Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Iván Ferreiro Cantante y autor

“Soy un hijo de la movida de Vigo, aunque solo la vi por la tele”

“Componer canciones para artistas con tanta personalidad como Raphael o Sergio Dalma es un reto maravilloso, un juego muy divertido y, en mi caso, incluso una liberación”

Iván Ferreiro, en su estudio de grabación de Gondomar. / J. LORES

Es arquitecto y constructor de canciones, cantante y autor (así se autodefine). De manera que no es extraño que en su actual gira, “Canciones”, que el próximo viernes recalará en Nigrán, se presente con unas cuantas de las que, confiesa, “como no estoy promocionando un disco nuevo, me he dado el gusto de escoger un repertorio que fuese divertido, tanto para nosotros, los músicos, como para quienes acudan a los conciertos. Se trata de una selección medio abierta-medio cerrada en la que hago un recorrido por toda mi carrera”. Por si fuera poco, también compone, entre otros, para ilustres colegas como Sergio Dalma o Raphael. ¿Su ídolo? Lo responde sin un segundo de duda: José Luis Perales. Y hace tiempo que lo tiene tan claro que un día tituló uno de sus discos “Confesiones de un artista de mierda”. Es Iván Ferreiro (Vigo, 1970), y nos recibe en su casa-nido-estudio de grabación en Gondomar.

–Su anterior gira se tituló “Cuentos y canciones”. ¿Se ha dejado de cuentos?

–(risas) Hablamos menos, sí. Hay menos cuentos y más canciones.

–Joaquín Sabina ha declarado más de una vez que no le gustan las entrevistas porque todo lo que tiene que decir ya está en sus canciones. ¿A Iván Ferreiro se le puede conocer por lo que cuenta cuando canta?

–Yo creo que sí. Al final las canciones suelen ser un reflejo de lo que pensamos, sin embargo me he percatado de que cada oyente percibe una canción a su manera, y eso no deja de sorprenderme a mí mismo, al punto de que en ocasiones tengo reaccionar diciendo “¡Pues eso que tú has entendido no tiene nada qué ver con lo que yo quiero decir!”. Pero eso, en el fondo, está muy bien. A fin de cuentas, hablando así en general, lo que tiene que hacer el público es disfrutar, no necesariamente está obligado a pensar ni a analizar.

Iván Ferreiro en su nido de Gondomar JOSÉ LORES

–Ejerció de frontman de los Piratas casi porque no le quedó más remedio, porque ninguno de sus compañeros del grupo quería, aunque usted mismo pensaba que cantaba mal. ¿Cuándo y cómo llegó a la conclusión de que… tampoco era para tanto?

–Para mí que cantaba mal, eso es lo que pensaba en aquellos años, pero de repente sentí que disfrutaba cantando. La verdad es que en los dos primeros discos de Piratas sufrí mucho, pero fui pillándole el punto. Eso, por no hablar de la vergüenza que sentía, algo que gracias a Dios he ido perdiendo con el tiempo. Pero eso le pasa a cualquiera ¿no? ¿Quién no se avergüenza al oírse cantar a sí mismo? ¿O al verse? Lo cierto es que lo de la voz lo he ido asumiendo, pero lo de verme cantando…todavía no me hace demasiada gracia.

–No siempre, y lo sabe muy bien, el que mejor canta es el que más “llega”.

–Lo de cantar es una cosa supercuriosa. A veces ves concursos en la tele en los que hay gente que canta técnicamente muy bien, pero que no emociona; otras, en cambio, te llega un Sabina, dice un par de cosas, y el público se vuelve loco…Yo pienso que cantar tiene un componente muy importante, que es el de transmitir un mensaje, y a la gente le gusta pensar que el cantante no solo se sabe el mensaje, sino que también lo siente. Y eso es precisamente lo que emociona. Por eso a los que, como yo, tenemos voces malas, no nos queda más remedio que buscarnos buenas letras. Son las letras las que sostienen al cantante, y yo tuve que acoplarme a ese modelo: gustar a través de mis letras.

