Entrevista | Rosario Raro Escritora

“A Martha Gellhorn la tacharon del desembarco en Normandía”

La autora rescata la figura de la única periodista mujer que estuvo el día D a la hora H en la playa de Omaha, que injustamente ha pasado a la historia por ser la tercera esposa de Hemingway

Rosario Raro, en la foto en la playa de Omaha, estará mañana en Club Faro

Rosario Raro, en la foto en la playa de Omaha, estará mañana en Club Faro / FDV

Eclipsada por la fama del que fue su marido durante cinco años, Ernest Hemingway, por la censura y por una sociedad patriarcal, Martha Gellhorn, la única mujer periodista que estuvo en el Desembarco de Normandía enfrentándose a todas las trabas que se lo impedían, es una de las figuras femeninas olvidada por la historia. La escritora Rosario Raro la ha convertido en protagonista de su última novela, “Prohibida en Normandía” (Planeta), obra que presentará mañana, lunes 17 a partir de las 20 horas en el museo MARCO de Vigo, ciudad por la que la autora dice sentirse deslumbrada desde que la visitó para situar algunas escenas de su anterior novela, “El cielo sobre Canfranc”. De todo ello y de otros temas hablará en la charla-coloquio conducida por el periodista de Onda Cero Rubén Rey.

– ¿Qué le atrajo de Martha Gelhorn para convertirla en protagonista de su nueva novela?

– La tenía en esa especie de trastienda que tenemos los que escribimos porque fue una de las corresponsales de guerra más importantes del siglo XX, pero cuando supe que había sido la única mujer que estuvo en el Desembarco de Normandía el día D a la hora H decidí escribir esta novela, además, teniendo en cuenta que se ha celebrado el 80 aniversario de ese acontecimiento tan trascendental para la historia.

– ¿En su proceso de documentación para abordar su libro, qué fue lo que más le impacto de lo que descubrió sobre ella y los episodios históricos que vivió?

– A través de su escritura, que parece una forma muy fidedigna de conocer a alguien, he visto que era una persona con muchísima empatía, siempre posicionándose al lado de las personas que sufren las guerras, muy intrépida (el verbo rendirse no formaba parte de su vocabulario) y muy indómita: ella decía que a los hombres les gustaba por el desafío que les suponía intentar ‘domesticarla’. A pesar de que estaba prohibido que las corresponsales se acreditaran en el desembarco por orden del estado mayor aliado, ella sigue adelante hasta el punto de cruzar el Canal de la Mancha como polizón y aparecer en la playa de Omaha, donde fue la única periodista que estuvo allí junto a Robert Kappa y otro corresponsal estadounidense. Sin embargo su presencia ahí fue borrada.

– ¿Quién la ensombreció más: su marido, la censura o la sociedad del momento por el hecho de ser mujer?

– Tuvo que luchar en tres frentes simultáneos: su matrimonio, el periodismo –muchas veces eran sus propios compañeros los que la llamaban “El peligro rubio” o “La jirafa”, porque era muy alta– y el ejército. Estaba muy eclipsada por ese matrimonio con Hemingway, ella misma decía que era muy injusto porque de los noventa años que vivió solo había pasado cinco casada con él; era un paréntesis sin peso en su biografía, por eso se pasó la vida diciendo que no quería ser la nota a pie de página como la mujer de otra persona.

– Y parece que su temor se cumplió y que Hemingway no le perdonó que fuera la única de sus esposas que le abandonó.

– Sí, intento con mi novela al menos hacerle justicia poética. Hemingway estaba muy acostumbrado a que le bailaran el agua, tenía una cohorte de esbirros que le alababan, y que alguien decidiese continuar su vida sin él no le gustó, y eso a ella le supuso un lastre porque tuvo mucha dificultad para que le publicasen sus piezas periodísticas, hasta el punto de que tuvo que autoeditarse sus escritos. Estaba casada con él cuando le negaron la acreditación para ir a Inglaterra y su revista, ‘Collier’s’, decidió enviar a su marido; ella pensó que el se negaría por solidaridad, pero no solo eso sino que viajó a Gran Bretaña en calidad de estrella mientras ella tuvo que ir en un carguero noruego que portaba munición. El agregado militar en Washington que le denegó el permiso para coger el vuelo a Londres era Roald Dahl, al que ella consideraba su amigo hasta entonces, y quien 20 años después escribiría “Charlie y la fábrica de chocolate” y “Matilda”.

