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Gallegos a la vanguardia

“La ciencia es la misma en Boston y en Vigo”

El ingeniero biomédico Gonzalo Muñoz Taboada es el director científico de la empresa de biotecnología BioDevek, fundada por profesores del MIT y Harvard

Gonzalo Muñoz, ante el edificio principal del MIT, en Cambridge

El área metropolitana de Boston constituye uno de los principales centros de biotecnología del mundo, con más de un millar de empresas, desde start-ups a grandes farmacéuticas, que se nutren del conocimiento generado en prestigiosas universidades como Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y en cuyos laboratorios se desarrollan los tratamientos y dispositivos que revolucionarán la atención sanitaria.

El bioingeniero Gonzalo Muñoz Taboada es el director científico de BioDevek, que en 2025 podría estar probando en humanos un novedoso biomaterial adhesivo que sella las suturas de tejidos tras la extirpación de tumores y puede liberar fármacos en la zona afectada evitando los efectos secundarios de la quimioterapia. “Nosotros estamos al final del proceso, cuando la investigación de muchos años se empieza a transformar en productos que pueden cambiar la vida de los pacientes. Es la parte más bonita”, destaca.

Nacido en Vigo en 1992, se crio en A Coruña y su corazón está “dividido” entre la ciudad herculina y la villa de Bueu, donde sigue disfrutando de su tiempo libre en Galicia. Quería estudiar Medicina, pero con la perspectiva del tiempo se ha dado cuenta en la que era su segunda opción, Ingeniería Química, porque el camino recorrido le ha permitido llegar al destino que perseguía, más relacionado con la investigación.

Tras su paso por Santiago completó su formación con un máster en Bioingeniería en el Institut Químic de Sarrià (IQS) y fue seleccionado para hacer unas prácticas de diez meses en el laboratorio de ingeniería de tejidos que la investigadora catalana Mercedes Balcells lidera en el MIT. “Teníamos recursos ilimitados y estábamos rodeados de gente muy importante. Al otro lado del pasillo tenías a uno de los ganadores del Premio Nobel por la detección de las ondas gravitacionales. La experiencia fue genial, pero se me hizo corta y decidí quedarme un poco más”, relata.

Gonzalo, con Natalie Artzi, cofundadora de BioDevek, en su laboratorio de Harvard

Justo en ese momento, Natalie Artzi, profesora en el MIT y Harvard, estaba creando la empresa BioDevek, y fichó a Gonzalo para ayudar al único trabajador de la plantilla, un investigador que acabó marchándose apenas un mes después. “Era mi jefe, así que tuve que tirar hacia adelante yo solo y manejando cantidades de dinero que ni me podía imaginar. Había más de un millón de dólares en recursos. Iba aprendiendo y solucionando los problemas a la vez. La presión era grande pero fue una oportunidad buenísima para formarme en el mundo real. Tuve la suerte de que los resultados fueron buenos y ya llevo 6 años”, celebra. 

“Ha sido una oportunidad que ni me podía imaginar cuando empecé. Fue una cuestión de trabajar muy duro y también de mucha suerte en muchos momentos”

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Desde entonces, la empresa ha conseguido el apoyo de grandes farmacéuticas y Gonzalo, que ahora tiene dos compañeros, también trabaja con ingenieros de esas compañías para adaptar la tecnología de BioDevek a las necesidades del mercado. “Ha sido una oportunidad que ni me podía imaginar cuando empecé. Fue una cuestión de trabajar muy duro y también de mucha suerte en muchos momentos”, comenta.

Tanto Artzi como el otro socio fundador, el profesor del MIT Elazer R. Edelman, son judíos y la palabra devek significa pegamento en hebreo. “Ambos desarrollaron un hidrogel que además de biocompatible es muy adhesivo. Cuando arrancó la empresa, la principal aplicación era utilizarlo como adhesivo quirúrgico en operaciones internas. Por ejemplo, sellando las suturas del colon cuando se corta el segmento enfermo y se unen los otros dos, porque evita filtraciones del material que circula por el intestino. También se puede utilizar para que no se cuele aire o sangre por las suturas de los pulmones o el tejido cardiaco tras extirpar un tumor o cualquier otra operación”, explica.

