¡Mamá, mamá, mira a Superman!

Ahora los niños confunden la capa de un Cristo con la de Superman. / FARO
Cristo paso a paso. Ya sé que elegí una frase de entrada que va a originar una huida aterrorizada de lectores porque, entre tanto ruido, no está de moda una figura bíblica aunque sea fundamental para los creyentes y muy interesante para los que no lo somos desde el punto de vista literario. Cristo paso a paso es el título de un libro que acabo de presentar del sacerdote vigués José Benito Cabaniñas, un escrito desde la fe, igual que hace unos meses hice el saque de honor a la última joya de Antonio Piñero, Los libros del Nuevo Testamento, cuyas 1665 páginas investigan desde la ciencia filológica la fiabilidad o trazabilidad de los textos escritos hace casi dos milenios. Llenó el auditorio el libro de Cabaniñas de una audiencia entre la que había colegas en el sacerdocio y un público seguro que católico en sus prácticas, y yo me pregunté mientras él hablaba si no estaba toda esa gente pasando por una situación paralela a la de los cristianos primitivos aunque aquí no les echaran a las fieras.
No tienes fe? Pues jódete, me dijo un día un buen amigo muy dado a las expresiones altisonantes y humorísticas. No tengo esa suerte, soy tan pobre de espíritu que solo creo en la razón, albergo pocas esperanzas de acceder al reino de los cielos y hasta reconozco que los ateos tienen una arrogancia digna de compasión si bien yo soy todo lo ateo que un español pueda ser, que no es demasiado. El caso, y es a lo que voy, que ser cura en este país fue en el pasado un estado reverencial, de respeto e influencia, pero hoy no está de moda serlo porque no lo está predicar sobre el más allá en una sociedad atrapada por las incontables voces seductoras del mas acá con esas nuevas tecnologías para la comunicación que han sustituido la idea de Dios por la de incontables diosecillos. Yo creo que ser cura hoy reviste cierta heroicidad porque su prédica pasa por momentos de vacas flacas y es ahora cuando se puede demostrar la fuerza de su fe sin arribistas ni llegados de aquellos seminarios que se nutrían de los desheredados.
Algo parecido pienso, y con admiración, de los católicos practicantes en un contexto sociológico tan difícil para ellos y de tal cambio que incluso la ley entiende la identidad de género como la convicción personal e interna de ser hombre o mujer, tal como la persona se percibe a sí misma, y eso puede o no corresponder con el sexo y nombre que figura en el acta de inscripción del nacimiento. Con tanta mudanza de principios o criterios es un empeño difícil mantenerse fiel a los postulados de una iglesia que mira a las enseñanzas del pasado. Pero es en la adversidad y no en lo contrario donde se nutre la firmeza del carácter. Ya se sabe que el poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente y poder no le faltó a la iglesia de mi infancia, cuando corríamos para besar la mano de quien apareciera con una sotana y los curas parecían más enviados especiales de Dios que servidores .
Y qué pasa con la Biblia? Pues que ha sido un referente absoluto de toda la literatura occidental en los cinco continentes hasta los años 60, como me recordaba Antonio Piñero y, desde entonces, más o menos, ha sido sustituida casi de modo abrupto por un ámbito de referencias al espacio astronómico inmenso, a la ciencia, a la ciencia-ficción y la guerra de las galaxias. Ya no se enseña en los colegios, ya no leemos la Biblia pero somos capaces de leernos el Ulyses de Joyce sin pestañear y eso sí que es una perversión. Así no es extraño esto que ocurrió en un pueblo de Andalucía, Viernes Santo, procesión del Señor de la Madrugá, en absoluto silencio, muy de mañana. Entre los asistentes hay una mujer que lleva un niño pequeño en sus brazos; los asistentes contemplan el paso del Ecce Homo, en el que lleva una clámide de púrpura. Se levanta un poco de brisa y la clámide vuela sobre las espaldas del Ecce Homo. Una voz rasga el profundo silencio: “Mamá, mamá… ¡Mira Superman!”.
Suscríbete para seguir leyendo
- El afloramiento de aguas profundas por el viento de nordés «congela» a los bañistas de las playas de la ría de Vigo
- Adiós a los conciertos de verano en los chiringuitos de Vigo
- Portugal da luz verde a la acuicultura del futuro con su primera macrogranja de peces en alta mar
- Muere una mujer de 60 años tras caer en un pozo y electrocutarse en Vigo
- Travesía de Vigo recupera la normalidad después de que un tráiler bloquease la rotonda con Buenos Aires
- Cangas comienza a instalar vallas en las carreteras en el entorno de las playas para impedir aparcar
- Borja Iglesias: «Tras mi debut en el Mundial, Claudio me hizo llorar con su mensaje»
- Isabel y Adolfo, de Venezuela a Ourense con sus tres hijos para reabrir un puesto en la plaza de abastos: la inmigración que rescata el comercio en Ourense
