20 AÑOS DEL PRESTIGE

Generación ‘Prestige’: un desastre en diferido

Veinte chicos nacidos alrededor de 2002 explican su relación con una catástrofe que marcó una época en Galicia. Se ven con mayor conciencia ecologista que sus padres, aunque consideran insuficientes los avances, y desconfían de los grandes poderes: “Puede volver a ocurrir”

Imágenes tomadas esta semana en cabo Silleiro y en 2002 en la misma zona de Oia donde el chapapote llegó a la costa

Contra todo pronóstico, lo que más preocupaba a la mariscadora arousana Genma Dorado a mediados de noviembre de 2002 no era aquel barco a la deriva que amenazaba con cubrir de fuel su medio de vida. Genma estaba ingresada en el hospital por complicaciones en su embarazo, sin ser consciente de lo que estaba ocurriendo con ese petrolero a la deriva cargado de crudo. El 13 de noviembre, el día en el que el Prestige se hundió frente a la costa gallega, al fin dio a luz a su hija Eva Soto Dorado. “Fue nacer yo y enterarse de lo que había pasado. Estaría contenta por mí y triste por la catástrofe, pero creo que sobre todo estaba preocupada por el parto”, cuenta.

Pero, ¿cuánto pesan 77.000 toneladas de crudo en la memoria de los que estaban dando sus primeros pasos o ni siquiera habían nacido? En líneas generales, las 20 voces recabadas muestran un conocimiento nebuloso sobre lo ocurrido. Salvo algunas excepciones, tienen una idea sucinta y un tanto imprecisa de los hechos. Casi siempre lo primero que les viene a la cabeza al preguntarles es el “brutal” impacto de las imágenes de animales muertos y de voluntarios de trajes blancos manchados de petróleo. La mayoría no empezaron a tener consciencia de la catástrofe hasta que tenían ocho o diez años.

“Mi madre, mariscadora, me tuvo el día que se hundió”

Eva Soto - Vilagarcía (2002)

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Aunque hay casos especiales, como el de la baionesa Zoila Alonso, que pronto tuvo un contacto directo con las consecuencias de la marea negra: “Bajaba a la playa y siempre olía mal. Fue cuando mi prima y mi madre me empezaron a explicar qué pasó. Tendría unos cinco años”. Una experiencia similar narra el verinés, ahora residente en Baiona, Carlos López: “Cuando iba a Oia de pequeño me extrañaba ver manchas negras en la costa. Ahí me contaron que había sido un barco que se hundió y que se vertió mucho petróleo”. Malena Fontela, de Panxón y con toda la familia paterna dedicada al mar, supo del desastre por las pegatinas de Nunca Máis que decoraban su casa. Tenía unos seis años cuando preguntó a sus padres qué significaba aquella bandera de Galicia con el fondo negro. “Me contaron que tuvieron que bajar a las playas a limpiar, mi padre y mi abuelo iban con el barco a quitar el petróleo”. También el progenitor de Borja Santos, de Cangas, era marinero de bajura de aquella y se tuvo que fajar con la mancha de crudo que amenzaba a las islas Cíes.

“Conocí el desastre por las pegatinas de Nunca Máis”

Malena Fontela - Panxón (2002)

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huellas del MALESTAR

Uno de los factores que hizo del hundimiento del buque algo más que una catástrofe ambiental fue la intensa movilización social que desató. Por esta vía de la reivindación también supieron de lo ocurrido los vigueses Rodrigo Legerén y Malena Rodríguez. Al primero se le quedó grabado el cántico “O do bigote, que limpe o chapapote!”, en referencia al entonces presidente del Gobierno, José María Aznar. “Mis padres me recuerdan que de muy pequeño la cantaba. No sabía ni lo que era, pero con el tiempo ya me informaron”. Malena, como su tocaya de Panxón, también tiene como primer recuerdo las omnipresentes pegatinas, pero explica que no entendió la dimensión del desastre hasta que, con 11 años, vio la exposición que el Marco organizó por el décimo aniversario: “Me impactó mucho”.

“De pequeño cantaba ‘o do bigote que limpe o chapapote'’”

Rodrigo Legerén - Vigo (2000)

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De la veintena de testimonios consultados se colige que el sistema educativo gallego ha tenido un rol desigual a la hora de difundir la catástrofe y sus consecuencias. Bastantes de los jóvenes no recuerdan que se les hablase del Prestige en clase o cuentan que el asunto se trataba por encima, pese a que la materia figuraba en los libros de texto. Ángel Plaza, de Vigo, cuestiona esas carencias: “¿Por qué nunca llegamos a ver esto, que es muy grave, que nos involucra, que tiene consecuencias que nos afectan? Siempre me lo pregunté”.

