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“No debes ponerte una etiqueta por lo que estudiaste”

La ingeniera química Sara Feijóo Moreira es investigadora Marie Curie en la Universidad de Lovaina tras una desafiante y enriquecedora experiencia laboral en Bayer y Deloitte

Sara Feijóo, en Bruselas

De la universidad a la empresa y, de nuevo, al ámbito académico pasando por diferentes países. Y su siguiente paso podría ser volver a la industria en busca de un mayor impacto social y en un destino por determinar. A la compostelana Sara Feijóo Moreira le atrae conocer otras culturas y superar retos profesionales. Con un máster en Ingeniería Industrial y experiencia laboral en Bayer y Deloitte, desde septiembre de 2020 es investigadora Marie Curie en Lovaina, donde participa en un proyecto europeo para eliminar fármacos de las aguas residuales.

Aunque nació en Ferrol en 1994, Sara se crio y tiene a su familia en Santiago, donde se formó con un brillante currículo que el año pasado le valió el Premio Nacional Fin de Carrera en el área de ingeniería. Su tercer año lo cursó en la Universidad de Arizona y le gustó tanto la experiencia que decidió hacer un máster de dos años en Delft (Holanda) gracias a una beca Barrié.

El día de su graduación en la TUDelft, en Holanda CEDIDA

Al acabarlo hizo un periodo de prácticas en la sede de Bayer en Leverkusen (Alemania): “Me ofrecieron seguir y, aunque me gusta mucho mi formación, pensé que si aceptaba ya sabía cuál sería mi camino. Estaba al principio de mi carrera y era la oportunidad de probar otras cosas, así que volví a Holanda para hacer un programa rotativo de dos años en Deloitte. Estuve en tres departamentos relacionados con temas totalmente nuevos para mí y lo disfruté mucho. Quería ver qué otras cosas había más allá de la ingeniería química y tener una idea de cómo funciona una empresa. Y además, al estar en una consultora, conoces muchas diferentes”.

Sara trabajó en los equipos de ciberseguridad, inteligencia artificial y visualización avanzada de datos, y delitos financieros. “En todos tenías que aplicar unas herramientas pero también una parte ingenieril, esa mentalidad analítica de que ante un problema complejo hay que intentar resolverlo paso a paso. Lo bueno de este programa es que la curva de aprendizaje es muy rápida porque te tenías que poner al día de forma muy ágil no solo a nivel técnico, sino también en las habilidades blandas, por ejemplo, para presentar un proyecto a un cliente. Me ayudó a demostrarme a mí misma que puedo ponerme en una situación complicada, aprender de ello y crecer para resolverlo. Me enseñó a no tirar la toalla y que si tienes motivación y ganas lo puedes conseguir”, destaca.

El final del programa en Deloitte coincidió con la pandemia y Sara decidió volver a la universidad, en este caso, a Lovaina (Bélgica), para cumplir “aquel sueño” de hacer un doctorado: “Siempre lo tuve, pero antes me apetecía probar en la empresa y de allí me he traído la inquietud y la curiosidad. Y también lo estoy disfrutando mucho”.

Sara forma parte del proyecto europeo InnovEOX, que engloba a universidades y empresas de siete países, entre ellos, Bélgica, Holanda, Reino Unido o Francia, para desarrollar nuevos procesos electroquímicos que limpien el agua de microcontaminantes.

"Me gusta trabajar en temas que puedan contribuir, aunque sea con un granito de arena a mejorar la vida de la gente, que tengan un impacto"

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“El programa Marie Curie financia temas que son muy innovadores. Mi doctorado se centra en la eliminación de fármacos y me llamó mucho la atención porque tiene una base muy sólida de ingeniería química y también por su aplicación. El agua de consumo que sale de las plantas de tratamiento después de haber sido purificada todavía tiene pequeñas cantidades de muchos medicamentos que usamos a diario como los antibióticos. Es un problema que tenemos que solucionar y me gusta trabajar en temas en los que pueda contribuir, aunque sea con un granito de arena, a mejorar la vida de la gente, que tengan un impacto”, destaca.

Otro de los aspectos positivos de este programa europeo, añade, es la colaboración internacional entre universidades y empresas: “Somos 15 estudiantes de diferentes instituciones y se organizan intercambios, eventos o entrenamientos específicos para que aprendamos unos de otros”.

