Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Mujeres fuera de serie

Granjera y motoserrista en la era digital

Laura Vallejo es una de las escasísimas operadoras forestales de Galicia. La joven lucense divulga su trabajo a través de las redes sociales, un escaparate en el que cuenta con más de 100.000 seguidores y en el que anima a las mujeres a convertirse en lo que deseen, sin límites de género

Laura Vallejo, en una de sus jornadas de trabajo en el monte con la motosierra.

Laura es una mujer de campo: granjera y operaria forestal. Está orgullosa de ello, le apasiona su trabajo, y dedica parte de su tiempo a mostrar al mundo esta labor esencial y a recordar a las niñas que ellas también pueden optar a esta forma de vida si es lo que desean.

La joven lucense es una influencer, pero sin rastro del postureo de las chicas que lucen en las redes sociales ropa de marca y maquillaje impecable. Laura sube cada día a sus seguidores (más de 100.000 entre Instagram y Tik Tok @lauritavallejo) vídeos y fotos con enormes motosierras, corteza entre los dientes, barro en los brazos y manejando con soltura tractores y descomunales autocargadores.

Laura Vallejo nació hace 28 años en Meira, una pequeña aldea lucense, y, desde muy niña, colaboró en las tareas de la granja de vacas que regentan sus padres y en el cuidado de las plantaciones que la rodean.

  • ¿Quién soy?

    “Operaria forestal, motoserrista y granjera. Feliz con esta opción por la que he apostado”.

Como muchos padres que trabajaron toda su vida de sol a sol, los de Laura y su hermana deseaban para sus hijas un futuro más fácil. “Ambas fuimos a estudiar a Lugo; mi hermana eligió Filología Inglesa y yo opté por un ciclo medio de cocina”, cuenta.

Mientras su hermana encontró su camino en Londres, Laura permaneció en Lugo y comenzó a trabajar en cocinas profesionales para eventos, comedores escolares y residencias de ancianos. “No es el tipo de cocina con la que sueñas cuando imaginas tu vida profesional, pero bueno, iba enlazando un trabajo con otro y estaba relativamente contenta”, apunta.

Sin embargo, Laura echaba terriblemente de menos la vida en el campo. “La ciudad me agobiaba y en cuanto libraba un par de días me iba a la granja… Realmente sentía que aquel no era mi sitio y además ¡alguien tiene que vivir en los pueblos!”, advierte.

Laura Vallejo con su padre

Las cosas cambiaron cuando conoció a David y comenzaron a salir. Él trabajaba en la empresa de madera de su padre y Laura comenzó a ayudarle y a conocer el oficio en sus ratos libres. Cuando el padre se jubiló, la pareja decidió continuar con la empresa y ampliarla. “Compramos nueva maquinaria e íbamos aprendiendo a base de ensayo y error”, describe.

“Decidí entregarme a fondo al monte y creo que ha sido una decisión acertada porque realmente yo soy feliz aquí”

decoration

Al principio, Laura seguía aceptando los contratos temporales de cocinera, pero llegó un momento en que era imposible conciliar ambas ocupaciones y, además, seguir ayudando en la granja de sus padres. “Decidí entregarme a fondo al monte y creo que ha sido una decisión acertada porque realmente yo soy feliz aquí”, asegura con su abierta sonrisa.

El tema de las redes sociales llegó de una manera natural. Como la mayor parte de las adolescentes, Laura utilizaba esta ventana para mostrar momentos alegres de su día a día: una comida con amigos, un viaje con su novio o un coche llamativo. “Pero llegó un momento en que me di cuenta de que podía dar una verdadera utilidad a esta herramienta: contar lo que hacía en el monte y la granja y demostrar que una mujer puede cortar árboles y manejar maquinaria sin ningún problema”, afirma.

Laura Vallejo, en una de sus jornadas de trabajo en el monte con la motosierra.

Así lo hizo y “de una forma impresionante” en poco tiempo sus seguidores subieron hasta llegar a los más de 100.000 con los que cuenta hoy. Las marcas también se fijaron rápidamente en ella y empezaron a patrocinarla. “Fue sorprendente y esto me reconforta y me hace pensar que esta actividad interesa a la gente más de lo que creemos”, apunta.

Admite que se ha tenido que enfrentar a comentarios machistas, a los que resta importancia. Ella se queda con las muchas chicas que le cuentan que quieren estudiar gestión forestal y ser como ella. Y también con críticas hacia la tala de árboles, a las que responde con contundencia. “Suelen venir de personas que no están debidamente informadas o que me escriben desde Sudamérica, donde las talas son incontroladas y crean devastación en zonas protegidas. Debemos concienciarnos de que la silvicultura y la explotación forestal son necesarias para mantener nuestras masas forestales en buenas condiciones, pues los árboles terminan su ciclo de vida y nosotros aprovechamos ese recurso bajo estándares de calidad, acreditando nuestro compromiso con la sostenibilidad”, justifica.