Rosario Raro, en la foto en la playa de Omaha, estará mañana en Club Faro

Rosario Raro, en la foto en la playa de Omaha, estará mañana en Club Faro / FDV

– ¿Diría que fue una precursora del feminismo?

– Como se suele decir, de casta le viene al galgo. Martha provenía de una familia de origen alemán instalada en Saint Louis (Misuri); su madre era sufragista, la llevaba de niña a manifestaciones y se involucraba en todas las causas sociales dignas de defensa, desde la alimentación de los niños hasta la contaminación por carbón en las fábricas de Saint Louis; y su padre fue el primer ginecólogo que atendió a mujeres negras en el estado.

– Era amiga de Eleanor Roosevelt, ¿había una especie de sororidad antes de que esa palabra se acuñase por el feminismo?

– A veces aparece un neologismo y parece que esa palabra describa un comportamiento nuevo pero que, por suerte, es ancestral. Martha se granjeó la amistad de Eleanor Roosevelt cuando escribió una crónica sobre la Gran Depresión tras el crac de la bolsa de 19 29, recorrió todo el país levantando acta de la situación de sus compatriotas que habían quedado en la miseria. Es lo que sus compañeros despreciaban llamando “las vidas pequeñas”. Ella a los que opinaban así les llamaba los apocrifólogos, los que se inventaban las noticias, escribían de oídas y no estaban donde sucedía la acción, a veces en los bares de los hoteles, no demasiado lejos de su cócteles.

– Retrata en su novela a compañeras de Martha, cuya suerte en la vida no fue halagüeña, ¿cómo estaba considerada la mujer en la profesión periodística en la época?

– A sus compañeros dentro del ejército los trataban prácticamente como oficiales y a ellas como enfermeras, las consideraban cangrejos de caparazón blando, sus colegas en las conversaciones en el hotel Dorchester de Londres, donde se alojaba la prensa, las comparaban con una especie de urticaria; cuando contravenían las órdenes las llevaban a un campo de trabajo al este de Inglaterra o las condenaban a registro domiciliario; tenían que jubilarse a los 55 años, diez antes que ellos. Otra de las protagonistas de la novela es Lee Miller, una de las mejores fotógrafas del siglo XX, la que mejor reflejó los bombardeos relámpago de Alemania sobre Gran Bretaña. En septiembre se va a estrenar en España una película sobre su vida protagonizada por Kate Winslet. A esas mujeres todavía non se les ha dado la importancia que merecen.

Rosario Raro, en la foto en la playa de Omaha, estará mañana en Club Faro

Rosario Raro, en la foto en la playa de Omaha, estará mañana en Club Faro / FDV

– ¿Qué aspectos nos traslada de la operación Fortitude, el gran simulacro de desembarco preparado por Hollywood para despistar a los alemanes?

– Algunos especialistas en la segunda guerra mundial me han dicho que no es un episodio demasiado conocido, al menos por nuestros lares. Me interesó el papel de Hollywood porque nada menos que se llevaron de los grandes estudios a todos los que vemos en los títulos de crédito de las películas, desde técnicos de sonido hasta atrezistas, pintores, escultores y carpinteros, para montar un enorme plató de cine y hacerles creer a los alemanes que en Dover, al sur de Inglaterra, había más cien mil hombres apostados esperando para cruzar a la Europa continental .

– Para hacer que sus novelas sean transitables, habitables y perceptibles sensorialmente por los lectores suele viajar a los lugares donde las sitúa, algo que ha hecho en esta obra y también en su anterior novela, “El cielo sobre Canfranc”, ambientada en Vigo en algunas escenas, ¿cual es su conexión con esta ciudad gallega?

– Me hace mucha ilusión estar mañana en Vigo, en Club FARO, el foro del medio de prensa más antiguo de España, y ser presentada por el periodista Rubén Rey. Yo estoy en el proyecto del mapa literario de Vigo desarrollado por la biblioteca pública Xosé Neira Vilas y premiado por la Xunta en Innovación Bibliotecaria. Es una especie de plano de metro de la ciudad en el que cada autor tenemos nuestro recorrido literario, y yo tengo el mío porque en mi novela anterior, “El cielo sobre Canfranc”, salen lugares como la playa de O Vao, las islas Cíes y la Escola de Artes e Oficios. Estuve en Vigo para escribir esa novela y me pareció una ciudad deslumbrante.

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