Sálvese quien pueda

Yo alviseo, tú alviseas, él alvisea

Un ultra del fútbol no es más que un imbécil disfrazado.

Un ultra del fútbol no es más que un imbécil disfrazado. / FARO

Fernando Franco

Fernando Franco

Al rico acervo de la lengua española habría que añadir un nuevo verbo que, de alguna manera, definiría los signos de los nuevos tiempos: alvisear. Yo alviseo, tu alviseas, el alvisea. Alvisear vendría a ser algo así como traficar por las redes, especular, mercadear por su geografía ágrafa e impune, por su climatología selvática; telegramear, twitear sin pudor para el propio beneficio. Tendría su correlato en el “alviser”, un nuevo habitante de la democracia que ni escucha ni lee a no ser fruslerías y bobadas, ni siquiera mira sino que a lo más ve porque para mirar hay que prestar atención y ahí no llega el alviser, apantanado, apampanado entre pantallas; los alviser son una especie de hijos de la fragilidad, la levedad, la liviandad aunque sería exagerado decir la inanición del intelecto. Como un independentista archipampanado pero en versión España lololó.

Mi admirada Luz Sánchez Mellado se atreve a ir más allá y dice que el alviser es ese tipo que está hasta el gorro de los políticos, todos corruptos; de las feministas, todas locas del coño; de las ayudas públicas, salvo si las recibe él; de los emigrantes, que vienen a chupar del bote. Un tipo que presume de saber cosas que tú no sabes y que nunca verás informarse en los medios tradicionales de comunicación, todos comprados. Se cree que la prensa es solo Madrid. El caso es que hay un voto energúmeno que va del arrufianado Trump al bocachanclas Bolsonaro pasando por el alebrestado Milei y ahora crece en España (póngales nombre) y en la vieja y culta Europa, esa de la democracia liberal que derrotó a los totalitarismos. Un voto en parte alimentado por inflaescrotos, gente abonada a teorías conspiratorias, tipos que se creen especialmente informados aunque no lean ni una sílaba en ningún espacio de prestigio pero también por jóvenes huérfanos de futuro, gente que se siente fuera del sistema o maltratada por él. Un voto cada vez más racista, más demenciado, más agresivo y dispuesto a apoyar a tipos folcóricos, abribonados, zurcefrenillos. Hoy es posible llamar a un partido Se acabó la fiesta, que lo voten 800.000 y lo celebren con ¡una fiesta! en la que el invitado de más intelectual prosapia es el pequeño Nicolás.

Vivimos tiempos en que la verdad tiene que rendirle pleitesía a la mentira, le hacen decir a Fernando de Rojas en El manuscrito de niebla, una novela de García Jambrina que corre por el siglo XV español. Si eso ocurría antes, en que los osados y mentecatos no podían hablar a multitudes porque no existían altavoces, ni Internet ni youtubers cagagateras y allanabarrancos; qué será ahora que la mentira corre mucho mas rápido que la verdad multiplicada por las nuevas tecnologías. Hoy Antonio de Nebrija,  autor de la primera gramática castellana, sería un don nadie al lado de El Rubius o ese otro cagalindes cántabro con millones de seguidores adolescentes que proclama grandes verdades cuya incontestabilidad nace de su único trabajo anterior: pastor de ovejas. ¿No es un youtuber veintiañero el chipriota soplaguindas que ha sido votado para el Parlamento europeo y lo ha proclamado dando saltitos de júbilo adolescente?

Una portada del último suplemento dominical de El País define todo este clima. Ultras del PSG en Barcelona el pasado 16 de abril, vociferantes y energuménicos, más organizados y violentos. Imposible que un ultra haya leído una sola línea de un solo libro porque en los libros se hace fuerte la ternura, lo contrario de su prédica animal, bastarda y utramontana. Ellos creen que en la imprenta se esconde el demonio. Un ultra es un imbécil disfrazado, aunque ellos no lo saben. Ellos son la quintaesencia, el brazo armado de viejas ideas que están ganando fuerza en Europa a tenor de las últimas elecciones. No es extraño que gente como Javier Cercas reivindique una nueva revolución ilustrada que excluya el sentimiento nacional del dominio de lo político. Cercas acaba de entrar en la Real Academia Española, como se enteren estos le mandan al Rubius.

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