura en el mundo radiofónico como colaboradora de Radio Barcelona. A los 28 años recibió la oferta de realizar un programa de índole femenina y lo hizo bajo el seudónimo de Salus. De esta forma, en 1926 logró estrenar la sección literaria femenina, que era emitida dentro de un programa llamado Radio Telefonía Femenino. Tuvo tal éxito que durante ese mismo año se llenó de nuevos contenidos y posibilitó a María la creación de un equipo de colaboradoras fijas. Se le considera el primer magazine de la historia de la radio española.
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