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Una mujer de vida intensa

María Casares fue una de las grandes actrices del siglo XX, pero en España su figura no ha sido tratada con la dignidad que merecen su carrera y su trayectoria vital

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María Casares, en una fotografía del estudio Harcourt en 1947

En Los libros arden mal el escritor gallego Manuel Rivas narra dramáticamente cómo quemaron los franquistas la espléndida biblioteca de Santiago Casares Quiroga, quien fuera jefe de gobierno de la II República en 1936 bajo la presidencia de Manuel Azaña. Era el padre de María Casares, una de las mejores actrices de teatro que dio el siglo XX a la cultura europea. Este mes se ha cumplido el primer centenario de su nacimiento. Los fascistas asaltaron también en 1936 la casa familiar de la aldea de Montrove, y una de sus tías, presa del pánico, se arrojó por la ventana, a consecuencia de lo cual quedó paralítica. La familia tuvo tiempo de escapar a la persecución de los fascistas. De la biblioteca quemada se salvaron las obras completas de Shakespeare y los poemas gallegos de Curros Enríquez, unos libros que María Casares y su madre habían metido en la maleta antes de huir hacia el exilio, y que conservaron toda su vida.

Pocas autobiografías se han escrito tan sinceras, tan auténticas, tan descarnadas, como la que María Casares publicó en 1980 con el título de Residente privilegiada, reeditada recientemente por Renacimiento (el título alude a la calificación que se le daba a la actriz en el documento expedido por la prefectura de la policía de París). Y tan bien escritas, hay que añadir, como resaltó Alejo Carpentier en la reseña que dedicó a este libro.

María Victoria Casares Pérez (quienes la conocieron dicen que le gustaba que la llamasen Maruxa), nació en A Coruña en el 21 de noviembre de 1922. Cambió los paisajes de la aldea gallega de Montrove por el urbanismo de Madrid cuando la familia se trasladó a vivir a la capital de España y más tarde, ya en el exilio, por el cosmopolitismo de la capital francesa, con sus bistrots, sus comercios de luminosos escaparates y sus calles bulliciosas y elegantes, una ciudad a donde llegó el 20 noviembre de 1936 huyendo de los franquistas cuando estalló la Guerra Civil. Lo hizo en tren desde Barcelona acompañada de su madre y de Enrique López Tolentino, su joven amante, que luego lo fue también de María. Nunca olvidó aquella Galicia de sus primeros años ni abandonó el acento gallego, con el que hablaba francés, y en sus memorias recuerda que cuando niña su madre le leía poesías de Rosalía de Castro y de Curros Enríquez. En O tempo das mareas. María Casares e Galicia María Lopo escribió un texto espléndido en el que recoge la intensa saudade de María por la Galicia de aquella infancia. Y Anne Plantagenet, otra de sus biógrafas, también aprecia este mismo sentimiento en La única, título que alude al nombre con el que la llamaba Camus. El director teatral Lluis Pascual escribió de María Casares como actriz que “su genio destiló siempre y en cualquier lengua aires de Finisterre y un perfume de rebeldía profundamente céltico”.

Tanto en su biografía como en las obras de María Lopo y Anne Plantagenet la actriz manifiesta además una poderosa defensa de los principios republicanos (en su casa de la calle parisina de Vaugirard acogía frecuentemente a españoles exiliados). Plantagenet dice en su libro que cuando regresó por primera vez a España María Casares no quiso visitar Galicia por miedo a ver la casa familiar saqueada y por lealtad a la memoria de su padre, cuyo nombre un gobernador franquista ordenó que se borrase del Registro civil. Quienes la conocieron dicen que recuperó el paraíso de su infancia al convertir la casa solariega que compró en La Vergne en una especie de pequeña Galicia.

Al poco tiempo de su llegada a París ingresó en el conservatorio de la capital francesa para estudiar Arte dramático, animada por los actores Pierre Alcover y su esposa Colonna, amigos de sus padres, y en 1949 entró en la Comédie-Française. Desde entonces adoptó como su lema de vida “Mi patria es el teatro” (con este título la editorial Trifolium ha publicado recientemente una recopilación de artículos sobre ella). Desde el principio le encomendaron papeles de responsabilidad en obras de Eurípides, Shakespeare, Víctor Hugo, Racine y Calderón de la Barca. También de autores contemporáneos como Genet, Sartre, Valle-Inclán, Brecht y Anouihl. Al principio de su carrera hizo algunas películas. Se recuerdan sus papeles en “Les enfants du paradis” en 1944, “Les dames du bois de Boulogne” en 1945 y la adaptación de “Orfeo”, de Jean Cocteau, en 1950. Abandonó el cine para entregarse al vértigo del teatro, donde alcanzó un éxito total.

Durante su vida de actriz se relacionó con personajes de la cultura francesa y española, como Picasso, Jean Cocteau y Albert Camus, el Premio Nobel con el que vivió un intenso romance de 16 años que comenzó –recuerda María Casares– en la casa de Michel Leiris el mismo día del desembarco de los aliados en Normandía y duró hasta la muerte del escritor en un accidente de coche. María Casares, que también llegó a representar algunas piezas de Camus, dijo que esta muerte fue como una amputación. La hija de Camus, Catherine, publicó en 1997 la correspondencia que mantuvieron ambos amantes.

Su carrera conoció también grandes éxitos en América latina. Interpretó “María Tudor” de Víctor Hugo y “El triunfo del amor” de Marivaux en Buenos Aires, una ciudad en la que se encontró con escritores gallegos exiliados: Rafael Dieste, Eduardo Blanco Amor, Luis Seoane.

María Casares, pintada y maquillada por ella misma FDV

Después de la muerte de Franco, en 1976 representó en Madrid “El adefesio”, de Rafael Alberti, en una gira que no llegó a alcanzar Galicia porque el espectáculo se suspendió. Las sensaciones de esta estancia en España están recogidas en uno de los mejores capítulos de su biografía.

Murió en Alloue en 1996. En España su figura no ha sido tratada con la dignidad que merecen su carrera y su trayectoria vital. Este centenario es una gran oportunidad para rescatar su memoria.

  • A Filmoteca de Galicia recupera a desatendida traxectoria fílmica de María Casares. Ela dixo que o cine é implacable, esgotador. Puido ser a súa carreira máis brillante e prolífica?

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