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Faro de Vigo

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“Garufa”, Gardel y Víctor Soliño

Pareja bailando tango.

De los buenos aficionados al tango es conocida la coautoría gallega de la letra de una de las piezas más conocidas del género, “Garufa”, grabada por primera vez en noviembre 1928 interpretada por Alberto Vila. Víctor Soliño Seminario, coautor de la versiada junto a Roberto Fontaina, había nacido en Baiona el 10 de septiembre de 1897 siendo, catorce meses después, “emigrado” a Uruguay. Profesionalmente dedicado al periodismo, se inició en el tango en 1922 con la letra de “No quiero”, y a partir de 1924 ya no pararía de escribir piezas interpretadas, además de por Vila, por figuras como Rosita Quiroga, Agustín Magaldi, Tita Merello y otros populares cantantes, así como fados, zambas, fox-trots, valses… De todas ellas, “Garufa” fue su gran gran éxito y la que más perduró, por eso, hurgando en su biografía, nos asombramos al encontrar unos párrafos incluidos en su libro Mis tangos y los Atenienses, editado en 1961 y reeditado 1967, en los que dice: “Nunca tuve el placer de escucharle a Carlos Gardel un tango mío. Eso no quiere decir que no los haya cantado porque por aquellos tiempos recuerdo perfectamente que muchos amigos míos que lo aplaudieron en París, Madrid y Barcelona me traían noticias de la alegría que experimentaron al oírle al Mago algunas de mis composiciones. Pero este olvido de Gardel por mis cosas tiene una razón que no resisto al deseo de relatar…” Y en su relato el baionés cuenta que, en 1926, un compañero del periódico, Perico Bernat, le avisó de que Gardel había grabado uno de sus tangos, “Mocosita” , y que para su difusión solicitaba su permiso. Contra pronóstico, Soliño se negó a dárselo, alegando que ya se había comprometido con la cantante y amiga Rosita Quiroga, y que él no rompía sus compromisos...¡ni por Gardel!

Sobre el Mago, Soliño se despacha de esta manera: “Tuve oportunidad de conversar con él en varias ocasiones y hasta de participar en algún asado con amigos comunes. Pero trato más o menos íntimo con Carlitos nunca tuve. Había una valla que la educación y el don de gentes disimulaban. Pero estaba allí, infranqueable... Era “Mocosita”. ¿Era sincero el gallego cuando contaba (¡avanzados los años 60!) que no le había escuchado nunca a Carlos Gardel cantar tangos suyos, entre ellos “Garufa”? A esas alturas, resulta imposible que lo desconociese, pero es que hay rencores que duran toda una vida. Y las letras de los tangos, en ocasiones, también los reflejan.

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