Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Mujeres fuera de serie

La mujer que rema hacia la luz

La remera Sandra Piñeiro compitió en el prestigioso Club de Orio hasta que la anorexia le hizo virar y replantearse sus metas. Escribió un libro sobre su experiencia con el que busca ayudar a otras personas a superar la enfermedad. Tras dejar el remo, al menos de momento, trabaja en una clínica de medicina deportiva y practica carrera de montaña

La deportista gallega Sandra Piñeiro

“Una remera siempre es una remera”. La que habla es Sandra Piñeiro (Boiro, 1996), una deportista que logró su sueño de pertenecer al prestigioso Club de Orio, uno de los grandes a nivel nacional, pero que ha demostrado ser también capaz de remar en la oscuridad de la anorexia y escapar de sus garras y, además, ayudar con su ejemplo a otras personas que pasan por situaciones parecidas.

Sandra era una niña apasionada por los deportes. Se recuerda todo el día activa: voleibol, parque, raquetas, patines… “El deporte ya desde muy niña era lo que me hacía sentir bien”, dice. Cuando tenía 10 años, fueron a su colegio para potenciar las escuelas deportivas y llevaron una máquina de remo que despertó la curiosidad de la niña. Fue el primer contacto de la boirense con este deporte, que enseguida la enganchó. “Yo era un poco bruta y a mi madre no le hacía mucha ilusión que eligiera esta disciplina, considerada muy masculina, pero a mí me encantaba”, recuerda.

  • ¿Quién soy?

    “Una mujer con muchas ganas de aprender; apasionada, valiente y muy soñadora”

De los bateles pasó a la trainerilla y después a la trainera, cada vez con entrenamientos más duros y largos, dentro y fuera del agua. “Me lo empecé a tomar más en serio a los 15 años, cuando ganamos el Campeonato Gallego y logramos la Plata en el nacional… Ver que vales te sube la autoestima y te empoderas”, asegura.

En 2016 pasó del Club Cabo de Cruz al de Riveira y seguía estudiando, disciplinada como pocas. Cuando tocó elegir carrera, Sandra optó por Relaciones Laborales en la Universidade de Santiago. “Realmente no me gustaba, pero las cosas en casa no estaban muy bien y quería estudiar fuera”, justifica. Fue un año en el que, apunta, “aprendí a buscarme la vida”, pero supo reaccionar a tiempo y al año siguiente logró entrar en el grado de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, en Pontevedra, su verdadera vocación.

La deportista gallega Sandra Piñeiro con su equipo de remo de Orio

El último año de carrera, el Club de Orio ofreció a la remera formar parte del equipo y realizar las prácticas que le exigían para finalizar sus estudios. “Era el sueño de toda remera y no lo dudé”, apunta. Así, en 2019 Sandra se unió a esta “gran familia” que asegura que es el equipo para ella. “Me recibieron con los brazos abiertos y lograron que me sintiera cómoda desde el primer momento”, agradece.

En Orio la gallega vio la fuerza del remo también entre las mujeres, rompiendo estereotipos, y descubrió la enorme afición que existe en el País Vasco por este deporte: “El remo aquí tiene una gran visibilidad y las regatas son como un Madrid-Barça”, destaca.

Sin embargo, la alta exigencia de este deporte y el estrés al que estaba sometida también por temas personales terminaron haciendo estragos en la joven gallega, que llevó su cuerpo al límite y comenzó a perder peso a un ritmo acelerado. “Quería ser mejor, entrenaba tres veces más de lo necesario y controlaba cada caloría; no me daba cuenta de que estaba perdiendo el control”, cuenta. A Sandra le tocaba remar en el mar más bravo al que se había enfrentado nunca: la anorexia.

"La anorexia me hacía creer que tenía el control, pero en realidad me estaba rompiendo y dejando de ser yo”

decoration

Tardó bastante tiempo en admitir que tenía un problema. “El trastorno alimenticio me hacía creer que tenía el control. Como soy muy disciplinada y sacrificada, en realidad sentía que estaba haciendo algo positivo”, asegura. Sin embargo, poco a poco se dio cuenta de que “me estaba rompiendo y estaba dejando de ser yo”.

Sandra decidió dar un paso adelante y contar su problema, lo que fue el primer paso para su recuperación. “Cuando cuentas lo que te está pasando y recibes ayuda profesional te liberas de una enorme carga emocional y comienzas a ordenar lo que sientes”, describe. Y recibió el apoyo de su mundo. “Me ayudaron en el club, mis compañeras de piso, todos…”, agradece.

