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¡Métete tu selfie donde te quepa, cari!

Foto años 60 de Gordillo testimonio de la realidad rural, antes de la España vacía. / FARO

Acabo de ser testigo de cómo en un chat de gente progresista se la han metido doblada con un horrible vídeo. En el mismo se ve asesinar uno a uno y empujar a una fosa común a civiles por parte de hombres armados, que los del chat atribuyeron a soldado israelíes cuando, según mis averiguaciones, son de la guerra en Siria. ¿Qué es lo que queda de esa fotografía de siempre, anclada en la verdad, la memoria y el archivo? Según el gran Fontcuberta, se enfrenta hoy a otra en que ni es necesariamente verídico lo que refleja (para eso está el Photoshop, las trucadas con Inteligencia Artificial o manipuladas en las guerras ), ni su función es el recuerdo y, además, ha pasado a ser efímera por saturación: ya no refleja ese instante memorable de final de verano o Navidades en que nos reunimos para ver sus imágenes.

Pensé todo esto mientras visitaba en el Palacio Fonseca de Salamanca  Señas de identidad, una magna exposición de fotografía documental que abarca desde aquella España raída y gris de los años 50 hasta la colorista y vital de la movida de los 80 con autores como  Pilar Aymerich, Fernando Gordillo, Cristina García Rodero, Ramón Masats, Xavier Miserachs, Miguel Trillo, Sanz Lobato...En su Viaje por España, que ahora leo, Teófilo Gautier no tenía cámara que diera fe de sus miradas, lo contrario de quienes forman esta muestra que no es solo un acercamiento al modo en que tanto la sociedad como el medio fotográfico español cambian y evolucionan a lo largo de varias décadas sino que en ella la fotografía tiene un carácter testimonial, revelador de un tiempo y un lugar, de los pueblos, las tradiciones religiosas, las fiestas... antes de que la invasión del móvil permitiera a las masas pasarse la vida fotografíandose a sí mismo o el plato que tienen delante.

Mientras yo visitaba la exposición de Salamanca, en A Coruña se inauguraba Helmut Newton - Fact & Fiction, la obra de un fotógrafo que encontraba la belleza en recovecos insólitos hasta el momento, con un dominio técnico que no tenía equivalente en los de moda de la época, como se reflejaba en las grandes revistas en que se albergaban sus trabajos, desde Vogue a Elle. El título de la exposición, sin embargo, realidad o ficción, sugiere esa dicotomía a la que la fotografía nos enfrenta ahora: ¿será verdad lo que veo o una deleznable manipulación? Truco siempre ha habido en la historia de la fotografía, y podemos recordar entre las icónicas de otro tiempo la dudosa del miliciano cayendo abatido al saltar de la trinchera republicana en la guerra civil española pero podemos pensar en algún Pulitzer como ese buitre que espera la muerte de una niña famélica como algo real. Nada tiene que ver ese tiempo de esplendor fotográfico que vivimos los que hoy tenemos canas con el de hoy, en el que nunca antes se han hecho y compartido tantas fotos a lo largo del día pero que nadie ve, ni nosotros mismos, o que vemos como se lee en las pantallas la prensa digital: de paso y soslayo.

 Hace unos meses compuse tras un laborioso empeño un álbum de fotos con cuatro generaciones de mi familia y su diversificación por ramas, una especie de árbol genealógico que luego regalé impreso a cada uno de sus miembros. Eso es fotografía testimonial, la de siempre, pero nada tiene que ver con ese amasijo de fotos efímeras que se hacen hoy, pululan por los wassaps y me hace pensar, como dice Fontcuberta en una entrevista, que ya no es fotografía sino postfotografía. ¿Que tiene que ver esa erupción volcánica de momentos anecdóticos y destartalados selfies con las fotos de moda de Helmut Berger o con los sentimientos y la información sobre el cambio de la sociedad española que pude vivir en la visita a “Señas de identidad”, la muestra en el Fonseca de Salamanca? Aquellos pueblos radicalmente pobres, pero nunca vacíos de los años 50 de mi nacimiento, aquellas fiestas civiles o rituales religiosos de los 60-70, aquellas explosiones de alegría noctívaga de los 80 que también viví a fondo.

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