Hay algunos centros, en cambio, que sí dieron a los alumnos herramientas para entender la importancia de la marea negra. En el colegio público de Panxón, por ejemplo, ya en Primaria hacían actividades relacionadas, como la realización de murales, el visionado de vídeos o la organización de charlas. Alberto Otero recuerda que, de manera más específica, en la asignatura de Biología se les enseñó sobre el impacto del fuel en el ecosistema marino, pero también sobre la dimensión social, con el masivo movimiento de voluntarios que se organizó para cubrir las lagunas de la gestión de las administraciones. Otro caso es el centro religioso de San Narciso, en Marín. Allí estudió Pablo Domínguez, que conoció lo sucedido en primaria a través de una profesora que había sido voluntaria y que les mostró fotos de las gaviotas pretoleadas. “Era un tema muy recurrente a la hora de analizar noticias”, añade sobre los cursos posteriores.

"En primaria nos enseñaron las fotos, me impactó mucho"

Pablo Domínguez

— Meis (2002)

Con los matices inherentes a un grupo tan nutrido, de las 20 entrevistas se desprende una doble conclusión, en parte contradictoria: la catástrofe les resulta muy lejana y a la vez les causa una gran impresión. En primer lugar, el caso Prestige, pese a un largo recorrido judicial que lo ha devuelto a la actualidad con cierta frecuencia, les parece algo de otro tiempo. El vigués Santiago Pérez lo describe de manera elocuente: “Ahora sí que tengo curiosidad, pero como fue hace tanto pensé que habría solo unas pocas fotos. Como si fuese algo de una época en blanco y negro”. Eso sí, sus respuestas sobre sus sensaciones al ver las imágenes suenan al unísono. “Es verdaderamente impactante ver cómo quedó la costa y cómo se ha llegado a recuperar. Me corta las palabras pensar que algo así ha podido pasar aquí, tan cerca”, expone Ángel Plaza. En un tono similar se expresa Malena Fontela: “Todo lo que ves ahora, en un segundo se puede convertir en algo horroroso. Fue un golpe de realidad ver esas imágenes”.

Imagen tomada en cabo Silleiro, en una tramo de costa al que llegó el fuel.

Imagen tomada en cabo Silleiro, en una tramo de costa al que llegó el fuel. / RICARDO GROBAS

¿Un nuevo ‘prestige’?

Otra cuestión que suscita consenso entre los jóvenes es la creencia de que algo similar puede volver a suceder en cualquier momento. Hay grados; unos están muy convencidos y otros creen que la legislación y los protocolos adoptados en los últimos años ayudarían a mitigar las consecuencias de un nuevo siniestro marítimo en la costa gallega. Se percibe en sus razonamientos desconfianza hacia los poderes públicos y hacia las grandes empresas. Creen, a grandes rasgos, que los intereses económicos priman sobre los ecológicos.

“Se sigue la misma política, les da igual la contaminación”

Alexandra quintela - Nigrán (2000)

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“No me sorprendería que volviese a ocurrir, no creo que se estén tomando medidas. Siguen la misma política, les da igual la contaminación”, esgrime Alexandra Quintela. Tampoco Mario Otero, de Cangas, es muy optimista: “No sé si estamos mejor preparados o no, pero que puede pasar de nuevo, seguro. Hace un año y pico el Ever Given taponó el canal de Suez, una de las vías de comercio marítimo más importantes del mundo. Si hay errores a esta escala, ¿por qué no va a tener un petrolero algún problema? El mar es muy tracionaero, hay situaciones peligrosas todos los días”. El ejemplo de este portacondenedores que mantuvo en jaque a la cadena de suministros global lo pone también, de manera espontánea, Santiago Pérez.

