Entrevista | Tristán Ulloa Actor
“Mi trabajo ahora está en una fase más lúdica”
“No he juzgado a Alfonso Basterra, mi papel no es echarle otra piedra”. Para empatizar con el ser humano tras el personaje “no puede calificarlo de villano”
Nieto de gallegos por parte paterna, nacido en la ciudad francesa de Orleáns en 1970, vivió en Vigo durante su adolescencia, años en que compartía escenario en el festival escolar de fin de curso con el hoy gaiteiro Carlos Núñez y aula de teatro con el actor Pedro Alonso. A Tristán Ulloa, Galicia le ha acompañado toda su vida también a nivel profesional, pues ha intervenido en relevantes proyectos del audiovisual gallego, con proyección y gran acogida a nivel nacional e internacional, como la serie “Fariña”, la película “El lápiz del carpintero” o uno de los éxitos más recientes de Netflix, “El caso Asunta”, donde encarna el papel protagonista junto a Candela Peña.
– Tras encadenar dos éxitos recientes en “Berlín” y “El caso Asunta” se encuentra ahora rodando una colaboración para otra serie y en verano vendrá a grabar una película a Vigo de la que aún no puede desvelar más detalles. ¿Está en un momento de su carrera que se puede permitir el lujo de seleccionar y rechazar papeles?
– Eso de seleccionar y rechazar me suena un poco frívolo porque realmente no están las cosas para eso, muchas veces tienes que hacer lo que puedes con lo que hay. Hay momentos en que coinciden proyectos, entonces no es que tenga que elegir, sino que el momento elige por ti. Sí está siendo un momento dulce, lo último que he hecho ha tenido muy buena recepción. Somos valores de mercado y se ve que yo estoy al alza.
– ¿Se esperaba la gran acogida que ha tenido “El caso Asunta”?
– No esperaba nada, no lo sabíamos nadie, a lo mejor sí los de Netflix, pero yo personalmente no sabía que iba a tener esta abrumadora recepción y devolución, ya no solo por parte de compañeros de profesión sino también del público común.
– Qué retos le ha supuesto, tanto a nivel interpretativo como a nivel personal, ponerse en la piel de Alfonso Basterra, un hombre que está cumpliendo condena por el asesinato de su hija?
– Basterra es un personaje –yo lo trato como un personaje, más allá de que sea una persona real– que me ha tocado recrear con ciertas licencias, no hay que perder de vista que estamos haciendo una ficción, aunque basada en un hecho real. ¿Es cien por cien así, Basterra? No lo sé, no lo conozco hasta ese punto, tengo la documentación que me ha llegado y las imágenes que hemos visto todos. Probablemente sea el personaje del que más información he tenido antes de trabajar, entonces el reto ha sido desgranar la información útil de lo que es la paja; he tenido que dejar las opiniones y los juicios aparte para poder elaborar un personaje que tengo que defender hasta las últimas consecuencias como actor. Y a mi humilde modo de ver, creo que en eso ha residido que la gente lo haya recibido tan bien. Tanto Candela (Peña) como yo, no hemos juzgado a ninguno de los dos.
– ¿Le resulta difícil empatizar con el personaje cuando encarna a un villano?
– Es que yo no lo abordo en esos términos. Si quiero empatizar con el ser humano no puedo calificarlo de asesino ni de villano. Para mí es una persona que ha pasado por determinadas circunstancias y me he tenido que imaginar, entre otras cosas, cómo se siente una persona cuando entra a una sala de juicios y ya está condenado antes de ser juzgado, cómo te sientes cuando ya ha habido un juicio mediático, cuando todos los días en las televisiones te están llamando pederasta y asesino sin ninguna prueba concluyente al respecto y cuando se escribieron libros sobre ti antes del juicio. Yo no puedo ser uno más que tire una piedra, puedo tener mi propia opinión de lo que pasó, que me la guardo para mí, pero a la hora de trabajar tengo que abandonar esa opinión.
– A Ramón Campos, el productor de la serie, Basterra le escribió una carta desde la cárcel. ¿Con usted se ha puesto en contacto?
– No, tampoco lo espero. No sé si ha visto la serie ni me quita el sueño. Yo estoy tranquilo, he hecho mi trabajo, que no es juzgar a nadie, en todo caso defender a un personaje en una ficción, no en juicio.
– Háblenos de su relación con Galicia. ¿Se considera gallego de adopción, de ejercicio o ninguna de las dos opciones?
