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Memoria gallega de la Faraona

El empresario vigués Cesáreo González la lanzó al estrellato en América y el cineasta ourensano Ismael González fue su asistente de prensa en México y Venezuela. Actuó en Vigo durante la primera World Fishing Exhibition celebrada en la ciudad en 1973

Lola Flores, en pleno esplendor de su carrera artística FDV

Cierto que Lola Flores ya era una artista muy conocida en España, pero si en el año 1951 el empresario vigués Cesáreo González no le hubiese ofrecido aquel millonario contrato que la hizo cruzar el charco y actuar, rodar películas y participar en programas de televisión en América, sobre todo en México, la Faraona no hubiera podido alcanzar la fama internacional y la categoría de mito a la que llegó en vida esta singular mujer del que este fin de semana se cumple el centenario de su nacimiento. Ella misma lo reconoció en sus memorias con esta agradecida frase: “Cesáreo me ayudó a despegarme de Manolo Caracol y a vivir por mí misma”. Pero pongámonos en situación.

Tras ganarse la vida recorriendo y actuando hasta en los locales noctámbulos más cutres de toda España, la bautizada como María Dolores Flores Ruiz (Jerez de la Frontera, 21 de enero de 1923- Madrid, 16 de mayo de 1995) empezó a encontrar los primeros atisbos de estabilidad económica cuando, en 1945, ella y el cantaor Manolo Caracol, su pareja en aquella altura, fundaron en Madrid el Zambra, un local en el que durante seis años triunfó con un espectáculo que se erigió en una de las grandes atracciones de la noche golfa madrileña. El éxito, no obstante, no pudo evitar ni esconder el progresivo deterioro de las relaciones entre el Caracol y la Flores. De ello debió percatarse un Cesáreo González que ya comenzaba a despuntar como el gran magnate de la industria cinematográfica española en el que llegó a convertirse con la creación de la productora Suevia Films. Con ella produjo, todavía con Caracol, la película La niña de la venta (1951), pero ahí se acabó la relación de Lola con el cantaor, y con toda seguridad debido al influjo del gallego, que se convirtió en su protector y del que, aunque se ha especulado que entre ambos hubo algo más que un contrato profesional, ella siempre habló con respeto, tal y como lo reflejó en su autobiografía y en todas sus declaraciones cuando se le preguntaba por él: “Era un conquistador pero, ante todo, un caballero”, decía.

Cesáreo González

En exclusividad, Cesáreo le ofreció a la futura diva un contrato por dos años de seis millones de pesetas, y ahí no incluimos generosos regalos como un broche en forma de clavel cuajado de brillantes y un cadillac, automóvil de lujo que en su momento desató unos rumores de romance a los que Lola salió inmediatamente al paso: “A mí me regaló lo que le dio la gana. ¿Y qué? ¿Pues no le regaló también a Joselito un caballo blanco y no era su novio?”.

Tras La niña de la venta, Lola protagonizó otras diecisiete películas más con Suevia, entre ellas algunas de las más destacadas de su trayectoria: La Estrella de Sierra Morena (1952),  Pena, penita, pena (1953), Morena Clara (1954), La danza de los deseos (1954) La Hermana Alegría (1955), Limosna de amores (también titulada Tú y las nubes) (1955), Los Tres Amores de Lola (1956), La Faraona (1956) Échame la culpa (1959), María de la O (1959), Venta de Vargas (1959), Las de Caín (1959), El balcón de la luna (1962), De color moreno (1963) y La gitana y el charro (1963), la mayoría en colaboración con productoras latinoamericanas. ¡Y eso que el citado contrato, en principio, solo contemplaba una duración de un par de años!

Tras la enumeración de esta filmografía de Lola Flores, habrán hallado respuesta, quienes todavía se lo pregunten, sobre de dónde le vino a Lola su “título” de Faraona: procedente de una película, rodada en México, en la que la jerezana encarna a una guapa gitana con mucho carácter, Pastora Heredia, que siempre intenta ayudar a los más necesitados. Un buen día le llega la noticia del fallecimiento de su abuelo, un millonario que vivía en México y que, desde que se enfadó con su padre, no sabía nada de él. Sin embargo, como Pastora era su única nieta y la heredera universal de todos sus bienes, ésta no duda en cruzar el charco para reclamar su herencia. Pero una vez allí resulta que don Guillermo, el abuelo, no está muerto…

Eso sí, Lola, que se llevó parte de su familia a América, se ganó a pulso todo lo que consiguió. De esa época recordaba su hermana Carmen en el documental Lola que “hacíamos shows diarios durante seis meses. Trabajamos a morir. Dos funciones en el teatro y otra después, por la noche. Estábamos vestidas de artista desde las cuatro de la tarde”. México, Argentina, Brasil, Venezuela... Lola Flores ya arrasaba en todos los países en los que se proyectaban sus películas o actuaba en directo cuando se publicó la mítica reseña del New York Times: “Ni canta ni baila, pero no se la pierdan”. Y fue González su artífice, es decir, quien, además de su proyección como actriz en el cine, gracias a sus contactos la promocionó en la prensa y le abrió las puertas de los locales de moda, entre ellos el lujoso “El Capri, en el que actuó ante un selecto público entre el que se encontraban Ginger Rogers y Vittorio Gassman, que por supuesto ratificaron la admiración de la que venía precedida, avalada por la nota del NYT.

