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Faro de Vigo

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El subidón del emigrante retornado

Erik Noya, subcampeón mundial y de Europa de velocidad en escalada, sueña con ganar una medalla olímpica en París 2024, galardón que dedicaría a Vigo, “la capital del mundo, según nos dice siempre mi padre cada vez que habla de su ciudad natal”, comenta.

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Montaje con el escalador Erik Noya FDV

En algunas de las redes sociales que abrió cuando llegó a España todavía puede leerse: Erik Noya Cardona, emigrante retornado. En realidad, quienes regresaron fueron su padre y su madre, Xavier Noya e Irene Cardona, pero antes, en 2017, llegaron él y su hermano Jordi. ¿Con qué objetivo? Se resume en una sola palabra: futuro. Erik (Caracas, 1994) vio la oportunidad de progresar en su carrera deportiva cruzando el charco, y su hermano… Bueno, su hermano Jordi se encuentra ahora mismo a bordo de un buque que pesca pez espada en caladeros de la República Sudafricana, después de haberse cuajado faenando unas cuantas mareas en el Gran Sol: “Sí -confirma Erik- primero nos vinimos mi hermano y yo. Mis padres, en principio, decidieron quedarse porque , quieras que no, consideraron que ya tenían su vida hecha en Venezuela, su casa, sus negocios, sus amigos…”. Y allí permanecieron hasta que, por una parte, los hermanos consiguieron estabilizar su situación en España en tanto que, en Venezuela, la vida se puso insostenible y entonces decidieron tomar el avión del retorno definitivo. Ahora viven en Vigo, la ciudad en la que nació Xavier, y de la que tantas veces hablaba en casa, presumiendo: “Yo, hijos míos, nací en Vigo, la capital del mundo”, acostumbraba a decirles.

La decisión de dejar Venezuela no fue fácil para Erik y su hermano. “Fue muy difícil -reconoce-, pero es que llegó un momento en que seguir en Venezuela se tornó insoportable. Allí no tienes opciones futuras, no puedes crecer personal ni profesionalmente, está todo estancado o involucionado. No hay dinero. Se cargaron varias federaciones deportivas, entre ellas la de mi deporte, se suspendieron competiciones nacionales, y nos mintieron diciendo que íbamos a poder seguir compitiendo internacionalmente, pero al final no había un duro para nada”.

"El principal valor que me inculcaron mis padres y que escuchaba ya de todos los gallegos que habían emigrado es que hay que currar mucho y honradamente"

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En España vivió los primeros meses en Madrid, en la casa de su madrina, también de origen gallego. Para ganarse la vida, tuvo que hacer casi de todo: estudió en una academia para opositar a una plaza de bombero, fue repartidor, impartió clases de preparación física por las redes y presencialmente (las cobraba a cinco euros en el Parque del Retiro) e incluso animaba con sus “subidones” fiestas de niños de cumpleaños. Y todo ello lo compatibilizaba con los entrenamientos, impepinablemente todos los días. Lo único que dejó fueron sus estudios de Ciencias Económicas, que había iniciado en Venezuela, y que espera volver a retomar en cuanto su calendario deportivo se lo permita: “Aquello era muy duro -confiesa- pero sabía que tenía que empezar así si quería llegar a ser alguien, tanto en la vida como en el deporte”. En esa persistencia, como comprobó, le sirvieron, y de mucho, los consejos y la experiencia de sus padres y abuelos: “¡Hay que ver las paradojas que contiene la historia! En realidad, lo que estamos haciendo mi hermano y yo es abrirnos camino como lo hicieron ellos. Hemos ido aprendiendo a través de nuestras generaciones anteriores que muchas veces hay que ser emigrantes para poder sobrevivir, o que tu casa no necesariamente tiene que ser donde naces sino donde quieres que sea tu casa. El principal valor que me inculcaron mis padres y que escuchaba ya de todos los gallegos que habían emigrado es que hay que currar mucho y honradamente, que el camino nunca es fácil, pero que mola tomar la decisión de lanzarse al agua y darlo todo. Eso es lo que hicieron, lo que nos inculcaron y lo que me gustaría inculcarles a mis hijos. Yo sé que, ahora mismo, a mi papá, a mi mamá y a toda mi familia les explota el corazón de orgullo por sus hijos”.

Erik Noya durante una competición FDV

La suerte para Erik Noya empezó a cambiar cuando acudió a la federación madrileña de escalada. En 2018 ganó la primera Copa de España en la modalidad de velocidad y es el actual titular del subcampeonato del mundo, obtenido en Moscú el año pasado, tercero en el ranking internacional y una seria opción para medalla en los Juegos Olímpicos que se celebrarán en París en 2024. Y por si fuera poco, esta semana alcanzó el subcamponato de Europa en Innsbruck: “La modalidad que yo practico -explica- tiene cada vez más adeptos y mayor prestigio, por eso en los próximos Juegos tendrá una competición propia, especializada”. Aunque Erik, de momento, no quiere hablar de medallas y mucho menos del color: “Es evidente que mi mirada y mis sueños están puestos, y desde hace tiempo, en París 2024, es mi objetivo a largo plazo. Pero, de momento, lo que me preocupa ahora mismo es trabajar lo máximo posible para poder clasificarme. Solo van a entrar 14 personas en todo el mundo y no debo descuidarme. Una vez alcanzado ese primer paso, cuando me vea allí, ya pensaré en el color de la medalla. Por soñar no cobran” (risas).

