Las mujeres de la Grecia clásica hilaban muy fino

El libro colectivo ‘”Puertas que se abren” se acerca a las figuras y mitos femeninos clásicos y saca enseñanzas sobre el abandono, el sufrimiento y la independencia que sirven para hoy

La filósofa Aspasia de Mileto, a la izquierda, vista por el pintor Henry Holiday (cuadro de 1888).

La filósofa Aspasia de Mileto, a la izquierda, vista por el pintor Henry Holiday (cuadro de 1888). / LP/DLP

Javier Cuervo

Javier Cuervo

De las mujeres de la Grecia clásica se contaron muchas cosas desde el teatro clásico hasta el cine moderno, desde la pintura, la escultura y las canciones y siguen hablándonos en la actualidad como personas, imágenes o mitos Ariadna, Hipodamía, Hiparquia, Aracne, Ilya, Aspasia, las Cariátides del Erecteion, Hécuba, Penélope, Helena, Medea...

Once autores y autoras y dos ilustradoras han escrito y dibujado Puertas que se abren. Ariadna dormida en Naxos, coordinado por Juan J. Alonso y editado por Rema y Vive.

Para Juan J. Alonso el valor actual de estos personajes femeninos viene de que “estas mujeres griegas son ejemplares y nos podemos reconocer en sus acciones, pasiones, grandezas y desgracias. Hécuba, por ejemplo, la reina de Troya que lo pierde todo después de la caída de la ciudad, nos muestra mejor que nadie el horror de la guerra, la sinrazón de la destrucción, el dolor inimaginable tras la pérdida de los seres queridos. Los canallas que hacen las guerras, como decía Julio Anguita, deberían leer Las troyanas de Eurípides”.

La idea del libro partió de un estudio sobre Ariadna realizado por la profesora Ana Gallego. Esa Ariadna abandonada por Teseo en la isla de Naxos “le sirvió para reflexionar también sobre Medea, Circe, el abandono y las puertas que se abren después”, explica Alonso, y eso nos animó a trabajar en un libro colectivo sobre mujeres griegas. En cada capítulo se parte de una pintura, escultura, canción o película que sirve de inspiración para analizar a cada mujer”.

Además de Ariadna, en el libro se analizan otras mujeres del mito, la historia y el cine: “Hipodamía y el terrible acoso que sufrió en su boda por parte de los centauros; la filósofa cínica Hiparquia; la audaz Aracne que se enfrenta a Atenea; la maravillosa Ilya de la película Nunca en domingo interpretada por Melina Mercouri; Aspasia más allá de su relación con Pericles; las Cariádides del Erecteion; Hécuba después de la destrucción de Troya; Penélope y su tenaz espera; la bella y trágica Helena; y Medea con su pasión abrasadora”.

El texto contiene muchas sugerencias. Una de ellas, si existe un hilo conductor entre Filomena, que borda, las parcas, que hilan y cortan, Aracne, que hace tapices, Ariadna, que da hilo, y Penélope, que teje y desteje.

Alonso tira de ese hilo: “Necesariamente tiene que haber un hilo conductor entre estas mujeres que utilizan el hilo... Puede que sea que todas tejen y esperan, algo que ha caracterizado a las mujeres de la Grecia clásica”.

Pero también actúan.

Así actúan

Filomena fue violada por su cuñado Tereo, rey de Tracia, que luego le cortó la lengua y la encerró en una prisión para que no pudiera contarlo. Alonso añade: “¿Qué hizo Filomena? Esperar y tejer en un lienzo lo que le ocurrió, que luego hizo llegar a su hermana”.

Las Parcas son Cloto, la hilandera, Láquesis, que sostiene el hilo y mide la duración de la vida, y Átropo, que corta ese hilo. Alonso resume: “¿Qué hacen las Parcas ? Hilan y esperan que se cumpla el destino de cada hombre”.

Aracne era una maravillosa tejedora tan orgullosa de su arte que negaba que procediera de Atenea. La diosa y Aracne compitieron tejiendo cada una un tapiz, y el de Aracne no solo fue mejor que el de Atenea sino que en él mostraba los abusos y engaños con que los dioses torturaban a los hombres.