–Probablemente ni usted, ni Sabina, ni Aute… hubiesen pasado las primeras rondas de Operación Triunfo.

–No pasaríamos, ¡seguro! De todas formas, son dos mercados diferentes, y para eso están los gustos, como ocurre con las comidas, o con los olores…Y, por otra parte, a mí me parece que a quienes les gustan cantantes como yo es que buscan fórmulas de expresión distintas.

–Usted canta y compone. ¿En qué momento del proceso creativo de una canción se dice a sí mismo: “Pues sí, me ha salido bien, puede funcionar”?

–No sé explicarlo muy bien. Lo que sí me ha ocurrido es que, con los años, me he ido relajando cuando compongo en el sentido de que, antes, me entraba mucha prisa por terminarlas. En cambio, a estas alturas, me tomo las cosas como más calma…y aún así todavía compongo algunas canciones que casi me salen al momento. Pero lo que sí es cierto, tanto antes como ahora, es que yo considero que no tengo canción hasta que no termino la letra.

–Salvo Georgie Dann, fallecido este año, ningún músico conoce la respuesta a una pregunta tan aparentemente sencilla como esta: ¿Cuál es el secreto, la clave, para que una canción se convierta en un éxito, para que siempre la pidan cuando actúa?

–¡Eso es el misterio de la vida, amigo! Si supiese la fórmula de por qué unas canciones funcionan y otras no, estaría forrado. Pero lo divertido de hacer canciones es eso también. A mí, cuando las hago, me gustan todas por igual, entre otras razones porque entiendo que mi deber es quererlas. Y después, claro, sale el disco y ocurre que ciertas canciones que tú creías que iban a funcionar no funcionan, y en cambio sí que funcionan otras en las que no habías pensado. ¡Pero eso también es bonito, ya digo!

Iván Ferreiro, en su estudio de grabación de Gondomar JOSÉ LORES

–Cuando le encargan una canción para que la interprete otro artista ¿piensa en él?

–Cuando escribo, no pienso mucho en cantarla. Siempre digo que no soy cantautor, sino que soy cantante y autor…y el autor suele ser un poco cabrón con el cantante (risas), no se preocupa mucho por él. Para mí componer para otro artista me libera en el sentido de que puedo añadirle unas cuantas dosis más de dramatismo que quizás no es muy propio de mí.

–¿También cuando compone para Raphael o Sergio Dalma, por poner un par de ejemplos?

–Tanto hacer canciones para uno como para el otro es un reto maravilloso porque ambos son cantantes con mucha personalidad, y ahí sí que pienso en cómo la van a cantar. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, cuando les escucho a ellos cantar canciones mías me suenan mucho a mí. La verdad es que escribir para otros es un juego muy divertido.

–Si no hubiese existido la “movida” de Vigo ¿se le hubiese ocurrido que podría dedicarse profesionalmente a la música?

–No creo. Yo soy un hijo de la movida, es decir, de aquellos que vieron la movida por la tele, porque para la gente de mi generación fue muy inspiradora toda aquella serie de grupos como Golpes Bajos, Siniestro Total, Aerolíneas Federales….que eran de la misma ciudad en que vivíamos nosotros. Los referentes son muy importantes y nosotros los tuvimos muy buenos.

–Tras la disolución de los Piratas, durante una etapa usted y su hermano Amaro acostumbraban a hacer una serie de jam sessions en un pequeño local de Vigo, el Ensanche, cuya línea argumental estaba basada en la llegada de un tal Ray Doriva, un músico inexistente que, por supuesto, nunca llegaba. ¿Qué representaba esa especie de “esperando a Doriva”?

–Ray era una excusa para tocar y divertirnos. Amaro y yo nos inventamos esa historia porque, bueno, la verdad es que, de entrada, ambos tocábamos muy mal, así que esa era nuestra manera de enfrentarnos al escenario desde abajo, como “echándole la culpa” al ausente y dando a entender que no esperasen gran cosa de nosotros. Visto con el tiempo, pienso que fue una buena premisa para empezar y la verdad es que recuerdo con mucho cariño esa época, en primer lugar porque me proporcionaba una sensación de volver a empezar tras la disolución del grupo, y eso es era muy liberador. Pero, por encima de todo, a ambos nos ayudó mucho a la hora de aprender a eso que llaman “saber estar” sobre un escenario, y a mí concretamente, a enfrentarme a cualquier versión que me pusieran por delante. Fue un aprendizaje muy bueno y confieso que Ray Doriva sigue estando en nuestro espíritu, en nuestra manera de entender la música.

