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Entrevista | Miguel Lago Cómico

«Cabreo a radicales con una facilidad pasmosa»

A punto de lanzar su primera novela y cumplir 25 años sobre el escenario, el humorista vigués confiesa seguir siendo el mismo «hijoputa y miserable» que debutó con 18 años en el Club de la Comedia, pero ahora «más exagerado»

El cómico gallego Miguel Lago con un ejemplar de su primera novela.

El cómico gallego Miguel Lago con un ejemplar de su primera novela. / Hugo G. Pecellín

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A sus 43 años y a punto de celebrar 25 de carrera como cómico, el vigués Miguel Lago se ha lanzado al mundo editorial publicando su primera novela, Persiguiendo a Bécquer, una intriga policial protagonizada por un humorista.

– El próximo miércoles, 16 de octubre sale a la venta su primera novela, Persiguiendo a Bécquer, una intriga policíaca no exenta de sarcasmo, ¿por qué sé ha decidido por la literatura y por qué ese género?

– Al final mi oficio tiene una parte lógica, que es la de escribir, porque todos mis espectáculos y secciones en la televisión los escribo yo. Como además me licencié en filología hispánica, creo que era un paso natural, en tanto en cuanto yo siempre he escrito ficción. Me llega en el momento en que la editorial Planeta se interesa por mi figura y ahí es cuando le dedico un año de mi vida a escribir una novela, que además creo que me ha quedado muy bien. Siempre me han gustado mucho las historias de detectives, es algo que he consumido siempre, entonces tenía claro que el género policiaco es en el que más cómodo me sentía para escribir. No quise una novela cómica, es un thriller de acción que tiene una historia de amor y, por supuesto, humor porque es a lo que se dedica el protagonista y me ha quedado un personaje muy chulo, con muchas capas. Espero que el lector disfrute con la historia porque va a ser parte de una trilogía.

– El protagonista es un cómico de origen gallego, ¿encontraremos algo de autobiográfico en él?

– Sí, no puedo escapar de una realidad, creo que el autor siempre está presente en sus personajes y yo no soy una excepción, si bien la carrera de Bécquer es el compendio de la carrera exitosa de otros compañeros, yo no he alcanzado ese éxito, pero sí se puede translucir en sus orígenes, en sus relaciones personales o familiares y también en anécdotas que cuenta, que son mías.

– A la vez está celebrando sus 25 años de carrera como monologuista con una gira que cerrará en Vigo, como viene siendo habitual en usted. ¿Por qué elige su ciudad natal como lugar de cierre de temporada?

– Me gusta mucho que Vigo sea en las últimas fechas, de hecho ya están a la venta las entradas para las dos funciones del 6 y el 7 de junio, lo cual además me permite casi celebrar mi cumpleaños (llegué a soplar velas en el escenario un 4 de junio). Intento actuar en Vigo al menos una vez al año, me gusta que sea cita obligada; igual que en Madrid hago residencia en el teatro Alcázar porque me gusta que me vinculen con el espacio, mis fans vigueses saben que yo en junio estoy en el García Barbón dos noches, aunque como las entradas vuelan al final suelo hacer tres funciones. Y actúo siempre en el García Barbón, podría ir a otros aforos más grandes pero es el sitio donde más a gusto estoy.

El cómico gallego Miguel Lago con un ejemplar de su primera novela.

El cómico gallego Miguel Lago con un ejemplar de su primera novela. / Hugo G. Pecellín

– ¿Guarda algún recuerdo de cuando era parte del público en ese escenario?

– Yo no tenía medios para ir al teatro, lo que he visto es cuando nos regalaban entradas en los colegios y eso me permitió con quince años ver a Nuria Espert con una obra sobre Lorca, también recuerdo a nivel de humor ir a ver a Faemino y Cansado, Luego cuando fui creciendo y podía un poquito me acercaba a ver obras de teatro, ahí vi bailar a Joaquín Cortés y he visto cantar a Isabel Pantoja.

– ¿En ese momento en que vio a Faemino y Cansado ya sabía que se quería dedicar al humor?

– No, yo lo descubrí con 18 años viendo el Club de la Comedia, en el año 1999. Fue una revelación, de hecho debuto en el primer certamen del Club de la Comedia ese mismo año. En la stand up comedy, que es lo mío.

– Eso lo deja bien claro en el título de su espectáculo actual, Lago Comedy Club

– Le hemos puesto lo de comedy club por si hay algún despistado, pero el espectáculo a fin de cuentas es Lago, no quiere ponerle títulos, quiero que la gente venga a verme a mí, independientemente del monólogo que vaya a hacer. Desde ahora hasta el final de mi carrera mi espectáculo siempre se va a llamar Lago, cambio la foto año a año para que vayan apareciendo las canas. Debuté el 14 de marzo de 2000, con lo cual esta temporada se cumplen los 25 años y me permito repasar lo que ha sido y está siendo mi carrera. Es un espectáculo muy vivo, ahora he añadido una rutina sobre el rey emérito y Bárbara Rey. Cuando llegue a Vigo será un espectáculo diferente al que estrené en septiembre en Madrid -suelo empezar con el suelo tembloroso, aunque ahora, con seis funciones, ya está más rodado y sé mas por donde tirar-. Ahí llega la versión premium.