Laura, en una de sus jornadas de trabajo en la granja

Cuando finaliza sus largas jornadas en la granja o en el monte, normalmente de noche, se dedica a colgar sus historias. “Intento ser original y mostrar el trabajo de una forma atractiva y con humor”, describe. Con ayuda de un trípode o de algún compañero y buenas dosis de creatividad, logra cada día innovar y promocionar con gracia a las marcas que la patrocinan. A las imágenes vincula muchas veces frases que dejan clara su intención de brindar referentes a las chicas: “Aunque llegues último a una carrera… Siempre tendrás por detrás a los que no se atrevieron a correrla”. “Romper moldes no fue fácil, pero debes hacerlo por ti, por todas y todos lo que pelearon y trabajaron para conseguir nuestros derechos y poder disfrutarlos”.

"En los países nórdicos no es extraño encontrarte a mujeres como yo; se ve con mucha más naturalidad”

decoration

Además, los patrocinios abrieron a Laura las puertas a participar en eventos por toda Europa en los que la gallega ha conocido a otras mujeres que, como ella, viven de este sector. “En los países nórdicos no es tan extraño encontrarte a mujeres motoserristas como yo, se ve con mucha más naturalidad”, destaca Vallejo. Próximamente tiene programados varios viajes por Austria y Finlandia para visitar fábricas de máquinas forestales. “Es importante mostrar todo el trabajo que hay detrás de las máquinas que usamos”, opina.

Llegar hasta aquí no fue fácil, pero en estos momentos Laura es cortadora motoserrista autónoma y ha formado equipo con otro compañero, Óscar, que se dedica a la máquina procesadora, y con su novio, que se encarga del traslado de las mercancías. Los tres completan así todo el ciclo de la madera y son subcontratados por empresas forestales. “Trabajamos bajo demanda, por toda Galicia y también en otros puntos de España”. Y esa es una de las ventajas que Laura adora de su trabajo. “No tengo un destino fijo y ningún día es igual al anterior. Me costaría mucho estar siempre metida en una oficina”, confiesa.

Aunque trabaja con su novio, no lo hacen al mismo tiempo. “Yo soy la primera que entra en las parcelas y luego es su turno, pero lo importante es que me ayuda y me comprende y puedo contar para todo con él”, agradece.

Tras trabajar en el monte, Laura tiene que ocuparse de la granja de sus padres y de los animales. El trabajo físico es muy duro, pero ella está en plena forma.

Poco tiempo le queda a la lucense para disfrutar de actividades de ocio, como otras chicas de su edad. Pero cuando tiene tiempo libre lo dedica a su otra gran pasión: los coches. “Es una continuación de mi gusto por las grandes máquinas”, afirma. Y la vemos posando entusiasmada junto a su más reciente adquisición: un Ford Mustang rojo.

Laura confiesa que no dedica mucho tiempo a pensar en el futuro. “Nunca sabemos lo que puede pasar”, dice. Pero no le asusta ni se cierra a nada. Tampoco a la maternidad. “Todo será cuestión de organizarse”, comenta sonriendo. Pero sea lo que sea que el futuro le depare, la valiente pelirroja tiene muy claro que su entorno será siempre el campo.

Las pioneras: Lady Eve Balfour, la agricultora sostenible

Lady Evelyn Barbara “Eve” Balfour

Lady Evelyn Barbara “Eve” Balfour

Lady Evelyn Barbara “Eve” Balfour (1898 –1990) fue una pionera de la agricultora orgánica y una de las primeras mujeres en estudiar agricultura en una universidad inglesa.

Procedente de la nobleza británica -su padre era Conde de Balfour, y su tío primer ministro-, Eve decidió ser granjera a los 12 años.

No era un capricho pasajero; con 21, utilizó su herencia para comprar una granja donde ella misma se ocupaba de muchas de las faenas, tanto en las cuadras como en los huertos. En 1939 lanzó el Experimento Haughle con el fin de comparar los resultados de un cultivo orgánico y otro realizado con abonos químicos.

Años más tarde publicó el libro “La Tierra Viviente”, un texto que dio inicio al movimiento emergente de comida orgánica y cultivos.

En 1946, cofundó y se convirtió en la primera presidenta de la Asociación de Suelos, una organización internacional que promueve la agricultura sostenible.

Compartir el artículo

stats