En la Universidad de Lovaina

Sara publicará en breve su primer artículo científico relacionado con la eliminación del antiepiléptico carbamazepina, uno de los fármacos más presentes en los ríos. Los reactores electroquímicos basan su efectividad en el efecto combinado de los químicos y la electricidad, pero la investigadora compostelana busca nuevos tratamientos más sostenibles minimizando el uso de compuestos y de energía.

“El objetivo es eliminar los contaminantes con el mínimo consumo y reduciendo el uso de químicos"

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“El objetivo es eliminar los contaminantes con el mínimo consumo y reduciendo el uso de químicos. Ahora mismo, estoy trabajando con aguas sintéticas, que tienen una determinada composición, para aprovecharla y favorecer estas reacciones. Es decir, lograr que el agua se limpie a sí misma. Y esto es lo que hemos conseguido en mi primer paper y la línea en la que queremos seguir porque hay muchísimas posibilidades. Por ejemplo, los electrodos que introduces en el tanque durante el proceso pueden tener muchísimas formas diferentes y materiales”, comenta.

Durante una estancia en el Ineris de Francia CEDIDA

Hasta ahora, Sara ha realizado sus experimentos en el laboratorio, pero su doctorado incluye una estancia en la empresa belga Inopsys, donde trabajará con un reactor a escala industrial. La presencia de la industria en el proyecto garantiza que los resultados lleguen a tener una aplicación real.

“Hacia el final, pondremos en común las diferentes tecnologías desarrolladas para decidir cuál es la más factible de cara a una futura implementación. El objetivo es encontrar la solución perfecta. Hoy en día, el problema de los procesos electroquímicos es que consumen muchísima energía y por eso desde el ámbito de la investigación tenemos que entenderlos bien y optimizarlos para poder llevarlos después a plantas industriales que todavía hoy no existen. Todas las empresas que son socias del consorcio, desde las más pequeñas a las grandes compañías como Dow Chemical, están interesadas en colaborar para implementar estas soluciones en el futuro a mayor escala”, asegura.

El programa Marie Curie también busca la divulgación de la ciencia hacia la sociedad y Sara ya ha visitado su antiguo instituto en Santiago, el Rosalía de Castro, para dar una charla: “Se trata de llegar a la gente joven, que conozca estos proyectos e inspirarla”.

En USA, Tucson CEDIDA

Su trayectoria también es un referente para las chicas que puede ayudar a reducir la brecha de género que pervive en pleno siglo XXI en las carreras y las profesiones tecnológicas. “En el proyecto, la presencia de mujeres es igualitaria o mayor que la masculina. Cualquier campo es apto para las chicas, aunque la historia lo haya contado de forma diferente. Y la ingeniería es igual de interesante para nosotras”, reivindica.

“En mi instituto de Santiago también conté que no debes ponerte una etiqueta por la carrera que estudiaste y hacer siempre lo mismo. Hay que tener ganas de moverse y probar en ámbitos totalmente nuevos que no tienen nada que ver con tu formación. Siempre hay espacio para aprender si es algo que te gusta”, anima.

A Sara le queda algo más de un año de doctorado y, aunque no ha decidido su siguiente paso, le atrae la opción de volver a la empresa. “Me llama la atención la industria farmacéutica, donde la ingeniería química puede ayudar a optimizar los procesos de producción de fármacos. Es algo que me inspira mucho. Y, por otra parte, también me gusta mucho cualquier tema relacionado con la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente, donde también podemos contribuir y hay muchas industrias que se están moviendo en este sentido”, apunta.

“Me gustaría estar al otro lado, no solo como consumidora. La industria de la moda, por ejemplo, contribuye a más del 10% de emisiones de CO2 mundiales. Es una barbaridad y poder trabajar en un tema de este estilo que me permita conectar la investigación y un trabajo con un impacto social sería muy interesante”, plantea.

Volver a España entrará en sus planes “tarde o temprano”, aunque “lamentablemente todavía es más fácil encontrar un buen puesto y crecer más rápido en el extranjero”. Sara sigue muy conectada con Santiago desde Amberes –“Vuelvo cada dos o tres meses y hablo con mis amigas todas las semanas “, comenta– y desde que está fuera le han surgido las ganas de vivir la experiencia del Camino: “Al ver la Catedral todos los días parece que no le das importancia, pero cada vez tengo más ganas de hacerlo”. 

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