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David Russell Solista de guitarra clásica

“El folk es la base de todas las músicas, ¡no debe perderse!”

“Quienes interpretamos música clásica, buscamos, obsesivamente, la perfección técnica, porque en lo nuestro los fallos se notan mucho”

David Russell, rodeado de guitarras, en su casa de NIgrán. / RICARDO GROBAS

En 1974 llegó a Santiago para proseguir sus estudios de guitarra y participar en el ciclo Música en Compostela en el que, además de ganar un premio que le permitió costear el presupuesto de su “primera guitarra”, conoció a su actual pareja, María Jesús, gallega y también guitarrista. Entonces dio varios pasos trascendentes en su vida: enamorarse, establecerse en Galicia (un poco después) y desarrollar una carrera que le ha llevado a ser considerado uno de los mejores guitarristas de música clásica del mundo. Ganador del premio Grammy por su disco “Aire Latino” en la categoría de mejor solista instrumental de música clásica, doctorado Honoris Causa en Música por la Universidad de Arizona en Tucson, incluido en el Salón de la Fama de la Guitar Foundation of America, miembro de la Royal Academy of Music de Londres… David Russell, nacido en Glasgow, Escocia, en 1953, ha ganado los concursos internacionales más prestigiosos de guitarra solista, pero su modestia y humildad brillan por sus ojos azules cuando nos recibe, después de una de sus largas giras por el planeta, en su fogar de Nigrán, localidad de la que ha sido nombrado “Hijo Adoptivo”.

–Su último disco se titula “Cantigas de Santiago”. ¡Por fin una obra gallega en su discografía!

–La obra está compuesta por un músico de Gales, Steve Goss, amigo mío, que hace ya tiempo me dijo que le gustaría componer una obra para mí y para María Jesús.Y como él conocía las Cantigas antiguas le sugerimos la temática de Santiago. A Steve le pareció perfecto, así que utilizó siete de las melodías, dos de ellas de Martin Códax y otras del Códice Calixtino, a las que adaptó a un estilo más moderno.

–Pero todavía no las ha interpretado en Galicia.

–No, y eso que ya las he tocado en numerosas ocasiones. Pero espero tener la oportunidad de hacerlo.

–¿Está tan cerca la música gallega de la escocesa como parece?

–Son muy similares y cada vez se están acercando más. Yo ya lo sospechaba, y sin embargo cuando vine a Santiago por primera vez, me sorprendió ver gaitas en los bares. La música folklórica es la base de toda la música, ¡no debe perderse! De hecho, la música clásica bebe mucho de ella. Se aprecia en todos los grandes compositores, desde Beethoven hasta, por llevarlo a mi instrumento, Manuel de Falla, y en este caso de una manera muy evidente.

–¿A qué da más importancia en su carrera: a su discografía o a sus conciertos?

–Las dos cosas son muy importantes para mí. Es bonito grabar porque es algo que queda para siempre, pero lo que yo soy es concertista, entonces lo que me ilusiona más directamente son los conciertos. Pero son dos cosas separadas, como dos formas de arte, porque el concierto en directo es inmediato y solo queda en la memoria de la gente que asiste a tu actuación, mientras que el disco es como una exposición de tu obra que obviamente se puede escuchar las veces que quieras.

–Escuchando sus propios discos, sobre todo los primeros, ¿no le da por pensar, a veces, pasado el tiempo, algo así como “yo ahora esto lo hubiese hecho de otra manera”?

–Por supuesto. Uno sabe que cuando graba un disco está haciendo algo que dura para toda la vida, por eso debes tratar de hacerlo a tu máximo nivel en todos los sentidos: musical, técnico, de sonido…Pero, claro, como le ocurre a todos los artistas, siempre queda algo que, transcurridos los años, ya no te convence, te chirría. Sin embargo, también pienso que si, por ejemplo, tienes 25 años y grabas un disco, lo haces como un artista joven; y si tienes más de 50 lo vas a hacer con mayor madurez. ¡Pero es que también hay virtudes en la manera joven! El entusiasmo que le pones, la energía...