– Es una buena pregunta porque estoy muy vinculado a Galicia desde siempre: mis abuelos paternos eran gallegos, de Monterroso y de Antas de Ulla, de una aldea pequeñita que se llama Fondevila, donde siempre veraneé; mi apellido es Ulloa por la comarca; viví en Vigo siete años de mi infancia y adolescecia porque a mi padre, que era empleado de banca, lo trasladaron ahí. Siempre que tengo ocasión vuelvo a Galicia, por lo menos tengo que estar ahí una vez al año. Galicia es algo que me acompaña, que siempre esta conmigo. Conozco muy bien su idiosincrasia y he tenido también la suerte de que el trabajo me haya llevado ahí varias veces.
– De hecho ha estado en varios proyectos importantes del audiovisual gallego. Empecemos por “Rafa”, ¿qué supuso para el sector y para usted esa serie?
– Para el audiovisual fue una serie puente, en el sentido de que abordó un tema complicado, que implicaba mojarse mucho, y también a nivel estético y de formato. Supuso un antes y un después en la ficción española, al igual que “Crematorio”, fueron dos series muy innovadoras, se atrevieron con un lenguaje, con un idioma, en el caso de “Fariña”, con el acento gallego, nos quitamos los complejos, recuperamos grandísimos talentos, tanto de actores como de técnicos. Para mí fue una satisfacción enorme que el país entero descubriese a actores con tanto talento que tenemos en Galicia, gente a la que yo he admirado desde siempre y que siempre he pensado que arrasarían. Es gente que se ha dado a conocer a nivel nacional, tanto Morris, como Carlos Blanco o Ricardo de Barreiro. Por otra parte, al abordar un tema tan tabú (el narcotráfico), sabíamos que nos estábamos metiendo en un sitio muy complicado y al mismo tiempo evocando cosas que yo ya conocía. Viví en Vigo en los años 80 , sabía lo que era bajar al quiosco a comprarle tabaco a mis padres y que el quiosquero me dijera “¿normal o de batea?”, sabía lo que era el contrabando, todo eso no me pilló de nuevas. La apuesta de Bambú (la productora) fue muy valiente, estoy muy orgulloso de lo que hicimos. Y eso me permitió hacer luego una serie como “El caso Asunta”, somos prácticamente el mismo equipo, nos conocemos, sabemos cómo trabajamos y sabíamos la apuesta seria que había detrás.
– El elenco de actores de esa serie coinciden en señalar el ambiente especial que se creó entre ellos, de amistad, camaradería y compañerismo, ¿a qué lo atribuye?
– Había algo ya no solo con el reparto, sino también con el equipo técnico, de que estábamos embarcados en algo que sabíamos que era importante, y eso generó un compromiso, había una implicación personal que iba más allá de cumplir con tu contrato, trabajar y cobrar tu dinero. Sabíamos que estábamos haciendo algo que nos tocaba a todos de alguna manera: todo el equipo técnico era gallego, casi todo el equipo artístico también, contar parte de la historia de nuestra idiosincrasia ya era una aventura, sobre todo en tu idioma, o en un castrapo, en algo reconocible para el ciudadano medio gallego y que lo conociese de esa manera el ciudadano medio español.
– Me han dicho que todavía mantienen activo el grupo de Whatsapp que crearon para el rodaje.
– Sí, se llama Fariñentos y sigue funcionando. Últimamente son más futboleros que otra cosa: están los del Celta y los del Dépor, algo que nos divide, como ocurre siempre en las mejores familias.
– ¿Y usted en qué bando esta?
– No soy nada futbolero, pero estuve en el Celta de atletismo cuando tenía quince años, entrenaba en las pistas de Balaídos, así que aunque sea solo por eso...
– Durante su adolescencia en Vigo coincidió en los mismos colegios que el gaiteiro Carlos Núñez y que el actor Pedro Alonso, ¿cómo los recuerda?
– Estuve dos años en el colegio Martín Códax, hasta octavo de EGB, y luego me fui a hacer BUP a Salesianos, donde coincidí con Pedro Alonso, que aunque iba un curso inferior al mío, estábamos juntos en el mismo aula de teatro. Y en el Martín Códax estaba Carlos Núñez, me acuerdo perfectamente de él porque hacíamos las funciones de fin de curso – curiosamente en el teatro de Salesianos de la calle Venezuela– y siempre había un chaval que todos los fines de curso tocaba la gaita. Es un orgullo que con el paso del tiempo sigamos siendo los pesados de las improvisaciones, el mimo y el payaso y el de la gaita.