– Ha introducido una actuación musical con su voz en directo.

– Sí es que ahora desde mi paso por Tu cara me suena tengo una masa importante de público que quiere que le cante, entonces hago un temita para que lo disfrutemos juntos. No me flipo, pero como canto bien lo hago en una hora y media de stand up pura.

– ¿Ha descubierto en Tu cara me suena alguna faceta suya que desconociera?

– Sí, he descubierto muchas cosas. Lo primero es que puedo salir catorce veces caracterizado de otros personaje a cantar en televisión en el programa de más audiencia; cuando lo digo así yo mismo me digo «guau, ¡qué pasada!, ¿quién me iba a decir a mí que iba a hacer de Mary Poppins?» He descubierto que tengo facetas artísticas que sospechaba que podía tener pero que el trabajo de esa producción tan enorme me ha llevado a enseñar. No puedo estar más contento.

– De hecho tuvo que abandonar sus intervenciones en El hormiguero para participar en ese programa y no ha vuelto. ¿Se arrepiente?

– La grabación coincidía con los dos días al mes que yo tenía en El hormiguero, pero no podía dejar pasar ese tren porque era una de mis mayores ilusiones, no a a nivel profesional sino personal, es que soy muy fan del formato, soñaba con hacer Tu cara me suena, tuve que elegir y elegí bien, sin problemas. Nunca me puedo arrepentir de haberlo hecho, ha sido la mejor experiencia profesional de mi vida, de hecho me ha dejado un vacío enorme, lo echo de menos cada día. Han sido siete meses, cinco de grabación y dos de preparación previa, donde yo no pensaba en otra cosa que en canciones, músicas y bailar, y cuando todo eso termina me fui de vacaciones, el verano te distrae, pero ahora que volví lo echo de menos, es que era muy excitante. Cada semana que me iba allí era a pasar tres días rodeado, primero de la mejor productora, es increíble como te cuidan, nunca había trabajado tan mimado, y luego de los compañeros; era irme a estar tres días con amigos.

– ¿Qué queda de ese Miguel Lago que se presentaba como hijoputa y miserable en sus primeros monólogos y qué hay de reinventado?

– Del hijoputa y miserable queda todo, es más exagerado porque el lugar desde el que hablo ahora, con 43 años, 25 de carrera y cuatro hijos, 20 de matrimonio y, sobre todo, 25 siendo autónomo , da un mayor peso a las cosas que pueda decir. Cuando veo el vídeo del Club de la Comedia veo a un niño de 18 años, y ese niño lo que sigue teniendo con 43 años es el hambre, la ilusión por triunfar y crecer, sigo teniendo las mismas ganas de subirme al escenario. Llevo miles de actuaciones, ya son 16 años de actuaciones de fin de semana en Madrid, pero llega el sábado y me sigo subiendo al escenario como un torbellino.

– ¿Aquel Miguel Lago de 18 años todavía no sabía si se iba a ganar la vida con la comedia y por eso estudió una carrera universitaria?

– Cuando solté la primera broma en el Club de la Comedia y me aplaudieron ya sabía que me iba a dedicar a esto, dije «de aquí no me bajo». Seguí estudiando por pasar tiempo con mi novia, que hoy es mi mujer; hacía actuaciones en bares y por la semana podía estar con ella de nueve de la mañana a nueve de la noche. Los estudios me han llevado a ser mejor escritor de textos y monólogos, el Miguel cómico se ha forjado también a base de formación universitaria.

– ¿Si mira a los inicios de su carrera, qué garitos en los que ha actuado le vienen a la mente?

– Iba a sitios de entrada libre o que cobraban tres euros con consumición mínima. Me cogía un Renault Clio en Vigo y me iba a Almería a actuar y el beneficio económico eran 50 o 60 euros . Me he enfrentado a público que no me conocía y no paraba de hablar, eso te brega, pero entendí que cuanto más gracioso lograra ser más caso me iban a hacer. Con veinte años tenía una personalidad importante, me plantaba con mucha seguridad y lograba que me atendieran y que riesen. He actuado sobre dos cajas de cerveza, a pelo porque el micrófono no funcionaba; las he vivido de todos los colores, pero no cambiaría nada porque esos orígenes me han convertido en el cómico que soy.

– ¿El público se sigue riendo de lo mismo que hace dos décadas o ahora hay que tener más cuidado para no ofender?