Alonso cuenta: “¿Qué hizo Aracne? Tejer y esperar el inevitable castigo de Atenea, rabiosa ante la excelencia del trabajo de su rival, aunque la diosa evitó que Aracne se ahorcara y la transformó en araña”.

Ariadna, enamorada de Teseo, dio al héroe un ovillo de hilo para que atara una extremidad a la entrada del laberinto donde estaba el Minotauro y llevara la otra con él todo el tiempo, y así conseguiría encontrar la salida.

Alonso sigue el relato: “¿Qué hizo Ariadna? Ver cómo Teseo destejía el ovillo y esperar que el héroe cumpliera su promesa y la llevara con él a Atenas, pero Teseo la abandonó en la isla de Naxos mientras dormía”.

Penélope, esposa de Odiseo, teje y desteje una tela fúnebre para su suegro Laertes para librarse del acoso de los pretendientes, que creen que su marido ha muerto y debe casarse con uno de ellos. El cómo lo recuerda Alonso: “¿Qué hace Penélope? Teje y espera el regreso de su marido. Tejer, destejer y esperar”.

Alonso remata toda esta labor: “Así se entiende la revolucionaria respuesta de la filósofa Hiparquia de Maronea cuando Teodoro preguntó si era ella la que abandonó la lanzadera y el telar: “Lo soy, Teodoro, ¿es que crees que decidí mal sobre mí misma cuando el tiempo que iba a gastar en el telar lo dediqué a mi educación?”. Hiparquia ni tejió ni esperó”.

Así sufren

A las mujeres griegas les tocaron sufrimientos épicos en todas sus acepciones. Juan J. Alonso: “Hécuba es una de las figuras femeninas más conmovedoras de toda la literatura griega, padece los peores sufrimientos y desgracias imaginables y despierta compasión de los espectadores o lectores”.

¿Quién es?

“Hécuba es una reina, esposa de rey, e hija de reyes, que se verá reducida a la condición de esclava. Es una madre orgullosa de sus numerosos hijos e hijas, algunos muy destacados y bien conocidos: Héctor, Paris, Casandra, Políxena, Deífobo, Polidoro, Troilo... a los que, uno tras otro, verá morir o desaparecer para siempre de su lado. Es una mujer que contempla en compañía de las demás mujeres troyanas, reducidas también a la esclavitud, cómo la bien amurallada ciudad de Troya, la sagrada Ilión de la que era soberana, ya sin varones que la habiten, se desmoronará, piedra sobre piedra, consumida por el fuego. No debería haber nada de burla en la frase ¡cómo sufrimos las madres!. Cuando todo se desmorona, hay algo que queda en pie: los cimientos”.

Para Juan J. Alonso “las mujeres de la tragedia siempre han sido los cimientos de una forma de entender el mundo (en parte ya superada) en la que, como dijo Antígona, porque sufrimos reconocemos haber obrado mal; pero el sufrimiento de las reinas, madres y mujeres trágicas pueden ser tan actual y conmovedor como el de las mujeres palestinas”.

En las mujeres reales de Grecia hay figuras muy fáciles de reconocer hoy por sus capacidades y ambiciones. “Aspasia de Mileto fue una mujer inteligente, experta en retórica, gran conversadora, independiente, extranjera en Atenas y mucho más que la mujer de Pericles. Fue acusada de todo lo que se podía acusar a una mujer: cortesana, prostituta, engañadora, manipuladora, inmoral, causante de guerras. Decían, escandalizados, que se vestía con tejidos de aire que hacían que el cuerpo vestido de Aspasia luciese más que el cuerpo desnudo de Afrodita surgido de la espuma del mar. Si una joven de hoy quiere ser Aspasia es que quiere ser libre, independiente y cultivada y está dispuesta a luchar contra los que creen que las mujeres deben seguir siendo esclavas, dependientes y calladitas. Lo de los vestidos de aire es opcional”.

Hay mucho que leer para disfrutar y para entender en los textos de Ana Gallego, Juan J. Alonso, Alejandro F. Cuesta, Lidia de Arriba, Pablo Huerga, Faustino López, Esther Castro, Luis Alfonso Llera, Belén Suárez Prieto, Javier Antonio Puente y Adelina Ovchinnikova.

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