“Si se taponó el canal de Suez, puede repetirse una marea negra”

Santiago Pérez - Vigo (2003)

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Por el contrario, el tudense Pablo Piñeiro, que estudia Derecho, comenta que a raíz del accidente se modificaron las normativas para que los buques monocasco, como el Prestige, no naveguen tan cerca de la costa y también para que tengan que pasar mayores controles. “Creo que en el mismo sitio no volvería ocurrir, pero en otro lugar es posible”, matiza. La visión la comparten otros de los consultados, algunos casi como un acto de fe. “Supongo que las costas estarán ahora más protegidas y las autoridades ya serán más conscientes”, apunta Daneyda Valerazo. El que muestra confianza en la ciencia es el estudiante del máster de Biotecnología Avanzada Alberto Otero: “Hay avances científicos para remediar antes un accidente así”.

“Supongo que las costas estarán más protegidas”

Daneyda valerazo - Vigo (2000)

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Además del choque que les supuso enfrentarse a la “estampa dantesca” de las costas teñidas de negro, si hay algo que suscita la unanimidad es en cómo actuarían ante una situación similar. “Ya se vio en los incendios de 2017, que todo el mundo salió ayudar, creo que reacionaríamos igual que de aquella”, explica Adrián Martínez, de Gondomar, que vivió en primera persona la ola incendiaria de aquel año. En ese asunto solo hay una voz discordante, la de Paula Soto da Rocha, que aporta una visión más crítica. “Estamos tan bombardeados por tantos desastres... Si pasase en costas gallegas me afectaría muy personalmente, pero el mar Menor se está muriendo, hubo un vertido en La Línea y pasará algo idéntico dentro de dos semanas en cualquier parte del mundo. Estas cosas ya no nos afectan tanto como lo hacían antes”.

“El bombardeo de desastres hace que ya no afecten tanto”

Paula Soto - Panxón (2002)

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El debate ecologista

Lo que más divide a los 20 veinteañeros entrevistados es la cuestión de si la suya es una generación con más conciencia medioambiental que la de sus progenitores. Si hubiese que reducir las respuestas a la simple estadística se diría que la mayoría creen que, en efecto, son más ecologistas de lo que eran sus predecesores. Pero en cuanto desarrollan un poco la idea, empiezan los matices. Por ejemplo, Carla Estévez: “Tenemos bastante más conciencia que nuestros padres, pero nos hace falta mucho por adelantar. La gente no la pone en práctica en el día a día”. En una línea similar se expresa Naroa Rodríguez: “Quiero pensar que estamos más concienciados, yo por lo menos lo estoy. Pero hay mucha gente de mi edad que no. No sé si las cosas están yendo a mejor”.

“La gente no pone en práctica el ecologismo”

Carla estévez - Vigo (2001)

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Bruno Román, por su parte, pone en cuestión que esta sea una cuestión generacional. Él, tanto en su círculo de amigos como en su familia, sí que observa una concienciación importante. “Pero no todo el mundo es así, igual mi percpeción está un poco sesgada”. También Alexandra Quintela opina que no es una cuestión de edad, y que el ecologismo va con la idiosincrasia gallega. Mario Otero, por su parte, sí cree que los jóvenes tienen un espíritu más ecologista, pero en seguida lo problematiza. “Incluso estamos sobresaturados. No sé si desarrollamos un ecologismo sano o simplemente es por colocarnos la medalla de que somos muy verdes, pero al final no lo somos tanto. Hemos crecido con mensajes sobre el cambio climático que se te quedan en la cabeza y que nuestros padres no tenían. Pero no tengo tan claro que los apliquemos”.

“No sé si queremos ponernos la medalla verde”

Mario Otero - Cangas (2002)

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Marea negra viral

¿Cómo se viviría una catástrofe como aquella con la actual expansión de las redes sociales? Una aplastante mayoría de las voces recabadas confiesa hacer un uso abusivo de aplicaciones como Instagram y TikTok, así que no es arriesgar mucho pensar en perfiles teñidos de negro. Borja Santos, estudiante de Periodismo, cree que las redes permitirían que fluyese más información de testimonios directos de los hechos. “En los grandes medios muchas veces se cuenta de la forma que dictan ciertos poderes, con la redes cualquiera puede grabar lo que ocurre”, asevera. En una línea similar se expresa Eva Soto, que cursa Comunicación Audiovisual. Se imagina a los usuarios aprovechando estas herramientas para concienciar sobre la catástrofe. Aunque añade un matiz. “La información no se difunde mejor, pero sí más”. Quizás, si de aquella hubiese redes, su madre se hubiese enterado mientras esperaba su nacimiento en el hospital.

“Hoy habría más información gracias a las redes”

Borja Santos - Cangas (2002)

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