–En 2005 recibió usted el Premio Grammy. ¿Qué supone un galardón como este para un músico de clásica?

–Supone mucho, sí, pero me explico. Hay muy pocos Grammies para nosotros, y menos para solistas. Yo tuve mucha suerte de que me votasen y, aunque mi carrera ya iba bien encaminada, a partir de la concesión del Grammy me hicieron muchísimas entrevistas y en los conciertos siempre me presentan como “ganador de Grammy”, lo cual ayuda mucho a la promoción, y eso es bueno para mí y para quienes me contratan, claro.

David Russel, en su casa de Nigrán RICARDO GROBAS

–Usted ya vivía en España (en Menorca) durante su infancia. Supongo que esto tendría mucho que ver en que eligiese como instrumento la guitarra.

–Es que mi padre también tocaba la guitarra, aunque como aficionado, de manera que yo siempre tuve en casa una guitarra y, aunque probé con otros instrumentos, siempre me sentí guitarrista, incluso desde que tenía cinco años de edad. En España ocurre que la música folklórica está muy viva, y entonces ya desde muy niño escuchaba flamenco, y también la música folklórica menorquina. Y, claro, si tu instrumento es la guitarra y vives en España ¿cómo no vas a tocar música española? Incluso los compositores extranjeros, muchas veces, cuando escriben para guitarra, no pueden resistirse a introducir algún elemento español.

–¿Y cree que en España se le da el valor que merece a la música compuesta para guitarra?

–Yo creo que sí. Ocurre que cada país, y no solo España, suele quejarse de que se minusvalora lo suyo, pero aquí la guitarra está muy valorada. En Galicia, por ejemplo, hay muchísimos alumnos de guitarra en los Conservatorios, y ya no digamos en Andalucía. ¿Que cuántos llegan a ser profesionales? Pues en la misma proporción que los de piano o los de violín, pero todos ellos van a disfrutar de su música aunque sean amateurs. Aquí hay mucha, muchísima gente joven que toca de maravilla.

–Lamentablemente, en este país no gozamos de nivel ni público en la música clásica como los que tienen en Alemania, Austria, Reino Unido.. El músico español de clásica que quiere vivir de ello profesionalmente se ve obligado a emigrar, para aprender y para actuar.

–Todo es relativo. Yo te puedo dar la contrapartida: hay alemanes que vienen a España, italianos que se van a Inglaterra, ingleses que van a Francia…En el mundo actual lo que no puedes hacer es aislarte, no puedes quedarte en un solo país, y la posibilidad de ir a otros países y conocer lo que se está haciendo por ahí es fundamental para nosotros.

–Es que conozco a músicos que me dicen que no solo lo hacen por aprender más, sino para poder ejercer la música (y estamos hablando de la clásica) profesionalmente?

–Sí, eso también ocurre, pero depende del instrumento que toques. Si tú eres violinista, es evidente que la tradición española no tiene la fuerza que tiene la de Austria, por ejemplo. De todas formas, en España se está mejorando mucho, y ahora hay muchas y muy buenas orquestas, cosa que no ocurría hace 30 o 40 años.

–¿Cómo ha cambiado la situación de la guitarra dentro del ámbito de la música clásica desde sus inicios?

–Cada generación tiende a pensar en aquello de “¡Uf! ¡Estoy en el peor momento!”. Cuando empecé había muy pocos guitarristas y escasísimos conciertos de guitarra, así que yo tenía que vivir de dar clases en las escuelas, pero eso ha cambiado. Actualmente hay muchos músicos que tocan muy bien, y además hay más trabajo, y es mucho más fácil conocer lo que se está haciendo en Estados Unidos, en Latinoamérica…Yo conozco a guitarristas españoles, más jóvenes que yo, que un día están dando un concierto en Alemania y al otro en Sudamérica, o donde sea, y esto cuando yo empecé era casi imposible. Yo fui a tocar por primera vez a Estados Unidos porque tuve la suerte de que alguien me llevó allí…pero es que por aquel entonces dar un solo concierto significaba tener que quedarte allí y vivir mes y medio aislado del mundo.