Suevia Films funcionó durante 28 años, en los que participó de distintas maneras en 150 películas, convirtiendo a su dueño en el productor más importante de España durante el franquismo. Su carné de falangista, su apoyo al bando nacional en la Guerra Civil y su cercanía a otros gallegos poderosos como Manuel Fraga influyeron lo suyo, claro.

PADRINO DE BODA

Y a todo esto, ¡faltaría más! Cesáreo González fue el padrino de la boda entre Lola Flores y Antonio González “El Pescaílla” el 27 de octubre de 1957 en El Escorial, en una ceremonia que se tuvo que celebrar casi en secreto y con solo 22 invitados porque, señala la periodista Raquel Piñeiro, “ la feliz pareja, que esperaba un hijo, estaba amenazada de muerte por todo un clan gitano: los Amaya”. Y es que, aunque Antonio El Pescaílla era soltero, tenía ya una niña de tres años, Antoñita, con Dolores Amaya, sobrina de la bailaora Carmen Amaya, lo que según la ley gitana le obligaba a hacerse cargo de ambas. “Dolores y la niña -seguimos a Piñeiro- vivían con la familia de Antonio en Barcelona, y él se ocupaba de la manutención a la vez que hacía su vida de artista en casi total libertad. Con tanta libertad que hasta había tenido otro hijo, Antonio, con una bailaora llamada Carmen Santos, que además actuaba en la compañía de Lola Flores. Y esta Carmen, para cerrar el círculo, había sido el único amor de Manolo, el hermano de Lola Flores que murió con solo 16 años”. Como resumía la propia Lola, “mi vida estaba muy complicada”.

Ismael González

En los tiempos en que las producciones de Suevia triunfaban en Latinoamérica, también pululaba en aquellos ambientes cinematográficos un singular gallego, Ismael González, que, entre otras particularidades, posteriormente dirigió o produjo más de medio centenar de películas. Nacido en O Carballiño, trabajó para la United Artists, introdujo en España el Cine de Arte y Ensayo y, en funciones de una especie de road manager en los rodajes de estrellas de Hollywood de la época, “cuidó” de una rutilante nómina de actores y actrices que abarcan desde Spencer Tracy a Montgomery Clift pasando por Clark Gable y Marilyn Monroe, ejerciendo de traductor al español en sus entrevistas para la prensa latinoamericana. En 1954 Ismael fue contratado por la distribuidora “Salvador Cárcel CA” de Venezuela como ayudante del departamento de publicidad. La “Salvador Cárcel” era por aquel entonces una empresa que no solo controlaba la producción venezolana, sino que actuaba de delegada de la emergente industria cinematográfica de México y Argentina y, además, se encargaba de distribuir las películas de la UA en los países americanos de habla española. En la distribuidora, González empezó a ascender hasta ser nombrado, pese a su juventud, Jefe de Publicidad y Relaciones con la Prensa.

Desde finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, el carballinés se encargó del lanzamiento de todas las películas que estaban en la órbita de la “Salvador Cárcel”. Fue en ese periodo cuando conoció a la flor y nata del cine español y latinoamericano: desde Sara Montiel a Pedro Infante, pasando María Félix, Silvia Pinal, Luis Buñuel... Sus tareas como “encargado de relaciones públicas” de las estrellas españolas derivaron incluso en que tuviese que actuar como “guía y padrino” de Joselito y Marisol. Del primero contaba que “era un chaval muy listo y, en mi opinión, el español que con mayor rotundidad triunfó allí”. De Marisol, “tuve que hacer poco menos que de padre durante tres meses, llevándola de la mano de un lado para otro”. Y de Lola Flores, que “todavía me parece que fue ayer que la conocí. Cuando llegó, se trajo a su hija Lolita, que aún era un bebé, en un cestito del que jamás se separaba”. Rodase o actuase, Lolita y su cunita siempre estaban lo más cerca posible de la madre. 

Cuando la Lola se vino al puerto… de Vigo

Resulta sorprendente comprobar que, en las hemerotecas de la prensa gallega, apenas se encuentren reseñas de actuaciones de Lola Flores en Galicia durante las décadas de los 50 o 60. De hecho, se desconoce si lo hizo o no. De manera que para que encontremos la que pudo ser la primera actuación estelar de La Farona en nuestra comunidad autónoma hay que remitirse a septiembre de 1973, y en un marco muy especial, pues fue con motivo de la primera edición de la la Exposición Universal de la Pesca en Vigo, un evento que, hasta entonces, solo se había celebrado en Inglaterra. Era también la primera vez que Vigo acogía un evento de tal magnitud y a fe que los organizadores se esmeraron en la programación, no solo de los actos oficiales, sino de los paralelos. A ellos nos referimos porque, para solaz de los ilustres invitados, la programación de la discoteca Nova Olimpia, propiedad de Alejandro Fernández Figueroa, anunciaba la actuación de, entre otros, Lola Flores. Ninguna reseña periodística describe cómo se desarrolló aquella gala, pero José Manuel Mosquera, colaborador de Fernández Figueroa, no solo nos la confirma, sino que nos apunta: “Sí, durante aquella World Fishing Exhibition, Nova Olimpia organizó toda una semana dedicada a la música española, o por mejor decir andaluza, durante la cual cual actuó Lola Flores, con El Pescaílla, así como también Carmen Sevilla, Campuzano y otros músicos…”. Quede pues constancia.

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