– El público, en abstracto, se sigue riendo de lo mismo, los temas están inventados, el humor es el mismo, lo único que cambia es el punto de vista del cómico que te lo cuenta. Y el que se molesta se sigue molestando por lo mismo. La diferencia es que ahora existe un periodismo de clics que busca un titular con un nombre que arrastre para hacer una noticia y todos los días hay un digital que saca algo sobre mí que los demás medios replican. Me hacen mucho eso de «las redes estallan contra Miguel Lago por una broma». Y entras al clic, porque mi nombre en redes funciona bien, y ves un monólogo mío que he subido yo y replican los tres tuits negativos que he recibido en lugar de los doscientos positivos; ya sabemos que lo negativo en redes vende mejor. Y en un teatro con mil personas, a lo mejor todo el público se entrega en pie, pero hay uno que dice que no le gustó. Si hay 999 a los que les gustó, la estadística dice que ha sido cojonudo.

– ¿Lo ha pasado mal por estos comentario o la polémica le viene bien?

– En su momento lo pasé mal, no tengo Twitter desde hace tres años y en ese tiempo he sido trending topic a base de insultos unas tres o cuatro veces, pero me da igual, ¿qué me importa que un señor desconocido de no sé dónde me insulte en una plataforma de una red social en internet?, ¿por qué le voy a dar el poder a un desconocido de hacerme daño? Que hablen, lo triste es que no hablen de uno, yo voy a seguir, hago el humor que hago y no voy a parar. Hace quince días colgué un vídeo sobre la ansiedad en los jóvenes que se hizo viral y en 24 horas llegó a cuatro millones de visualizaciones. Todos los que me quieren insultar me mueven los vídeos, así que ¡adelante!.

– También se han molestado por sus bromas partidos políticos como Vox o Podemos, ¿busca enfadarlos?

– No busco enfadar a nadie, lo que pasa es que señalo al rey desnudo, cabreo a radicales con una facilidad pasmosa, ¿qué le voy a hacer?. Considero que los extremos en España son irrelevantes y vuelvo a la estadística: hay una masa de centro, centro derecha o centro izquierda que equivale al 90% de los españoles, y son gente normal, así que los exabruptos que puedan soltar cuatro radicales me preocupan poco a estas alturas de mi vida. También animo a la gente a que no le dé a un cómico o a un presentador el poder de ofenderle con una frase.

– ¿Hay algo de lo que nunca hará un chiste?

– De aquello que no me haga gracia, ese es límite. No le haría bromas a las víctimas del terrorismo, por ejemplo, porque no encuentro dónde puede estar la gracia de reírte de alguien a cuyo padre, tío o hermano le han pegado un tiro en la nuca. Igual que me parece una broma de mal gusto que vayan a rebajarle la pena al que empuñaba la pistola.

«Con Sonsoles Ónega he aprendido humanidad y empatía, nadie escucha en la televisión como ella»

– ¿Empezó en la televisión en 2019 con Risto Meijide, luego estuvo con Pablo Motos y ahora con Sonsoles Ónega, ¿qué le ha aportado cada uno de ellos?

– Con Risto aprendí a leer un cue, cómo se hace la tele, cómo generar impacto de una entrevista o una conversación y cómo hacer que te resbalen muchas cosas; de Pablo, el sentido del espectáculo y la permanencia en el tiempo —lleva dieciocho años y crea un gran ambiente de trabajo con sus compañeros—; y de Sónsoles he aprendido sobre todo humanidad y empatía, que de verdad la televisión acompaña y he llegado a un público, que son las personas mayores, a las que ahora mismo adoro, defiendo y cuido. Nadie escucha en televisión mejor que Sonsoles Ónega, animo a la audiencia a que se fije en su mirada, ella escucha y mira el corazón de los demás.

– De hecho en su programa ha hablado de temas personales, algo que no suele hacer, como cuando relató el proceso de adopción de su cuarto hijo.

– Estar sentado en ese programa hace que, según el tema, me nazca hablar de mi vida. También soy consciente de que el espectador merece que les cuente la verdad, soy un personaje público y tengo una experiencia con la adopción, si a una sola persona le inspira a rescatar a un niño que yo le cuente mi historia, menuda felicidad.

– ¿En plena guerra por las audiencias, usted es de La revuelta o de El hormiguero?

– Niego la premisa mayor: no hay guerra. Pablo Motos sigue con sus buenos datos de audiencia y Broncano ha atraído gente nueva a ver la televisión. A mí, que llevaba siete años viendo La resistencia, no me ha cambiado hábitos. Se pueden consumir los dos programas sin problema; lo bueno es que haya opciones.

– Hace tres años lucía barba y decía que no se afeitaría a no ser que le diera un arrebato o se lo pidiera su familia, ¿qué ha ocurrido?

– Pensaba afeitarme cuando empecé en el programa El hormiguero, para marcar un cambio de etapa, pero no lo hice porque estábamos con el proceso de adopción de mi cuarto hijo, que estaba en la República Dominicana y me conocía con barba a través de videollamadas y no quería confundirlo. Cuando finalizó el proceso, me afeité.

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