"La cultura de Galicia sufre el sesgo del nacionalismo"

Asesora de Augusto Ferrer-Dalmau, el “pintor de batallas”, y colaboradora de Arturo Pérez-Reverte, afirma sentirse vetada y atacada por “quienes solo miran de los Ancares para dentro”

María Fidalgo, ante un cuadro de Ferrer-Dalmau.

María Fidalgo, ante un cuadro de Ferrer-Dalmau. / Gerardo Lucio

Salvador Rodríguez

Salvador Rodríguez

Nacida en Ferrol, en el seno de una saga científica, artística y militar, María Fidalgo Casares (1964) reside en Sevilla desde hace más de 30 años. Habitual invitada a participar en numerosos e importantes congresos históricos, María es una mujer apasionada, sincera y, cual no tiene reparo en reconocer, “a veces, políticamente incorrecta”.

-De Ferrer-Dalmau bien se puede decir que, ya en vida, se ha convertido en un fenómeno social de la Historia del Arte. ¿También usted lo considera así?

-Es sin duda un caso único, y sí, se ha convertido en todo un fenómeno social por varias razones. Empezando por la del hastío general de una pintura de vanguardia que, a mi juicio, a los únicos que convence es a los “culturetas” o a gente muy underground. Porque, fuera de ahí, hoy en día el arte está muy despegado de la sociedad y la gente está harta de ver un hierro viejo y que le digan que se trata de un “amanecer existencial”. ¡Eso ya no se lo cree ni el gato! El público generalista ha dado la espalda al arte moderno porque considera que lo están timando y, en este panorama, de repente surge un artista que pinta “ de verdad” que compone, ¡al que se le entiende, vaya! y, claro, la gente reacciona. Eso, por una parte. Por otra, está lo del mensaje patriótico, y me explico. Resulta que ante esta avalancha de la desvertebración de España, o afirmaciones continuas de España como nación que no existe, lo malvados que fuimos en América, o el ninguneo de sus héroes en los libros, etc... que aparezca un pintor que está orgulloso de la Historia de España y que, a contracorriente, lo manifiesta en unas obras impactantes, pues claro que llama la atención. Y como además de obras de arte, son documentos, enseguida han saltado a ser imágenes obligadas en trabajos de Historia. Por último, están las redes sociales, en las que Ferrer-Dalmau tiene miles de fans que hablan de él, que lo elogian y que comparten sus cuadros todos los días. Y todo eso, entre otras cosas, es lo que ha hecho de Ferrer-Dalmau un fenómeno social.

-¿Cuál es su misión en el trabajo de Ferrer-Dalmau? ¿Le sugiere cuadros, lo documenta, le proporciona información histórica…?

-Al principio de su carrera artística, además de pintar, Ferrer- Dalmau lo hacía todo, incluido todo ese proceso de documentación, de investigación, de cuidar de la fidelidad hasta en el detalle más diminuto de sus cuadros que tanto lo caracteriza. Con el tiempo, ha delegado parte de ese trabajo en otros, cada uno de ellos el máximo experto en la materia, e incluso cuenta con un equipo propio. Al principio, mi labor era solo de asesoría y, bueno, con el paso del tiempo entablamos una confianza mutua (porque él le valora que como doctora en Historia del Arte analice con rigor los aspectos artísticos de sus obras) y empezamos a colaborar en diferentes ámbitos: libros sobre sus obras, textos de presentaciones, conferencias, o comisariados de sus exposiciones.

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-Habrá a quien sorprenda su conocimiento sobre la movida de Vigo.

-Tuve la inmensa suerte de vivir la movida en primera fila y me marcó profundamente, me dejó una huella indeleble. Estudié en Santiago, gran caja de difusión de la movida de Vigo, y no había nada escrito desde un punto de vista riguroso, académico. Escribir sobre ella era una forma de devolverle tanto que me dio y sobre todo que me hizo ser la persona que soy hoy.

-¿Cuál cree que ha sido, o es, el legado cultural de la movida?

-Aquello fue una vorágine de todo. De cultura, de moda, de cambio social... Nuestro estandarte principal era la música pero es que en Galicia aquello significaba romper con el discurso oscuro del Longa noite de pedra de la generación anterior, para apostar por la libertad personal, la frescura y la creatividad sin complejos. El Santiago de los 80 en el que estudié fue la ciudad que más movida consumió y además con mayor entusiasmo. Fui una afortunada.