Pero después también comprobaron que este biomaterial puede cargarse con medicamentos: “Ya hemos publicado varios artículos científicos con resultados muy prometedores para la liberación controlada de fármacos. Cuando se extirpa un tumor pueden quedar células cancerígenas en la zona, por eso se aplican tratamientos de quimioterapia. Pero con este material conseguimos ir liberando las dosis necesarias día tras día, de forma ininterrumpida y con una concentración muy elevada solo en el lugar que nos interesa. Esto elimina todos los efectos secundarios de la quimioterapia y se puede aplicar en cáncer de colon, de mama y cerebral. Es muy compatible con las operaciones que se hacen hoy en día”.

"En 2025 sería posible empezar a utilizar nuestro biomaterial en humanos"

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Tras superar con éxito los ensayos en animales, la empresa trabaja en su futura fabricación a gran escala y en poner a punto el proceso con la agencia regulatoria FDA de EE UU y con las europeas para conseguir que sea aprobado. “Si todo sigue tan bien como hasta ahora, en 2025 sería posible empezar a utilizar nuestro biomaterial en humanos. El proceso es más rápido porque no se considera un fármaco, que puede tardar 20 años en llegar al mercado, sino un dispositivo médico, que puede lograrlo en 6 o 7”, detalla.

Gonzalo, navegando en el Charles River

Gonzalo reconoce que el ecosistema generado en Boston y Cambridge es “único” y propicia la creación constante de empresas emergentes. Y además el estado también ha hecho “inversiones gigantescas” en la industria Biotecnología. “Los fundadores de Moderna trabajaban en el edifico de enfrente. Y a un minuto de mi laboratorio están Feder y Novartis. Si tienes una buena idea y un buen artículo es muy posible que haya gente interesada en invertir en ti. Los fondos de inversión y las grandes empresas visitan las universidades y acuden a los congresos para poder ser parte de todas las nuevas ideas”, comenta.

"La cantidad de recursos es diez vez mayor y todo sucede mucho más rápido. Pero la ciencia es la misma en Boston que en Vigo o en A Coruña”

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En ese entorno es posible avanzar mucho más rápido que en España, donde no hay tantos inversores dispuestos a arriesgarse: “Es una cuestión de probabilidades. No es que aquí la gente sea más lista, sino que están apostando de forma continua, y también fallan más. La cantidad de recursos es diez vez mayor y todo sucede mucho más rápido. Pero la ciencia es la misma en Boston que en Vigo o en A Coruña”.

Gonzalo recibe con entusiasmo las noticias que le llegan desde Galicia sobre el impulso de la biotecnología como sector estratégico de futuro. Y en sus planes a largo plazo está regresar. “Poco a poco quiero ir construyendo mi laboratorio o mi empresa y que tenga un pie en Boston y otro en España. Voy diseñando mi vuelta, pero sin prisa. Me gustaría algún día sumar en Galicia. La oportunidad de estar aquí es bastante única y me relaciono con gente de grandes farmacéuticas o fondos de inversión que no saben que ahí hay muchísimo talento”, reivindica.

Mientras tanto, anima a los estudiantes a hacer estancias en Boston: “Quiero darles la misma oportunidad que tuve yo y construir una masa de gallegos más grande en Boston, donde la mayoría de españoles son catalanes”.

La ciudad más europea de EE UU es muy multicultural y permite “tener un pie a cada lado” del Atlántico. “Hay una comunidad de portugueses muy grande que exporta pescado y te puedes comprar sardinas frescas para celebrar San Juan o pulpo para cenar con los amigos. Estamos integrados pero creando nuestra propia comunidad”. 

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