David Russel, en su casa de Nigrán RICARDO GROBAS

–¿Es usted un obseso de la perfección técnica

–Mira, la guitarra es un instrumento bien difícil de tocar que necesita muchas horas de estudio. Hay otras formas de música que no exigen de tanta habilidad, lo cual no quiere decir que no sean tocadas por grandes artistas…De hecho, hay rockeros que la tienen, como Mark Knofler o John McLaughlin, que son unos genios. ¡Y qué decir del flamenco! Escuchas flamenco y parece que no hacen mucho, pero escuchas a Paco de Lucia y te parece un extraterrestre. Hay de todo en todos los géneros, lo que pasa es que a la música clásica, si la tocas chapucero, se te cae totalmente. Nosotros, los que interpretamos música clásica, buscamos obsesivamente, sí, la perfección técnica, porque en lo nuestro los fallos se notan mucho.

"Los flamencos tienen mucho que enseñarnos a los clásicos y nosotros muchas cosas que aprender de ellos....Y a la inversa”

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–¿Le ha tentado adentrarse en el flamenco?

–Adentrarme, no, pero sí que me he acercado.

–¿Una concesión a la música popular?

–¡No, que va! Los flamencos tienen mucho que enseñarnos a los clásicos y nosotros muchas cosas que aprender de ellos (y a la inversa). Pero yo no hago música para ver si consigo incrementar en un 50 por ciento mi público, la hago porque es lo que de verdad, interiormente, me satisface, y he tenido la suerte de vivir de ella, porque si no igual tendría que hacer otra cosa. Yo me acerco al flamenco pero no me meto del todo porque sé que ahí soy un pez fuera del agua, sólo puedo hacer cuatro cosas…Aunque hay algunas obras, del flamenco como también del jazz, que tienen mucha influencia y si las voy a tocar tengo que asomarme, y me gusta, pero sigo siendo un instrumentista de música clásica, es lo mío.

"El sentimiento se produce cuando hay una conexión entre el intérprete y quien lo escucha, una conexión que genera emociones”

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–La música, sin sentimiento ¿deja de ser música?

–No, sigue siendo música, lo que pasa es que no conecta. El sentimiento se produce cuando hay una conexión entre el intérprete y quien te escucha, una conexión que, además, genera emociones. Es decir, que es algo compartido. El sentimiento es algo intangible y, no se sabe por qué, hay gente que lo transmite más y otra menos. Pero la música se puede ver desde varios puntos. Yo, por ejemplo, necesito que la composición que interpreto esté muy bien hecha para que el que me escuche sienta algo, como que le valga la pena perderse un partido de fútbol del Mundial por asistir a un concierto de guitarra. Una de las cosas que más les digo a los guitarristas jóvenes es que se esfuercen por conectar con el público.

–¿Sigue siendo la música clásica en España un territorio para las élites (sobre todo si hablamos del público que acude a grandes eventos en lujosos auditorios)?

–Ya no sucede tanto, pero eso es verdad y es una pena. Pero es así. Yo, como guitarrista, estoy en medio. A mis conciertos viene mucha gente que no iría nunca a una ópera. Hay un elemento de la música clásica que la relaciona con un espacio que la clases altas utilizan para socializar, pero yo lo que veo es cada vez más gente joven en los conciertos.

–¿Tiene alguna guitarra favorita?

–Esta es la que uso ahora (la señala). Yo siempre necesito mi mejor guitarra, esta tiene 12 años, y como no puedo viajar con varias… Pero no soy fetichista, aunque debo decir que esta que veis aquí (nos señala una de las que están colgadas en la pared) fue mi verdadera primera guitarra, porque la otra era de mi padre. Me costó mil pesetas. Me gusta verla, tenerla, pero reconozco que suena mal. Bueno, en realidad conservo todas mis guitarras.

–¿Se puede contar una historia a través de un instrumento musical?

–Si, pero la historias parten, sobre todo, de la imaginación de quien te escucha.

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