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Esto no es fútbol, es mucho más

De la ola de suicidios provocados por la derrota de Brasil en la final de 1950 al testararazo de Zidane a Materazzi pasando por las injerencias políticas de Mussolini o el asesinato del defensa colombiano Andrés Escolar

El testarazo de Zidane a Materazzi. Reuters

“El mayor espectáculo del mundo” es el título de una película de Cecil B. de Mille de 1952, que atribuía al circo esta categoría. Actualmente son los Mundiales de Fútbol los que se han hecho con la acreditación gracias a la implantación de este deporte-espectáculo en todo el mundo y al gran impulso de la televisión, que comenzó a emitirlos en 1954. Aunque le sigan a poca distancia los Juegos Olímpicos y en países como Estados Unidos no llegue a superar a la Super Bowl, hoy se puede afirmar que el Mundial de Fútbol es el acontecimiento más seguido en todo el mundo.          

La evolución del fútbol, sus técnicas, las reglas de juego, la puesta en escena… se han venido desarrollando en los Mundiales. Ahora todo eso se puede rastrear en internet, donde están resultados, alineaciones, récords y nombres destacados de jugadores y entrenadores de cada convocatoria. Sin embargo hay acontecimientos secundarios que son poco conocidos. Un libro del periodista argentino Luciano Wernicke (Historias insólitas de los Mundiales de fútbol. Altamarea), se centra en las anécdotas, las curiosidades y los sucesos que pueden ser marginales para la gran historia del fútbol pero que a veces han sido decisivos para el resultado de algunos partidos y otras simplemente testimonian el azar, la pasión o la locura que acompaña a este deporte.

La idea de celebrar un Mundial de Fútbol se concibió por la FIFA para evitar conflictos como la I Guerra Mundial, con el fin de facilitar un acercamiento entre las naciones. Comenzaron a celebrarse en 1930 y para tener una idea de cómo ha ido evolucionando su importancia sólo hay que advertir que en las primeras convocatorias los equipos no tenían que clasificarse, sino que eran invitados y que aún así había dificultades para conseguir un número suficiente a pesar de que el país organizador, el primero Uruguay, pagaba los gastos de viaje y alojamiento a todos los equipos, gastos que resultaban onerosos cuando tenían que venir desde muy lejos, a veces sólo para jugar un único encuentro en el que resultaban eliminados.

En relación con el reglamento, sorprende ahora que las camisetas de los futbolistas no llevaran números a la espalda, que no aparecieron hasta el Mundial de 1950 en Brasil (los nombres de los jugadores se incorporaron en 1994) y resulta asombroso que no se pudieran hacer cambios ni siquiera cuando un jugador tenía que abandonar un partido por lesión. Fue en Italia 1934 cuando se permitió hacer uno (los dos cambios no se establecieron hasta 1970 en México y en 2018 se permitieron cuatro en caso de prórroga) y también allí se incorporó el tiempo extra para evitar la repetición de un partido tras un empate (en 1934 Italia tuvo que jugar tres partidos en cuatro días). El desempate por penaltis no se instauró hasta 1982 en España.

El jeque kuwaití que amenazó al árbitro con un cuchillo durante un partido del Mundial de España. FDV

En 1966 se establecieron los controles antidoping, y las tarjetas amarilla y roja se utilizaron por primera vez en México 1970, ideadas por el exárbitro Ken Aston, que se inspiró en un semáforo cuando en 1966 volvía de ver un durísimo choque entre Inglaterra y Argentina. En 2014, otra novedad: el spray evanescente para fijar la colocación de la barrera. Un error arbitral en el Mundial de 2010 planteó la necesidad de utilizar un ojo de halcón, aunque el VAR no se incorporaría hasta 2018.

Tras el “Maracanazo” el entrenador de Brasil no se atrevió a salir de los vestuarios hasta dos días después del partido, y lo hizo disfrazado de mujer

El Mundial de 1950 se recuerda como el del Maracanazo, por la derrota de Brasil en su feudo contra Uruguay, que provocó ocho muertos por infarto durante el partido y decenas de suicidios después. El entrenador Flavio Costa no se atrevió a salir de los vestuarios hasta dos días después del partido y lo hizo disfrazado de mujer, y el portero Moacir Barbosa se fue del país. La selección de Brasil decidió cambiar la camiseta. La leyenda de este equipo comenzó a gestarse en el Mundial de 1958 en Suiza, con un Pelé de 17 años y con Garrincha, un jugador extraordinario a pesar de tener los pies desviados hacia adentro, una pierna seis centímetros más corta que la otra y la columna vertebral torcida.

El colombiano Andrés Escobar y su asesino, el narco Humberto Muñoz. FDV

La política

La política tampoco estuvo ausente de los mundiales. Mussolini presionó a la FIFA para que el de 1934 se celebrara en Italia. Los seleccionados fueron obligados a afiliarse al Partido Fascista y hacer el saludo romano cuando sonaba el himno. Italia ganó el Mundial y, más que los goleadores, para la prensa Mussolini fue el héroe de la Copa. En 1973 Chile jugó un partido de clasificación contra nadie porque la URSS, su rival, no se presentó en protesta por el golpe de estado de Pinochet. Aún así hubo que marcar un gol. En el Mundial 82 de España el conflicto de las Malvinas estuvo planeando a lo largo de todo el campeonato a pesar de que comenzó al día siguiente de terminada la guerra. En este Mundial un jeque kuwaití llegó a amenazar con un cuchillo al árbitro que anuló un gol a su equipo.

Madres de la Plaza de Mayo durante el Argentina 78. FDV

Algunos acontecimientos ajenos al juego han quedado para la posteridad en la memoria de los aficionados. Así el testarazo de Zidane a Materazzi en Alemania 2006, el mordisco de Suárez a Chiellini en 2014, el rumor de que en 1966 el equipo de Corea había sustituido a seis jugadores sin que los jueces se enterasen a causa del parecido físico de sus caras, el árbitro que pitó el final del partido Brasil-Suecia 1978 cuando tras sacar un córner el balón aún estaba en el aire, el defensa colombiano Andrés Escolar asesinado de 12 balazos por haber metido el gol en propia meta que eliminó a su selección en 1994 (el nigeriano Yakubu Ayegbeni recibió más de mil amenazas de muerte en 2010 por fallar un gol a puerta vacía). Se recuerda la ola en México 1986 o la vuvuzela en el de Sudáfrica 2010, en el que un pulpo pronosticó la victoria de España.

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