"No me arrepiento de haber hecho pública mi depresión. Lo hice por ayudar a otros que también la sufren y por concienciar a la gente de que se trata de una enfermedad más”

decoration

–El día en que concedió una entrevista confesando que padecía una depresión casi funda un género periodístico. De repente los medios tomaron nota y aún es hoy que los directores encargan a sus periodistas que busquen artistas o escritores con depresión. ¿Se arrepiente de haber sido tan sincero?

–No, en absoluto. Mira, tener depresión es como si tienes gripe, y creo que era necesario poner esa idea encima de mesa. Yo ni siquiera pensé en todo lo que iba a pasar, simplemente contesté a las preguntas…y no me arrepiento. Mucha gente me viene con esa historia muchas veces. Aunque te confieso que hubo una parte negativa, que fue la de que después me llamaban para hablar de eso y dije que no, que lo había hecho una vez y punto, y que no quería ser el abanderado de nada, pero sí que siempre voy a tratar de ayudar a la gente que lo sufra. Y eso es lo importante. Somos seres vivos que sufrimos y, total, el mensaje era que si estas sufriendo… pues vete al médico, que no es natural sufrir siempre, que la vida hay que pelearla y no hay que avergonzarse de eso.

–Desde los tiempos de los Beatles, han sido varios los músicos que, en un momento de su vida, decidieron dejar de hacer giras, incluso conciertos, para dedicarse únicamente a grabar discos. ¿Se ve en esa situación?

–Pues sí que lo he pensado. El año pasado estuvimos encerrados haciendo el disco de Guadi Galego y lo disfruté mucho, aunque las circunstancias tenían mucho que ver con la pandemia. Desde luego, a veces pienso que no me importaría quedarme haciendo música en casa sin parar, pero soy consciente de que mi economía no me lo podría permitir. Hoy en día, en esta profesión, o tocas en directo o no comes. De todas formas, si ello sucediese, intuyo que cuando llevase un año haciéndolo lo más probable es que querría volver a la carretera, a los escenarios. Me conozco bastante bien y sé que soy de esos que quieren lo que no pueden tener, pero que en cuanto lo tienen…cambian de opinión.

Iván Ferreiro, en su estudio de grabación de Gondomar JOSÉ LORES

–¿Qué tal se lleva con el reggaetón?

–No me vuelve loco precisamente pero ¡diantres! Escuchas el disco de Rosalía y te encuentras con cosas muy interesantes, muy válidas. A mí me encanta porque, aunque usa un lenguaje que no es el mío y un estilo que tampoco, en cambio consigue emocionarme. Pero eso que pasa con el reggaetón es lo que pasó antes, con el pop, con el rock…y la conclusión es que quien lo hace medianamente bien sobrevive y, quien no, pasa al olvido.

–Pertenece usted a una generación en la que confesar que su ídolo es José Luis Perales era casi como cometer un pecado. ¿Somos más tolerantes musicalmente?

–Cada vez hay menos prejuicios, vamos normalizándonos. Yo recuerdo que, efectivamente, en los 90 era bastante chungo confesar cosas así. Al final, dentro la música también hay edades; cuando se empieza se tiende a la radicalización, al extremismo, incluso al sectarismo …y eso es normal cuando eres joven. Pero cuando uno se dedica a hacer canciones, también aprende a valorar las canciones de los demás, a fijarte en cómo las construyen…Vamos madurando, vaya, y hoy en día esas diferencias ya no lo son tanto. Yo eso también lo noto mucho en las nuevas generaciones; los grupos nuevos tocan una versión de una banda veterana y lo hacen sin complejos.

Compartir el artículo

stats