– Otra producción gallega en la que trabajó fue en la película “El lápiz del carpintero”, dirigida por Antón Reixa y basada en la novela de Manuel Rivas, ¿qué recuerdos guarda de esa experiencia?
– Fue algo que se hizo con muchas ganas, era una historia muy importante sobre lo que pasó con el golpe militar de 1936. En contra de lo que se pueda pensar, en Galicia no hubo una guerra, sino un aplastamiento, hubo un bando que se dedicó a apisonar a otro, con ejecuciones masivas desde el primer momento a políticos, a gente del arte, de la literatura y de la cultura en general. La historia que cuenta Rivas, con el pretexto de este médico que existió y cuya familia tuve la oportunidad de conocer, sirve para explicar lo que sucedió en Galicia, con ese lenguaje tan poético que usa Rivas. Le tengo mucho cariño, independientemente de que la película podría haber tenido mejor suerte.
– ¿Cuál considera que ha sido hasta ahora el papel de su vida, tal vez el de Lorenzo en “Lucía y el sexo”, de Julio Medem, por la repercusión que tuvo en 2001, o el último en “El caso Asunta”?
– “Lucía y el sexo” fue en otra vida, el actor de entonces es muy distinto al que soy ahora. Uno crece y aprende, me siento orgulloso de ese actor y del actor tan diferente que soy ahora, porque he aprendido mucho tanto de mi trabajo como de la vida. Creo que los años no pasan en balde y las vivencias me han ido convirtiendo en el actor y en la persona que soy hoy.
– ¿ Y los que más le han marcado?
– No lo sé, yo intento implicarme al cien por cien en todos los personajes, incluso por pequeños que hayan sido he intentado dejar lo mejor de mí en ellos. Echando la vista atrás de los últimos años, en que he hecho más tele que cine, los rodajes que me han marcado mucho han sido sobre todo “Fariña” y “El caso Asunta”, también “La chica de la nieve”, donde hago una intervención pequeña pero me he implicado mucho. Más allá de la longitud del personaje, me importa que tengan enjundia.
– ¿O sea, que no tiene por qué ser un papel de protagonista?
– Exacto, he hecho muchos protagonistas y no son los que más me han marcado. Busco personajes en los que me pueda mirar, pueda reconocer algo a lo que agarrarme y también que tengan cierta verdad y verosimilitud. También con los que me lo pase bien, porque para mí ahora mi trabajo ha pasado a una fase más lúdica, intento pasármelo bien. Por ejemplo, “Berlín” es una prueba de ello, más allá de que el personaje que interpreto haya sufrido mucho, me lo pasé muy bien haciéndolo. Cuando llegué a “El caso Asunta” venía de algo muy lúdico, de “Berlín”, y me encuentro con un abismo profundo; me gustan esos retos de pasar de una cosa a otra son un reto, me siento muy afortunado porque ahora mismo, tal y como está el percal, es un privilegio.
– ¿Qué recuerdos le trajo reencontrarse en “Berlín” con Pedro Alonso, compañero del grupo de teatro escolar de su adolescencia?
– En aquel entonces Pedro ya tenia muy claro que quería ser actor; yo no, usaba el teatro como terapia, estaba conociéndome; más adelante descubrí una vocación y un oficio.
– En un momento de su vida decide pasarse al otro lado de la cámara y codirige junto a su hermano David “Pudor”, ¿cómo fue esa vivencia?, ¿repetiría?
– Fue algo muy satisfactorio, tan rápido y tan fácil que me asombró. Leí una reseña en un periódico sobre una novela, me fui a por ella a comprarla, me la leí en una tarde y llamé a mi hermano para decirle que me había gustado mucho. Entonces compré los derechos de la novela y me fui a rodar una película al norte de Argentina, en las montañas, sin internet, y durante el rodaje hice la adaptación de “Pudor”, de la novela de Santiago Roncagliolo. Al volver a España, puse la primera versión encima de la mesa al productor, que la leyó y me dijo “¿cuándo quieres que empecemos?”. Yo me la había jugado, pagué dinero de mi bolsillo, y no poco, sin tener productor. Un año después empezamos a rodar, fue una experiencia muy bonita. Luego intentamos levantar dos proyectos más, pero vino la crisis; ahora tenemos entre manos el proyecto de una serie con mi hermano y trataré de sacarla adelante. Mi hermano ha seguido con la dirección desde entonces: hizo las dos temporadas de “La chica de nieve”, “La caza: Tramontana”, “El inmortal” y “Ni una menos”, que ahora está teniendo mucho éxito en Netflix. Él no ha parado de dirigir, yo cogí carrerilla como actor y no es que no haya querido seguir dirigiendo, lo haré.