-Por reflejar en sus cuadros acontecimientos de gran importancia en la Historia de España, sobre todo militares, hay sectores de la sociedad española que no comulgan con los cuadros de Ferrer-Dalmau. ¿Qué es lo que echa tanto para atrás a estos detractores?

- A los que se echan para atrás ante los cuadros de Ferrer-Dalmau es que no les gusta la Historia del Arte. Eso para empezar. Y después, vaya, que estamos en una época de machaque continuo con el “buenismo”, el pacifismo antimilitarista... eso, mezclado con el discurso del “España no existe”, dando la espalda a la visión de España en conjunto y alimentado falacias en la línea de la “leyenda negra”, es lo que provoca que, a los nacionalistas y la llamada progresía, que en absoluto son progresistas, les choque mucho el mensaje de Ferrer-Dalmau que no es otro que el de contar con sus pinceles y a lo grande que España ha sido y es una gran nación. Pero bueno, ellos se lo pierden.

-De Goya se ha dicho que fue el primer pintor que reflejó el horror de la guerra en sus obras. Pero la imagen que dan la mayoría de los cuadros de Ferrer-Dalmau no es precisamente esa.

-¡Noo! Ferrer-Dalmau tiene muchos cuadros que reflejan el horror de la guerra. Él muestra la gloria, pero también en muchos lienzos la crueldad y la derrota. Porque también hay honor y gloria en las derrotas y, lo cierto, será por lo que tienen de romántico, sus cuadros de derrotas son tanto o más queridos que los de acciones heroicas. Son muy célebres, por ejemplo, sus cuadros sobre el carlismo cuando los carlistas han sido los grandes derrotados de la Historia de España.

-Vendiendo como él vende, ¿por qué no se le ha ocurrido a otros pintar cuadros de batallas, aunque sea para subsistir económicamente?

-Claro que los hay, pero la realidad es que no tienen calidad. Ten en cuenta que pintar un cuadro de batallas con dignidad requiere un alto nivel de excelencia técnica: composición, organicidad de las figuras, tratamiento del movimiento… Precisamente Ferrer-Dalmau ha puesto en marcha la Fundación Arte e Historia Ferrer-Dalmau en la que se formarán alumnos de un Master de Pintura Histórica. Se trata de formar a generaciones que colaboren con él y sean el relevo para cuando él falte.

"La gente de a pie da la espalda al “arte de vanguardia” porque lo considera un timo. Hoy hablar de “vanguardia” es irrisorio. A lo más que llega es a ser un elemento decorativo”

-Y hasta que se jueguen la piel. Ferrer-Dalmau ha ido incluso a frentes de guerra con el ejército español.

-Es que, como pinta soldados, decidió que tenía que vivir en primera línea la experiencia de los soldados: el miedo, la ansiedad, el horror, la esperanza de volver a casa sano y salvo… para poderlo transmitir con mayor verosimilitud. Por eso estuvo en Irak o en Afganistán. Ferrer Dalmau es el primer pintor español de todos los tiempos al que invitan a las misiones bélicas y ha sido multicondecorado por el ejército español.

-Su opinión sobre el llamado arte de vanguardia es la de una experta en Arte, pero es que hay mucha gente que piensa lo mismo. ¿Por qué el silencio de los críticos (en el mejor de los casos) ante obras que, según usted, semejan tomaduras de pelo?

-La gente normal calla porque cree que si dice lo que de que verdad piensa tiene miedo que la tomen por ignorante; y luego tenemos al clásico politiquillo…que no tiene ni idea pero apoya al vanguardista porque se siente más moderno… El arte de vanguardia de fines del XIX y principios del siglo XX, tenía su sentido. Hoy el arte de vanguardia es irrisorio y a lo más que llega es a ser un elemento decorativo. En cuanto a los historiadores del arte, y esto lo digo con todos los respetos, ocurre que la mayoría de ellos son profesores de instituto que, normalmente, se convierten en funcionarios docentes y dejan de investigar. Y a los críticos de arte, pues bueno, forman parte del establishment y no les interesa decirlo porque saben que corren el riesgo de que los marginen, de que los veten o no vuelvan a publicar…

-Colabora usted con Arturo Pérez-Reverte en Zenda. ¿Son complementarias las pinturas Ferrer-Dalmau y la literatura de Pérez Reverte?