La deportista gallega Sandra Piñeiro con su equipo de remo de Orio

La deportista gallega Sandra Piñeiro con su equipo de remo de Orio

La deportista lamenta que un deporte de alto rendimiento, como es el remo al nivel que estaba ella, “no cuente con los recursos de otros deportes, que ofrecen al equipo atención médica, un nutricionista, psicólogo….”. Sandra estaba sola ante la fiereza de este trastorno hasta que perdió el miedo a pedir ayuda.

Fue en las sesiones con la psicóloga cuando ésta le sugirió escribir un diario contando lo que sentía. Sandra se puso manos a la obra y el ejercicio fue fructífero: “Desde pequeña me gustaba escribir y realmente este ejercicio me ayudó a comprenderme”, cuenta.

El talento para la escritura de la gallega sorprendió a la especialista, que fue quien la animó a publicarlo para ayudar con su experiencia a otras personas que pasaran por el mismo trance.

"Creímos que el libro podría animar a otros a pedir ayuda y a no sentirse solos en esta batalla”

decoration

El resultado fue el libro “Remando en la oscuridad”, que publicó con ayuda de un proyecto de micromecenazgo. “A mí me ayudó compartir mis miedos y como los patrones de la enfermedad son siempre parecidos creímos que el libro podría animar a otros a pedir ayuda y a no sentirse solos en esta batalla”.

A partir de la publicación del libro, la remera ha ofrecido además varias charlas contando su experiencia. “No tengo intención de ir más allá en este terreno; simplemente lo he hecho cuando me lo han pedido, de forma altruista”, destaca.

La deportista ya había demostrado sobre la trainera el valor que ella otorga a la colaboración, a buscar siempre la manera de avanzar en equipo. Lo que ocurrió en una importante regata en 2019 fue el mejor ejemplo y le valió el apodo de la “remera sin remo”: en un momento de la carrera a Sandra se le rompió una parte del remo. Tras unos segundos de disgusto, cuando se dio cuenta de que no podía remar y que suponía un peso extra para la trainera decidió mantener la posición y balancearse como sus compañeras, pero sin remo, para que toda la embarcación mantuviera el ritmo y el equilibrio. “Hacer piña para mí es lo primordial”, comenta al recordar la anécdota.

Tras meses de mucho trabajo, Sandra recuperó sus fuerzas físicas y mentales y continuó entrenando. Además, comenzó a trabajar en una clínica deportiva en la que ayuda a las personas a mejorar sus problemas de salud a través de entrenamientos personalizados.

Sandra Piñeiro en la montaña

Sin embargo, a finales de 2021 decidió que había llegado el momento de remar hacia nuevos horizontes. “La cabeza y el cuerpo me pedían cambiar. Después de 25 años en el remo quería aprender cosas nuevas”, justifica. Dejó el equipo, pero no el deporte ni tampoco Orio, donde ha encontrado un verdadero hogar. Enamorada de las alturas, ahora practica carrera de montaña y escalada, aunque no cierra del todo las puertas a subirse de nuevo a la trainera.

Sandra está contenta y su sonrisa transmite fuerza y optimismo. En los últimos meses ha cambiado mucho su vida: ha colgado el remo, trabaja en la clínica, ha sido tía, disfruta en la montaña, pasión que comparte con su pareja… Sabe que la curación nunca es definitiva, pero confía en las herramientas de las que ahora dispone. “Aprendes a bailar con la anorexia”, concluye. 

Las pioneras: Alice Milliat, la impulsora del olimpismo femenino

Alice Milliat

Alice Milliat (Nantes, 1884-1957) fue la gran impulsora de la entrada de las mujeres en los Juegos Olímpicos.

Desde niña había practicado con destreza distintos deportes: fue nadadora y jugadora de hockey y en la ciudad del Támesis se entrenó como remera. Batió récords deportivos: fue la primera mujer en recorrer remando 80 kilómetros en el Sena en menos de 12 horas.

También aprendía idiomas con facilidad –llegó a hablar siete–, algo que la ayudó a conseguir lo que se convirtió su objetivo vital: impulsar el deporte femenino.

Miembro de Femina Sport, club fundado en 1911, ayudó a formar la Federación Francesa Femenina en 1917, convirtiéndose en tesorera y posteriormente en presidenta.

En 1921, enojada con el Comité Olímpico por rechazar a las mujeres, organizó la Primera Olimpiada Femenina, disputada en Mónaco y con la participación de cinco naciones.

Alice también fue silenciada durante décadas y murió en 1957 en el más absoluto olvido.

Compartir el artículo

stats