– ¿Qué pasaba en su casa para que hayan salido dos hermanos cineastas?
– Nada que ver con el cine. O sí: mi padre a mí me fomentó desde pequeño el amor por el cine, él quiso ser director en su momento pero no pudo ser. Probablemente mis padres nos han inculcado el amor por el arte, la cultura en general y el cine.
– ¿Quiénes han sido sus grandes referentes?
– A mí me gustaba mucho el cine, me leía todas las revistas como ‘Fotogramas’ y coleccionaba fichas de películas, me sabía todos los directores y los repartos. Un cine que me gustaba mucho de adolescente era el de Sam Peckinpah, el de Sidney Lumet, el de Cassavetes y el de Polansky. Luego hay un tipo de actores que a cierta generación nos ha influido mucho y tienen que ver con el Actors Studio, obviamente. A mí más allá de Marlon Brando, me gustaba mucho Paul Newman, porque más allá de lo apolíneo que era – tenía un póster en mi habitación en Vigo–, me gustaba mucho como persona, era un referente como ser humano por sus acciones altruistas; y como actor, abordaba tanto el drama como la comedia, era un tipo muy completo que tenía mucho en mente cuando quise materializar mi deseo de ser actor. Luego había otros que también me gustaban mucho, como Peter Sellers, cómico por excelencia, del que me leí su biografía y empecé a ver sus películas con Kubrick, descubriendo al actor trágico diferente al de “La pantera rosa”. Después me interesé mucho por Michael Caine; con un actor iba descubriendo a otro que coincidía en una misma película y fui abriendo horizontes de intérpretes que me interesaban. A nivel español, siempre me gustó Fernando Fernán Gómez, porque aparte de su teatralidad y histrionismo tenía una visión muy global de la profesión, entendía el oficio desde el autor, al director y al actor; era un tipo al que ojalá el tiempo le haga más justicia, ha sido un genio en su época y un referente para muchos de los que nos dedicamos ahora a esto. No llegué a trabajar con él, pero tuve la suerte de hacer un documental sobre él y Emma Cohen, “Viaje a alguna parte”, interpretando a Juan Soldado, un personaje encarnado por él en los años 70.
– Rebuscando en la hemeroteca me encontré con una entrevista que concedió a FARO DE VIGO en mayo de 2020 ofreciendo su testimonio tras haber contraído el Covid y estar ingresado de gravedad en un hospital. Cuatro años después, ¿cómo diría que le ha cambiado esa vivencia personalmente y cómo a la sociedad (se decía que íbamos a salir mejores personas)?
– No sé si hemos salido mejores personas; esa crisis nos llevó a amplificar lo que somos cada uno: el solidario se mostró como tal y el que no, también. A la hora de la verdad, cuando uno tiene que remar en aras del bien común se ve quién arrima el hombro y quién hace ruido y salta del bote cuando el barco se hunde. Fue un toque de atención y es paradójico que algo tan pequeño como un virus nos pueda doblegar a todos, lo cual nos debería hacer reflexionar. El aprendizaje debería haber sido colectivo, yo sé lo que vi y lo que viví. Haber hecho ese testimonio en redes sociales supuso que se me llegara a acusar de que me habían pagado por decir lo que dije, yo no tenía que rendir cuentas a nadie, nunca he vivido de dinero público ni de subvenciones. Probablemente ahora lo haría distinto, a lo mejor tendría que haber sido más cauto con la exposición porque ese mensaje en Instagram no lo hice para toda la sociedad, sino para responder a cientos de mensajes que había recibido de amigos y compañeros, tanto de España como de fuera. Luego se volvió viral, yo no lo sabía.
Suscríbete para seguir leyendo
- El caso de los asesinatos de cuatro hermanas gallegas
- Luca, el “terremoto” de los circuitos gallegos
- Los famosos gallegos de la lucecita
- Tesoros forestales para (no) perderse en otoño
- «Ramsay llega tarde, la carne gallega lleva tiempo siendo la mejor del mundo»
- Cuando la movida madrileña invadió Vigo: 36 horas de sexo, drogas y rock and roll
- De un vestido de lentejuelas de su abuela a millones de reproducciones: así se labra el éxito en redes esta influencer viguesa
- Los Quesada Legido, una saga de artistas