-Lo que une, entre otras cosas, a Pérez Reverte con Ferrer-Dalmau, aparte de ser dos números uno cada uno en su género, es que no tienen complejos por la Historia de España. De todos es sabido que Pérez Reverte no tiene pelos en la lengua y escribe lo que le apetece cuando le apetece, en tanto que Ferrer-Dalmau pinta lo que le apetece cuando le apetece. Y, sí, realmente son dos espíritus libres que no se deben a nadie, que no han sido subvencionados, y que se han labrado una carrera independiente por la que no tienen que rendir cuentas a nadie. Yo, en este punto soy como ellos, de ahí que por ejemplo me tengan relegada en Galicia.

-¡No me diga! ¿Y eso?

-Es que, claro, colaboro con un pintor “españolista”, soy antileyendanegrista y escribo de historia militar y encima tengo muchos lectores… digamos que tengo un perfil “incómodo”.

-¿Y hay más razones?

-Por todo eso y porque la cultura oficial en Galicia sufre un sesgo nacionalista tremendo. Y solo valoran lo que ocurre de los Ancares hacia dentro. Cuando escribí los libros sobre Ferrer-Dalmau -que fueron los libros de artista más vendidos del siglo XXI- pensé que en Galicia tendría algún reconocimiento. Pues nada. Pero es algo que no solo me afecta a mí. También a historiadores y escritores gallegos que escriben en castellano por ejemplo y que son reconocidos en toda España pero en Galicia ni caso.

-¿Hasta dónde llegan esos vetos que usted sufre?

-No sé si llamarlo veto, pero es curioso que en Galicia sea la comunidad donde menos conferencias doy y a menos congresos se me invite. Incluso en ámbitos que saben que yo domino, suelen llamar a personas menos cualificadas y esto me pasa hasta en mi propia ciudad, Ferrol. En las redes, recibo ataques de los nacionalistas gallegos. Me ridiculizan, ponen en cuestión mi doctorado, cuestionan cuando se me premia… Pero no me amilano. Tengo claro que soy profundamente española y gallega. Llevo más de 30 años en Sevilla y sigo sintiendo que estoy de paso.  Además soy una gallega existencial. Creo en la identidad diferencial de Galicia, estoy convencida de que tenemos una personalidad única y una historia espectacular. Haga lo que haga siempre barro para casa. Lo saben bien los que me conocen.

Carlistas, Colón, la Contra Armada...

-Hablaba de los cuadros carlistas de Ferrer-Dalmau. Usted ha escrito mucho sobre el carlismo. ¿Qué le atrajo del carlismo?

-Bueno, sobre todo he escrito ensayos bibliográficos y sobre la pintura carlista. Existe un lamentable desconocimiento del carlismo, al punto de que se ha convertido en uno de los aspectos más desconocidos de la Historia de España. Contra lo que se ha escrito, los carlistas no fueron esos señores rancios y anacrónicos con quienes se les identifica, ni tampoco las guerras carlistas consistieron, simplemente, en unas guerras dinásticas sino, sobre todo, religiosas y entre los partidarios de la tradición y los liberales, éstos con una ideología ajena a España. Y hay que recordar que, cuando ganaron, los isabelinos represaliaron a los carlistas brutalmente. Pero de eso nadie sabe casi nada. Y si se sabe, no se cuenta.

-¿Qué opina de la tesis que ubica la cuna gallega de Cristóbal Colón en Galicia?

-La apoyo totalmente. Cualquier historiador que se ponga a examinar los documentos históricos que hay no encontrará ninguno que testifique la genealogía de Colón. Los que se manejan están falsificados. En su momento, Mussolini se gastó una millonada para hacerlo italiano y, en España, a principios del XX la Real Academia de la Historia, en la que se debatía el asunto gallego, suspendió esas sesiones de debate a instancias de Alfonso XIII ( a petición de Italia). Y es que no existe ningún documento fidedigno que confirme que Colón nació en Génova. En cambio, sí que abundan documentos que nos llevan a pensar que su cuna fue Galicia:  de todas las patrias atribuidas a Colón, la de Galicia es la más posible.

-¿Qué cuadro de gran acontecimiento de la Historia de Galicia que aún no haya sido pintado le gustaría que lo hiciese Ferrer-Dalmau?

-Tengo mucho interés en que pinte a María Pita y el episodio de la Contra Armada, que fue una gigantesca invasión naval que tenía como misión acabar con la superioridad de la monarquía hispánica. Esa invasión fue derrotada en A Coruña con una síntesis de fuerza e ingenio impresionante y una gran intervención de las mujeres. Cambió el rumbo de la historia europea y americana, pero eso, claro, no interesa en la cultura oficial gallega, porque fue un acontecimiento planetario.

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