-¿Se sentiría decepcionado si no lograse una medalla?

-Estoy preparado para todo. Yo me tomo el deporte con filosofía. Para mí el objetivo no es el fin sino el camino. Estoy disfrutando con lo que hago y no lo cambiaría por nada, de manera que resultado final me motiva, evidentemente, pero no me influye.

UN DEPORTE EN PROGRESIÓN

En 2024 cada especialidad de escalada otorgará sus propias medallas en los Juegos Olímpicos de París, no como en Tokyo, donde se organizó una única competición que comprendía las tres especialidades (velocidad, dificultad y boulder). Por cierto, que Erick fue el entrenador personal del medallista de oro español Alberto Ginés.

Lo de la elección de tan peculiar deporte también tiene su historia: “Empecé a los 8 años -recuerda-. También practicaba natación, pero me cambié cuando me percaté de que no era un deporte convencional, y fue por eso mismo por lo que me enganchó y se convirtió en mi pasión. Porque yo no quería hacer algo que ya hiciese todo el mundo, ni siquiera béisbol o fútbol, que son los que más se practican y se siguen en Venezuela. Yo siempre quise buscar un camino propio, mi camino. Y eso que a mis padres, bueno, les gustaba que hiciese deporte pero lo que tardaron en asimilar es que hubiese elegido éste para dedicarme a él profesionalmente. De hecho esa fue la razón por la que inicié la carrera de Económicas; soy muy consciente de que esto tiene fecha de caducidad, no se puede competir toda la vida, llegará un momento en que no pueda, aunque, de una manera u otra, mi deseo es seguir siempre vinculado a la escalada”.

Erik Noya, con el equipo de la selección española.

-Y además compitiendo por España. ¿Eso no le ha causado problemas con los venezolanos?

-Yo tengo la nacionalidad española desde que nací, y en Venezuela todos mis amigos lo saben. Los venezolanos entendemos la situación en la que estamos. A mí nadie me ha dicho ni nada malo ni nada bueno. Habrá algunos que piensen mal de mí, pero yo me fui en un momento en que ni siquiera había federación en Venezuela. Y lógicamente también es mi país, estoy ligado a él. Y aun en el caso de que viviese el resto de mi vida en España, no descarto visitar, cuando la situación se mejore, mi Venezuela querida, para estar con mis amigos y el resto de mi familia que se quedó allí.

"Si creen que puedo aportar algo a la ciudad natal de mi padre, ahí estaré. Será como cumplir una misión para mí

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Recientemente declarado Deportista de Alto Nivel de Galicia, cuando se le comenta que Vigo y toda la comunidad autónoma lo van a considerar como una de nuestras principales bazas olímpicas, no cabe en sí de emoción: “La verdad es que eso me pone la piel de gallina. Me gustaría invitar a todos los vigueses a practicar este deporte. Es muy económico, construir una pared de velocidad resulta muy barato, pero la que se necesita en este nivel en Vigo aún no la hay, por eso no puedo estar ahí todas las veces que quisiera, con mi familia, a la que echo muchísimo de menos, porque no tengo la instalación adecuada para entrenar. Pero si creen que puedo aportar algo a la ciudad natal de mi padre, ahí estaré. Será como cumplir una misión para mí”.

Óscar, el abuelo republicano, y las visitas de la abuela

Noya forma parte de la tercera generación de una saga familiar que se inició con el exilio de su abuelo en la posguerra

El pionero de la familia en tomar el camino de América fue el abuelo, Óscar Noya, nacido en A Guarda. Lo hizo durante los “anos da fame” de la posguerra, tiempos aquellos en que hasta los alimentos escaseaban y el nuevo régimen ataba las palabras. Era hijo del regente de una imprenta guardesa que publicaba “hojas” antifranquistas. Fue un hombre muy activo y comprometido, así en Galicia como en Venezuela, al punto de que su nombre y apellidos figuran entre los fundadores del Centro Gallego de Caracas: “La verdad es que a mi abuelo no llegué a conocerle- confiesa Erik-. Él se volvió a España y mi padre se fue a Venezuela. A quien sí conocí fue a mi abuela. En mi infancia, ya viuda, cada año ella acostumbraba a pasar seis meses en España y seis en Venezuela. Cuando llegaba lo celebrábamos en casa como todo un acontecimiento. Nos traía chorizos, habas, lacón, grelos… todos los ingredientes para preparar un buen cocido gallego. Solía venir con mi tío, en cuyo equipaje siempre incluía ejemplares de FARO DE VIGO y posters del Real Club Celta. ¡A mi hermano y a mí nos encantaban! No hace falta decir que, claro, nos hicimos unos hinchas más del Celta. O sea, como decía mi padre, el equipo de la ciudad capital del mundo (risas)”.

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